Venga se acabó el sacar posts con tono apocalíptico, con This is the End de fondo. Qué más da que el Atlético haya perdido la final, qué más da que Europa se haga hara-kiri cada lustro, porque lo que importa es que Fiouck haya encontrado la canción del verano. No, Georgie Dans no. Una canción típica de este blog, una que no saldrá en la radio ni que verás en los programas de TV. Con un poco de suerte la pillarás en un chiringuito de playa, cerveza helada en mano, ray-ban en el pelo, dándole gracias a dios por una industria textil que ha logrado lo impensable: reducir un poquito más la superficie de tela de los trajes de baño de las chicas.
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Blues Pills – Devil Man
Noche de lagrimas o noche de risas? Zumito en silencio sepulcral o zumito rehaciendo el partido con mil detalles sonoros? Café negro negro negro o última copa de champagne? Pan bimbo blandengue o baguette recién sacada del horno? Mermelada de naranja amarga o confitura de fresas dulzona? Ays el fútbol, yo escribo estas líneas y aún quedan doce horas para el partido. Pero tú las lees y… me odias o me quieres un montón. Haberme alineado en uno u otro bando y te lo resolvía en los primeros minutos, matando la tensión con tres trallazos desde mi propio campo. Es que me siento en plena forma después de haber escuchado al disco de hoy. Una verdadera bomba, artillería pesada que llena de vitalidad y pone las cosas en su sitio.
Judah Warsky – Bruxelles
Traicionado por mi propia hija, porca miseria. Ayer me mandó una captura de pantalla de su móvil. En la imagen, cual cuchillada en la espalda, un 2048 socarrón, como burlándose de mi patético 1024, logrado hace poco después de dedicarle un tiempo del que no dispongo, hay que ser idiota. Y ella tan pancha, llega a 2048 sin apenas despeinarse. Ahora seguro estará camino de un 4096 y por qué no, de un 8192. ¿Por qué soy un negado para los video juegos? Soy de la vieja escuela, me iba mucho mejor cuando había que pagar en los recreativos, porque si jugar bien es divertido, jugar bien cuando has pagado por ello, es un deber, te dejas la vida en ello. Hoy es día Calimero, la vida es injusta. Además, amenaza con llover, no hay nada en la nevera y me acabo de topar con un artista imposible.
Emmanuelle Seigner – Distant Lover
1988, Richard Walker llega a Paris desde EEUU con su mujer. El es médico, cardiólogo más exactamente. Viene a asistir, como ponente, a un congreso de colegas del gremio. Un taxi les lleva a su hotel, por cierto nada del otro mundo, por ser un eminente especialista en dar masajes cardiacos a pechugonas indispuestas. Se da una ducha –o ella no me acuerdo y él tiene que bajar a recepción o yo qué sé-, total, cuando sale, o vuelve, ella ha desaparecido. Al principio no le ayuda nadie, ni la dirección del hotel –un par de soplamocos no les vendría mal- ni la policía local –un buen patadón en la rodilla seguido de un bofetón en la nariz-, con lo cual se tiene que poner en marcha para intentar localizarla. Sin hablar una pizca de francés –hay que ver lo poco preparado que son los médicos US hoy en día-. Es cuando da con Michelle, una parisina metida en la historia muy a pesar suya. La historia es la de Frantic, Frenético en español, de Román Polanski. Richard Walker es Harrison Ford, Michelle es Emmanuelle Seigner.
Jean Louis Murat – Cheyenne Autumn
Suicidez-vous, Le Peuple Est Mort –Suicidense, El Pueblo Ha Muerto-. Esta canción de 1981, con tan llamativo título, no tuvo el éxito esperado por su compositor e intérprete, Jean Louis Murat. Encima desde entonces arrastra una mala fama, la de haber llevado una adolescente a tomarse el título al pie de la letra. Una canción marcada con el sello de la infamia, dicen. Según qué es la infamia. El voto del domingo en Francia sí me huele a infamia. Francia es un país enfermo, hace mucho que ha dejado de ser el motor de nada. Va a rastras, de lo peor. Destierro la canción, su título me parece tan apropiado.
Maurice Ravel – Bolero
Ya sé lo que vas a decir, “Puaj, una obra facilona para salir de apuro para el post de hoy”. Ays, no caigas en la creencia popular de que el Bolero de Ravel es una obra para ascensores o supermercados. No es culpa del compositor si hay tantos descerebrados repartidos por el mundo para grabar esta obra en el reproductor de los Otis y Schindler del planeta. Y el que sepas silbar las primeras notas tampoco quiere decir que es una obra fácil. El Bolero, a pesar de su aparente sencillez, es una obra harto compleja, que pocos músicos profesionales saben reproducir de memoria sin ninguna falta de solfeo. Además es una obra con historia y muchas anécdotas, a eso iba, contártelas.
Charles-Marie Widor – Toccata Sinfonía Nº 5 Opus 42
Y de repente me puse a tararear una melodía que llevaba años enterrada. Ninguna idea de lo que provocó que resurgiera. Pero enseguida supe que no encontraría la paz hasta localizar la obra y su compositor, y de paso, la película en la que la había oído por primera vez. Me ha costado lo que no está escrito, pero sabes, estoy feliz, porque la pieza es infinitamente más bonita que en mi recuerdo. ¿Bonita? Venga ya Fiouck, no seas tacaño… es magnífica, hermosa y emocionante. Una obra maestra para una película que tuvo la Palma de Oro en Cannes 1969.