Emmanuelle Seigner – Distant Lover

1988, Richard Walker llega a Paris desde EEUU con su mujer. El es médico, cardiólogo más exactamente. Viene a asistir, como ponente, a un congreso de colegas del gremio. Un taxi les lleva a su hotel, por cierto nada del otro mundo, por ser un eminente especialista en dar masajes cardiacos a pechugonas indispuestas. Se da una ducha –o ella no me acuerdo y él tiene que bajar a recepción o yo qué sé-, total, cuando sale, o vuelve, ella ha desaparecido. Al principio no le ayuda nadie, ni la dirección del hotel –un par de soplamocos no les vendría mal- ni la policía local –un buen patadón en la rodilla seguido de un bofetón en la nariz-, con lo cual se tiene que poner en marcha para intentar localizarla. Sin hablar una pizca de francés –hay que ver lo poco preparado que son los médicos US hoy en día-. Es cuando da con Michelle, una parisina metida en la historia muy a pesar suya. La historia es la de Frantic, Frenético en español, de Román Polanski. Richard Walker es Harrison Ford, Michelle es Emmanuelle Seigner.

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The Velvet Underground – The Velvet Underground & Nico

Cuando era pequeño, me criaron en base a unas pocas reglas básicas: “pide por favor”, “da las gracias”, “di buenos días y adiós”, “lávate las manos”, “ordena la habitación”, “no hables mal de The Velvet Underground”, “sé bueno”, “haz los deberes”. He cumplido, creo. Pero ahora que los perros de Pavlov han dejado de ladrar, ha venido el momento de transgredir el culto al plátano amarillo chillón?

No exactamente; la música que hicieron Lou Reed, John Cale, Maureen Tucker, Stirling Morrison y Nico, me gusta, desde luego, y mucho. Otra cosa es el circo de adoración que se ha montado alrededor de la banda desde hace más de cuatro décadas. The Velvet son como los cuatro sosos de Liverpool, vertiente rock’n’roll. No se toca! No se habla mal! Hala la que ha dicho! Y ya te digo si dices que no te gusta, te miran incrédulos. Eso sí, sin saber muy bien por qué, pero es que de pequeño se lo repitieron hasta la saciedad.

New York, 1964. Lou Reed, neoyorquino de 22 años que va de poeta maldito y músico drogadicto fan de Bo Diddley, conoce a John Cale, gales de 22 años que va de poeta maldito y músico drogadicto discípulo de La Monte Young –músico contemporáneo minimalista americano-. Con Sterling Morrison y un tal Angus MacLise, montan un grupo, The Primitives, que luego pasa a llamarse The Warlocks, The Falling Spikes, y finalmente The Velvet Underground. El nombre procede del título de un libro de Michael Leigh sobre sadomasoquismo; algunas fuentes dicen que lo encontraron tirado en la calle, otras que fue en casa de Tony Conrad –otro músico vanguardista y minimalista de estos, amigo de John Cale y La Monte Young-. Las dudas biográficas son buenas para la leyenda, ¿verdad?

En su primera actuación de verdad, a finales de 1965, aceptan recibir a cambio un caché de 75 dólares. Al batería, Angus MacLise, no le gusta la idea de “prostituirse”, y deja la banda ipso facto. A eso lo llamo yo coherencia y ser fiel a sus convicciones, chapeau. Le sustituye Maureen Tucker, hermana de un amigo de Sterling Morrison. A los pocos meses caen bajo el ala protectora de Andy Warhol, el genial artista que lo conceptualiza todo. Cuando ve The Velvet Underground por primera vez, cree que le falta algo, un quinto miembro capaz de atraer la atención. Así es cómo se incorpora Nico al grupo. Nico, modelo alemana no muy guapa –según criterios propios míos- tiene efectivamente un no sé qué que atrae la mirada. Y no sólo la mirada, ya que tendrá rollitos –de cualquier temporada- con Dylan, Jackson Browne, Lou Reed, Brian Jones, Tim Buckley, Iggy Pop y Jim Morrison. Nadie puede negarle a Nico su gusto por la música y los instrumentos grandes.

Velvet

En 1966, el grupo al completo graba su primer álbum. Andy Warhol había logrado, en contra de la opinión de Lou Reed, que tres de las once canciones las cantara Nico. Así es cómo el disco se llamó The Velvet Underground & Nico. La portada es una obra del artista –la historia no dice si también pasaba la aspiradora en el estudio- que se va a convertir en objeto de culto con el paso de los años. En los primeros discos de vinilo, el plátano amarillo es una cinta auto adhesiva al lado de la cual figuraba la inscripción “pela y ve”. Al pelarla, aparecía otro plátano, de color rosa, casi fálico. La leyenda cuenta que el pegamento estaba mezclado con LSD. Mff… La leyenda –ya, se hace pesada- dice que el disco apenas se vendió. Falso. Realmente al principio las ventas son buenas, pero por un pequeño problema jurídico entre la discográfica y un colaborador de Warhol, el disco es retirado de las tiendas. Cuando se resuelve el litigio, el público se ha olvidado del grupo y ya no vende. Años más tarde, Rolling Stones lo situará en el puesto trece de su lista de los 500 álbumes más grandes de todos los tiempos. A mi me encanta, es cierto que él solito resume como ningún otro la década de los 60’s y deja entrever cómo será la de los 70’s. Es un genial álbum, pero oye, si a ti no te gusta, dilo, no temes, no te va a fulminar un rayo! Y si te miran mal, diles que conoces a un tipo que escribe un blog y al que no les gustan los cuatro sosos de Liverpool.

Escucha entero The Velvet Underground & Nico, de The Velvet Underground