Barry White – Let The Music Play

He de admitirlo, mucho rock todo el día, pero a veces a uno le gusto lo meloso, lo facilón, las baladas, y quien mejor que Barry White para esto, Barry Eugene White, 1,92m y 150 kilos de almíbar pop soul.

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Ay el Barry, más de 40 años fiel a su estilo, romántico, dulzón, con orquestación a lo Hollywood, coros femeninos, limusina blanca (reforzada en el lado en el que se sentaba), super ventas cada 14 de febrero.

Nació en el seno de una familia pobre, pasó dos meses de su vida en la cárcel por un robo de neumáticos antes de cambiar radicalmente de vida y dedicarse a la música, primero en una fraternidad, luego en los escenarios de medio planeta. Su inconfundible voz grave y profunda, que le vino repentinamente cuando tenía 14 años asustándole a él y su madre, le permitió vender más de 110 millones de discos de sus 26 álbumes de estudio.

Let the Music Play es su disco más señalado, todas las canciones han sido hits, que sí, que las conocéis todas, aunque no lo queráis reconocer.

Paul Weller – Wake Up The Nation

Si el rock no ha muerto todavía es porque algunos artistas no se cansan de insuflarle vida, con boca a boca, respiración artificial y masaje cardiaco,  como si se jugasen su propia vida en ello.  Paul Weller es un o de ellos. Desde The Jam allá por el 1977, hasta Sonic Kicks, último trabajo del maestro editado en solo en 2012, Paul Weller se ha ganado el respeto de todo UK (aunque fuera de las fronteras del reino unido no goza de tanta fama) por ser fiel a si mismo y a cierta idea del rock.

Paul Weller y su primera banda, The Jam, da sus primeros conciertos en UK en 1977, en plena efervescencia punk. No se les sitúa con facilidad en el espectro del momento, mitad punk, mitad new wave, tocan con la misma energía pero con trajes y corbata negra. Se les asocia con el renacimiento del movimiento mods, aunque su primer gran golpe lo dan como teloneros de The Clash en la gira White Riot en 1977. El grupo conoce la gloria en 1980 con la canción “Going underground”, #1 en los charts británicos.

Pero Paul Weller no se conforma con ser una estrella. Quiere explorar nuevos horizontes musicales y se separa de The Jam en 82.  Al año siguiente monta una nueva banda con estilos muy distintos, mezclando jazz, pop, soul y ritmos más bailables.  The Style Council lidera un movimiento pop jazz con otros artistas como Matt Bianco, Sade, Everything but The Girl. Cuando finiquita esta segunda aventura, Paul Weller está en la cima. Pero siente la necesidad de pasar a otra cosa.

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Después de quedar en la sombra algunos años, retoma una carrera en solitario a mediados de los 90, sacando en 20 años más de 10 álbumes, algunos de los cuales permanecen en el UK como referentes, con clase y compromiso. El décimo de la serie es Wake Up the Nation, indudablemente el disco más rock de la trayectoria en solitario de Paul Weller. Rock como no se hacía desde décadas atrás. Nominado a los Mercury Music Prizes el año de su lanzamiento (2010),  es el primer trabajo de Weller en contar con un ex The Jam (Bruce Foxton) desde 1982. Un disco soberbio, con una energía envidiable.

Fast car / slow traffic, mi canción preferida de 2010.

 

 

The Who – My Generation

1964, Inglaterra está aburrida,  adormecida por los sonidos pop melosos de los Beatles. De vez en cuando despierta, mirando horrorizada como unos alegres energúmenos montan batallas campales en Brighton, a orillas de las soleadas playas inglesas (soleadas 5 días al año, 22 grados los días de sofoco). Mods contra rockeros, UK contra USA, parka contra chupa de cuero, Vespa contra Norton, The Who contra The King, vida vs vida.

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Aquel año The Who, procedente de Londres, irrumpe en la escena musical inglesa (es decir, mundial), con una tremenda vitalidad y ganas de romperlo todo. De hecho durante años se les conocerá entre otras por romper buena parte de sus instrumentos al final de cada actuación.

Los 4 locos de London vs los 4 sosos de Liverpool, la clase vs la masa, el momento vs el planteamiento, la revuelta vs el establishment, la rabia vs el bostezo, My generation vs Love me do.

My Generation, la rebelión juvenil que cuece tiene por fin su canción, primer himno rock de toda la música popular, precursora 12 años antes del movimiento punk. La revista Rolling Stone la clasificará 30 años después en el puesto 11 de las mejores canciones de todos los tiempos. Tenía que estar en el top 5…

“I hope I die before I get old”, dice en ella Pete Townshend. Keith Moon se lo tomará al pie de la letra, desapareciendo a los 32 años, cuando el Pete está como una rosa con 68 años. Era una broma Keith…

Cheikha Rimitti – The Unreleased Tracks From Sidi Mansour

Nace allá por los años 20 en Orán, Argelia. Huerfana a los pocos años, se busca la vida como puede, arrastrando su juventud por los barrios populares de Orán, durmiendo donde puede, rozando desde muy joven la inmoralidad. A los 20 años se une a una banda de músicos que la llevan de bares en bares. Hace suya la noche, el alcohol, y las amistades particulares. Poco a poco se gana el corazón de los argelinos a la vez que una reputación casi hereje.

Empieza a grabar discos en 1952. En 1954 saca la canción “Charrack Gatta” que la consagra como la gran voz argelina, y la pone en la diada de los moralistas, viendo en ella estos pre barbudos un ataque contra el tabú de la virginidad. Con la llegada del FLN al mando del país, se ve “forzada” a emigrar y aterriza en París. Allí se convierte en la embajadora del raï, esa mezcla de música tradicional árabe con toques occidentales, que se pone muy de moda en los 80 en Francia con artistas jóvenes, los “Cheb” Khaled, Mami y muchos otros. Es la madre del género, que no renuncia a nada, ni a la noche, ni a la música. Canta en todas las capitales del mundo, y ya es una leyenda viva cuando, en 1994, con más de 70 años, graba un álbum mítico.

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En este LP, llamado Sidi Mansour, colaboran músicos de la talla de Robert Fripp (King Crimson), Flea (bajo de Red Hot Chili Pepper), East Bay Ray (guitarrista de Dead Kenedys) y dos ex Zappa, the Fowler. Es un buen disco, una buena mezcla de lo tradicional con lo eléctrico.

Pero la joya no es esa, se edita en paralelo Cheikha Rimitti, “The unreleased tracks from Sidi Mansour”, que contiene 4 canciones asombrosas (de 9’45” a 19’39” de duración!), casi extra terrestres, hermosas y emocionantes a más no poder, magia pura.

El CD es un colector, os lo ofrezco abajo en mp3. Hala, gracias Fiouck.

Arcade Fire – Funeral

Canadá, sus nobles renos, sus orgullosos leñadores, sus auténticas camisas de cuadros, sus delgadas canoas, sus interminables bosques, sus nevadas campiñas, su barbuda policía montada y su apestoso jarabe de arce. Y desde 2005 su arrolladora banda rock indie (ayyy) de masas, hija predilecta de pichtfork y los críticos guays, Arcade Fire, que permitió a Canadá existir por otra cosa que paisajes bucólicos. Aunque con 25 grados bajo cero.

Funeral

Funeral, el primer álbum de la banda, es impecable, probablemente el mejor disco de rock de la primera década del siglo XXI. Epico, barroco, alternativo, original, grandiosa mezcla de una infinidad de instrumentos, incluyendo acordeón, batería, xilófono, zanfona, viola, órgano y cosas menos raras como guitarras y bajo.

Y dirás tú, what the fuck es una zanfona? Aunque no venga a cuento, resolvamos tus dudas. Según la wiki, “la zanfona se asemeja a un violín mecánico en el que varias cuerdas vibran por la fricción de una rueda enresinada (situada en la caja de resonancia del instrumento) que gira gracias a un manillar”. Y resulta que la Régine Chassagne, co-fundadora del grupo con su marido Win Butler, toca la zanfona como nadie. Hay que ver.

En fin, a lo que íbamos, Funeral es un disco enorme, grandioso. Tiene esa energía casi lírica y sinfónica que lo hace único. Hay algo de urgencia en las canciones, la voz de Win Butler suena a alarma, toca a rebato, y nosotros hipnotizados, que no pasa nada, nos podemos morir ya.

Luego vendrían otros dos álbumes, pero la magia ya no funcionaría igual. El tercero –The Suburbs- sale en 2010 envuelto en una doble polémica, un precio de venta a 4$ en EEUU y la negativa del grupo a que se pueda escuchar en los sitios legales de música en streaming de todo el planeta.

[Bueno, desde que escribí este post, salió un cuarto álbum, Reflektor, en octubre del año pasado. Le sigue pasando lo mismo que a los dos anteriores, es bueno, pero la magia se ha ido.]

 

 

Pink Floyd – Wish You Were Here

Estos hippies… Más vagos! Sacan un álbum con tan solo cuatro canciones -la quinta es la segunda parte de la primera- y se incendian las tiendas de discos de medio mundo. Para el lanzamiento se imprimieron 250M copias en UK y 900M en EEUU. Nunca antes se había anticipando tanto en números para un estreno. No se equivocaron las cabezas pensantes de la discográfica -que sí, que los hay-, en total se vendieron trece millones de discos de Wish You Were Here. Una auténtica joya, una obra asombrosa y eterna.

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Ya sin Syd Barrett -este les hizo una visita durante la grabación pero nadie le reconoció por lo gordo que se había puesto-, David Gilmour y Roger Waters aprovecharon su ausencia para meterse con él en Shine on you crazy diamond, por sus problemas mentales derivados del consumo abusivo de drogas -con lo bueno que es la leche de soja-. Remember when you were young, you shone like the sun y otras lindezas del estilo, pobre Syd, se cuenta que nadie más del grupo le vio hasta su muerte en 2006.

También le dan un repaso a la industria musical –Welcome to the Machine y Have a Cigar– por su avaricia y el foco sólo puesto en el éxito. Criticando en público, cerrando un buen contrato en privado, con esa dualidad los Pink Floyd venderán la friolera de 300 millones de discos en el mundo en 40 años.

Wish you were here es el disco preferido de la banda y el disco de Pink Floyd preferido por la critica. Y los 25’22” de Shine on you crazy diamond -la duración total de la canción superaba la capacidad de una cara de vinilo, por ello se tuvo que partir en dos- son… míticos. Fabuloso tema.

 

 

The Doors – The Doors

Un día del 66, a un genio introvertido de pelo largo con serio trastorno de la personalidad y complejo de Edipo, bajo los efectos de todo tipo de sustancias, le da por cambiar una estrofa de una canción que lleva tiempo tocando en el “Whysky a Gogo” de Los Angeles, estrofa que queda aquella noche en “Father, yes son? I want to kill you. Mother, i want to fuck you”. En el mismo instante, pierde un local donde tocar, gana un contrato con Elektra, y empieza la leyenda.

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Un año después, The Doors saca su primer álbum homónimo. Break on Through, The Crystal Ship, Light my Fire, y otras 8 canciones para lo que se considera todavía como el mejor LP de debut de una banda rock.

The end, la famosa canción, sale con un grito en lugar del muy polémico “fuck you”. Dura cerca de 12 minutos, huele a napalm, jungla, porro, sudor y helicópteros calcinados. Rock’n’roll…