Pizzicato Five – Twiggy Twiggy

A principios de los 80’s, como los franceses vamos de Calimero por la vida, recuerdo que uno de los debates preferidos de la sobremesa era sobre Japón. Que si nos iban a comer, que si eran los reyes de la industria y la electrónica, que si ellos eran trabajadores natos, que si todo lo que se inventaba hoy venía de ahí, que si iban a invadir nuestras viejas sociedades ahítas. Yo siempre defendía la idea de que no iba a durar, que son ciclos, y que para que una nación te “invada” de verdad, tiene que ir acompañado de algo menos tangible que un walkman o un reloj con led, de algo hecho para quedarse, fuera de las modas y los ciclos de producción, hablaba de cultura. Ahí les pillaba a todos preguntándoles que me diesen el nombre de un escritor, un cineasta, un músico y un pintor japonés. Nadie lo conseguía. Treinta años después, Japón, aunque siga siendo una gran potencia económica no nos engañemos, ya no está de moda ni para producir ni para inventar y encima no nos hemos quedado con casi nada de su cultura, quitando los sushis. Antes de escribir este post, he hecho el ejercicio de listar todos los nombres que me venían en mente, esta es: Mishima, Ozu, Oé, Kurosawa, el Nô y el Haïku. Una miseria, no? Y en música, Ryūichi Sakamoto y Pizzicato Five. Po vaya. Del primero ya hablé. Vayamos a por los segundos.

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Green Day – Basket Case

Es Green Day un grupo punk? Ya sé que este debate no te impide dormir. Es más, probablemente nunca habías pensado en ello, pero yo estoy aquí para que te hagas las preguntas importantes. Tú dirás que bastante tienes con acostarte angustiado y aterrado por la remontada del Madrid. Ya, lo sé, es un momento difícil, para ya verás como otra vez se queda distanciado. Volvamos a mi pregunta. En google tenemos un casi empate, el buscador devuelve 22.900 resultados para “Green Day is a punk band” y 19.800 para “Green Day is not a punk band”. Si he buscado en inglés es porque en español sólo da 7 y 1 resultado respectivamente, hay que ver el poco interés para las preguntas esenciales de la vida. Pues yo estoy con los 19.800, porque si Green Day hace música punk, yo soy Napoleón. Pero no pasa nada, tienen una energía que les ha convertido desde hace veinte años en los reyes de las listas alternativas, punk, rock…

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Rammstein – Du Hast

Cuando me dispongo a escribir el post del día, trato de variar los países de origen, para no estar siempre chupando de los botes UK y US. A veces elijo un país musicalmente exótico, y me pongo a listar todas las bandas que me vienen en mente sin consultar ninguna fuente. Esta mañana dije, vayamos a Alemania, más exótico imposible. Mientras me estaba preparando el zumito de hoy, agregué a mi lista siete nombres: Kraftwerk, Can, Neu!, Boney M, Nina Hagen, DAF, Nena. No me salían más. Luego comparé con una lista más exhaustiva en la wiki, para ver a quien me había saltado vergonzosamente. La verdad es que Fiouck is the fucking milk,  fueron pocos los fallos –hablo de bandas importantes por el número de discos vendidos-: Scorpions, Alphaville y Rammstein.

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Tricky – Black Steel

Tricky, el personaje con el que no te gustaría encontrarte de noche en una calle oscura. Ni con cinco sicarios colombianos a sueldo, uno en cada lado, delante y atrás. Fiouck, esto suma cuatro, dónde está el quinto? No preguntes, cuanto menos sepas, mejor. Tricky, el maestro del trip hop mid tempo desesperado, con mirada a la altura de la música gélida que lleva veinte años componiendo. Tricky, cuerpo cubierto por tatuajes de ex galeote indultado por el mismísimo alcalde de Bristol. Tricky, el niño astuto con sangre italiana, africana, irlandesa e india que no quería ser de ningún sitio y de todos a la vez, músico único y sin color, tal como reclama. Tricky, DJ aventajado, producto de una enseñanza musical de primera, legado de sus abuelos. Tricky, el patito feo de The Wild Bunch, creador respetado –¿adulado?- por toda la industria musical. Se cuenta del último en hablar mal de Tricky que le llovieron mil plagas y que desde entonces vive repudiado por su familia.

Tricky no era un santo. De joven llegó a pisar la cárcel por receptación de billetes falsos, una actividad propia de esta edad. Quién no, ¿verdad? La música le sustrajo a un futuro más bien incierto, probablemente violento, con esperanza de vida de otro siglo. Cuando no había cumplido todavía la mayoría de edad, ya estaba rapeando con el grupo The Fresh 4, en los sound systems de Bristol. Ahí es donde entabla amistad con The Wild Bunch –nombre sacado de la película obra maestra de Sam Peckinpah, mal traducido aquí, como de costumbre, por Grupo Salvaje-. En el seno de la comunidad jamaicana de la ciudad, The Wild Bunch es el referente a la hora de mezclar sonidos blancos y negros, dub, funk, reggae, soul, hip hop. Es en esta época que nace el famoso sonido de Bristol, a mediados de los 80’s, de la mano de tipos brillantes como Robert del Naja alias 3D, Grant Marshall, Andrew Vowles, Geoff Barrow –más tarde miembro fundador de Portishead-. Cuando se disuelve este colectivo, nace Massive Atttack, formación en la que Tricky aporta textos y músicas sin nunca convertirse en miembro regular. Tricky quiere ser libre, no encasillarse. En paralelo trabaja para el primer álbum de Massive Attack, Blue Lines, 1991, en el que figuran tres temas aportados por Tricky, Blue Lines, Five Man Army y Daydreaming. Ante el enorme éxito comercial de Blue Lines, Tricky se aleja un poco más, por temor a perder su identidad musical.

tricky black steel

Sigue un periodo de amor odio con Massive Attack, con peleas seguidas de colaboraciones más o menos fructíferas en el segundo disco, Protection, 1994-, y una carrera en solitario que tarda en materializarse. Forma otro combo con un ex de la banda post-punk The Pop Group, y con la ayuda de Massive Attack, saca en 1995 por fin su primer disco, Maxinquaye –del nombre de su madre que se suicidó cuando el músico sólo tenía cuatro años-, oscuro y misterioso mix de soul, hip hop, dub, rock y electrónica, con la voz de su novia del momento, una jovencísima Martina Topley-Bird, y en alguna ocasión, de Alison Goldfrapp. Quintaesencia del sonido de Bristol, Tricky y su Maxinquaye de un lado, Massive Attack y su Protección de otro, hacen frente común contra el clasicismo y la ligereza de la brit pop. La batalla termina en empate, according to Fiouck.

En los cerca de veinte años siguientes, Tricky se gana a pulso una fama de tipo enigmático y conflictivo. No le van las lentejuelas ni los focos. Prefiere el maquillaje, que le ayuda a crear un doble para prestarse al juego de los medios, sin tocar a su sacro santa independencia. Multiplica las colaboraciones, con Bjork, el Wu-Tang Clan, Neneh Cherry, Alison Moyet, Damon Albarn, Garbage, Elvis Costello, y muchos más. Saca otros nueve álbumes, siendo el último de mayo de este año, False Idols. Algunos rozan la obra maestra, otros son para olvidar –y se olvidaron-.

En el primer álbum, Maxinquaye, figuraba la canción Black Steel, que te traigo con el zumito. Enorme tema esquizofrénico que forma parte de mi top veinte de toda la vida. Si con esto sigues en la cama dentro de 6’34», te mando a Tricky a ver qué puede hacer por ti. Y a los cinco colombianos, de paso. Hala, sube el volumen, luego zumito y a misa.

 

 

Escucha Black Steel, de Tricky

 

Gloria Estefan – Tradición

Ya os veo venir. “No es Fiouck, nos lo han cambiado”. Que no, no llaméis a la policía, no me han abducido ni sustituido por uno de Los 40. Soy yo, Fiouck, el del tomate verde, el de dios Elvis y los cuatro sosos de Liverpool. Yaaaaa, lo sé, Gloria Estefan en este blog parece mala ciencia ficción, como un grano en la cara. O un pedo rotundo justo antes del penalti en la final de un Mundial. A ver, ahora te explico lo que hace ella aquí. No es por el personaje, no es por Miami Sound Machine, no es por su carrera ni su discografía entera, es por una canción, una sola, que siempre me ha gustado, qué se le va a hacer, todos tenemos nuestras debilidades verdad?

Porque la verdad es que Gloria Estefan, como artista, no debería de estar aquí. Su etapa Miami Sound Machine es una ofensa al buen gusto y al sentido común. Y su etapa Gloria Estefan no mejora mucho la cosa –quitando esa canción-. Aún así no hablamos de una mindundi. Con sus 100 millones de discos vendidos a lo largo de sus 35 años de carrera, es decir más que la suma de sus dos hermanas de sangre Shakira y Jennifer López, se ha convertido en la artista latino más prolífica de la historia. Tiene siete grammys, una estrella en el paseo de la fama, restaurantes en Miami para dar de comer a toda África, dos hoteles, un club de football americano y una mansión donde hasta Ronaldo se sentiría pequeño.

Y como activista anti Castro tampoco. Ojo, lejos de mi el defender al régimen político de la isla, pero me enerva más aún la lucha emprendida por estos opulentos y corpulentos inmigrantes. Entiendo que se sientan cubanos, que sueñan con volver a pisar su tierra, pero francamente, declarar en los medios que “Raúl Castro es más abierto que su hermano por ser más capitalista” como ella dijo una vez, es una tomadura de pelo. Que alguien le recuerde cuántos ciudadanos del mundo han dejado de comer en los últimos años por la crisis desatada por el querido capitalismo de sus bancos. En fin, ella se siente cubana, muy bien; sueña con cantar allí delante de cubanos, muy bien; que no vendría mal un poco de reconciliación, cierto. Pero que se dedique a cantar, la historia se hará sin ella.

gloria estefan mi tierra

No, la Estefan está aquí por una canción, llamada Tradición. En 1993, publica su primer disco íntegramente en español, Mi Tierra. Producido por su marido y colega de trabajo, Emilio Estefan, es todo un homenaje a sus raíces cubanas. En él se pueden escuchar todas las vertientes de la música de Cuba. Tocan algunos músicos con pedigrí, como Cachao López –conocido como el músico que dio a conocer el mambo en los US en los años 50-, Arturo Sandoval –trompetista y pianista, amigo de Dizzy Gillespie– o Paquito D’Rivera –saxofonista y clarinetista, con varios grammys en su bolsillo-. El disco vende cerca de diez millones de copias en el mundo, de los que un millón aquí en nuestro país. Se extraen algunos singles famosos, como Con Los Años Que Me Quedan, Sí Señor, Mi Buen Amor. Pero la que me gusta es la última del disco, Tradición. Huele a Cuba como ninguna. Procede del guaguancó, un sub género de la rumba cubana; mezcla percusiones, canto y baile en una espiral endiablada de ritmos y alegría. Es imposible escucharla sin ponerse a bailar instantáneamente –bueno, exactamente desde el 1’45”-, con una sonrisa de oreja a oreja. Una canción que me pone de buen humor, qué más se puede pedir.

Te dejo con una versión Live de ella. Hala, a bailar.

 

 

Escucha Tradición, de Gloria Estefan

William Sheller – Un Homme Heureux

William Sheller. He aquí un músico un tanto particular. No por ser francés – hay franchutes majetes ¿eh?-, sino por lograr componer canciones que no se inscriben en ninguna corriente –es más, muy a menudo totalmente a contra corriente-, de mil estilos distintos, logrando siempre un éxito popular en el que todos los públicos se identifican, gozando de una popularidad sólida, receptor del respeto de toda la industria musical y los medios –nadie habla mal, nunca, de William Sheller, simplemente no se concibe-, con una legión de seguidores fieles, apasionados por el personaje y sus obras, y todo se lo debe a algo que se hace cada vez más raro: el talento. Un talento enorme y una capacidad creativa siempre renovada. William Sheller tiene 67 años y creo que siempre ha estado por ahí en mi entorno musical inmediato. Yo soy fan, a ver si soy capaz de convencerte. Porque claro, lo más probable es que no te suene, no creo que haya traspasado las fronteras francófonas.

Nace en Paris en julio de 1946, de madre francesa y padre americano –un soldado que se quedaría después de la liberación en agosto de 1945, echemos cuenta, este haría algo más que tomar champagne con cierta parisina-. Con tres años, su familia decide probar suerte en los US, en Ohio, donde entablan amistad con músicos de Jazz que suelen invadir el hogar, obligando al pequeño William a quedarse quieto “para no molestar”. Dijo décadas más tarde, que de esta época se quedó, por desgracia, con una aversión total y definitiva por el Jazz –a mi me pasa lo mismo con las judías verdes, que me obligaban a terminar de pequeño, una tortura-. Con siete años se vuelve para Francia, haciéndose mayor en su familia materna, profesionales del teatro. Con diez años decide “ser el nuevo Beethoven o nada”. Sus padres se resignan, hasta tal punto que con 15 años le sacan de la escuela para que se dedique entero a su pasión, el piano y la composición. Pero las cosas no ocurrieron como las imaginaba, un día que su piano estaba en el taller, se fue a ensayar a casa de una amiga, que le hizo descubrir la música pop y rock de la época. En tres horas William Sheller pasó de querer ser compositor clásico a convertirse en rockero. Tiró a la basura toda su formación, y se incorporó a un grupo rock de Niza, los Worst, especialistas en conciertos chungos y cachet miserables. Es cuando William Hand pasa a llamarse William Sheller, nombre procedente del mix de los apellidos del poeta ingles Percy Shelley y del poeta alemán Johan Christoph Friedrich Schiller. Un pelín intelectual sí que era, pero se lo perdonamos.

En 1968, compone una canción, My Year is a Day, que interpretan un grupo formado por americanos residentes en Paris, Les Irresistibles. El tema es un éxito considerable para la época, da la vuelta al mundo y vende lo que no está escrito. Todo el dinero ganado –en esta época los autores sí podían vivir de su trabajo-, lo invierte en la composición de una obra para la misa de boda de una pareja de amigos, Lux Aeterna. Como dijo mucho más tarde, «se vendió menos que jaulas para leones«, sin embargo hoy es una obra de culto, especialmente en Japón –qué cosas, en Japón, ¿por qué será?-.  Luego sacó varios singles como cantante, pero no tuvo éxito ninguno, hasta que Barbara –en los medios galos siempre la llaman la Gran Dama de la canción francesa, pero no dicen nunca cuánto mide- se fija en él y le pide participar a la composición de su álbum La Louve. Ella le termina convinciendo para que se ponga de nuevo a cantar, así es como en 1975 publica un single que va a dar mucho que hablar, Rock’n’dollars, en el que se mofa de esta costumbre muy franchute de poner palabras inglesas en las canciones. En mayo, le invitan a un programa de TV muy famoso, al que William Sheller acude, muy nervioso. Justo antes de que le toque salir en directo, se entera de que forma parte de la sección Una Canción Idiota, y se niega. Ante el desastre anunciado, el presentador –Bouvard, toda una estrella en Francia- va a verle y le dice: «deja que el público, no tan tonto como pensamos, decida si tu canción es o no una tontería«. Aceptó el reto, y no se equivocó. Al día siguiente las tiendas de discos tuvieron una avalancha de compradores del disco, de los que se vendieron 500.000 ejemplares en pocas semanas. Yo la conozco como si fuera ayer, me la sé de memoria. Me sonaba a tremendamente nuevo. Fue cuando William Sheller se hizo un nombre para el resto de sus días.

Sheller un homme heureux

Curiosamente el éxito y los tres años de conciertos y galas que siguieron le asquearon definitivamente de la fama y se prometió no volver a hacer nada tan facilón. Por ello dedicó los siguientes 35 años a hacer la música que a él le gusta, mezclando estilos y géneros, hasta sinfónicos. Y curiosamente sigue teniendo un éxito tremendo. En 1987 publica su octavo disco, Ailleurs, que contiene varios temas sinfónicos, aún cantados por él. Wow, magnífica Excalibur.

Y en 1991, publicó un álbum live con sus mejores canciones que contiene también un tema inédito, Un Homme Heureux. Ays esta canción, buf qué emoción, en mi top 5 canción francesa. El albúm vendió cerca de un millión de copias, por el solo talento de este señor.

Pourquoi les gens qui s´aiment / Sont-ils toujours un peu les mêmes? / Ils ont quand ils s´en viennent / Le même regard d´un seul désir pour deux / Ce sont des gens heureux

Por qué la gente que se ama / casi siempre es la misma / Tienen cuando se vienen / La misma mirada de un solo deseo para dos / Es gente feliz

Te dejo con las cuatro canciones mencionadas en este post. Claro que sigue componiendo y sacando discos, pero me parecen resumir perfectamente la carrera de este artista, tan ecléctico. Soy fan.

 

 

Escucha algunas canciones de William Sheller

Eminem – Infinite

Marshall Bruce Mathers III. A mi me dices este nombre hace una horita, y te enseño el camino hacia el baño más cercano, preocupado por tu tripa. Pero ya me he enterado, resulta que es lo mismo que decir Eminem. Que conste que me parece bien que uno abandone su DNI para iniciar su vida como músico, renegando de todo, reivindicando una oportunidad, vomito y cuenta nueva. Es más, el rock, o cualquier género musical fuera del molde, debería de ser esto. Olvidar para gritar más a gusto. Pero a mi, Eminem me pilló demasiado tarde, su rabia –y no dudo que sea sincera- huele a compact disc, no a vinilo, y al final lo que sé de él se lo debo a mi hija. Buf, Fiouck, te haces viejo.

La tentación, al hablar de Eminem, es la de indagar en su juventud, difícil, caótica, rebelde, en busca de una explicación. Pues no indagaré, no tengo sofá para que se tumbe. Sólo diré que de su adolescencia, salió como una pila atómica, dispuesto a comerse el mundo, a darle una patada a quien se pusiera por el camino, a soltarle soplamocos a la tierra entera. Hace veintiún años de ello. Desde su primera actuación en un vídeoclip –con Champtown, en Do-Da-Dipity-, hasta hoy, cinco de noviembre de 2013, fecha de publicación de su octavo álbum, The Marhsall Mathers LP2.

Escribir sobre Eminem es sumamente arriesgado. Es dios para millones de fans. Es oro todo lo que reluce para su discográfica. Es figura para wikis de hoy y enciclopedias de mañana. Es The King of Hip Hop. Pegaron motes parecidos a algunos artistas por ser el primero en su estilo. Eminem se ganó el suyo no sólo irrumpiendo después de muchos, sino peleando contra la idea de que el rap era cosa de negros. The White Trash vs The Nigger Attitude. Tuvo a influencias de lujo –Dr Dre-, se dejó inspirar por leyendas del hip hop –Grandmaster Flash, Ll Cool J, Big Daddy Kane, etc-, aprendió de iconos raperos –Tupac Shakur, Notorious BIG-, se inventó un avatar –Slim Shady– antes de lanzarse de verdad, se arriesgó con un primer disco tan bueno que nadie lo pilló -1996, Infinite-, se resignó a sacar un segundo álbum mejor aún tres años después –The Slim Shady LP-, y se convirtió en el “fucking best artist” de la primera década del siglo XXI.

Eminem 1996 Infinite

¿Sabes? Me alegro por él. Ya lo he dicho aquí, no suelo escuchar mucho rap, pero defiendo la idea de que este género le ha tomado el relevo al rock reivindicativo, para llamar al público a mover el culo y enseñar con el dedo –habrá que hacerse a la idea de que mucho más no se puede pedir-. Y como estandarte del rap y el hip hop, ahí está Eminem. El artista que más discos ha vendido en la década 1999-2009. Exactamente 225 millones, de los que 105 millones como álbumes. Para que nos hagamos una idea, de ocurrir diez años antes, es decir antes del mp3 y los miles de sitios web para descargar música gratis, no son 100 millones de álbumes los que hubiera vendido, sino posiblemente 500 o 1.000 millones, poniéndose a la altura de dios Elvis o los cuatro sosos de Liverpool. No lo sé, son sólo números, a esta altura no quieren decir mucho, pero muestran lo inmenso que es Eminem en la cultura de este siglo y lo que representa para una generación entera. Rolling Stone lo sitúa en el #82 de su lista de los 100 Artistas más importantes, quedándose corto, y clasifica Aftermath, de 1999, en el #275 de su lista de los 500 álbumes más grandes de todos los tiempos. Para rematar, con tan solo cuarenta y un años, ya tiene en su poder trece Grammy Awards.

Es un crack, indudablemente. Me encanta que le de un repaso a todos estos artistas que tanto aborrezco, Gagas, Guettas & Co. Marshall Bruce Mathers III, dales fuerte.

[No soy quien para recomendar un disco de Eminem, te dejo escuchar la primera canción de su primer disco, Infinite, de 1996, homónima].

 

 

Escucha la primera canción en la carrera de Eminem, Infinite