Qué cabrón. Resulta que Ryan Gosling –sí, Josefina, otra vez él, siento apretar donde duele- no es sólo un excelente actor, un genial cineasta, un productor avispado –cómo mola esta expresión, ¡a que de repente parece un periódico de verdad!-, también es un súper músico. Parece mentira que algunos concentren tanto talento en todo lo que se proponen, dejando al vulgo con pequeñeces. ¿¡Qué hace Podemos!?
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Drive – BSO
Están los tipos duros y está Ryan Gosling. Los chicos guapos y Ryan Gosling. Los hombres elegantes y Ryan Gosling. Él no es nada de eso y lo es todo a la vez. Basta con mirar a las chicas viéndole, con ese suspiro resignado propio de quien asume que no, “qué tonta estás josefina, nunca estarás desnuda a su lado, felizmente tendidos sobre una piel de tigre delante de la chimenea con una botella de Dom Perignon en la cubitera”. Es lo que trae ser Ryan Gosling, bebedor onírico de champagne, suspiros.
Roy Orbison – Oh Pretty Woman
Y la gran farsa sigue. Me acabo de enterar, mejor dicho, el mundo entero se acaba de enterar de que el guión original de Pretty Woman tenía una realidad muy distinta a la que pintaron en pantalla. La estrella de la sonrisa milagrosa acaba de revelar que inicialmente, su personaje, Vivian, era una “puta drogadicta, malhablada, inculta y malhumorada”. Y que él de J.F. Lawton Edward –el guapísimo Richard Gere- era él de «un hombre de negocios horrible, maleducado y malhumorado también«. Y claro, en estas condiciones, no había sitio para un final feliz, las perdices las aplastaba con su limusina el business man después de dejar tirada en la acera a su acompañante, después de un «romance» bronco de una semana.
Me queda un año, ¡rock’n’roll!
¡Tachaaaan!
Hoy me queda un año antes de tirar la toalla. Un año de blog, o cómo publicar todavía 365 reseñas sobre 365 artistas diferentes. Cierto, la mayoría de ellas idiotas, pero es que muchas veces es la única forma que encuentro para cumplir con el reto. Después de 635 entradas, sigo sin saber ni recordar por qué rayos me he metido en esta faena. Bueno me quejo me quejo, pero he de confesar que a veces, cuando los once planetas están alineados, me gusta.
Them – Gloria
A mi me importa Van Morrison un pepino. Lo que me saca de quicio es que un medio de tirada nacional como El País le dedique todos los años una página entera –en verano, cuando el periódico sirve para ahuyentar las abejas en el chiringuito de playa-, aunque no haya apenas nada nuevo que contar desde el año anterior. De todos modos, salvando las crónicas de Diego A. Manrique, el trato reservado a la música por este diario es de pena. Pero, ¿una página todos los años para Van Morrison? Mucho árbol malgastado, ¡qué hacen los verdes!
Lucio Dalla – Caruso
Tengo un nuevo antojo, una de estas rachas alimenticias en las que te entran a diario ganas irreprimibles de comer siempre lo mismo, atrapado por los manjares a veces más absurdos. En lo que va de año ya he pasado por tres fases: Bricks de atún con huevo, Dim Sum y queso Brie. Ahora le doy a las Puntalette, una pasta italiana en forma de arroz que confirma el adagio popular lamentablemente eliminado del recetario de Top Chef: cuanto más humilde y sencillo, mejor. Once minutos de cocción, una nuez de mantequilla, una copa de Barolo, la canción Caruso de Lucio Dalla de fondo, y al instante te encuentras con una vieja Vespa circulando por una carretera pequeña dominando la costa amalfitana, el sol a plena cara, babeando feliz.
Brigitte Bardot – Je T’Aime… Moi Non Plus
París, 1960. Un señor está a punto de cumplir cuarenta años y su mujer le quiere regalar algo muy especial. Como sabe de su pasión por Brigitte Bardot -más conocida en esa época por sus iniciales, BB-, acude a un local de tatuajes, donde pide que le dibujen una B en cada nalga. El día señalado, cuando él vuelve del trabajo, ella se encuentra desnuda, encima de la cama, el trasero como una ofrenda al amor de su vida. Él entra en la habitación, mira a su mujer, se fija en la escena, y le dice, lacónico: “¿quién es BOB?”.