Dead Man’s Bones – Dead Man’s Bones (Ryan Gosling)

Qué cabrón. Resulta que Ryan Gosling –sí, Josefina, otra vez él, siento apretar donde duele- no es sólo un excelente actor, un genial cineasta, un productor avispado –cómo mola esta expresión, ¡a que de repente parece un periódico de verdad!-, también es un súper músico. Parece mentira que algunos concentren tanto talento en todo lo que se proponen, dejando al vulgo con pequeñeces. ¿¡Qué hace Podemos!?

No sabía nada de ello hasta ayer, cuando indagué en su carrera para el post sobre la BSO de Drive, pero en 2009, Dead Man’s Bones sacó un álbum fantástico, homónimo, que pasó inadvertido por culpa de la carrera del actor que se estaba poniendo al rojo vivo. Tuvo que elegir entre vestirse con una cazadora cutre en Drive –lo único chungo de la película- o sentarse al piano para extraer de él una multitud de espectros vaporosos, esqueletos polvorientos, castillos encantados, brumas opacas, y todo un decoro más propio de Halloween sacado de dos mentes un poco perturbadas.

Es que el amigo Ryan tiene su cara oculta. De pequeño sentía una atracción mórbida por los fantasmas de los castillos encantados de los parques Disney, por la que tuvieron que hacerle un seguimiento psicológico. Sus padres –mormones- trataron de canalizar esta imaginación desbordante inscribiéndole a clases de teatro. Tan bien lo hizo que con once años Disney le eligió para formar parte del equipo de chavales del programa The Mickey Mouse Club, al lado de Justin Timberlake, Britney Spears y Cristina Aguilera. Pero esta es otra historia que no interesa mucho.

Lo importante es que Ryan Gosling no se dejó llevar por la fama y eligió un camino mucho más difícil y arriesgado. Su carrera abandonó el bulevar dorado que era suyo y se metió por callejuelas con poca visibilidad. Con veintiún años, aceptó el papel de Danny Balint, joven neo nazi judío que se ve obligado a vivir con esta contradicción, en la película The Believer, premiada con el Premio del Jurado en el festival de Sundance 2001. A partir de ahí interpretó sobre todo papeles de tipos atormentados y conflicitivos, hasta que Drive le revelara al gran público.

bones

En 2005, conoció a Zach Shields, canadiense también, que tenía dos particularidades. Salía con la hermana de la novia de Ryan, y de pequeño se le había diagnosticado la misma atracción obsesiva por el mundo de los ectoplasmos y demás sujetos pasivos. De ahí nació una gran amistad entre los dos y unas ganas de crear alrededor de su pasión.

Así nació Dead Man’s Bones, un dúo en el que los dos músicos se fijaron unas normas drásticas. Primero decidieron que tocarían todos los instrumentos, aunque debiesen partir desde cero con la mayoría de ellos. Segundo, un máximo de tres tomas para grabar las canciones. Tercero, nada de amplificación ni de programación. Cuarto, no corregir los ruidos o imperfecciones durante las tomas. Del canto se encargó Ryan Gosling, por tener la voz más grave de los dos, casi lúgubre.

Tardaron dos años en reunir suficientes canciones para el disco.¿Qué música es? Coge una batidora grande, y échale el ambiente de las películas de Tim Burton o David Lynch, el rock glacial de Joy Division, las sonoridades etéreas de Cocteau Twins, el sonido de The Langley Schools Music Project, remueve durante 2 minutos a plena velocidad y sirve con el volumen a tope. El resultado es soberbio. Me encantan cada una de las cuatro canciones que te dejo para escuchar. Pero si quieres ir al grano, escucha Lose Your Soul, la voz grave de Ryan Gosling con el coro de niños, wow…

Por cierto Josefina, no es tu día de suerte, me acabo de enterar de que el Ryancito está casado con una de las actrices más guapas de Jolibud, Eva Mendes. Olvídate.

 

 

 

11 pensamientos en “Dead Man’s Bones – Dead Man’s Bones (Ryan Gosling)

      • ¡Jajaja! Ya ya ya…intentando compensar un mensaje tan injustificado, no? Eso quiere decir que sí te gusta el aserejé? Uff, no sigas…dejémoslo así. 🙂

        Por cierto, me ha gustado muuucho el amigo Gosling en su faceta de cantante y compositor. Ignoraba por completo esto.

  1. Pingback: Fuck 2014 – Bring 2015 | Un día, un disco.

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