“No quería nada que pudiera tener algo que ver con él. Me sentía como si me hubieran dado a mi todas las posibilidades de ser feliz y a él ninguna. No me sentía con derecho a nada”. Así se expresaba recientemente Peter Milton Walsh para tratar de explicar por qué había tardado dieciocho años en sacar su sexto álbum, No Song, No Spell, No Madrigal. Se refería a su hijo pequeño, fallecido en 1999 después de dos años de enfermedad.
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Patrick Watson & The Wooden Arms – Love Songs For Robots
El dos de junio es festivo en Canadá. Pandilla vagos estos leñadores, ¿acaso tenemos días festivos en España? Celebran The Decoration Day desde 1890, fecha en la que los veteranos de la batalla de Ridgeway reclamaron un poco más de consideración por parte de su gobierno. Este conflicto, por lo que he podido entender –más bien poco- lo originaron los Fenians –qué gracia de nombre, en francés quiere decir precisamente vago-, estos irlandeses que luchaban contra la presencia británica. Total, no nos va a impedir dormir, pero me viene de maravilla para hablar de la música de Patrick Watson, decoración acústica desconsiderada.
Ibrahim Maalouf – Illusions
Hay una fiel lectora de mi “maravilloso blog” -lo dice ella, intuyo que necesita mi coche para esta noche-, que de vez en cuando me manda recomendaciones. Generalmente no me fío, porque una vez me dijo que le gustaban The Smith, y esto denota falta de criterio y de buen gusto. Pero por otra parte es la misma que me hizo conocer a Citizen Cope, y esto es un punto a favor. Ah, también vimos juntos a Ryüichi Sakamoto en el Circo Price hace algunos años, respeto pues.
Fryars – Power
Tomate asténico. El típico día en el que me encuentro con cero gana de redactar la entrada que estás leyendo y encima con una pequeñísima ventana de tiempo si no quiero estar de noche frente al Mac. Como no quería perder ni un minuto eligiendo al artista del día, me decidí por el primero que me encontré por ahí. Bien ahí Fiouck, dije. Era sin contar con lo liso del músico en cuestión.
Un Día Sin Música – Contra El Ivazo Cultural
Hoy –para una vez que me anticipo y no tenga que añadir “por ayer”, clap clap clap-, es el día sin música. Po vaya.
No es que se me hayan acabado las ideas para alimentar el blog, sino que a los consumidores –como yo, aunque es cierto que no he comprado mi vinilo mensual en bastante tiempo tal como me había marcado, aunque compenso yendo a muchos conciertos-, se nos acaba la paciencia.
Torres – Sprinters
Los hay que hacen música para hacer dinero (muchos), otros para llamar a la revolución (pocos), y demasiados porque se creen buenos. Muchas para enseñar el culo, otros porque no les ha ido bien en el cole. Algunos entran al azar, otros por la puerta de atrás, y los hay que se dan una leche desafortunada después de subirse por la ventana. Algunos dirán haberse hecho músico para pillar sexo, pocos reconocerán que las fans ya no son lo que eran. Torres, ella, quiere exorcizar su pasado de hija adoptada.
Lonelady – Hinterland
Esta mañana mientras tomaba mi café al sol, pude observar el curioso comportamiento de un insecto volador caminando por la mesilla. Cada pocos segundos se ponía boca abajo, estiraba las alas al máximo y, eso creo haber visto, también las patas, ofreciendo su recto a los dardos del sol –suponiendo que lo tenía donde impera cierta lógica biológica-. Luego se ponía de nuevo sobre sus patas, caminaba pocos centímetros, y otra vez, cual ruso ebrio en la calle. Le di un capirotazo antes de que se diera un baño en mi café.