Soledad Velez – Angel’s Song

Buf. Estoy pensando en cambiar el dominio y el reto del blog. Rebautizarlo como undia-unhuevodecantantesfolk.net y publicar veinte reseñas diarias sobre esta cantidad sospechosa de discos de pop folk rock que salen al mercado. Digo sospechosa porque tanta producción me lleva a pensar que sacar un disco de este género será lo más “fácil”. Hoy toca una chilena, afincada en Valencia.  Soledad Velez. A Chile hemos ido? Creo que no. A Chile le pasa lo que a Polonia –ver este post sobre Rykarda Parasol de este lunes-, es tierra de grandes escritores e intelectuales, aunque también de algún militar miserable afortunadamente pasto de los gusanos; pero de rock, cero patato. Vale que sí, algo habrá, pero seamos sinceros, nada del otro mundo. Me preguntas por artistas chilenos, y a duras penas contesto Violeta Parra y Victor Jara. Y que yo sepa, con el rock poco tuvieron que ver.

Soledad Velez tiene la cara de la música que toca. La ves y al instante sabes qué va a cantar. Un poco pálida, cierto encanto físico desconcertante, melena en la frente propia de las personas un pelín torturadas –o será una pose-, una cara que se ilumina cuando se digna en esbozar una sonrisa –la pose, maldita pose-.  Guitarra acústica en mano, sacándole suaves acordes para acompañar relatos más bien melancólicos y tristes, o guitarra eléctrica ligeramente distorsionada, para cuando se pone fiera e instintiva en sus historias de deseo. Sólo cuando canta nos sorprende Soledad Velez. Tiene un pedazo de voz que parece que sale de otro cuerpo. Algunos dirán que abusa del efecto trémulo, otros que cuando eran muy chiquitines una tal Janis Joplin ya cantaba así, y muy poquitos bostezarán preguntando qué hay de cenar. Reconoce tener unas influencias que parece que como te reclames de otras artistas, te van a fulminar en el acto: Patti Smith y PJ Harvey. También menciona a Cat Power y Aimee Mann. Bien, un poco de originalidad por dios. Por lo menos sincera es, reconoce sin avergonzarse que el primer póster que colgó de niña en su habitación fue uno de Backstreet Boys. Oye, todos hemos sido jóvenes y tontos, yo tenía un mini póster del real Madrid, para que veas –aunque también uno del aleti, con un jugador italiano dando un cabezazo de gol, nunca he logrado saber quién podía ser-.

Wild Fishing Soledad Velez

No sé lo que hace Soledad Velez en Valencia, ni cuándo llegó, ni por qué. Qué hace que talentos así procedentes de fuera –pienso también en Josh Rouse, pop folky yankee- se establezcan en la ciudad políticamente más vilipendiada del país? Que se vengan a la capital, nuestros representantes son impolutos y adoran la música, hacen todo lo que pueden para que la podamos disfrutar en condiciones.

Soledad Vélez acaba de sacar su segundo álbum, Run With Wolves. Es sumamente bonito, mucho talento ha invertido en él, déjate seducir. Mira, yo te dejo con un único tema, de Wild Fishing, su disco anterior. Se llama Angel’s Song y a parte de ser muy representativa de su estilo de música y voz, es hermosa.

 

 

Escucha Angel’s Song, de Soledad Velez

July Talk – Paper Girl

Ojo con el zumito de hoy domingo 24 de noviembre. Igual viene un poco alterado. Algo así como garrafa rock’n’roll. Importado desde Canadá, donde no hay naranjas –sino congeladas-, pero sí hidromel y cosas raras. Ciervos borrachos y leñadores arrastrando trineos. Después del estreno del cuarto álbum cansado –y cansino- de Arcade Fire, ya era hora de que emergiese algo nuevo en el país franco-americano –juas, mola llamarlo así-, antes de un nuevo semestre de hibernación. July Talk, grupo bicéfalo, se propone para mantener despiertos a sus conciudadanos durante la larga noche invernal, con una alta dosis de energía rock’n’rollera; aunque insisto, hay un algo que le da un sabor rarillo. Que incluso puede provocar rechazo.

july talk

Tiene la redondez del rock, a contraluz tiene un bonito color indie, deja escapar aromas a los 50’s afrutados. Después de un año de maduración en roble canadiense, ha llegado a nuestras tierras una caja para su degustación. Los primeros sorbos son prometedores. Peter Dreimanis, el cantante, tiene una voz increíble a medio camino entre Tom Waits y Louis Armstrong con los dedos en el enchufe. Luego en boca, las guitarras distorsionadas hacen maravillas. Al dejar entrar aire para probar la persistencia, irrumpen una batería y un bajo con cuerpo. Hasta ahí todo perfecto. Pero justo cuando le vas a poner una súper nota, cual Robert Parker soberbio, sorprendido por la calidad de su cata, llega un sabor molesto que casi provoca que lo escupes todo. ¿La culpa? Leah Fay, segunda cantante del grupo, pareja del Peter. Tiene una voz chillona cuyo efecto es casi peor que una tiza en la pizarra. No se entiende, él de verdad destaca, con sus composiciones, su voz, su forma de moverse, sus muecas en la cara a lo Jim Carrey y su energía comunicadora. Pero ella? Buf, puede conmigo.

Te dejo con tres temas para juzgar, empieza por Paper Girl, es ilustrativa de lo que acabo de decir. Guns + Ammunition y sobre todo I’ve Rationned Well son más llevaderas, pero no salvan la primera impresión, que aquí se está desperdiciando algo grande, una ocasión única de arrasar por todo el planeta rock.

Hala, hazte tu propia idea, luego zumito con naranjas de aquí, y a misa.

 

 

 

Escucha los mejores temas de July Talk.

 

Phildel – The Disappearance Of The Girl

Phildel tiene cara de pocos amigos que da miedo. En sus vídeos o en las fotos, siempre te mira en plan “escúchame idiota o te arranco los ojos”. Si sonriera, sería posiblemente muy guapa. He mirado y buscado, pero no sale nunca con sonrisa. Lo suyo será morder, abofetear con dos anillos en cada dedo o un rodillazo donde mejor ni pensarlo. Mirándole bien, también será capaz de un mawashi geri circular en la nariz. Sin despeinarse. Y eso que tiene el pelo muy largo y liso, como las asiáticas. De hecho su padre era chino. Y su madre irlandesa. Se te hace la luz? Pillas el por qué de su mala leche?

Pues no. Equivocado estás. Tiene mala leche porque ha tenido una niñez y una adolescencia muy infeliz. Del padre biológico se sabe poco, pero por lo visto no cuenta, ya que con nueve años, la pobre Phildel ve como su madre rehace su vida con un barbudo. Sí, uno de estos. Ays, no quiero aparentar lo que no soy, los que me conocen saben, los que leen este blog también, sólo me horroriza esta gente por su capacidad a negarle la vida a las mujeres, a ningunearlas. Ya se sabe que cuando te sientes débil, buscas un chivo expiatorio… Así que antes de cumplir diez años, Phildel hereda un nuevo padre, musulmán fundamentalista, que revoluciona la casa y la vida en ella. Se acabó el vestirse como sus amigas, se acabó el conservar como un tesoro cualquier pertenencia -de estas que cobran especial valor a esta edad, aunque sea el ticket de metro de cuando te sonrió aquel chaval rubio tan guapo de camino al zoo-, le cambió el nombre –Zara- y le prohibió escuchar música. Ahí estamos. Después de las mujeres, el barbudo se ensaña en prioridad con la música. Se le quitó el piano, el lector de CD, la radio. Cuando la tuvo reducida a casi nada, la hundió un poco más, convirtiéndole en una sirviente más. Asco de tío. Allah la tiene que tener muy pequeña para permitir estas cosas.

Total, que hasta los diecisiete años, Phildel no tuvo vida. Sólo volvió a respirar cuando se marchó de casa. Se refugió en la música, como remedio a todos estos años perdidos, robados. Se compró un ordenador y empezó a tocar, componer, hacer collage de audios y montar demos. Una de ellas llegó a las manos de un directivo del sello Chrysalis, y la enchufó para que pudiera grabar en el mismísimo estudio de Massive Attack. De ahí salió, en 2007, la canción The Kiss, bonita pieza de piano, que Apple utilizó durante toda la campaña del el iPad3. Sacó otras canciones, editadas en EPs, que curiosamente van a encontrar casi todas una salida similar –Marks & Spencer, Persil, Omo-. Acostumbrada a vivir humildemente, reinvierte todo en equipar su propio estudio de grabación, audio y vídeo. Publicó un primer disco, llamado Qi, energía en chino, y luego un segundo álbum, The Disappearance of the Girl, en marzo de 2013.

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No arrasa en los charts. No vende muchos discos. Tampoco hace una música fácil. Ella apuesta por lo etéreo, cuando la época es la del todo bum bum, como los infumables gaga y guetta. Aún así tiene una legión de fieles, que adoran su voz clara, el ambiente un tanto oscuro de sus vídeos, algo de espiritualidad, por no decir mística. La producción es muy buena, los arreglos también, en mis tiempos tuvimos Kate Bush, ahora tenemos a Phildel.

Pero por dios, que alguien le devuelva la sonrisa.

 

 

Escucha algunas canciones de Phildel

 

Anna Calvi – One Breath

Ayer pillé de casualidad a un tema del nuevo disco de la inglesa Anna Calvi en Radio 3. Al locutor no se le ocurrió otra cosa que enlazar sin respirar con la magnífica versión de Dear Prudence de Siouxsie & The Banshees, diciendo que cada vez que escuchaba a la Calvi le entraban ganas de escuchar a la Siouxsie. Yo se lo agradecí porque no deja de ser una de mis canciones preferidas, pero lo que consiguió es que me olvidara por completo de la nueva promesa rock inglesa. Bueno, no sé durante cuántos años se puede decir de alguien que es la nueva promesa, ya que lleva casi un lustro bajo los focos, y dos álbumes en la mochila.

Luego estuve leyendo un artículo en un sitio web en francés, no paraban de compararla con PJ Harvey. El relevo, decían. Como si la PJ estuviera ya fuera de las quinielas, después de haber sacado el álbum más bonito de esta década –Let England Shake, wow-. Vale que quedan siete años, pero la PJ ha puesto el listón a una altura estratosférica.

Y last but not least, acabo de leer una crítica de su nuevo disco, donde la comparan ni con una ni con otra, sino con Patti Smith. Cuando la descubrió, Brian Eno dijo de ella que era “The biggest thing since Patti Smith”, y parece que lo que digan algunos es como palabra de evangelio.

Anna calvi one breath

Total, son muchas comparaciones para esta chica, todas odiosas hasta cierto punto, ya que, quitando la voz poderosa que recuerda a la de las tres antes mencionadas, la música es suya, muy propia, sus dos discos no son nada fáciles. Es rock tenso, nada alegre, un poco estirados en los efectos; con Anna Calvi una canción no ofrece nada de lo que aparentemente promete, será por sus genes italianos. En su casa de pequeña se escuchaba tanto a Maria Callas y Edith Piaf, como a la Velvet Underground y Jeff Buckley, extraño mix del bueno que también puede explicar la diversidad de sonidos de sus discos.

El segundo de su carrera, One Breath, se publicó hace poco. Once canciones muy trabajadas, más bien tristes, tirando a veces hacia la desesperación. Y se puede seguir con las comparaciones. Por ejemplo The Slits, grupo punk femenino, en el tema Love of My Life. Y Goldfrapp, en Sing to Me, con creces la canción más hermosa del álbum.

Anna Calvi está en concierto el 11 de diciembre en el Teatro Lara, de Madrid. Yo iba sin pensármelo, pero esta sala ofrece esencialmente obras de teatro, y como tal, hay butacas. Ya me pillaron unas cuantas veces –los grandes Tinariwen, el enorme James Hunter, y Veronica Falls, que no me dejó un recuerdo para la posteridad-, así que no sé si dejarme convencer una cuarta vez, estar sentado en un concierto me parece el colmo de lo absurdo.

 

 

Escucha los mejores temas del disco One Breath, de Anna Calvi

 

The Lanskies – 48 Hours

Cuatro grados marca el termómetro fuera. Cuatro. En qué clase de mente enferma cabe que podamos estar un domingo por la mañana con tan poquitos grados? Pero si la vida no es posible por debajo de veinticinco, todo el mundo lo sabe. ¿Entonces, por qué hemos de pasar por esto? Si el frio tuviera alguna función orgánica o una finalidad vital para la raza humana, pues mira, asumes y te aguantas. Pero no, sólo le hace más rico al gallego ese de Inditex. Hasta en Saint-Lô, pueblo francés de la baja Normandía, hace mejor hoy. Diez grados tienen, hombres con suerte, yo firmaba.

No conoces Saint-Lô? Yo tampoco, y eso que en principio lo tengo más fácil. En la escuela en Francia se suele contar la anécdota siguiente: durante la noche del 6 al 7 de junio de 1944, los americanos tenían planeado bombardear la ciudad, ocupada por los soldados alemanes. Pocas horas antes, aviones aliados tiraron papeletas desde lo alto para avisar a la población del bombardeo inminente. Pero aquel día soplaba un viento terrible, y las papeletas se perdieron en la naturaleza. Total? Una ciudad arrasada al 95%, y más de 1.000 civiles muertos. Buf… Hoy se ha reconstruido, claro. Es un pueblo costero de 19.320 habitantes, mirando hacia UK. La cifra no para de bajar, después de un pico de 23.221 en 1975, por qué será? Huirá la gente por la música que se cuece en los bajos de la ciudad? Porque aunque parezca mentira, esta ciudad tristona, sin apenas historia, es cuna de algunas de las bandas rock más prometedoras de la escena del país vecino. Da Brasilians, Belone, The Dadds, The Fuck, Pink Fish, The Lanskies… Saint-Lô tiene la proporción de grupos indie rock más alta de Francia, sin lugar a duda. Cierto que la ciudad apenas tiene oferta cultural o infraestructuras de ocio, así que a la juventud de allí, no les queda más remedio que hacer música.

The Lanskies 48 hours

Y los que mejor lo hacen son los de The Lanskies. Una banda de cinco músicos, tres locales, un alemán –bajista- y un inglés, el cantante. Este habla perfectamente francés –vive allí desde que sus padres decidieron cruzar el Canal de la Mancha para establecerse al sol, juas-, pero canta en inglés, y hace bien; siempre me ha parecido difícil contar en el panorama rock cantando en otro idioma que no sea el inglés. The Lanskies llevan algunos años dando mucho que hablar. Su primer álbum publicado en 2010, Bank Holliday –algunas fuentes dicen que es el segundo, pero el primero se “perdió” por ahí-, tuvo una gran repercusión en Francia. Hacen lo que llaman hot wave, mezcla alegre de la new wave de sus padres y de rock de hoy. Suenan a Arctic Monkeys, o Bloc Party, Kaiser Chief, Franz Ferdinand. El cantante tiene la voz de Robert Smith joven, antes de que se pusiera como una bola, y sus canciones invitan a bailar frenéticamente. Te dejo con el tema que le daba nombre al álbum, Bank Holiday, pero sobre todo con su última creación, publicada hace un mes escaso, 48 hours –no confundir con la de The Clash.

Hop, sube el volumen, shake the ass, luego zumito y a misa.

 

 

Escucha 48 hours, de The Lanskies

 

Rock School Kabul

Cada cual vive su vida agarrándose a su particular escala de valores humanos. Humano, es decir, el valor por encima de cualquier otra consideración social, cultural, religiosa, etc. Una especie de escala de Richter de la empatía al revés, partiendo desde arriba, donde la gente buena de verdad, bajando por escalones dignos –estando yo en uno de estos, di que sí-, siguiendo por peldaños cada vez más resbaladizos y menos relucientes, adentrándose por pisos sin mucha luz, donde reina la maldad y la vileza, bajando, bajando y bajando hasta el último eslabón, donde los psicópatas, el terror, el dolor. Una singularidad, desde donde la luz no escapa, y donde la vida tiene un valor muy relativo, prácticamente insignificante. Sin embargo, si te fijas bien, en el suelo, se vislumbra una trampilla de madera, pesada, húmeda, fría, casi sellada en el suelo; si te da por levantarla, aparta la nariz mientras exhala aire corrompido. ¿No los ves allí abajo? Enciende una cerilla y acércala, sí, allí están, los Talibanes.

Mezclados, eso sí, con primos no muy lejanos –en la actitud y las enseñanzas- de otras ramas religiosas. Cuando me refiero a ellos, no pretendo meterme en creencias, en fe. Me la refanfinfla, mi ateísmo feliz me lo impide. Hablo de las desviaciones que los extremismos generan, y la prohibición absoluta de cualquier deseo de enriquecer su vida con otra cosa que no sea la palabra de Dios, Allah, Yave, etc. Y ya que estamos en un blog de música, hablemos de los Talibanes y la música –en otro post hablaré de los judíos ortodoxos, y los católicos fundamentalistas, no temes-.

«Talibanes y la música, toma 1…  ¡Acción!… ¡Corten!. Recoged todo el material, se acabó el reportaje». Es que es así, no hay nada que contar sobre la música en el mundo de los Talibanes. Se inventaron un ministerio llamado “Ministerio para la promoción de la virtud y la represión del vicio”. Este organismo prohibió el teatro, el cine, la televisión, los ordenadores, las cámaras de foto, los reproductores de cintas. Animó la quema de instrumentos de música y los cassettes, fomentó la violencia contra los músicos y su encarcelamiento, pidió a la población que rapara la cabeza de los que todavía se atrevían a escuchar música, aunque fuera religiosa. Convirtieron a Mozart, Ravi Shankar, The Rolling StonesA.R. Rahman, NirvanaNusrat Fateh Ali Khan, U2Um Kalsum y millones de creadores de emoción, belleza y sentimientos, en el blanco de la ira de algunos miles de locos de otro planeta. Fuck The Talibans.

Rock school Kabul

A qué viene todo esto? A que aún así, a veces, parece que un destello de luz sí sale de la cueva. Si bien la sociedad de Kabul sigue siendo muy conservadora, los Talibanes ya no mandan tanto. Menos aún en la Rock School Kabul. Abierta hace dos años, en el salón de una casa de la capital afgana, de la mano de uno de sus fundadores Humayun Zadran, esta escuela tan particular acoge hoy a cerca de 40 alumnos, que ensayan todo el día con los instrumentos que se han podido salvar. We Will Rock You, de Queen, tiene la palma. Pero también suena Knocking’On Heaven’s Door, de Dylan. Y Linkin Park. Y heavy metal, interpretado por chavales que no llegan a diez años. En las paredes se han pintado graffitis en honor a los héroes de esta juventud afgana que se atreve, en especial un retrato inmenso en blanco y negro de Jack y Meg White, de The White Stripes. Todo hecho posible gracias a las donaciones de entidades privadas o públicas de fuera, como el Banco Mundial, de la ONU, y al compromiso hermoso de extranjeros que dedican su vida a enseñar la música a los novatos del barrio. Como Robin Ryczek, violoncelista norteamericana de Bostón, 29 años, que decidió marcharse a Afganistán después de una única llamada de un amigo con el que había viajado a Oriente Próximo años antes. Me quito el sombrero, Madame.

Así que hoy, no propongo ningún disco o canción para escuchar en especial. Un día señalado para escuchar toda la música del mundo, pensando en que no todo el mundo lo tiene tan fácil. Viva la música. Viva las músicas, y Fuck the Talibans. Rock’n’Roll.

 

Esperanza Spalding – Black Gold

Casi casi le gana Dante di Blasio a Esperanza Spalding, por el premio al pelo afro más abultado. Dicen que el padre del chaval ganó los recientes comicios en la ciudad del CBGB gracias, en parte, a esta enorme bola de pelo que luce su retoño desde hace años -tendrá Álvaro Ramírez de Haro Aguirre que lucir dreadlocks o una cresta rosa para que su madre se meta a España en el bolsillo?-. No sé si un corte de pelo puede influir en unas elecciones, lo que tengo claro es que Esperanza Spalding no debe su creciente fama a su particular melena, sino sólo a su enorme talento para darle un aire fresco al jazz y por tocar como pocos un instrumento que duplicará a la artista en peso y volumen.

Dice esta norteamericana que oyó la llamada de la música clásica con cinco años, al ver en la tele un programa infantil en el que actuaba Yo Yo Ma, francés de origen chino afincado en los US, posiblemente el mejor violonchelista de este siglo. Hace de ello veinticuatro años –esto para que calcules su edad-. A raíz de ello, su madre la inscribió a un curso gratuito de la comunidad para que aprendiera el violín –no fluía precisamente el dinero en este barrio pobre de Portland, en el que su madre muchas veces le ordenaba que agachara la cabeza en casa para evitar balas perdidas-, y desde el principio mostró grandes dotes. En un campamento de verano, compuso un pequeño quinteto en un mini concurso, pero le dieron el premio a otro chaval por no creer que la obra fuera de ella. Siguió sus estudios de música clásica hasta entrar, gracias a una beca, en la escuela Berklee de Boston, con 16 años. Cuatro años más tarde, se convirtió en la profesora más joven del prestigioso centro.

Pocos años antes, había descubierto por casualidad el contrabajo, y se hizo con él. En paralelo también se puso a cantar, por obligación, para tocar en bandas y ganar el dinero de su alquiler. Se unió a un grupo de jazz que buscaba a un bajista y un cantante, se propuso cumplir con ambas tareas. A partir de ese momento, creció su fama, y su pelo. Hoy se la considera como a una grande. La revista Down Beat, que será algo así como el NME del rock, la sitúa en el #5 de las mejores bajistas, y en también en el #5 de las vocalistas –detrás de grandes voces como la de Dee Dee Bridgewater-. Y con tan sólo 29 años. Sin embargo huye del estrellato y de los focos, lo suyo es la humildad y la reflexión sobre el jazz. Es consciente que la palabra Jazz en sí no ayuda, que muchas veces tiene “estereotipo negativo y connotación pesada”, tal como reconoce. También le enerva sobremanera que se tache de pop la música que hace. Sólo quiere que se le escuche y se disfrute, sin etiquetas.

Esperanza spalding black gold

En 2009, Obama le pidió expresamente que tocara durante la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz –menuda farsa, cuando te enteras del caso Snowden-. Acudió, sin más entusiasmo, porque, como dice ella, es ciudadana americana porque paga sus impuestos allí, pero no se siente identificada con la política de su país. En 2010, es Prince quien la llamó, para que ensayaran juntos, en sesiones privadas; luego tocaron en alguna gala, ella asombrada por estar codeándose con él. En 2011, por su álbum Chamber Music Society, el tercero de su carrera, ganó el Grammy a la mejor artista revelación, delante de Justin Bieber –no, no diré ninguna burrada sobre este engendro-. En 2012, toca en la sala Joy de Madrid, y en más lugares de España, ella tan feliz. En 2013 Fiouck le dedica un post en su blog. Jatetú la progresión en cinco años. Va para grande la moza.

Luego vendrán los fans de la primera hora a tirarme de la oreja por la canción que te dejo escuchar. Es cierto, no es posiblemente la más representativa de su repertorio, pero como ella dice, “hay que escuchar y disfrutar”. Esperanza Spalding, a dúo con Algebra Blesset, interpretando Black Gold. Súper bonita.

 

 

Escucha Black Gold, de Esperanza Spalding