De coches sé poco, me aburren. De series TV, cero patato, estoy perdido. De redes sociales apenas entiendo nada y no logro interesarme. Así que sólo me queda la música para intentar no quedar descolgado del todo de este mundo. Por ello, cuando doy con un artista con cerca de veinte años de carrera y diez álbumes a sus espaldas y que no conocía hasta ayer, me preocupa. Porque si empiezo a no valer tampoco para la música, me compro veinte cabras y me retiro en la sierra a criarlas y hacer quesos con un bonito envoltorio que parece auténtico. Fiouck’s Genuine Goat Cheese, con un tomate verde en la tapa. ¿Qué de quién hablo? De Joseph Arthur, songwriter americano que pudo ser y no fue. Ya, ¿Compramos las cabras a medias?
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My Little Cheap Dictaphone (MLCD) – The Smoke Behind The Sound
El año pasado, un cantante belga llamado Stromae arrasó en los países francófonos con su disco Racine Carrée -raíz cuadrada-. Ganó todos los honores, los premios, las portadas y el cariño del público. Una cara angelical, un estilo indefinible y un no sé qué que de verdad le hace simpático, perfecta combinación que le ha permitido vender más de millón y medio de ejemplares del álbum. Difícil hablar mal de él. Creo que no he escuchado nada de este señor, menos el famoso vídeo del tema Formidable, donde una cámara escondida le pilla aparentemente borracho en una estación del tranvía de Bruselas. Setenta y dos millones de views en Youtube. Y mientras tanto otras propuestas musicales belgas apenas tienen visibilidad, como que eclipsados.
Sufjan Stevens – The Age Of Adz
Hace mucho que a Sufjan Stevens le han encaramado en un pedestal. Todo lo que el planeta indie tiene de gurus, predicadores y bloguevangelistas le profesa cierta adoración. En estas condiciones al artista de nombre impronunciable le resulta difícil no tener un pequeño problema de ego y no perder el sentido de la realidad. En una entrevista, con ocasión de la salida de su último trabajo de estudio, The Age of Adz, reflexionando sobre su vocación de músico, declaraba: “hay tantas vocaciones más grandes… como los basureros o los carteros”. Sufjan, amigo Sufjan, nadie en su sano juicio recoge la basura ni distribuye las cartas por vocación. Lo hace por necesidad, punto. Ays, estos artistas…
Sharon Jones and the Dap-Kings – Give the People What They Want
Sharon Jones, la nueva diva de la soul americana, las ha pasado canutas para estar donde está. Heroína muy a pesar suyo de una de estas historias con final feliz por los pelos. Cuarenta años que intenta hacerse un sitio en la industria musical, a base de música soul tendencia época dorada de la Motown. Y lo consigue in extremis después de superar hacer pocos meses un cáncer de las vías biliares. Una bonita lección de perseverancia y fe en sí mismo.
Idiotamedia Foundation – Listen To Ignorancia
Hace dos semanas, se me ocurrió publicar un post que llame “la música del conocimiento”, aprovechando mi donación anual a lo que siempre he considerado como la idea más hermosa de Internet, la Wikipedia. La Fundación Wikimedia, que no escatima en inventos y sorpresas, tiene una web que se llama “Listen To Wikipedia”, en la que ponen música a las entradas publicadas por los wikipedistas, las modificaciones y eliminaciones aportadas, según un complejo algoritmo de sonidos y colores. Si me lo propongo, puedo quedarme hipnotizado un largo momento por el espectáculo ofrecido. Música infinitamente más bonita y relajante que buena parte de la chill out que te sirven en verano en las terrazas.
Irene Díaz – I Love You Madly
¿Irene Díaz? ¿Fiouck publicando sobre una artista española? Ciencia-ficción! Pues sí, porque resulta que no es española, sino yankee, de Los Angeles. Pero quitando este pequeño fallo, por lo demás me cae fenomenal la chavala –veintiséis años-.
The War On Drugs – Lost In The Dream
¿Cómo reconoces una obra maestra cuando llevas apenas tres minutos escuchándola? ¿Por qué sabes, cuando finaliza la primera canción, que un disco te va a acompañar el resto de tu vida, aunque no tengas ni para la luz del toca discos? La música no es ciencia, sólo una vieja receta de bruja desdentada y medio loca, que raras veces logra la justa proporción milagrosa de magia y emoción. La alquimia perfecta, la piedra filosofal que transmuta simples acordes en oro puro. Lost in the Dream, el tercer disco de The War on Drugs, es de estos discos elegidos para la gloria. Como no venda cien millones de ejemplares, es para desesperar.