Yvette – Process

En agosto de 1981, me sacaron una foto, de día, delante de la entrada cutre del CBGB en Nueva York, con su toldo de tienda de ropa para amas de casa. Yo todavía era un chaval, y aunque la sala estaba todavía lejos de alcanzar la condición de mito y leyenda del rock, la conocía muy bien por un vinilo que tenía en casa –este sí lo sigo teniendo, wow-, un doble recopilatorio de los mejores conciertos que se dieron entre 75 y 76. El disco empezaba por una voz en off –realmente era un tipo de la sala que se subía al escenario antes de cualquier actuación, para dar la bienvenida al público- que decía “With you from the Bowery, New York City… ¡Welcome to the CBGB!” y enseguida arrancaban las guitarras de Tuff Darts con su tema All for the Love of Rock’n’Rollaquí puedes escucharlo en youtube-.

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Kasabian – 48:13

La vida de las estrellas del rock no es fácil… en el fondo. Yaaaa, sí, lo sé, aparentemente lo tienen todo, fama, dinero, chicas haciendo cola, giras en lugares exóticos, cero jefe ni horario. Sobre el papel mola, sobre todo el punto tres. Pero esto es como todo -menos para la corona-, no cae del cielo, hay que currárselo sacando regularmente nuevos discos. Que gusten y vendan, reinventando o prolongando la formula. Sin nunca saber si vas a dar con la receta, enfrentándote a que tus fans te abandonen, los medios se te vuelvan en contra, llueven las críticas y dejen de hacer cola las chicas de antes. Saca el pañuelo, esto es Zola. La lista de artistas desaparecidos de un día para el otro se alarga a diario, igual le ha tocado el turno a Kasabian.

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Parquet Courts – Sunbathing Animals

Mi ilustrísima. Mi excelentísima. Mi Magnificencia. Ana. Anita de mi corazón. Mi frasquito de amor. Mírame a los ojos y contéstame: ¿cuándo c… vas a dejar de decir necedades? Es que lo tuyo no tiene remedio. Ayer me enteré de que estaba peligrando el Palacio de la Música, ubicado en el nº 35 de la Gran Vía madrileña, porque hace un año estabas estudiando la posibilidad de cambiar el uso del suelo, de cultural a urbanístico. Y así dar luz verde a la venta del edificio a una gran marca de ropa –ver aquí la petición que puedes firmar en www.change.org-. No tengo nada contra estas compañías, no voy por la calle en bolas –ya sé que te gustaría mi ilustrísima- pero argumentar que así se creará empleo, es de ciencia ficción. A ver cómo te lo digo, anita, como mucho se crearán en Madrid los empleos que tu ayuntamiento destruye sistemáticamente al ningunear la cultura.

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Lily Allen – Sheezus

Sobre el papel, una artista que reparte tortas con relativa regularidad a Miley Cyrus, Lady Solomillo, Rihanna y toda la peña de gogo girls ricas y ordinarias, sólo puede merecerme como mínimo respeto. Hasta la fecha se lo concedía sin problema, aunque he de reconocer que apenas me había molestado en escuchar sus propios discos. Claro que había oído Smile y Fuck You en más de una ocasión, pero en fin, tampoco me llamaban mucho la atención. Y hay que andar cuidado con no confundir mala leche con criterio, con pataletas de niña mal criada. La pop attitude es una mezcla de mercadotecnia y celos, muchos celos.

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Ray Lamontagne – Supernova

Hay días así que la música ha de sonar exactamente cómo te sientes. Le tiene que pegar al ambiente como si la tocaras tú. Hoy por ejemplo, necesitaba algo plomizo, como si la gravidez se hubiera duplicado. Pero no puedo repetir la entrada sobre el maravilloso Adagio for Strings, de Samuel Barber, cada vez que se enrarece la atmósfera. Así que dije, venga, hoy le toca a Ray LaMontagne.

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Gruff Rhys – American Interior

En 1170, en un rincón olvidado del planeta, Madoc ab Owain Gwynedd –Madog para los amigos-, hijo del difunto rey galés Owain Gwynedd –nada que ver con la Paltrow-, ante la disputa que reinaba entre los trece hijos del monarca para quién iba a sentar su augusto culo en el trono, surcó hacia el Atlántico con una tripulación de un centenar de hombres. Llegó a unos costas vírgenes donde montaron una colonia. Volvió Madog a Gales a por más compañía, femenina supongo, y se fue otra vez para allá, tan contento con su descubrimiento. Porque las costas en cuestión, parece ser que no eran otras que las de Florida, tres cientos años antes de que el marinero tramposo italiano Cristobal Colón, patrocinado por Telefónica la Corona de Castilla, pusiera un pie por ahí también. Pero nunca volvió ni se supo más de él. Hoy se sabe que es una leyenda, hasta se duda de la existencia de Madog, pero los galés se la transmiten de generación en generación, con mucho orgullo, en cymraeg, el idioma secular que suena más raro que el Quenya élfico de Tolkien –ays, Lyv Tyler, buf-.

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Ben Khan – 1992

Dicen que algunos madrileños están alquilando hoy -por ayer- sus balcones, debido a su privilegiada ubicación. Ofrecen vistas al Palacio real y la representación del día, espectáculo ubuesco de dos niños grandes jugando a ser rey. Mil euros se alquila la porción de barandilla de viejo hierro pintado de negro. Este mundo está loco. Yo desde mi terracita, veo un parque, hermoso. Hay olivos y almendros, jaras, retamas, romeros, adelfas, lilos y laureles. También granados, membrillos y madroños. Y en cada uno de ellos, pájaros aguardando felizmente la próxima llegada de retoños, que habrá que alimentar con gusanos hartitos. Vente a verlo, es gratis. Nos tomaremos una copa de Rosé de Provence, humilde brebaje de los auténticos reyes, nosotros. Pondré Ben Khan de música de fondo. Impecable combinación.

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