Ayer, el blog recibió una visita de uno que buscaba en google “magnolia escena canción aimee maan minuto save me”. Al igual que muchos, se equivocó, realmente no buscaba Save Me, sino Wise Up. Ambas canciones, interpretadas por Aimee Mann –con dos n y una sola a- figuran en la BSO de Magnolia, de Paul Thomas Anderson. Ambas son magníficas, nada que decir, a la altura de esta sublime película.
Archivo de la etiqueta: US
Nancy Dupree – Ghetto Reality
Mr. Suizo es bizarro –en la acepción que él defiende-, y me enerva –en la acepción que a mi me gusta-. Su increíble blog de erudito enciclopédico musical, “The Songs We Love”, casi sólo habla de grupos y cantantes que no conozco. Parece que lo hace a posta para hundirme en mi miseria. De haberse fijado también el reto idiota de llegar a 1.000 posts antes de tirar la toalla, es muy probable que 1.800 de ellos (900 + 900, a ver si sigues) no coincidieran. ¿Tan vasto es el panorama musical para que ocurra ese permanente desencuentro entre dos amantes de la misma música? Pues será cierto. De hecho le tengo preparado una pequeña venganza, es radicalmente imposible que conozca el disco de hoy. En caso contrario, me como mis palabras, con salsa vindaloo para más inri.
Sam The Sham & The Pharaohs – Wooly bully
Con un poquito de retraso sobre el resto del mundo, acabo de ver íntegro el vídeo de Happy, de Pharrell Williams. Habría que ser imbécil para no reconocer que es una canción genial. Yo soy un cretino, pero no un imbécil –hay un matiz-. Es la canción perfecta, con una alegría terriblemente contagiosa que pone a todo el mundo de acuerdo, lleves cresta o pelo largo, chanclas o botas, camiseta o corbata, Schott o chándal. La canción universal. Como lo fue hace pocos años I Got A Feeling de Black Eyed Peas. Y como lo fue hace casi 40 años Wooly Bully, de Sam The Sham & The Pharaohs.
Natalia M. King – Soulblazz
Los discos de Natalia M. King huelen bien. Desprenden ese olor característico a esa vieja América que queremos a pesar de todo. No la que nos espía, que saquea el planeta, que hace trampas, que colecciona armas, que ejecuta, que cena a las seis, que jura biblia en mano, que ha vendido su alma a los bancos y que sigue sin brillar en fútbol. No, huelen a carreteras hacia el infinito, a gorro de los Bulls, a maestros de todas las artes, a costillas grasientas, a Marlboro Classic paquete blando con Zippo, a humor idiota contagioso, a mitos y leyendas. Y huelen bien porque Natalia M. King lleva quince años viviendo en Francia, juas.
Rival Sons – Great Western Valkyrie
El “revival” está muy de moda últimamente. Cantidad de grupos de hoy viven del legado de músicos que bien podrían ser sus abuelos. No es una critica, en el fondo mientras se inspiren de los 60 y 70’s, es complicado que no salga buena música. La guinda la pone Pink Floyd, que le da al auto-revival, después de anunciar ayer un nuevo disco veinte años después –Division Bell, 1994-. Claro que sin Syd Barrett, ni Roger Waters, ni Richard Wright, con tan sólo David Gilmour. ¿Se puede seguir llamando Pink Floyd cuando sólo queda una cuarta parte de la banda que hizo estremecernos con Shine On You Crazy Diamond o The Great Gig In The Sky –por mencionar sólo dos-? No hablo del nombre del grupo, qué más da, sino del alma; bueno, habrá que juzgar cuando se estrene el álbum, The Endless River.
Jerry Harrison – Rev It Up
Hay una película de Finn Taylor, The Darwin Awards, realizada en 2006, con Winona Ryder y Juliette Lewis entre otras –no recuerdo que se haya estrenado en España-, que se basa en una web del mismo nombre que cada año entrega un premio al protagonista de la muerte más estúpida. Realmente no hace falta que se muera, con que pierda su capacidad a reproducirse durante el incidente es suficiente para colgarse la medalla. De ahí el nombre de Darwin, cuya teoría dice que la raza humana mejora sustancialmente cada vez que se muere un cretino –jo, pues yo tengo una extensa lista de energúmenos para que demos muchos pasos adelante-. Total, a donde iba, hay una escena que tiene lugar en un bar, y ahí, haciendo de cliente ocupado –la cámara no le enfoca más de dos segundos-, está el amigo Jerry Harrison.
John Grant – Pale Green Ghosts
John Grant se parece a Abraham Lincoln. Es tremendo el parecido, la barba, los ojos negros, la mirada severa, casi furibunda. ¿Y qué?, dices tú… Y yo qué sé, de alguna forma tenía que empezar esta entrada sobre este músico medio oso –podría ser hermano de Matthew E. White-. Es sólo eso, me llama poderosamente la atención el parecido físico entre este presidente icónico de los EEUU y John Grant. ¿Que si le sirve esta curiosidad en su carrera? Lo dudo, por ejemplo yo me parezco a un tomate verde y quitando alguna simpatía horticultora, cero patato.