Iyeoka – Say Yes

La primera vez que escuché la canción Simply Falling, de Iyeoka, llegué a pensar durante pocos segundos que era un tema inédito de Amy Winehouse. Una Amy Winehouse que hubiera pasado su adolescencia en las minas de carbón de la Silesia polaca, los pulmones con capacidad para emitir los mismos decibelios que un pedo de gorrión.

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Karen Dalton – In My Own Time

Karen Dalton se disponía a acabar con sus demonios y el sufrimiento en la acera de un barrio de Bearsville, en el estado de Nueva York, como aquellos mendigos que no nos atrevemos a mirar, cuando un viejo amigo, Peter Walker, la reconoció, a pesar de ofrecer a los transeúntes una cara deshecha por el sida y una boca ya con pocos dientes por culpa de todas las drogas que se había tomado a lo largo de su vida, y se la llevó a su casa, donde la cantante murió más dignamente, pocos meses después, en 1993. ¿en qué pensaría en sus últimos soplos de vida?

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Joyce Sims – Come Into My Life

Domingo doce de abril; bostezo como si me quedasen todavía 205 entradas que publicar en el blog. Me entra la risa -del conejo-. Entre la astenia primaveral y el día de perros que toca, como que apetece cero patato estar aquí frente al mac para subir tu ración diaria de música. ¿No podrías simplemente no entrar hoy, como si tuvieras cosas súper importantes que hacer –tus ventanas dan un poco de vergüenza, francamente-, volver mañana tan pancho, y ambos miramos para otro lado?

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Dusty Springfield – The Look Of Love

Bendita época que los años sesenta, tan ligeritos y despreocupados. ¿Lo dudas? Velo así: ¿conoces otra década en la que podías ir a un concierto de una cantante llamada Prado Primaveral Polvoriento sin que te entre la risa tonta, pudiendo incluso publicarlo en tu muro sin que se mofen de ti –quiero decir, tu muro de casa, con spray, visto que los futuros progenitores de Zuckerberg ni tenían edad de hacer ñaka ñaka, chucu chucu o dunga dunga-. En tu barrio no te miraban mal, seguías siendo un tipo normal, fan de Dusty Springfield. ¡Qué iban a decir los vecinos, si en el tabique del salón tenían una pintada con Petula Clark!

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Ester Rada – Ester Rada

El Tomate verde, el Daniel Barenboim del rock’n’roll. Naaa, es de coña. Aunque suena bonito eso de obrar por el acercamiento de las culturas musicales, haciendo de la ficha policial de los artistas una bolita con la que pasar el rato. A ver si un día le dedico un post a un grupo Oi!, rama esvástica en el brazo. Rock identitario lo llaman en Francia; los Norma Duval de Marine Lepen. Naaa, también es de coña, hay un límite en mi capacidad a hacer la vista gorda.

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Akua Naru – The Miner’s Canary

El canario doméstico –no confundir con el habitante de Canarias que se queda en casa tan pancho, hombre con suerte- es una ave diminuta y simpática, con una desafortunada particularidad: cuando respira gas, al tener pulmones de risa, se muere en un plis plas. Cuando digo gas, no hablo de esa ventosidad que tantas broncas genera en el ascensor, hablo concretamente del monóxido de carbono o del metano.

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Earth, Wind & Fire – That’s The Way Of The World

En la película Intocable, llena de humor y emoción y que logra no caer nunca en la trampa de lo lacrimoso facilón, hay una escena deliciosa en la que Omar Sy, el más jolibudiano de los actores negros galos, se pone a bailar funky en una recepción burguesa repleta de personas más acostumbradas a mover discretamente los dedos al son de Wagner que el culo al ritmo de Earth, Wind & Fire. El baile del actor y su alegría siempre contagiosa terminan logrando su propósito: todos a bailar felices, mientras, a su “jefe” y cada vez más amigo, le entra la risa tonta.

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