Leía hoy en un medio de tirada nacional un artículo –muy bueno por cierto, cómo mola cobrar por escribir estas reseñas, yo también quiero- acerca de los cincuenta años que cumple I Can’t Get No Satisfaction, de los Rolling Stones. Un día hablaré de ellos, arrodillado ante los p… amos, aunque hayan cometido cosas miserables, pero lo haré cuando tenga un día entero para pensarme bien cómo contarlo.
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Indra Rios-Moore – Heartland
“Todos los hombres que descubren Prince en un escenario se dicen lo mismo: este tipo podría ser mi mujer. Estoy segura de que les gustaría hacerle el amor”. Yo he visto al enano púrpura de Minneapolis dos veces en concierto –la primera en París en una desastrosa actuación de 50 minutos que prefiero olvidar, la segunda en Madrid en las Ventas, gigantesca y apoteósica- y no recuerdo que se me ocurriera nada sexual con el gnomo violeta. Con su corista a lo mejor, ¿pero con Prince?
Creedence Clearwater Revival – Willy And The Poor Boys
Llevo mucho tiempo pensando en si dedicarle una entrada a la Creedence Clearwater Revival. Míticos, legendarios, imprescindibles, no lo dudo. Pero leí hace tiempo una declaración de su fundador, John Fogerty, en la que decía: “La Creedence Clearwater Revival fue la mejor banda de la historia tras los Beatles”, y si bien me importa un pepino el ego del músico –el rock se nutre y vive de egos desmesurados al lado de los cuales Ronaldo se parece a una ermita-, sí me preocupa que los cuatro sosos sean su referente. Me chirría profundamente.
Ximena Sariñana – Mediocre
Ayer estuve en Londres. Bueno, para ser exacto, en las afueras, a exactamente 1.602 kilómetros más al sur del centro de la capital inglesa, en un pueblo llamado Navamorcuende. Un pueblo sin alma, medio fantasma, como todos los pueblos de 2 a 6 de la tarde cuando el sol amenaza con hacerte añorar el invierno. El hambre nos pilló justo ahí y elegimos mal el chiringuito, normal. Cuando todo puede ir mal, irá peor, decía el otro.
Corine Bailey Rae – Corine Bailey Rae
La próxima vez que entre en una sala de conciertos pequeña, prestaré más atención al ropero. Normalmente paso de dejar nada, más que nada por la cola que se monta cuando acaba la actuación. Pero después de leer la biografía de Corine Bailey Rae, ahora algo dejaré, aunque sean los pantalones, por si estamos con 35 grados fuera y solo llevo camiseta –es que mi tableta de chocolate de yogurín se ha borrado con los años-. Y de paso pediré un autógrafo a la chiquilla al otro lado del mostrador, por si las moscas.
Luther Vandross – A Change Is Gonna Come
Pues hoy toca votar. Tú que puedes. Porque a mi, cada vez que hay comicios, me relegan a la zona gris de los ciudadanos de segunda. Como franchute, sólo me dejan votar por la alcaldía. Ni las autonómicas, ni mucho menos las generales. Después de veintidós años aquí, me parece absurdo y me pone de mal humor. Esto algún día tendrá que cambiar.
Wu-Tang Clan – Enter The Wu-Tang Clan (36 Chambers)
Esta noche voy al concierto de Sleaford Mods, en la sala Sol de Madrid. Wow. Me chifla este dúo británico, esencia rock del momento, gran agitador de las conciencias de una isla que tiende a dormirse con mucha facilidad. Música bruta, despojada de cualquier artífice, sin fioritura ni bling bling indie, punk rap tribal y minimalista, letra áspera, abrasiva y ácida. Allí estaré, cigarro y gin tonic en mano. Esto se celebra, coño.