Ayer al escribir la entrada sobre Dionne Warwick, estuve pensando en estas canciones que, muchas veces, atribuimos por error a un cantante que no es. Porque tenía más fama, o porque su discográfica hacía mejor su trabajo de promoción, o simplemente porque la interpretaba mejor. Eso le pasó a I Say A Little Prayer, de Dionne Warwick, que quedará para la posteridad como una de las grandes canciones de Aretha Franklin. Pero el caso más flagrante de apropiación casi indebida es el de New York New York. Sinatra no fue del todo elegante al borrar del mapa a su amiga Liza Minnelli.
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Peggy Lee – Fever
Fiouck’s Summer Series #24.
Como Norma Deloris Egstrom, su vida no fue precisamente un camino de rosas. Huérfana de madre con cuatro años, durante toda su niñez sufrió en silencio el maltrato cruel de una madrastra loca, después de que su padre se fuera del hogar. Se casó cuatro veces sin nunca dar con el amor verdadero. Tuvo que esperar treinta y seis años para que por fin un tribunal de California le diera la razón en su batalla judicial contra Disney, que le negaba royalties por la composición e interpretación de la canción principal de La Dama y El Vagabundo, He’s a Tramp (But i Love Him). Luchó toda su vida contra una salud delicada, pero en 1998 sufrió un derrame cerebral que le quitó el habla. Peggy Lee muda, una aberración.
Saint Germain – Tourist
Fiouck’s Summer Series #23.
Curioso lo de Saint Germain. Siempre creí que eran franceses. Pero resulta que lo son. Quiero decir, por el nombre creía que eran franceses, pero por la música que tocaban, tan inglesa, no me podía creer que fuesen galos. Me parecía una inocentada. Los nudos que se hace uno ¿verdad? Que lleguen pronto las vacaciones, ya sólo faltan once meses y medio.
Herbie Hancock – Rock It
Fiouck’s Summer Series #3.
Junio 1983, el canal MTV –realmente no era MTV, ya que no empezó a emitir hasta 1988, pero mi memoria no da para tanto- escupía cada 30 minutos un vídeo hipnotizador. Cuerpos desarticulados y maniquís desvencijados bailando de forma estroboscópica al son de una canción electro hip hop bastante innovadora. Disruptiva. Ja, me gusta esta palabra, llevaba tiempo queriendo insertarla en un post, para que veas que sigo mejorando en español.
Limousine – Siam Roads
No pensaba que fuéramos a visitar Tailandia en este blog, y menos en clase Business. Hoy es lo que toca, un viaje de lujo –preguntaré si hay botellitas de Seagram-. La música es un sueño de reino, no entiende ni de pasaporte, ni de saldo disponible. Sólo se alimenta de pasión, curiosidad, creatividad y una pizca de osadía. Y hoy toca un disco que reúne todo esto y un poco más. Encima tengo asiento de pasillo, ¡qué más quiere uno!
Caro Esmerald – Deleted Scenes from the Cutting Room Floor
Domingo veraniego, domingo soleado, domingo templado, domingo barbaco o –para la rima-. Por consiguiente domingo vino, domingo salchicho, domingo piscino, domingo risa tonto, domingo al acecho de un control de alcoholemio –uno vuelve desde lejos-. Con música, mucha, de todas las épocas y procedencias. Y claro, no podía faltar la artista que mola y de la que no has oído hablar en tu vida. De lo que me he dado cuenta al alimentar este blog a diario, es que cuanto más descubro, más me queda por descubrir, y esto es pelín cansino. Hoy le ha tocado a una tal Caro Esmerald.
Natalia M. King – Soulblazz
Los discos de Natalia M. King huelen bien. Desprenden ese olor característico a esa vieja América que queremos a pesar de todo. No la que nos espía, que saquea el planeta, que hace trampas, que colecciona armas, que ejecuta, que cena a las seis, que jura biblia en mano, que ha vendido su alma a los bancos y que sigue sin brillar en fútbol. No, huelen a carreteras hacia el infinito, a gorro de los Bulls, a maestros de todas las artes, a costillas grasientas, a Marlboro Classic paquete blando con Zippo, a humor idiota contagioso, a mitos y leyendas. Y huelen bien porque Natalia M. King lleva quince años viviendo en Francia, juas.