Antonín Dvorak – Sinfonía Del Nuevo Mundo

Qué poca cosa somos. Había empezado la entrada de hoy escribiendo que hacía mucho que no se hablaba de música clásica aquí, quitando Leroy Anderson y su Sleigh Ride navideño, y que había que remontar a mayo del año pasado para encontrar una, sobre Beethoven, pero algo no me cuadraba. Vale que se me va la olla, pero no tanto como para no recordar el post sobre Frédéric Chopin de hace tres semanas…

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Leroy Anderson – Sleigh Ride

Sleigh Ride, Paseo en Trineo, el único villancico que me gusta. Mejor dicho, el único villancico que no me pone de mala leche. Es obra de un tal Leroy Anderson, que lo terminó de componer, sin letra, en febrero de 1948. En los US, es con creces la canción navideña más tocada durante las fiestas cuando en realidad ni parece haber sido escrita pensando en Nochebuena.

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Post número 500 – Falta Poco

500, hop.

Post #500. Muchas veces me quejo –no sé lo que me tomaría aquel día siete de febrero 2013, en todo caso algo serio- pero en el fondo estoy contento por haber llegado hasta aquí. Alimentar a diario undia-undisco.net me complica la vida y bastantes veces me la condiciona, pero cuando se acabe, cuando llegué a 1.000, supongo que estaré triste. Tendré que lanzar otro blog, aunque no diario, esto es muy duro. Semanal no está mal, en plan unasemana-ungilipollas.net, anda que no hay material.

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Ludwig Von Beethoven – Oda A La Alegría

Cada cinco años, Europa cae en la trampa del autogol. O lo que es lo mismo, tira piedras sobre su propio tejado. Vamos, hace el ridículo. Para cumplir con su deber de consulta ciudadana democrática, organiza unas elecciones a las que se presentan un montón de grupos y partidos que se pasan la “idea europea” por el forro. Les da una visibilidad surrealista –con un poco de suerte muchos de ellos la volverán a perder cuando se vuelva a comicios locales-, permitiéndoles salir en la foto vomitando su fiel anti europeo. Digo yo, si no te gusta Europa, el euro, la libre circulación de la gente y los bienes, la paz –eso, ríete-, la defensa de valores que si no es Europa no es nadie, y un largo etcétera de argumentos que no viene a cuenta en un blog de música, pues no te presentes, coño. Qué circo, es cansino la verdad. Qué memoria más corta que la nuestra. “Unida en la diversidad”, reza el lema europeo. “Desunida en la adversidad” sería más justo. Si iba a ser sólo alegría, jatetú.

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Carl Orff – Carmina Burana (O Fortuna)

Y digo yo, por qué las one hit wonders tienen que ser de pop o rock? Por qué no las va a haber del genero clásico? Díselo a Carl Orff, compositor alemán fallecido hace treinta años, al que se conoce por un único tema, O Fortuna, obertura de la obra Carmina Burana. Yaaaaaa, claro, los conocedores se indignarán al leerme, “pero por dios Carl Orff es algo más que esto”, lo mismo que la mama de Bobby McFerrin juraría que su hijo se sabe otra canción que no sea Be Happy Don’t Worry. Es más, preguntas en la calle y te dicen “Ah sí, el pollo de Excalibur”. Bueno, quitando que no es un pollo, el resto es bastante cierto: conocemos O Fortuna por formar parte de la BSO de Excalibur, majestuosa película de John Boorman de 1981.

Carmina

Carl Orff nace en 1895, en Munich, Baviera, Alemania, Europa –esto último no siempre, depende-, en una familia de militares amantes del bel canto. Con cinco años, empieza a estudiar el piano, el órgano y el violonchelo. Con dieciséis publica su primer libreto de lieder. La primera guerra mundial interrumpe su formación, por lo que se orienta hacia la dirección de orquesta. Hasta 1919 es Director de la Orquesta de los teatros de Mannheim y Darmstadt. Luego empieza a componer, varias obras corales y dramáticas que termina renegando –¿le pasaría lo mismo a Bobby McFerrin?-. Hasta 1937, sigue siendo un desconocido, pero aquel año y después de dos años de trabajo, estrena la BSO de Excalibur su cantata escénica llamada Carmina Burana, en la ópera de Frankfurt, dirigida por Oskar Wälterlin. La obra está basada en una colección de cantos goliardos –Wikifiouck: goliardo se refiere a cierto tipo de clérigos vagabundos en el siglo XIII– reunidos en un manuscrito hallado en el monasterio de Buren en Benediktbeuern, en la Baviera alemana -realmente Carmina Burana quiere decir Los Cantos de Buren-. Bueno, total, que de un día para el otro el Carlito se hace un nombre, gracias a una obra muy visual, cantada esencialmente en latín, aunque también contiene versos en alemán y en provenzal antiguo. El título completo de la obra es Carmina Burana : Cantiones profanae cantoribus et choris cantandae comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis, es decir Cantos profanos para cantante solista y coros debiendo ser cantados con instrumentos y decorados mágicos –el vino alemán es así de peleón-. Carmina Burana cuenta con veinticinco “poemas”, aunque el 99,99% del público sólo conoce uno, que constituye la obertura, O Fortuna –dedicado a Fortuna, diosa de la suerte-. Son 2’45” –aproximadamente, depende de los Directores, algunos muestran especial interés en acabar rápido- de música épica, de esa que te pone los pelos de punta, con todos los ingredientes para gustar al gran público: coros, percusiones, ritmo crescendo, final abrupto. Es muy rock épico a lo Arcade Fire. Carl Orff nunca repetirá la hazaña, a pesar de tener una discografía abundante, por lo menos puede enorgullecerse de tener un verdadero one hit wonder, una de las obras clásicas más interpretadas en el mundo desde su creación.

Escucha O Fortuna, apertura de Carmina Burana, de Carl Orff

 

Krystian Zimerman – Fuck Youtube (O Algo Así)

Krystian Zimerman es un pianista polaco, uno de los más aclamados actualmente en la escena clásica mundial. Con tan sólo dieciocho años, ganó el prestigioso Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin en Varsovia –no olvidemos que Chopin, por mucho que se le conozca con su nombre afrancesado, era polaco-. Polonia siempre ha sido tierra de grandes pianistas, compositores como Chopin, o intérpretes como Arthur Rubinstein y Władysław Szpilman. El piano en Polonia es como el Jamón Ibérico de Bellota aquí, es sagrado, es monumento nacional, es orgullo e identidad nacional. Y cuando uno de sus grandes intérpretes está molesto con el trato que se le da, lo dice alto y claro. Con dos cojones teclas.

En la noche del pasado lunes, hace 4 días, estaba Krystian Zimerman tocando unas variaciones de Karol Szymanowski –compositor y pianista ucraniano, fallecido en 1937-, en el Festival de Piano del Ruhr. Algo así como el FIB del piano clásico, donde se congregan anualmente los pianistas más ilustres del momento. De repente interrumpe su actuación, se levanta, se dirige sin un ruido hacia el público, se planta delante de una persona, y le dice amablemente “Quiere usted dejarlo ya?”. Resulta que el impresentable estaba grabando el concierto con su smartphone, para luego subirlo a youtube. Yo que el pianista le daba un patadón al estilo Cantona. Espero con toda mi alma que este señor se avergonzara para el resto de su vida. Luego intentó el pianista retomar el curso de su concierto, pero no le fue posible, desconcentrado totalmente, y abandonó el escenario bajo los aplausos del resto del público. Menos el impresentable que huiría a la velocidad de la luz.

Posteriormente, Krystian Zimerman se justificó con un lacónico “youtube está matando a la música”. Se refería a la música clásica, aunque a mi entender la música “popular” también sufre cierto efecto youtube. De primero y para evitar malentendidos, aclaró que no hablaba de derechos de autor, aunque también reconoció que, varias veces, había perdido contratos para actuar, porque la organización afirmaba que lo que pretendía tocar ya estaba en youtube. Lo que de verdad le duele es esto, que “demasiada buena música e interpretaciones se están dejando de producir a cambio de grabaciones  de pésima calidad”, lejos de los “estándares de calidad media”. No le falta razón. Llevo años diciendo que algo similar le está pasando a la música pop/rock; muchas veces los grupos y artistas lo invierten todo en un vídeo bonito o espectacular para youtube, privilegiando el visual y el efecto que tendrá en términos de views, likes, share y fucking milks, antes que el propio tema. Seamos sinceros, muchas de las canciones que suenan hoy no tendrían ni la mitad del éxito que tienen si no fuera por el vídeo en youtube. Quítalas las imágenes, queda poco. La música se empobrece, y no compensa que salgan 50 veces más discos que antes. Así que, ya sabes, fuck youtube.

Krystian

Te dejo con este disco de Krystian Zimerman, Brahms: Piano Concerto No.1. Que no, no me reniego, siempre me gustarán The Sex Pistols, pero esto es sublime. Venga, date el gusto.

Escucha entero Brahms: Piano Concerto No.1, interpretado por Krystian Zimerman