The Bulls – Come Unwood (Tordesillas Blues)

Cuánta fantasía hay alrededor de la máquina del tiempo, sobre todo para volver atrás, con todo lo que supone de posibles cambios en el propio presente al modificar aunque sea mínimamente el curso de la historia. ¿Una quimera? Que no, si ya la tenemos, aquí, sí sí, en España, ¡cómo no!. Hay un pueblo a pocos kilómetros de Valladolid que tiene el único ejemplar existente, bien guardado en los entrañas sórdidas de Paleto City, para desempolvarlo una vez al año, a mediados de septiembre. Y retroceder a 1534, en pleno oscurantismo.

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Johann Sebastian Bach – Pasión Según San Mateo

[Esta es la entrada #950. Queda un 5% de recorrido para llegar a la meta. Poca cosa pensarás –eres mala persona, lo sé-, pero pinta como la famosa clásica ciclista Paris-Roubaix, me queda la parte de adoquines, el infierno del norte como lo llaman. Para coger fuerzas, pensé que algo bello, realmente bello, me ayudaría. Era sin contar con el elegido de hoy, exhausto me he quedado.]

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Portishead – Dummy

Al final de su vida, Whiney Shitehouse –algo así como La Llorona de la Casa de Mierda- se había convertido en una caricatura de sí misma. Vivió una verdadera vida, con una voz falsa”. Hay que tenerlos bien puestos para atreverse a hablar así de Amy Winehouse. En principio tal declaración me incendiaría y me desfogaría a gusto con el autor de semejante atropello al sentido común. Pero Geoff Garrow tiene suerte, me gusta Portishead.

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Adele – Rolling In A Deep

Coge a Amy Winehouse. Dúchala, quítale los tres kilos de rímel, córtale el pelo y péinala, pasa sus tatuajes por láser, cébala como una oca, préndele fuego a sus harapos y ponle un vestido de abuela tipo saco de patatas H&M, enséñale de nuevo a andar sin zigzaguear, tira el Absolut del vaso y deja solo el zumo de tomate –de mí no oye-, y pronuncia la fórmula mágica: “no serás Duffy, hija”. Y hop, ahí tienes a Adele.

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Anoushka Sankar – Karsh Kale – Breathing Under Water

Esta mañana, mirando a lo lejos, cuando el sol todavía se hacía esperar, vi doblemente la luz. El alba preciosa. Veintitrés años en España y justo hoy acabo de entender esta regla gramática, un pelín retorcida bien hay que decirlo, que me dio más de un quebradero de cabeza: ¿por qué EL si luego el adjetivo se conjuga en femenino? Vale que sabía que se decía El alma, pero no entendía por qué estaba pura o apaciguada, debiendo ser suciO o atormentadO o lo que sea, pero terminando con una O bonita y redondita. El hada buena. El ala blanca. El águila altiva. El Anoushka hermosa. ¡Champagne! I am the milk.

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Wolf Alice – My Love Is Cool

El otro día me encontré en El País con un artículo sobre un grupo de rock UK -¿de dónde si no?- que no conocía. El Tomate exhausto que ya no da ni una. Me llamó poderosamente la atención, no el grupo, sino el hecho de que no había oído hablar de esta banda nunca, porque El País tiene una sección de música que da pena, quitando los artículos de Manrique. Siempre van a remolque, apostando por lo seguro, temerosos de perder los últimos cuatro lectores de pago que les quedan.

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The Arcs – Yours Dreamly

A mi eso de componer una canción siempre me ha parecido de otro planeta. ¿Cuál es el proceso? ¿De dónde sacan inspiración para inventarse una melodía, mezclar instrumentos y hacer que la letra pegue al milímetro? Tengo amigos músicos y algún que otro letrista, siempre pregunto. La eterna duda del huevo y la gallina, ¿qué es primero? Dicen que no hay regla, a veces hay un texto y se le busca una música, otras veces existe una melodía y se plasman palabras encima. Vamos, ciencia ficción.

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