El “revival” está muy de moda últimamente. Cantidad de grupos de hoy viven del legado de músicos que bien podrían ser sus abuelos. No es una critica, en el fondo mientras se inspiren de los 60 y 70’s, es complicado que no salga buena música. La guinda la pone Pink Floyd, que le da al auto-revival, después de anunciar ayer un nuevo disco veinte años después –Division Bell, 1994-. Claro que sin Syd Barrett, ni Roger Waters, ni Richard Wright, con tan sólo David Gilmour. ¿Se puede seguir llamando Pink Floyd cuando sólo queda una cuarta parte de la banda que hizo estremecernos con Shine On You Crazy Diamond o The Great Gig In The Sky –por mencionar sólo dos-? No hablo del nombre del grupo, qué más da, sino del alma; bueno, habrá que juzgar cuando se estrene el álbum, The Endless River.
Jerry Harrison – Rev It Up
Hay una película de Finn Taylor, The Darwin Awards, realizada en 2006, con Winona Ryder y Juliette Lewis entre otras –no recuerdo que se haya estrenado en España-, que se basa en una web del mismo nombre que cada año entrega un premio al protagonista de la muerte más estúpida. Realmente no hace falta que se muera, con que pierda su capacidad a reproducirse durante el incidente es suficiente para colgarse la medalla. De ahí el nombre de Darwin, cuya teoría dice que la raza humana mejora sustancialmente cada vez que se muere un cretino –jo, pues yo tengo una extensa lista de energúmenos para que demos muchos pasos adelante-. Total, a donde iba, hay una escena que tiene lugar en un bar, y ahí, haciendo de cliente ocupado –la cámara no le enfoca más de dos segundos-, está el amigo Jerry Harrison.
John Grant – Pale Green Ghosts
John Grant se parece a Abraham Lincoln. Es tremendo el parecido, la barba, los ojos negros, la mirada severa, casi furibunda. ¿Y qué?, dices tú… Y yo qué sé, de alguna forma tenía que empezar esta entrada sobre este músico medio oso –podría ser hermano de Matthew E. White-. Es sólo eso, me llama poderosamente la atención el parecido físico entre este presidente icónico de los EEUU y John Grant. ¿Que si le sirve esta curiosidad en su carrera? Lo dudo, por ejemplo yo me parezco a un tomate verde y quitando alguna simpatía horticultora, cero patato.
Catrin Finch & Seckou Keita – Bamba
En una época remota de mi vida, muchos días a la semana, para ir a trabajar, tenía que coger el metro muy temprano, a las 6h30. Si ya de por sí odiaba al planeta entero por tener que levantarme tan pronto, tenía que lidiar con que alguien se había marcado como reto el fastidiarla aún más. Ya sabes, cuando la cosa puede ir peor, no te preocupes que se va a desmadrar. Resulta que una señora de cierta edad había elegido mi estación de metro –anda que no las había más bonitas y acogedoras- para instalar su arpa a principio del anden donde me tocaba esperar. El arpa a las 6h30 de la mañana, cuando has dormido poco, con frío y prohibición de fumar para pasar el rato, es lo más cercano a una sesión de tortura del mismísimo Torquemada. Me chirriaba los oídos, era como una agresión al buen gusto. Odiaba a esta señora, las veces que soñé que se caía a las vías justo antes del paso de mi anhelado metro. Pobre señora, claro que no lo hacía por gusto, más bien por necesidad de llevarse algo de dinero. Pero c…, ¿no podía tocar una Fender Stratocaster como dios manda?
Pretenders – Pretenders
Tan inocente iba yo a escribir «La Puta Amo del Rock», pero ante la duda, consulté con mi principal asesora lingüística, que puso los gritos en el cielo. Me dijo que Tarantino, que se había inventado la expresión El Puto Amo, no se había pensado ninguna declinación femenina –o algo así, pero como no me gusta este director, no me enteré muy bien-. Añadió que para referirse a una mujer, lo más fácil era decir La Reina de. Ya, es que mi asesora lingüística es muy purista y tiquismiquis. Como en francés incorporamos palabras inglesas con más facilidad, pregunté si podía decir The Fucking Queen. Dijo que sí, por ser yo, pero que no había que abusar de las palabras malsonantes. A lo que contesté que no es malsonante, es la palabra rock por excelencia. Tan metida en la semántica de la frase, ni me preguntó de quien iba a decir que era The Fucking Queen del Rock.
Téléphone – Téléphone
Téléphone, o cómo hacer historia tocando rock en un país negado para ello. En 1977, al punk rock ingles le cuesta un bollock hacerse un hueco y encontrar público en Francia. Como para pensar en producir algo parecido desde París. Aún así algunos grupos lo intentan, como Bijou, Stinky Toys o Asphalt Jungle, todas bandas valiosas que sin embargo se estrellan unas tras otras. No es que el público francés fuera más paleto –aunque no descartemos ninguna opción-, es sólo que desde el principio asumió que de Francia no vendría nunca la salvación ni nada parecido a lo que se escuchaba a orillas del Támesis –lo sé, la típica expresión de bloggero exhausto-.
Van Halen – Jump
Será por la edad que tengo, pero creo que no ha habido otra década que la de los 80’s, para dejar para la posteridad lo mejor y lo peor de la música popular. Lo más curioso es que treinta años después, la valoración que uno hace de algunas canciones emblemáticas de la época, es justo la contraria a la que uno hacía cuando tocaba irse a la cama a las siete de la mañana, sin haberse apenas despeinado -acuérdate, los pedos provocaban risas tontas, no consternación ripipi-. Qué cambios…