Pink Turns blue – Your Master Is Calling

La verdad es que de los 80’s, rama rock new wave post punk gótico y su prima, creía, si no haberlo escuchado todo, que por lo menos no me podrían sorprender, veinticinco años después, con grupos de los que nunca había oído hablar. Es como volver a tu casa un día cualquiera, y de repente a 100m del adosado, ver una casa en la que no te habías fijado nunca, con una misteriosa morena de pelo largo y gafas negras en la tumbona del jardín, en lugar de tus enanitos de yeso y gorro rojo. Y aparcar frente a Gruñón y Dormilón, ambos con sonrisa de esas para meterles dos soplamocos, y decir “coño, en qué momento la he cagado?”.

Pink Turns Blue. No sabía nada de ellos hasta hace relativamente poco. Y eso que empezaron a tocar en 1985 y que publicaron bastantes álbumes –ahí las fuentes discrepan, y en su web oficial no aclaran mucho-. Son alemanes, y esto puede explicar parte del fallo; porque quitando a Neu!, Can, Kraftwerk y algún que otro grupo, no es un país musicalmente exportador, bastante tenemos con sus coches –cuando la cosa va bien-, y sus cascos de punta –cuando ya no tanto-. Pink Turns Blue no inventó ni reinventó nada, de pequeño ya lo tenían claro: “de mayor quiero ser como Bauhaus”, o en la versión gordinflón “de mayor quiero ser como The Cure”. Y eso hicieron, discos para la mayor gloria de sus mayores, Killing Jokes, Sisters of Mercy, Nine Inch Nails, Fields of the Nephilim y otras alegrías darkwave de la huerta –ya sabes, la de los enanitos-. Por lo menos el copiar/pegar de estos músicos resulta muy bueno, recuerda a lo que hicieron los holandeses de The Essence, en su afán de ser más gordinflón que el original.

Pink

En 1988 –que alguien me confirme la fecha anda- publican lo que aparenta ser su segundo álbum, Meta. Voz sepulcral del cantante y guitarrista Mic Jogwer -como Ian Curtis antes del triste episodio de la cocina de su casa-, letra depresiva, guitarra incisiva, bajo guerrero, darkwave a lo grande. Y dentro del maelstrom de emociones negras, una joya, Your master is calling, túnel oscuro de ocho minutos con esa diminuta luz en el fondo, y corres, y corres, y corres… porque detrás te persigue algo sucio con aliento fétido y prefieres no mirar atrás, podrías tropezar contra una enanito de yeso.

 

 

Escucha Your Master Is Calling, de Pink Turns Blue

Otis Redding – Otis Blue

King of Soul. No sé quién confiere estos apodos, el padrastro del rock, el yerno del reggae, la prima segundo del folk. Y luego, por qué King para Otis Redding y Prince para Marvin Gaye? Este falleció con casi 45 años, Otis con veinte menos. ¿No era Otis excesivamente joven para que se le apode así, The King of Soul? En el fondo es igual, ambos nos han dejado tal legado como para discutir de su parentesco directo con la soul music. Por si fuera poco, Otis Redding desapareció en plena gloria con tan sólo veintiséis años. Y mientras tanto David Guetta va para casi el doble. No le deseo nada malo al Jeta, que no se me interprete mal, pero en fin, por algo será que a la música se le llama la Gran Farsa.

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James – Getting Away With It

James es una de estas bandas de toda la vida que me he perdido casi por completo. ¿Por qué? Y yo qué sé… Creo que nadie me mira mal por ello, pero aún así, es algo que no me explico bien. Llevan más de treinta años on the road, han publicado trece álbumes de estudio, de los que se han vendido más de veinticinco millones de copias -¡¡25!!-, y yo tan pancho, como si no existiesen. Y no sirve decir “y ellos, conocen a Fiouck?”. Porque ellos seguro que me conocen, así que no vale. Creo que no he escuchado a ninguno de sus álbumes. No sabría mencionar ninguna de sus canciones.

James

¿Ninguna? No exactamente. Hay una, una única canción de su intensa discografía, una de estas que, de naufragar en una isla desierta, se agradecería que fuera con un reproductor –me conformo con que sea de cassette-, varias cajas de pilas y el tema Getting Away With It. Para bailar alrededor de la hoguera esperando a que el oso se ase –menuda isla-. Porque este tema invita a bailar, a abrir la ventana –me he hecho una cabaña en condiciones-, a levantar los brazos y a bailar, a bailar, a bailar… Empieza suavecito y termina frenético, hay épica y alegría, lirismo y emoción, es grandiosa, wow, James, lo siento, ahora escucharé el resto de vuestra discografía, lo prometo.

Venga, hoy es domingo, ya sabes, escucha Getting Away With It, luego zumito y a misa.

Escucha Getting away with it, de James

Dion – The Wanderer

The Wanderer. No sé si prefiero el libro (Richard Price), la película (Philipp Kaufman), o la canción (Dion). La película (1979) está libremente inspirada en el libro, pero el libro (1974) no tiene nada que ver con la canción (1961). La canción habla de un vagabundo sin rumbo, el libro habla de un gang del Bronx, los Wanderers, tramposoitalo-yankees de segunda generación. La canción es triste, el libro es crudo. En disonancia total con la idea que nos hacemos de los sesenta en los US, rubias platino, estudiantes cachondos, tablas de surf, coches enormes con manchas en los asientos traseros –venga ya, si sólo es peanut butter-.

Dion Francis DiMucci. Nacido en 1939, aparece por primera vez en TV con quince años, en un programa para adolescentes, en el que interpreta una canción dedicada a su madre. Ays estos italianos, qué tiernos con mama –a falta de serlo con sus chicas, uuuuh, feo tópico Fiouck-. Con 18, firma con un sello local y al día siguiente,  pone la voz en una canción ya grabada, interpretada por The Timberlanes. El single saldrá como Dion & The Timberlanes. Cosas de la gran farsa, resulta que Dion nunca vio a estos tipos y estos tipos nunca le vieron a él –bueno, sí, más tarde, cuando se hizo famoso-. Intrigado, vuelve a su barrio, llama a tres colegas de toda la vida, les llama The Belmonts, y … et voilà! Vuelven a firmar con el sello con el nuevo hombre, graban I Wonder Why y … et voilà! #22 de los charts US nada más salir. Su repentina fama como nuevos reyes del Doo Wop les permite ser invitados a formar parte de la famosa –y trágica- gira llamada “The Winter Dance Party”, con Buddy Holly, Richie Valens y The Big Bopper. El 2 de febrero de 1959, después de la actuación de todos en Iowa, estos tres deciden coger un avión para ir a la siguiente ciudad, para ahorrarse un largo viaje en autobús. Invitaron a Dion a subirse a bordo, pero el italiano no se quiso gastar los 36 dólares que costaba el vuelo, y … et voilá! Pocas horas después, el avión se estrelló, matando a todos los que estaban dentro. El día más negro de la música popular. Día luminoso para Dion, rinascimento, en italiano.

dion

Como el business no espera, el mes siguiente sacan A teenager in love, #5, y en noviembre publican Where on When, #3. La máquina está lanzada? Sí, directo hacia el muro. A principios de 1960, a Dion le ingresan en una clínica, por su adicción a la heroína, y cuando sale, aparecen problemas de relación interna, y … et voilà! Se separa del grupo e inicia una carrera en solitario. Con una nueva formación, The Del-Satins –aunque los discos los firma como Dion a secas-, tarda en encontrar de nuevo el camino del éxito. Hasta que publica Runaround Sue, en septiembre 1961, co-escrita con Ernie Maresca, y…. Et voilá! Directo al #1 en los US. Un estándar de la música de los 60’s, #342 en la lista Rolling Stones de las 500 mejores canciones de la historia. Dos meses más tarde, vuelve a tocar el cielo con su atemporal hit, The Wanderer, también co-escrito con Maresca. Como el sello no se creía que tal hazaña fuera posible, inicialmente el tema salió en la cara B del single The Majestic, hasta que las radios empezaron a tocar la B. The Wanderer, pedazo de la historia de la música popular, 239 en la lista de las las 500 de Rolling Stones, una de mis canciones preferidas, en mi top 20. Y que me digan como c… se dice Et Voilà en italiano.

 

 

Escucha The Wanderer y Runaround Sue, de Dion

 

The Psychedelic Furs – Heaven

Richard Butler, aire ochentero a más no poder, cara pálida y seca de no tener siempre para comer, voz entre Bowie y Lydon/Rotten cascada por tabaquismo excesivo, genio olvidado de aquellos despiadados años 80, fue el cantante y líder de The Psychedelic Furs, grupo post-punk new wave tirando a rock digno hacia el final de su trayectoria.

Furs

Butler. Un apellido rock’n’roll ¿verdad? A mi me hubiera gustado llamarme así, Fiouck Butler, suena bien. Richard y su hermano Jim fundaron la banda en 1977, no tan convencidos como yo de que sólo con un apellido basta. The Psychedelic Furs vs The Fucking Butler Brothers (por ej.), nunca se sabrá. Y la historia casi les da la razón. Después de actuar en múltiples conciertos en Inglaterra –dónde, si no-, sacan un primer álbum, homónimo, producido por un tal Steve Lillywhite. Este personaje no es un cualquiera, si bien en aquella época está al principio de su carrera, desde entonces se ha convertido en uno de los productores musicales más prolífico de la música popular, con cinco grammys para álbumes de U2, The Killers, Rolling Stones, Peter Gabriel, Talking Heads y una lista más larga que la de los beneficiarios de las esplendideces del preso más famoso de España. Aunque viniendo de la escena punk, el sonido del disco está claramente influenciado por Bowie. Recibe una buena acogida en UK y otros países europeos –yo tenía el vinilo, dónde estará, maldición-, incluso llega a entrar en los charts, aún con una propuesta musical no tan fácil. El disco lo abre la genial India, un tema que tarda más de dos minutos en arrancar aunque merece la pena la espera, uch.

En 1981 publican un segundo trabajo, Talk Talk Talk, con el que logran cruzar el atlántico –y también medio planeta ya que en Nueva Zelanda será todo un éxito-. El sonido es más accesible, si bien Richard Butler parece haber logrado lo impensable: fumar más de cinco paquetes al día. Del disco se extraen dos sencillos, siendo uno de ellos Pretty in Pink, que llama la atención de un tal John Hughes, joven cineasta americano que se especializará en películas para público adolescente y veinteañero. Cinco años más tarde, se inspirará en la canción para realizar una película homónima, versión moderna de Romeo y Julieta, que arrasa en taquilla y le permite a Richard Butler por fin comer cada día.

En 1982 sale Forever Now, tercer disco –que contiene el hit Love My Way-, y dos años después, Mirror Moves. En este cuarto álbum está la perla de The Psychedelic Furs, Heaven, himno inconfundible de esta época. “Gorgeous pop song”, dijo de ella el crítico de Allmusic. A la altura del tema Bitter Sweet Symphony de The Verve, y también en mi top 20.

Heaveeeeeennnnnnnn…..

 

 

Escucha las mejores canciones de The Psychedelic Furs

Amanda Lear – Follow Me

El único dato en el que todo el mundo parece de acuerdo, al referirse al nacimiento de Amanda Lear, es su apellido, Tapp. El resto, género inicial, nombre, lugar, fecha, padres, está inmerso en una nebulosa hábilmente manejada y alimentada por la propia interesada. Que sí 1939, que sí 1946 ó 1950. Que si Saigón o Hong Kong. Que si niña o niño –algunos dicen que los dos a la vez, como los caracoles, porque su música dejaba una huella de baba empalagosa-. Cuarenta años manteniendo el misterio, a pesar de muchas revelaciones sobre un supuesto cambio de sexo a finales de los años cincuenta. En esta época, se la ve y localiza en algunos cabarets alemanes y parisinos, en los que actúa como Peki d’Oslo; un par de años después, en los mismos escenarios, se produce como Amanda, al regresar de una operación supuestamente financiada por Salvador Dali, del que ya era musa. A mitad de los 60’s ya está en boca de todos –nunca mejor dicho,-; hasta Ian Gibson, uno de los más famosos historiador e hispanista, le dedica un cápitulo, “Amanda Lear y otras extravagancias”, en su libro “La vida desaforada de Salvador Dali”.

Después de recibir una estricta educación entre el sur de Francia y Suiza, con 16 años se marcha a Paris y luego Londres para estudiar arte y pintar. Pero dos años más tarde, su físico andrógina e imponente llama la atención de una agencia de modelos, que la contrata para desfilar en la pasarela inglesa, en especial para un joven Paco Rabanne. Es cuando conoce a Salvador Dali – curioso, Warhol tendrá a Grace Jones, negra escultural, y Dali a Amanda Lear, rubia atlética-, quien la presenta en sociedad como hombre. Simple broma de un artista que se sabe irresistible? Total, ante el desconcierto de la gente, Amanda Lear parece entender mejor que nadie el beneficio que puede sacar de esta ambigüedad. Fue cuando acepta operarse? A partir de ahí su fama no para de crecer, y como buena famosilla de la noche, se hace amiga de muchos músicos. Se la relaciona con Brian Jones, David Bowie, Brian Ferry –claro, todos los feos-. Aún así es con un desconocido con quien se casa, un joven estudiante de 22 años, para conseguir el pasaporte inglés y un nuevo apellido. Amanda, la Reina Lear –you are the milk Fiouck-. Como modelo sigue imparable, sale en muchas portadas, trabaja con los más grandes, Saint Laurent y Coco Chanel en París, Ossie Clark y Anthony Price en Londres (¿quiénes?).

Amanda

Pero la moda la cansa, y termina sucumbiendo a la llamada de la música. Graba un primer single con su novio Bowie, llamado Stars, que nunca llegó a ser publicado y que no he logrado escuchar nunca. Finalmente saca un 45rpm en 1976, una versión de Trouble, de dios Elvis Presley. Aquí, puedes ver un vídeo de una actuación en la TV italiana, ja, esa voz, parece el Trololo. Sin embargo la canción no tiene éxito alguno. Y es cuando sale el hada bueno, con un olfato que parece mentira, un cantante alemán llamado Anthony Monn, que la hace firmar, para el sello Ariola, un contrato para editar seis álbumes en siete años, a cambio de una suma de dinero que ella misma reconocerá, mucho más tarde, como “astronómica”. Total, Amanda Lear venderá más de 15 millones de copias de estos siete discos, más 25 millones de 45rpm. Si esto no es tener olfato…

El segundo de la lista, publicado en 1978, Sweet Revenge, contiene la canción que la hará mundialmente famosa, Follow Me. Cuando salió, yo era todavía un adolescente, pero recuerdo perfectamente lo que ya se contaba sobre ella. Entendía lo que me contaban, “es un hombre”, “es un transexual”, “se ha operado”, pero ni caso, yo sólo veía ese pedazo de rubia que parecía susurrarme su “follow me” al oído. Menos mal que no soy hombre fácil…

 

 

Escucha Follow Me, de Amanda Lear