Johhny Hallyday – L’envie

[No estaría mal que enchufaras el reproductor antes de leer esta entrada. Es más, es una orden. Hala, hop]

Sábado 23 de noviembre de 1996. Veinticinco aviones despegan de Orly con destino Las Vegas. Vuelo directo especial, nunca antes se había hecho. Cada avión ha sido rebautizado para la ocasión. A bordo, siete mil franceses con el corazón y la mente al borde del colapso, con la vista borrosa que les hace leer Puertas del Paraíso donde sólo ponía salida de emergencia. Cada uno ha pagado la friolera de 9.000 francos para ocupar su asiento, lo que serían hoy 2.500 euros. Muchos tuvieron que ahorrar durante un año, romper huchas, pedir dinero prestado, hacer extras, renunciar a cualquier otro menester superfluo. De no llegar, algunos hubieran atracado a una anciana en el atrio de la iglesia del pueblo, o algo peor. Lo que sea, pero estar. Luego se podrían morir.

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George Michael – Faith

Me acabo de dar cuenta de que los periodistas del libro “1.001 Discos que hay que escuchar antes de morir” son unos jugadores de poca monta. Mil y un discos seguro, pero… ¿cuántos artistas? No habrá más de 500. Menuda trampa, serán italianos. En fin, sigo con mi nueva táctica, lo abro al azar, y a darle.

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Art Mengo – Les Parfums De Sa Vie

Y un día idiota, uno. Di un montón de pasos para adelante, sudé la gorda y soplé como un halterófilo asmático, pero últimamente mi vida profesional transcurre en una cinta mecánica que va al revés y encima más deprisa que yo, con lo que al final del día había retrocedido. Qué bien. Por el camino vi un montón de tostadas que habían caído por el lado de la mantequilla, cómo no. Y ahora toca ponerme con el post del día, imagina las ganas…

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Yazoo – Upstairs At Eric’s

Jatetú si somos poca cosa. No sé si a ti te sirve este blog para algo –ojo que me sé el número de Tele Búlgaro de memoria-, pero la de cosas que el Tomate cretino descubre a veces más de treinta años después. Nada trascendental, en esto estamos de acuerdo, son simplemente cosas que ponen las cosas en su sitio mucho tiempo después.

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Anna Domino – 88

Hubo una época, no tan lejana, en la que los sellos importaban de verdad. Como escuchar música requería un soporte físico, vinilo o cassette, y comprarlos no generaba suspicacias del vecindario ni miradas atónitas de tus amigos, vendían, luego existían. Así podían permitirse auténticos lujos y producir música alternativa –en su acepción ochentera- de calidad, sin caer en concurso de acreedores al día siguiente.

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De La Soul – 3 Feet High & Rising

En De La Soul, banda rap neoyorquina, todos los músicos son negros. Hasta ahí todo normal, pensarás. Pero según la Fiouckipedia, es probable que tengan genes italianos. Si no, ¿cómo explicar que hacen trampa? Porque de música soul, cero patato. Imagina lo desconcertante que sería comprar un disco de De La Punk, y descubrir con horror que destila la peor música gregoriana de unos Monjes de Silos vestidos con el chándal del Club Deportivo de Quintanilla del Coco.

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Def Con Dos – Segundo Asalto

Me aburro sobremanera conduciendo, sobre todo cuando hay semáforos en rojo o atascos. Estar parado cuando podría ir a 180 por la M30 –na, es broma, en el Imserso nos dan clases de ciudadanía ejemplar-, me parece el antepenúltimo peldaño más bajo en la escala del desarrollo humano. En el último, están mis queridos barbudos, que se disponen a cebarse con Palmira.

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