Janis Joplin – Cheap Thrills

No quiero hablar de Janis Joplin y caer en la facilidad. Que si su voz, que si sus actuaciones Live, que si las drogas, que si un rostro poco agraciado, que si el Club de los 27, que si un mito. No no no no, aquí no nos conformamos con los tópicos, te mereces algo más. Mira, esto es lo que fue Janis Joplin: una cantante de blues rock psicodélico, con una voz pasmosa, un juego escénico legendario, drogada hasta las cejas, feucha, en el podio del Club de los 27 y desde entonces mito entre los mitos. ¿Ves? Cuestión de perspectiva. Mola este blog.

Nació no muy guapa, bien hay que decirlo. Tan mal parada salió, que su aspecto físico va a marcar toda su trayectoria en su corta vida. Rechazada y aislada durante sus años escolares, se refugia en las artes, los libros y la música, principalmente el blues de Bessie Smith Y Big Mama Thornton. Cantantes negras todas, ya que Janis no cumple con el odio hacia los negros, de obligado cumplimiento en su pueblo. Con diecisiete años se marcha de Port Arthur dirección Austin, donde entra en la universidad. No sólo no se gradúa sino que sale de ahí humillada, después de ser elegida “el chico más feo del campus” -menuda gozada imaginar la cara de necios palurdos que la de estos chicos al ver como pocos años después sería aclamada por cientos de miles de personas en Woodstock, aunque devastada por el alcohol y las drogas-. Sale pitando de allí en 1963, dirección San Francisco en auto stop, con la firme intención de vengarse maravillando al mundo con su talento.

Una de las pocas opciones que tiene es la música, su pasión, para la que intuye lo tiene casi todo. Incluso un consumo de drogas y alcohol poco usual para su edad: anfetaminas, heroína, bourbón. Logra producirse en bares y salas pequeñas, en las que desde el principio su personalidad en el escenario, más que enérgica, casi agresiva, parece el opuesto a su verdadera naturaleza. Dra Jekyll y Miss Hyde. De noche se abandona en los brazos de algunos de los músicos más afamados de la época, Leonard Cohen, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Eric Clapton. Dos años después, las drogas han hecho estragos en su cuerpo esquelético. A principios de 1965, sus amigos la suben a un autobús y la mandan de vuelta a Port Arthur. Cambio brusco de estilo de vida, vuelve a estudiar y está a punto de casarse.

El año siguiente, Chet Helms, un productor musical que había conocido a Janis Joplin en su época en Austin, se encuentra en Texas buscando una voz para acompañar a una banda de la que se está ocupando, Big Brother and The Holding Company. Le pide a Janis que se incorpore al grupo. Ella acepta. Su destino. Back to San Francisco. Los músicos se instalan todos en una misma casa, viven en comunidad, consumen mucha leche de soja y gominolas. Bendita época pre sida. Arrancan cuatro años de locura psicodélica que la van a llevar hasta lo más alto de la música popular. Después de algunas actuaciones en San Francisco, donde su fama empieza a recorrer todos los campos de Marijuana, las fábricas de pastillas y las destilerías de Bourbón, bajan en junio de 1967 hasta Monterrey, el festival pop que va a consagrar a dos iconos ídolos: Jimi Hendrix y Janis Joplin. Para finalizar su actuación, Janis interpreta Ball and Chain, versionando a su querida Big Mama Thornton. En el público, una alucinada Cass Elliot, co-cantante de The Mamas & The Papas, suelta: “Fuck, that’s really heavy”.

Cheap thrills

El año siguiente graban y publican Cheap Thrills, segundo álbum de estudio de Big Brother and The Holding Company, último con Janis Joplin de cantante. Inicialmente ella lo quería llamar Sex, Dope and Cheap Thrills, pero la discográfica se negó. Es sin duda uno de los discos más esperados en la historia del rock, debido a la increíble actuación de Janis Joplin en México. La portada, posiblemente una de las más emblemáticas de toda la música popular, es obra de Robert Crumb, ícono de los íconos hippies, gracias a sus comics tan divertidos como mordaces y que curiosamente, odiaba el rock. Contiene algunas de las canciones más famosas  de la artista, casi todas versiones –no olvidar que Janis Joplin sólo tiene cinco canciones propias en su repertorio-. Summertime, de George Gershwin, Ball and Chain, de Big Mama Thornton y Piece of My Heart, de Erma, la hermana de Aretha Franklin. Es un disco monumento, todos los calificativos se quedan cortos; sin embargo hay que ir a youtube y ver los vídeos de Janis Joplin en concierto. Era más que asombrosa, pone los pelos de punta. Y esta voz…. ¿Será posible? Era rock’n’roll.

 

 

Escucha tres de las míticas canciones del álbum Cheap Thrills, de Janis Joplin

Devil’s Anvil – Hard Rock From The Middle East

Después de la solemnidad del post de ayer sobre Maria Callas, un poco de delirio iconoclasta viene bien. Relax. Además apuesto un gintonic –Plymouth, para que veas- que en tu vida habías oído hablar de The Devil’s Anvil. Igual que yo hasta hace diez días. Te gano, tengo un pool de recomendadores muy puesto.

The Devil’s Anvil –el yunque del diablo- es un grupo neoyorquino de mediados de los 60’s. Una banda increíblemente moderna por tener la edad que tiene, casi cuarenta años. Desaparecieron después de un único disco y es una pena porque no estaría mal saber qué le echaban al café para poder producir semejante música. Un rock psicodélico con claros sonidos árabes. Veinte años antes del Raï y su ejército de Chebs, Khaled, Mami, Hasni, y Chebas, Fadila, Zahouania. Treinta antes de Rachid Taha. Les descubrió el productor Felix Papparladi, en 1966, en Greenwich Village, donde solían producirse en pequeños clubs, en plena efervescencia hippie y folk. Papparladi no era precisamente un desconocido, era bajista de la banda Mountain y luego se le conoció sobre todo como el cuarto miembro de Cream, a pesar de sólo realizar los arreglos de la banda a partir de su segundo álbum Disraeli Gears –que Rolling Stones sitúa en el puesto #114 de su lista de los 500 álbumes más grandes de la historia-. Total que, un día que iba deambulando por las calles del Village, se cruzó con el grupo tocando frente a un chiringuito. Les propuso llevarles hasta sacar un álbum, que necesariamente iba a funcionar.

devil's anvil

Pero no funcionó. Hard Rock From The Middle East tenía una mala estrella. Fijate en la portada y luego date cuenta de que salió en plena guerra de los seis días, entre Israel y sus vecinos árabes. En los US no se juega con la seguridad del país de las pequeñas paraguas kípas. Así que no se vendió, simplemente los medios de comunicación y especialmente las radios se olvidaron de darle salida y audiencia, y cayó en el olvido. Es injusto, y os habla un especialista en Calimeros. El disco era un bombazo y hoy sigue siendo igual de moderno que en 1967. Steve Knight (guitarra rítmica, bajo, bouzouki), Jerry Satpir (guitarra, canto), Elierzer Adoram (acordeón), y el músico de origen árabe Kareem Issaq (oud, canto) compusieron un álbum brillante, original y sorprendente, de psicodelismo oriental vanguardista, con sonidos procedentes de Turquía, Irán, Grecia y Egipto, todo en un mix muy coherente. Claro que ya se había escuchado antes en otros discos algún instrumento oriental, pero en el caso de este álbum, tenían el absoluto protagonismo, al igual que las guitarras, baterías y bajo. Primero el Oud, un instrumento de cuerdas árabe milenario, se parece a una guitarra en forma de pera cortada en dos. Y el bouzouki, otro instrumento de cuerdas antiguo, esta vez de Grecia, similar a un Oud, pero con forma de medio higo. Y la tanpura, parecida al Bouzouki, aunque de la India, bonita mandarina ligeramente aplastada. Alegre ensalada de frutas acompañada del Goblet Drum, especie de tambor en forma de copa de balón –para el gin tonic-, originario del norte de África y de Oriente próximo.

Así que Hard Rock From The Middle East no funcionó y desapareció del panorama. En 2001 lo reeditaron, para ver si iba a cuajar mejor, pero esta vez coincidió con los atentados contra las torres gemelas y el pentágono. Gafe.

Te dejo con tres temas del disco, muy ilustrativos. No ha envejecido el sonido, tremendo.

 

 

Escucha algunas canciones de un disco sorprendente, Hard Rock From The Middle East, de The Devil’s Anvil

 

Los Coros Del Ejército Soviético – Campo Gran Campo

Ayer estuve en una feria de vinilos, en Madrid. Me decepcionó un poco la verdad, mucho disco nuevo –para eso voy a una tienda-, y muchos estándares de casi todos los repertorios. Eché en falta, a parte de un montón de grupos de mi juventud, cosas raras, de estas que dices what the fuck este pollo, que te invita a coger el disco, darle la vuelta para descubrir de qué va, sacar la funda interior para seguir indagando, a ver si te suena de algo. Claro que algunos había, pero no del tipo de los discos bizarros que a mi me gustan. Cuando yo me hice con la colección de LP’s que quedaban en casa de mis padres, aproveché para llevarme unos discos que siempre estuvieron ahí, a mi alcance, por muy lejos que recuerde. Cosas raras de verdad, o no tanto.

Les Choeurs de l’Armée Soviétique à Paris. 1963-194. Dirección Boris Alexandrov. Qué c… hacía este disco en mi casa? Desde luego políticamente no tenía cabida, mi padre fue, es y se irá como fan de De Gaulle, como yo lo soy de Johnny Rotten, signos de los tiempos. Musicalmente es otra cosa. La verdad es que es suntuoso. Los Coros del Ejército Soviético forman uno de los conjuntos vocales más afamado del mundo, desde su creación en 1928. Nacido en el seno del ejército rojo, reúne las voces más graves, profundas y potentes, seleccionadas de entre los cientos de miles de soldados que integran los batallones y regimientos soviéticos. Y también músicos y bailarines. Fue creado para servir y apoyar la patria, darle ánimo a sus soldados y exaltar el ideal revolucionario del país. Los Coros no son una única entidad. Hay dos conjuntos que se pueden prevalecer de esta prestigiosa apelación: el Conjunto Aleksandrov, fundado en 1928, y el Conjunto MVD, de 1939. El primero dependía del Ministerio de Defensa soviético y el segundo del Ministerio del Interior. El repertorio se inspira en la música tradicional rusa, de cantos sagrados y de óperas populares.

El primer Conjunto contaba inicialmente con tan sólo doce artistas. Se produjo por primera vez bajo la dirección de Aleksandr Aleksándrov en el este del territorio, para ofrecer algo de distracción a los soldados designados para construir el ferrocarril de extremo oriente. Falta hacía. Cinco años después, ya son tres cientos los soldados que lo integran, separados en tres clanes: el Coro propiamente dicho, los músicos y los bailarines. Durante la segunda guerra mundial, se produjo más de 1.500 veces en los distintos frentes abiertos por el ejército, en trincheras, hospitales, campos de batalla, allá donde la fe se resquebrajaba y la razón se perdía. Un año después de finalizar la guerra, fallece Aleksandr Aleksándrov y le sustituye su hijo, Boris Aleksándrov, hasta su jubilación cuarenta y un años después.

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En 1963, un sello francés, Le Chant Du Monde, especializado en música clásica francesa y rusa, invita al Coro a Paris, para grabar un disco, este que tengo entre mis manos. Esto es lo que dice el director del sello en la contraportada del vinilo: “Los días 17 y 18 diciembre de 1963, tuvimos el privilegio de grabar, Sala Wagram en Paris, el admirable Coro del Ejército Soviético, que dirige el Coronel Boris Aleksándrov. Este disco restituye las voces incomparables de algunos de los más grandes solistas del Coro y los Coros propiamente dichos. Tenemos grabado en nuestro corazón lo que este disco no puede exprimir: la alegría, la felicidad, la pasión de todos estos artistas, la autoridad sonriente del inmenso Director de Orquesta Boris Aleksándrov, la calurosa amistad que reúne a todos estos hombres, que supieron compartir con nosotros”. Te dejo con dos de los temas del disco. Campo, Gran Campo –en ruso Póliushko Pole-, uno de los cantos militares soviéticos más famosos, wow, fascinante. Y el himno ruso, uno de los más bellos del planeta. Estremecedor.

 

 

The Chemical Brothers – Block Rockin Beats

El huevo o la gallina. Qué fue primero? Esta aparentemente sencilla pregunta trae de cabeza desde los siglos de los siglos a la humanidad en su afán por elevarse hacia la luz –menos Rouco, muy empeñado en seguir bajando hacia la oscuridad-. Si lo miras en internet, hay respuesta para todos los gustos –que si el huevo, que si la gallina-, hasta proponen que se reformule la pregunta para ser más correcta: la gallina o el huevo-de-gallina. Y como si esta pregunta no fuera ya una verdadera tortura para las mentes sanas –hablo por mi-, los fans del big beat tienen otra duda existencialista de la misma índole: qué grupo fue primero, The Prodigy o The Chemical Brothers.

En temas de música popular, fijar una cronología para determinar quién está en el origen de tal o tal género no es tarea fácil, ya que no deja de ser una evolución constante. Hace cerca de veinticinco años, UK se convulsionó con un nuevo estilo musical, el Big Beat, procedente de la house, las rave, el sampling, la electro. Nació en los bajos fondos de naves industriales abandonadas, desde donde en pocos años emergen DJ y combos dedicados a triturar la música del momento, rehaciendo los temas a su manera, añadiendo mucho bajo, mucho ritmo machacón, mucho ruido bruto. Música que te coge de la tripa para no soltarla. De este escenario frenético, saltaron a la fama algunas bandas, dúos o artistas solos: Fatboy Slim, Crystal Method, The Prodigy, The Chemical Brothers.

dig your own hole

A partir de 1989 y durante pocos años, los jóvenes ingleses pasaron del rock, cuya plataforma de llamamiento al desorden y a mover el culo llevaba ya tiempo sin cuajar. De tener que fijar un momento en la música popular en el que de repente el público empezó a acudir a los conciertos, ya no para congeniar musicalmente y conectar con un “mensaje” –buf, suena cutre decir esto verdad?-, sino sólo para pasarlo bien, bailar, colocarse, sudar, y para los más suertudos, follar, pues este sería. Ojo, no estoy diciendo que antes en los conciertos de rock se iba como a misa, sólo digo que a partir de las Rave de los 90’s, el público joven pisoteó las raíces con un “No country for old men”. Conciertos a los que sin problema podías ir solo. Hedonismo musical.

Así que, ¿Prodigy o Chemical Brothers?. Los segundos se formaron primero, pero los primeros sacaron un disco antes que los segundos. Bien es cierto que los segundos oficiaron con otro nombre durante un par de años, como The Dust Brothers, antes que los primeros. Los primeros cogieron el tren del Big Beat con Charly, canción eufórica y energizante. Los segundos respondieron con una gira mundial por la salida de su primer álbum, Exit Planet Dust, llevándose en la mochila a unos desconocidos y principiantes Daft Punk, en 1995. Los primeros respondieron con un grandioso disco “The Fat of The Land”, los segundos no se dejaron impresionar y publicaron el no menos grandioso “Dig Your Own Hole”.

Era su segundo opus. El primero había dejado un buen sabor de boca a los fans, el segundo va a marcar un antes y un después en la cultura Big Beat. Clasificado #49 en la lista de los cien mejores álbumes de todos los tiempos por la revista especializada Q Magazine, cinco estrellas en Allmusic, 8 de 10 en Spin, 8.4 de 10 en Pitchfork, Dig Your Own Hole marca época. Es electro, es rock, es punk, es trash, es beat, es genial. Basta con escuchar Block Rockin Beats, monumento primordial a la música disfrutada en solitario. Cambio de cultura.

 

 

Escucha algunos de los mejores temas del álbum Dig Your Own Hole, de Tne Chemical Brothers

 

Sonny & Cher – I Got You Babe

Atrapado en el tiempo o El Día de la Marmota. Obra maestra del cine. Esta genialidad de Harold Ramis de 1993 consigue lo que para mi poquísimas películas han logrado: cada vez que la veo, me parece mejor aún. No me canso de verla, nunca, ya estaré en diez visionados. Es inteligente y emocionante. Lo tiene todo, una historia fabulosa, un decorado de comic, un guión perfecto, humor, drama, y un cartel de actores con un juego tan sencillo como perfecto. Ofrece algunas escenas de antología, como el encuentro mil veces vivido con Ned el vendedor de seguros. O la escena de noche en la nieve, cuando Bill Murray esculpe a mano la cara de la bella Andie MacDowell; ella, mirándole muy emocionada “it’s amazing, beautiful, how did you do that”, y el muy cabrón que lleva decenas de días mejorando el momento dice “i know your face so well, i could have done it with my eyes closed”, Phil Connors el genial capullo. Pero la escena que sin duda representa a la perfección la película, es cuando su despertador salta cada mañana de 5:59 a 6:00, y empieza a sonar I Got You Babe, de Sonny & Cher.

Salvatore Phillip Bono y Cherilyn Sarkisian La Pierre. Menudas carreras y vidas la de ambos. Empecemos por el marido: de origen italiano, empieza estudios de medicina, los deja para entrar en una pequeña discográfica, empieza a cantar como Don Christy –hizo bien en dejarlo-, entra al servicio de Phil Spector, se casa con Cher, forma un dúo con ella, conocen la gloria con I Got You Babe y The Beat Goes On, pasa cuatro años en la TV con su programa Sony & Cher Comedy Hour, se convierte en manager de su mujer, se separa de ella, entra en la iglesia de cienciología –gilipollas-,  y luego en política por el partido republicano, se convierte en alcalde de Palm Springs, diputado de la cámara de representantes, y fallece en un accidente de esquí en 1998. Su viuda, Mary Bono, conseguirá a título póstumo la famosa ley Sonny Bono Copyright Term Extension Act, que prolonga en veinte años los derechos de autor en los US.

Sigamos con ella: huye de casa con dieciséis años, desembarca en Hollywood en 1962, conoce –en detalle- a Warren Beatty durante una noche, conoce a Salvatore Bono en un coffee shop, empieza como cantante haciendo los coros del tema Be My Baby de los Ronettes, publica su primer single como Bonnie Jo Mason en una canción homenaje a Ringo Starr, publica su segundo single como Cherilyn, empieza a cantar en dúo cono Salvatore haciéndose llamar Caesar & Clo, publican juntos un primer single, The Letter, en 1964, pero es la cara B –Baby Don’t Go– que llama la atención de los medios, interpreta I Got You Babe con su marido, se convierte en la parte femenina del dúo hippie más influyente de los 60’s, versiona canciones de Bob Dylan, interpreta Bang Bang como Cher –tres millones de copias vendidas sólo en los US-, conoce el fracaso con el álbum Good Times en 1967, se mete en TV, se mete en cine, desaparece, vuelve con veinte años menos, pronuncia un emocionante texto en el entierro de su ex marido, desaparece, vuelve con quince años menos, saca numerosos hits y éxitos, desaparece y vuelve con diecisiete años menos, publica discos, saca películas, en fin, un pelín aburrida. Ahora no te sabría decir si ha vuelto a desaparecer o a volver más joven. Oye, 100 millones de discos vendidos en cerca de cuarenta años, da para sesiones de desaparición.

I got you babe

En 1965, Salvatore compone y escribe la letra de un nuevo tema. Se le da bien la verdad, Phil Spector, el gurú total de los 60’s le tiene fichado como hombre manitas. Decide interpretar la canción él mismo con su mujer, Cherilyn. Bombazo total. Un millón de discos vendidos en los US en pocas semanas, más de 1,2 millones en UK. Ella tiene mucho estilo y una voz que muchas veces suena más grave que la de su marido. Él tiene un corte de pelo que te deja pensativo, digamos. Pero funciona. Se convierten en iconos de estos años de flower power. I Got You Babe ha sido clasificada por Rolling Stone en el #444 de su lista de las 500 canciones más grandes de la historia. Y a lo largo de estos últimos 38 años, fueron decenas los artistas que la versionaron: Manfred Mann, Etta James, Claude François, David Bowie, The Ramones, UB40, por sólo mencionar a los más conocidos. Un tema intemporal. Y yo quiero aprender a esculpir en hielo.

 

 

Escucha I Got You Babe, de Sonny & Cher

 

Michel Legrand – Verano del 42

Volvamos al aire libre, dejemos los barbudos retrasados mentales de ayer, e interesémonos por un imberbe de quince años. Hermie, así se llama, con sus dos amigos de toda la vida, pasa el verano en la isla de Nantucket, en frente de las costas de Massachusetts –es extremadamente difícil escribir bien este estado americano, yo lo consigo, paz en el mundo-. Estamos en 1942, verano del 42, la segunda guerra mundial hace estragos a 6000 kms de aquí, pero Hermie tiene otras preocupaciones. Le hierve la sangre, no tanto por el calor de fuera, sino por las chicas que le rodean. Se levanta febril, acorralado por miles de tetas felinianas, y se acuesta enfermizo, perseguido por cientos de culetes joviales –yaaaaaa, y quéééé, es asíííí, yo también pasé por esto-. Hasta que un día se queda fulminado –y atontado bien hay que decirlo, es algo horripilante el chaval- después de ver a su vecina de playa.

La vecina mola, claro está. Tiene el doble de años que el pobre Hermie, al que sus amigos tienen que venir a arrancar de la duna, cuando ya llevaba 4 días petrificado en su toalla de los Nets. Babeando. Una sonrisa idiota en la cara. El nirvana veraniego. “Me puedo morir”, se le puede oír gemir de vez en cuando. Quien sí ha fallecido es el marido de la moza en cuestión, al igual que miles de sus compatriotas mandados a Europa en socorro de un continente a la deriva. Así que cuando él se entera de la triste noticia, la consuela durante una noche, como haría cualquier hombre con su amada, pero cuando se despierta al día siguiente, ve como ella ha desaparecido, para siempre. Buf, pobre Hermie.

un été 42

De hecho, parece que Verano del 42 fue una película nefasta para casi todos, menos el compositor de la música, el francés Michel Legrand. Después del golpe maestro que representaba la película, a Gary Grimes –Hermie- no se le volvió a ver, o casi. A Jennifer O’Neil le pasó tres cuartos de lo mismo, más o menos. El Director, Robert Mulligan, después de ser nominado por segunda vez a un Golden Globe Award, nunca más volvió a brillar. Así que de la película queda una BSO hermosa, nostálgica a más no poder, que le valió a Michel Legrand el segundo Óscar de su carrera.

Michel Legrand, hijo del compositor Raymond Legrand y de la hermana del Director Jacques Hélian, estudió el piano y la composición en el Conservatorio de Paris, de 42 a 49, recibiendo clases de la mismísima Nadia Boulanger –buf, me hago viejo, es la tercera vez que se habla de ella en esta semana-. Su hermana Christiane fue miembro de la banda de jazz Double Six y las Swingle Singers, durante los años 50. Después de la segunda guerra mundial, dedica varios años a mejorar su estilo y el aprendizaje de varios instrumentos. En 1951 empieza a componer y arreglar temas para orquestas de su padre, quien le introduce en el mundillo de la chanson “ligera”, como Maurice Chevalier. Tres años más tarde, un disco con versiones jazz de canciones francesas, publicado por el sello americano Columbia, es un tremendo éxito, con más de ocho millones de álbumes vendidos. En los años siguientes, se codea con los más grandes, Miles Davis, John Coltrane, Bill Evans, convirtiéndose en el primer europeo en trabajar con los maestros del Jazz.

A partir de 1960, cambia radicalmente el rumbo de su carrera y empieza a dedicarse totalmente a la música de películas. Al principio para Directores franceses –Agnes Varda, Jean Luc Godard, Jacques Demy, etc-. Después de conocer la gloria en Francia por la BSO de Les Parapluies de Cherbourg, decide probar suerte en los US. Contando con la amistad de Quincy Jones y Henry Mancini, Michel Legrand logra hacerse un hueco, empezando por la BSO de El Caso de Thomas Crown, que le vale un primer Óscar. Dos años más tarde, recibe el mismo galardón por Verano del 42 –se llevará una tercera estatua por Yentl, con Barbara Streisand, en 1983, y culminará con veintisiete Grammy Awards en toda su carrera-.

La canción principal de Verano del 42, que dejo para escuchar, me es muy especial, por nada en particular, simplemente me suena tremendamente nostálgica y emocionante. La película es indiscutiblemente bonita, pobre chaval, pobre mujer, la vida es una mierda, ¿verdad?

 

 

Escucha Verano del 42, de Michel Legrand

 

The Animals – The House Of The Rising Sun

Qué hacías el 18 de mayo de 1964? Hay fechas así señaladas, recuerdas perfectamente lo que estabas haciendo ese día, dónde estabas, y cómo ibas vestido. 20 de julio de 1969, 12 de julio de 1998, 11 de septiembre 2001, 11 de marzo 2004. Yo, el 18 de mayo de 1964, recuerdo perfectamente que estaba babeando en mi cuna, vistiendo pijama Babygro primaveral, tirando plácidos pedetes, sonoros pero inocuos, intuyendo que algo grande se estaba cociendo para el futuro de la música rock, en un estudio de grabación UK. Cuánta razón tenías Fiouck, como siempre –juas-. Nada menos que The Animals grabando su particular versión de The House Of The Rising Sun, legendario cover que les hará grandes para la eternidad, y que meció mis primeras siestas.

Como todas las canciones míticas, tiene una historia llena de anécdotas. Primero, porque no se sabe bien quien la acunó por primera vez. Segundo, porque tampoco –había un segundo, pero se me ha olvidado, si me acuerdo, te lo digo-. Hay múltiples fuentes, siendo la más verosímil –oye, lo que digan ellos, yo tan pancho en mi Babygro- una del folklorista Alan Lomax, autor en 1941 de un songbook llamado Our Singing Country, en el que escribe que la melodía procede de una balada inglesa tradicional,  con letra de una pareja del Kentuky, Georgia Turner y Bert Martin. Qué les pasaría a esta gente, que tuvieron que escribir una canción sobre un antro, lugar de perdición habitual de la población masculina bebida. Desde principios del siglo XX, la expresión Rising Sun se ha estado empleando para hablar de lo prohibido, uff, burdeles… jatetú. Sin embargo otras fuentes hablan de The Rising Sun como de una cárcel para mujeres. Pero si las mujeres son muy buenas, ¿para qué cárceles para ellas?… La grabación más antigua conocida data de 1934, de Tom Clarence Ashley y Gwen Foster. Algunos proponen la grabación de 1928 por Texas Alexander, pero, aunque tenga el mismo título, se trata de una canción muy distinta. Ojo, que a mi no me la cuelan.

Luego el tema tal como lo conocemos más o menos, es sujeto a una multitud de versiones. Como si cualquier aspirante a su trozo de historia en la música popular, tuviera que cantar The House Of The Rising Sun como examen de entrada. A principios de los 60’s, Dave Van Ronk, amigo de Bob Dylan y profesor de guitarra del King of Folk, realiza una nueva versión, acaparándose de forma dudosa y un tanto atrevida la paternidad moderna del tema. Un poco osado, sabiendo que antes del él, ya la cantaron artistas como Georgia Turner (1937), Woodie Guthrie (1944), Judie Collins (1959), Charlie Byrd 81960), Joan Baez (1961), Pete Seeger (1961), Nina Simone (1962). En 1962, Bob Dylan graba su propia versión, para su primer álbum, homónimo. Una vez a punto de ser publicado, va a ver a su amigo Van Ronk para pedirle autorización –en plan “quiero quedar bien, que no venga Fiouck, cincuenta años después, diciendo que soy un capullo”-, pero resulta que este se niega. Que más da, uno es una leyenda, otro un defenestrado, el primero pasa del segundo, y el disco sale con el tema, eso sí, de forma bastante discreta. Durante los siguientes cuarenta y nueva años, una infinidad de cantantes y grupos la van a interpretar en una multitud de idiomas, hasta el rey de la música Khmer, dios vivo del pueblo camboyano, Sinn Sisamout/h, gran mezclador de la tradición khmer con los sonidos blues y rock’n’roll.

portada house of the rising sun

Pero volvamos a The Animals. En 1963, Eric Burdon, cantante del grupo, en plena gira UK como telonero de Chuck Berry, escucha una versión de la canción en un bar, interpretada por un cantante folk llamado Johnny Handle. El mismo día –realmente no sé si fue el mismo día o a la semana siguiente, sólo pretendía transmitir la ansiedad del genial cantante- la incorporan al repertorio de su actuación durante los conciertos. Y la tocan como nadie y como nunca. La leyenda –uch, cómo me gusta la leyenda en el rock- cuenta que Bob Dylan la escuchó por primera vez estando en su coche y que estuvo a punto de darse una leche por el salto que dio, reconociendo tiempo después lo mucho que le gustaba la versión de The Animals.

Luego me echarán la culpa por no hablar de todo lo que va a seguir en la carrera de The Animals, como si esta se detuviera con la grabación de The House Of The Rising Sun el 18 de mayo de 1964, y su posterior publicación mes y medio después. Claro que no, The Animals figuran en el gran árbol del rock, al principio de una de los 4 ó 5 ramas principales. Es un grupo fundamental, esencial. Pero ahí está La Casa Del Sol Naciente. Rolling Stone la situó en el #122 de su lista de las 500 canciones más importantes de todos los tiempos. Llegó al #1 en UK en julio de 1964, y al #1 en los US en septiembre del mismo año, el primer #1 de la invasión británica que no era de los cuatro sosos. Coño.

Sólo añadiría algo acerca del grupo. Eric Burdon, leyenda viva del rock como fucking way of life. Este tipo nació para ser cantante de rock, con su voz ronca, rota, poderosa, negra y cálida. Escucharle es bueno, ayuda a recordar quien sobra, que son muchos.

 

 

Escucha algunas de las mejores canciones de The Animals