Martha & The Vandellas – Dancing In The Street

Leía hoy en un medio de tirada nacional un artículo –muy bueno por cierto, cómo mola cobrar por escribir estas reseñas, yo también quiero- acerca de los cincuenta años que cumple I Can’t Get No Satisfaction, de los Rolling Stones. Un día hablaré de ellos, arrodillado ante los p… amos, aunque hayan cometido cosas miserables, pero lo haré cuando tenga un día entero para pensarme bien cómo contarlo.

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Indra Rios-Moore – Heartland

Todos los hombres que descubren Prince en un escenario se dicen lo mismo: este tipo podría ser mi mujer. Estoy segura de que les gustaría hacerle el amor”. Yo he visto al enano púrpura de Minneapolis dos veces en concierto –la primera en París en una desastrosa actuación de 50 minutos que prefiero olvidar, la segunda en Madrid en las Ventas, gigantesca y apoteósica- y no recuerdo que se me ocurriera nada sexual con el gnomo violeta. Con su corista a lo mejor, ¿pero con Prince?

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Screamin’ Jay Hawkins – I Put A Spell On You

Los americanos tienen un arte especial para inventarse nombres artísticos. Cogen su rasgo más emblemático y se lo pegan de mote. Imagina aquí una Pataletin’ Hope Aguirre, Ordinarin’ Rita Barbera, Moneycountin’ Alf Rus, Defraudin’ Louis Bárcenas, Gilipollin’ Joe Mary Aznar, Grandullin’ Peter Sánchez o Coletin’ Paul Church. Mola. Tendrían más votos, no lo dudes.

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Creedence Clearwater Revival – Willy And The Poor Boys

Llevo mucho tiempo pensando en si dedicarle una entrada a la Creedence Clearwater Revival. Míticos, legendarios, imprescindibles, no lo dudo. Pero leí hace tiempo una declaración de su fundador, John Fogerty, en la que decía: “La Creedence Clearwater Revival fue la mejor banda de la historia tras los Beatles”, y si bien me importa un pepino el ego del músico –el rock se nutre y vive de egos desmesurados al lado de los cuales Ronaldo se parece a una ermita-, sí me preocupa que los cuatro sosos sean su referente. Me chirría profundamente.

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De La Soul – 3 Feet High & Rising

En De La Soul, banda rap neoyorquina, todos los músicos son negros. Hasta ahí todo normal, pensarás. Pero según la Fiouckipedia, es probable que tengan genes italianos. Si no, ¿cómo explicar que hacen trampa? Porque de música soul, cero patato. Imagina lo desconcertante que sería comprar un disco de De La Punk, y descubrir con horror que destila la peor música gregoriana de unos Monjes de Silos vestidos con el chándal del Club Deportivo de Quintanilla del Coco.

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Luther Vandross – A Change Is Gonna Come

Pues hoy toca votar. Tú que puedes. Porque a mi, cada vez que hay comicios, me relegan a la zona gris de los ciudadanos de segunda. Como franchute, sólo me dejan votar por la alcaldía. Ni las autonómicas, ni mucho menos las generales. Después de veintidós años aquí, me parece absurdo y me pone de mal humor. Esto algún día tendrá que cambiar.

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Torres – Sprinters

Los hay que hacen música para hacer dinero (muchos), otros para llamar a la revolución (pocos), y demasiados porque se creen buenos. Muchas para enseñar el culo, otros porque no les ha ido bien en el cole. Algunos entran al azar, otros por la puerta de atrás, y los hay que se dan una leche desafortunada después de subirse por la ventana. Algunos dirán haberse hecho músico para pillar sexo, pocos reconocerán que las fans ya no son lo que eran. Torres, ella, quiere exorcizar su pasado de hija adoptada.

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