Cuando rascas esta fina capa de lentejuelas que cubre el show business americano, enseguida das con una espesa corteza de puritanismo rancio. Y debajo de ella, sólo encuentras dinero, una montaña de dinero, y perfidia. Jobriath, miserable títere tirado por la borda por este gran circo, más fake que buzz, se dio cuenta demasiado tarde. Él sólo quería las lentejuelas –y toda la panoplia de maquillaje, pose, esmalte, plumas- y sentarse en su trono dorado. Pero ni una cosa ni otra, sino jeringuillas y acera.
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Nathaniel Rateliff & The Night Sweats – Nathaniel Rateliff & The Night Sweats
Nathaniel Rateliff nació en Missouri, en un pueblo de no más de sesenta habitantes. Algo así como el culo del planeta, donde las noticias procedentes del mundo exterior se limitan al número de borrachos encerrados en una sola noche por el sheriff del pueblo de al lado. Corría el año 1978, aunque en Missouri, bien podría ser 1797 o 2105. Estado rural congelado en el tiempo, con una probabilidad bastante remota de que algo bueno salga de allí.
Spin Doctors – Pocket Full of Kryptonite
Que vienen las generales, sálvese quien pueda. Ahí están a la vuelta de la esquina, para fastidiarnos lo que queda de año. ¿Noviembre? ¿Enero? Legalmente hasta después de entrar en 2016 se pueden celebrar, aunque el domingo elegido dependerá de hasta cuándo van a seguir cayendo datos positivos para los actuales inquilinos. En todo caso, madre mía la que vamos a tener que aguantar una vez más por parte de los cuentistas y milonguistas. ¡Adornad, malditos! Spin Doctors de pacotilla.
Prayers – Young Gods
Rafael Reyes, 40 años este año, renace. Mexicano de Cotija, Michoacán, crecido en San Diego, es lo más parecido a un resucitado. Une gueule cassée. Expresión francesa intraducible al castellano –cara rota sólo da una idea-, que se utilizaba para referirse a los combatientes de la primera guerra mundial que volvían de las trincheras, antesala del infierno donde la vida valía menos que la bala que les atravesaba el cuello o les pulverizaba los sesos.
Yogurt – You’re Beautiful When I’m Drunk
Tú, yo, y cientos de millones de terrícolas con yogur en la nevera, más de una vez nos hemos preguntado cuántos días después de la fecha de caducidad nos podíamos comer el susodicho lácteo. Descuida, te doy una pista: si un yogur pone 01.08.15, no lo comas el día 20. Mamá, quiero mi mamaaaaa. Vamos, como me siga vaciando así, dentro de poquito no quedará rastro del Tomate cretino –debido a un curioso fenómeno mimético, hoy también luzco este bonito color verde-.
Matisyahu – Jerusalem
[Este post fue escrito horas antes de que rectificara el Rototom, quien finalmente volvió a invitar a Matisyahu al evento pidiéndole perdón, pero me ratifico en lo que sigue.]
Jean Marie Le Pen estará orgulloso del Rototom. A él, que se expulse de un certamen cultural a un cantante por su única condición de sionista y/o judío –los desencadenantes del melodrama musical del verano insisten mucho en esta puntualización, cosa que nadie se cree-, por unas NO aclaraciones/declaraciones del artista en cuestión, le parecerá toda una hazaña. Para un tipo tan habituado a derrapar con el tema, en el que mezcla conscientemente facetas religiosas, nacionales y políticas con tal de alimentar el odio, no deja de ser otro “detalle” más, que el viejo nazi tendrá a bien meter en su librito de citas y otras anécdotas deleznables.
The Monks – Black Monk Time
La música de unos cuantos grupos podrá ser atemporal, bien hay que reconocer que la pinta cabelluda que tenían algunos no pasa el corte de los años. Mira Bowie en la portada de Aladdin Sade, Prince en su álbum homónimo de 1979, el gordinflón de Robert Smith a partir de Seventeen Seconds. Incluso Freddie Mercury en sus primeros discos. Y en general cualquier cantante de hard rock de finales de los 70’s y principios de los 80’s. Todos espantosos, pero nada comparado con The Monks.
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