Prayers – Young Gods

Rafael Reyes, 40 años este año, renace. Mexicano de Cotija, Michoacán, crecido en San Diego, es lo más parecido a un resucitado. Une gueule cassée. Expresión francesa intraducible al castellano –cara rota sólo da una idea-, que se utilizaba para referirse a los combatientes de la primera guerra mundial que volvían de las trincheras, antesala del infierno donde la vida valía menos que la bala que les atravesaba el cuello o les pulverizaba los sesos.

Rafael Reyes pasó más de veinte años en un gang de San Diego, el Sherman Grant Hill Park 27. No entró por gusto, sino por necesidad, para defender a su padre que se había visto envuelto en una trifulca en un supermercado. Era adolescente. Hoy su cuerpo luce una colección de tatuajes y cicatrices que dejan entrever un universo pervertido de violencia y machismo, matanzas brutales y pocos remordimientos, drogas podridas y cárcel redentora.

Y como todos los resucitados, ha decidido que ya nadie le va a imponer nada, que ya es hora de vivir la vida y compensar los años truncados por leyes que nunca estarán en los códigos civiles y penales. Dicen que abandonar los gangs es más duro que dejar la heroína, que son pocos los remedios capaces de quitarte el sabor a sangre, el color del dolor y el olor a muerte.

Prayers - Young Gods

Pero Rafael Reyes, Seyer Leafar para su sello, es un duro de verdad, ahí está su cuerpo para recordarlo. Se quita la ropa y se desmayan los testigos. Un libro abierto sobre lo vivido desde dentro. The Warriors –en España se la conoce como Los Amos de la Noche-, película de Walter Hill de 79 que tengo desde entonces en mi top 5, es lo más parecido a Dumbo de Walt Disney como reportaje sobre las condiciones de vida de los animales en los circos.

Así que Rafael Reyes ha elegido la música para salvarse. Olvídate, nada de gangsta rap bling bling con el circo habitual de los cantantes con plumón bajo 35 grados y las rubias descerebradas jugando con las tetas para mayor gloria del MC de turno. No, de pequeño Seyer Leafar escuchaba a Joy Division y la synthpop inglesa de principios de los 80. Otras referencias, otro pedigrí. Con su amigo Dave Parley, nacido en Tijuana, el único capaz de rivalizar en miedo escénico con su pinta de hipster chicano degollador de camellos endeudados, han montado Prayers, y de paso creado el Cholo Goth.

Gótico de cholos –miembros de gangs-, como si Tupac Shakur y Siouxsie hubiesen tenido un crio. Un John Lydon época Public Image con un toque latino callejero. Un bofetón en toda regla. Esta mañana me encontré por casualidad –nadie busca cholo goth en google- con Blood on the Blade y me quedé… ¿alucinado? Historias de peleas, de ritos, lenguaje codificado de los gangs y música post rock de otra galaxia. No se parece a nada. Cholo Goth, Prayers, ¡¿wtf?! Genial.

 

 

 

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