The Monks – Black Monk Time

La música de unos cuantos grupos podrá ser atemporal, bien hay que reconocer que la pinta cabelluda que tenían algunos no pasa el corte de los años. Mira Bowie en la portada de Aladdin Sade, Prince en su álbum homónimo de 1979, el gordinflón de Robert Smith a partir de Seventeen Seconds. Incluso Freddie Mercury en sus primeros discos. Y en general cualquier cantante de hard rock de finales de los 70’s y principios de los 80’s. Todos espantosos, pero nada comparado con The Monks.

Curioso grupo. Me llegó la recomendación hace poco y me vino bien, porque hacía tanto que no los había escuchado que los tenía completamente olvidados, a pesar de mencionarlos en la entrada sobre The Kingsmen y las primeras bandas de rock garage, allá por mediados de los sesenta. ¿Quiénes fueron? ¿Dejaron algo para la posteridad a parte de su corte de pelo?

Digo yo. Hasta figuran en mi nuevo libro de cabecera, “1.001 Discos que hay que escuchar antes de morir”, por el único álbum que sacaron, en 1966, llamado Black Monk Time. El libro dice con toda la razón del mundo que musicalmente hablando bien podría ser candidato a “primer disco punk”. Ya te veo venir con tus bostezos cada vez que hablo de la genealogía de la cosa. Cierto, ¿por qué me preocupa tanto remontar el tiempo hasta dar con el primero? Cada uno con su grial.

the monks black monk time

Eran yankees, aunque su corta carrera la desarrollaron –una palabra que les queda grande- íntegramente en Alemania, después de salir del ejército cual GI secularizados. Dejaron los hábitos de perfecto soldado para revestir los de monjes del infierno, descarados iconoclastas que no se tomaban en serio: toga negra, con una cuerda atada alrededor del cuello y ese corte de pelo en forma de coronilla que no sabes si echarte a llorar o partirte de risa. Claro que corría el año 66, sólo faltaba un 6 más.

¿Qué les daban de comer en el ejército para que salieran así estos cinco? En pocos meses se ganaron a pulso una fama de degenerados simpáticos –la cosa no iba en serio, me recuerdan a los de DEVO en su primer disco-, dándole a un banjo eléctrico y las guitarras de turno con una rabia exultante y salvadora, ritmos tribales y riffs estridentes que desentonaba por completo en el país de las Bradwurst flácidas.

No duraron mucho como era de suponer. La culpa la tuvo su vacilación entre salir de gira por su país natal o por Vietnam, devastado por la guerra y el napalm. Al final, de tanto dudar terminaron separándose. A finales de los 90 se reformaron y sacaron un disco de estudio más y algún que otro recopilatorio, pero el público ya estaba hastiado de tantas pintas horripilantes y volvieron en el anonimato. Una pena, su rock y su apariencia escénica eran claramente precursores. Escucha Monk Time o I Hate You y dime si no iban completamente adelantados.

 

 

 

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