Slow Joe & The Ginger Accident – Lost For Love

Soy un loco de la comida india, desde hace muchos años. Me he convertido en un yonquí del fuego de sus currys. Un par de veces al mes me abandono a esta sensación placentera de que el tiempo se detiene cuando engullo medio nan de queso mojado en el pollo madras -antes me daba aires de bilbaíno, le daba al vindaloo, pero al día siguiente mis entrañas se acordaban con mucha nitidez de la madre del cocinero-. Así que he suavizado la cosa, ahora un simple madras colma mi ansía, cual raya de cocaína para el publicista ante la inmensidad de la página en blanco.

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St. Paul And The Broken Bones – Half The City

El genero soul no da mucho que hablar. Apenas sale en los medios y pocos son los que se preguntan acerca de su salud medio siglo después de su irrupción en el mercado discográfico. No se ven graffittis “Soul’s not dead”. Nadie viste soul ni se peina soul, no se conocen zapatos asociados al soul. Parece que no molesta, cosa de pocos, como si en la puerta de las salas donde tocan hubiera un cartel “prohibido a los menores de cuarenta años”. De vez en cuando sale una nueva reina con moño imposible y tatuajes rock’n’roll, invadiendo corazones y mentes, pero precisamente por vender muchos millones de discos nadie se percata que es soul music.

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Silk Rhodes – Silk Rhodes

Mientras lees estas líneas, hoy miércoles catorce de enero de 2015 y digamos que, con mucha casualidad, entre las 11h y las 13h hora de Madrid, tú, forofo del Atleti o del Madrid, votante de Podemos o del PP, comedor de tartare de buey o de bistec muy hecho, bebedor de whisky coca o de gin tonic, pro montaña o loco por la playa, café con o sin azúcar, incondicional del negro o del rojo, fanático del bic cristal negro o del naranja azul, hijo del sol o de la lluvia, oyente de Radio 3 o de Los 40, lector de Marvel o de Carlos Giménez, seguidor de TV1 o de La Sexta, defensor de iOS o de Android, fan de los Rolling Stones o de los Beatles, yo, Fiouck el Tomate cretino, estoy jugándome el cuello en una reunión crucial y vital para mi [ponlos en el orden que más rabia te de] cartera – autoestima – salud – paz interior.

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Curtis Harding – Soul Power

Curtis Harding no le suena todavía a casi nadie y ya me está dando la lata. Cuando iba por la mitad del post de hoy, mi ordenador se quedó tísico y no tuve más remedio que apagarlo a lo bestia. Total, perdí el documento entero. Irrecuperable. Lo peor es que no recuerdo el chascarrillo que me había costado sudor y lagrimas encontrar –me es vital abrir la entrada diaria con una idiotez que posiblemente sólo me haga reír a mi-. Y tener que re-escribir todo me hace gracia lo justito, con lo cual, yo que Curtis Harding me hacía pequeñito y trataba de no levantar ampollas, que el Tomate está que arde. La Aretha que le parió.

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James Ray – Got My Mind Set On You

Hoy –por ayer- iba a ser un día grande, de estos que te acuestas diciendo “coño Tomate, ha merecido la pena, te quiero mucho”, con auto palmaditas en la espalda y exaltación de la amistad conmigo mismo y toda la parafernalia propia de las celebraciones a pies juntillas. Hasta tenía previsto la tarta y la botella de champagne –bueno realmente no había tarta, sólo de lo otro-. Pero muy temprano por la mañana, mientras estaba yo desempolvando el traje y tratando de recordar cómo se hacía el nudo de corbata, salieron de no se sabe donde unos seres maléficos que lo anularon todo e imposibilitaron la gran celebración. Porca miseria. ¿Por qué?

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Jimmy Ruffin – What Becomes Ff The Broken Hearted

Jimmy Ruffin, la estrella que pudo ser pero que no fue. Tanto es así que si bien te suena su apellido, el nombre no. Acuérdate, David Ruffin fue el cantante principal de The Temptations de 64 a 68, mientras que Jimmy, su hermano, recogía las migas de la ola soul negra promovida por las hermanas enemigas Stax y Motown.

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Me queda un año, ¡rock’n’roll!

¡Tachaaaan!

Hoy me queda un año antes de tirar la toalla. Un año de blog, o cómo publicar todavía 365 reseñas sobre 365 artistas diferentes. Cierto, la mayoría de ellas idiotas, pero es que muchas veces es la única forma que encuentro para cumplir con el reto. Después de 635 entradas, sigo sin saber ni recordar por qué rayos me he metido en esta faena. Bueno me quejo me quejo, pero he de confesar que a veces, cuando los once planetas están alineados, me gusta.

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