Ayer me escribieron desde Perú para quejarse. No entendí la critica a la primera ya que este lector, fan del blog –que sí, que los hay- utilizó una expresión que aquí en España no tiene vigencia. Dijo “tienes mucho salón”. Le pedí que me lo aclarara, dijo que me estaba reblandeciendo, que últimamente yo iba flojucho. No le falta razón, basta con ver la selección de discos de la semana. Mucho jazz, funk y soul, algo de pop, pero de rock, cero patato. Y esto no puede ser.
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The Pogues – Rum, Sodomy, and The Lash
Shane MacGowan es irlandés y le da a la bebida como nadie. Pleonasmo. Shane MacGowan es irlandés y es más feo que un pecado. Pleonasmo. Juas, este me ha gustado, Fiouck, you are the milk. Es que tengo a los irlandeses enfilados, por unos motivos que no vienen a cuenta, y soltar puyas anti Dublin me ayuda a recuperar algo de autoestima. Sólo me merece respeto una parte de la población, concretamente la que tiene cierta idea de la música. Como The Pogues.
Benjamin Booker – Violent Shiver
Un hombre llama a una cadena de radio y explica al locutor que acaba de encontrar una cartera, con cincuenta mil euros dentro. En directo en antena, dice que a parte del dinero, la cartera contiene el DNI de su dueño, “pertenece a un señor que se llama José Alberto Iridoy Zabala, por si nos está escuchando”. El locutor, intrigado, le dice “Genial, y ahora qué quiere que hagamos?”. A lo que el hombre contesta: “Sería tan amable de dedicarle una canción?”.
Death Grips – The Money Store
Domingo. Anoche hubo fiestuki, así que dije, Fiouck no te pases, piensa en tus tímpanos maltrechos y tu neuronas en plena ruina, busca algo suave para el zumito. Así que nada mejor que Death Grips, ¿verdad? ¿No conoces Death Grips? Te va a gustar, pon el volumen a tope y relájate.
Sleaford Mods – Divide And Exit
“Antes de dos años, habrá una revuelta social en UK”.
No lo digo yo. No lo dice un independista escocés. No lo dice Paul Church en su versión inglesa –George Galloway, líder del partido Respect, aunque él aspire a ello-. No lo dice ningún informe secreto de la CIA o del FMI –en realidad igual hay un montón de ellos, pero al ser secretos, pues como que no-. No, lo anuncia tranquilamente un amigo mío, banquero, ejecutivo en una de las grandes entidades financieras españolas. Lo dice muy convencido, cual pitonisa socióloga. Tan seguro está, que ha aceptado que su banco le traslade a Londres en este verano, para así presenciarlo en directo.
Billy Idol – Dancing With Myself
Billy Idol hizo cuanto pudo para figurar en los manuales que recogen aquellos geniales años 76/77 y la ola punk efímera. Pero los criterios de acceso eran drásticos. Había que ser o los más chalados, rabiosos e irreverentes (Sex Pistols) o los más comprometidos y mejores músicos (Clash). Billy lo intentó, se hizo seguidor de ambas bandas, montó su propio grupo –Generation X-, pero al final no cumplió nunca con ninguna de las normas. Cuando vio que no había sitio para él, se zampó la última lata de sardinas y tomó su decisión: se ducharía y lavaría el pelo, se cortaría las uñas, se pondría gayumbos dignos y ropa limpia, y se dedicaría a hacer pop music.
Pretenders – Pretenders
Tan inocente iba yo a escribir «La Puta Amo del Rock», pero ante la duda, consulté con mi principal asesora lingüística, que puso los gritos en el cielo. Me dijo que Tarantino, que se había inventado la expresión El Puto Amo, no se había pensado ninguna declinación femenina –o algo así, pero como no me gusta este director, no me enteré muy bien-. Añadió que para referirse a una mujer, lo más fácil era decir La Reina de. Ya, es que mi asesora lingüística es muy purista y tiquismiquis. Como en francés incorporamos palabras inglesas con más facilidad, pregunté si podía decir The Fucking Queen. Dijo que sí, por ser yo, pero que no había que abusar de las palabras malsonantes. A lo que contesté que no es malsonante, es la palabra rock por excelencia. Tan metida en la semántica de la frase, ni me preguntó de quien iba a decir que era The Fucking Queen del Rock.