Lene Lovich – Bird Song

Fiouck’s Summer Series #29.

Demasiada glucosa en almíbar, mandisho. Beber agua, mucha agua, salir a tomar el aire, y hacer una pausa en el consumo de Summer Series dulzonas. Esto último no es tan fácil, en el fondo mis recuerdos musicales veraniegos están, en su mayoría, ligados a fenómenos que me superan. De las 29 canciones publicadas en esta serie, habré comprado como mucho el disco de cinco de ellas. El resto son éxitos que pasaron olímpicamente de mi para imponerse. Pero ahí están, en la memoria colectiva –si eres de mi quinta habremos coincidido en bastantes casos en la selección-. Algunas enterradas tan profundamente que huelen raro al sacarlas al aire, otras que siguen por ahí igual de actuales que en su día. Total, hoy, démonos una bocanada de aire fresco.

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The Moody Blues – Nights In White Satin

Fiouck’s Summer Series #27.

Estoy de las Summer Series hasta el moño. Después de esta, quedan cuatro, pero se me hace eterno. Tanto one hit wonder veraniego me va a acabar vegetalizando las neuronas, justo cuando las necesito todas, en forma olímpica y dispuestas a dar guerra. Hoy toca, para más inri, una de las baladas más melosas y aburridas que recuerde. A su lado, Barry White parece un digno representante del punk hardcore, luciendo cresta amarilla, tutu fucsia y Dr Martens verde manzana. Je, hoy tengo alma de gurú de la moda callejera.

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Mungo Jerry – In The Summertime

Fiouck’s Summer Series #26.

Treinta y seis grados nos esperan hoy en Madrid. Desde cuándo no llueve por aquí? Parece que fue hace meses. ¿No sería el día de aquel brutal granizo que me reventó los pufs de la terraza? De todos modos no seré yo quien se queje de la falta de agua, soy de Valpincia, no de Bezoya. De Belondrade & Lurton, no de Lanjaron. De Guitian, no de Evian. De Marqués de Vargas, no de Solan de Cabras. De Barón de Chirel, no de Vittel. Oooooh qué bueno Fiouck, you are the milk –Puleva semidesnatada ecológica-.

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George Kranz – Din Daa Daa

Fiouck’s Summer Series #18.

Hace mucho me regalaron un hermoso libro sobre los planetas del sistema solar. El autor contaba la historia geológica de cada uno de ellos, añadiendo para la Tierra, la evolución animal y vegetal. Estaba maravillosamente bien escrito, por lo que el aspecto divulgación científica no se hacía pesado. Hablaba en particular de una época en el proceso darwiniano –tengo memoria de pez, no recuerdo su nombre ni de cuantas decenas de millones de años estamos hablando- en la que la naturaleza se había propuesto imaginar y concebir todas las formas de vida, de todos los colores y tamaños posibles. Arañas de medio metro de diámetro –¿son gritos femeninos los que se escuchan a lo lejos?-, libélulas de ochenta centímetros de envergadura, escolopendras de tres metros de largo. Afortunadamente, la naturaleza es sabia, rectificó a tiempo, por lo menos en cuanto a tamaño se refiere. No me veo persiguiendo con la escoba a un arácnido peludo más grande que el perro.

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Kim Carnes – Bette Davis Eyes

Fiouck’s Summer Series #17.

Verano del 81. Enchufaba la radio y, fuera la hora que fuera, inmediatamente Kim Carnes se disponía a susurrarme palabras lascivas al oído. No sé a las mujeres, pero a mi, su voz deliciosamente rota me las prometía felices, mitad sensual, mitad sexual. Vale que era rubia y tenía aspecto ligeramente andrógino, pero sus ojos verdes bien valían los de Bette Davis. Arrasó en medio planeta con el tercer single que más vendió en la década de los 80’s. Y más de treinta años después, este tema, que le valió todos los honores y algún que otro cheque con muchos ceros, se añade naturalmente a la lista no tan larga de las canciones atemporales.

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Gerry Rafferty – Baker Street

Fiouck’s Summer Series #16.

Lo admito, soy bastante blandete con cierto cine. Las escenas de violencia, cuando rozan el sadismo, pueden conmigo. Me revuelven el estómago y suelo mirar para otro lado. En Reservoir Dogs hay una escena así, en la que Mister Blonde –Michael Madsen- se ensaña con un joven policía maniatado a una silla. Saca un cuchillo de afeitar de una de sus botas, enchufa la radio y empieza a dar unos pasitos de baile, ligerito y ridículo, frente a su victima. De repente se abalanza sobre el policía, le sujeta la cabeza y le corta lentamente la oreja derecha con el cuchillo. Menos mal, la cámara hace como yo, mira hacia el fondo de la nave, dejándonos respirar hondo con la canción de la radio, Stuck In The Middle With You.

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