Ayer al escribir la entrada sobre Dionne Warwick, estuve pensando en estas canciones que, muchas veces, atribuimos por error a un cantante que no es. Porque tenía más fama, o porque su discográfica hacía mejor su trabajo de promoción, o simplemente porque la interpretaba mejor. Eso le pasó a I Say A Little Prayer, de Dionne Warwick, que quedará para la posteridad como una de las grandes canciones de Aretha Franklin. Pero el caso más flagrante de apropiación casi indebida es el de New York New York. Sinatra no fue del todo elegante al borrar del mapa a su amiga Liza Minnelli.
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Dionne Warwick – Walk On By
Dionne Warwick ya llevaba tiempo cantando cuando yo nací, –pa’que veas que no hace tanto-. Ella siempre ha estado por ahí, no muy lejos de aquellos que vivimos con música. Esto no quita que, hasta escribir esta entrada, me costaba poner una canción sobre su nombre. No es Aretha Franklin o Nina Simone, ni tampoco Billie Holiday. Sería más de la pandilla de las Etta James o Gladys Knight: sabes que han sido grandes, pero el altar es pequeño y cuando se sube una, otra tiene que quitarse de en medio. En el primer empujón allí arriba, Dionne Warwick derrapó y se cayó al vacío, pero por suerte el cuerpo inerte de Burt Bacharach hizo de colchón; pudo ponerse de pie y seguir con su vida, en Brasil, digna y felizmente, alejada del mundanal de sus primeros años.
La Lupe – Puro Teatro
La Lupe, o cómo equivocarse de dios y acabar mal.
The Plastic Wave – Autotomy
Acabo de leer una noticia que me ha dejado perplejo. Para que me entiendas, diré que, debido a la edad que tengo –te juro que no voy a hacer de calimero-, casi siempre he conocido a Irán y EEUU repartiéndose soplamocos. “¡Barbudo feo!”, “¡pues anda que tú, hijo de satán!”, “Allah la tiene pequeña”, “Bushiño, por el culo te la hinco”, ya ya, bueno, cosas así ya sabes, estamos entre gentlemen. La cosa remonta a 1980, cuando miles de barbudos feos retuvieron en su embajada a decenas de hijos de satán durante un buen rato. Desde entonces, como que no ha habido mucho acercamiento.
Lene Lovich – Bird Song
Fiouck’s Summer Series #29.
Demasiada glucosa en almíbar, mandisho. Beber agua, mucha agua, salir a tomar el aire, y hacer una pausa en el consumo de Summer Series dulzonas. Esto último no es tan fácil, en el fondo mis recuerdos musicales veraniegos están, en su mayoría, ligados a fenómenos que me superan. De las 29 canciones publicadas en esta serie, habré comprado como mucho el disco de cinco de ellas. El resto son éxitos que pasaron olímpicamente de mi para imponerse. Pero ahí están, en la memoria colectiva –si eres de mi quinta habremos coincidido en bastantes casos en la selección-. Algunas enterradas tan profundamente que huelen raro al sacarlas al aire, otras que siguen por ahí igual de actuales que en su día. Total, hoy, démonos una bocanada de aire fresco.
Soeur Sourire – Dominique
Fiouck’s Summer Series #25.
¿Por qué Soeur Sourire en un blog de música principalmente rock y en el que las religiones salen generalmente mal paradas? Es una mala buena pregunta, gracias por hacértela, tomate catequístico. Realmente ha sido fruto del azar, me encontré con su biografía leyendo la de La Lupe, la Queen of Latin Soul. Va a ser cierto que todos los caminos llevan a Roma. Pero, lo he de admitir, su famosa canción, Dominique, forma parte de mis primeros años de vida. Que conste que no por elección propia, cuando se estrenó yo todavía ni caminaba y el aparato de radio pesaba demasiado para darle una leche y conseguir que reventara.
Peggy Lee – Fever
Fiouck’s Summer Series #24.
Como Norma Deloris Egstrom, su vida no fue precisamente un camino de rosas. Huérfana de madre con cuatro años, durante toda su niñez sufrió en silencio el maltrato cruel de una madrastra loca, después de que su padre se fuera del hogar. Se casó cuatro veces sin nunca dar con el amor verdadero. Tuvo que esperar treinta y seis años para que por fin un tribunal de California le diera la razón en su batalla judicial contra Disney, que le negaba royalties por la composición e interpretación de la canción principal de La Dama y El Vagabundo, He’s a Tramp (But i Love Him). Luchó toda su vida contra una salud delicada, pero en 1998 sufrió un derrame cerebral que le quitó el habla. Peggy Lee muda, una aberración.