A-Ha – The Living Daylights

Fiouck’s Summer Series #13.

Verano del 87. Se estrena The Living Daylights, James Bond #15, posiblemente el peor de toda la serie. Un guión inverosímil, una interpretación penosa –Timothy Dalton es horrendo y Rosana Arquette menos creíble que yo haciendo de Hulk-. Repleta de efectos digamos que muy especiales –tomando la palabra un significado inesperado-, con un Q de culo, y una traducción del título absurda –en español se llamó 007: alta tensión, ya me dirás-, no hay por donde cogerla. Además coquetea con la ciencia ficción, es el primer episodio de la saga donde el malo es americano, y todos sabemos que no hay americanos malos.

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Joan Baez – Here’s To You

Fiouck’s Summer Series  #10.

Verano 71. Tenemos asumido que un éxito de verano es alegría y despreocupación, algo ligerito que se queda encerrado en la caravana una vez de vuelta de vacaciones. Y si no va a ser así, “pues que salga en otoño c…”. Sentido común, ¿verdad? Sólo tengo un ejemplo de canción de verano plomiza, aunque acepto más sugerencias. En el verano de 1971, Joan Baez, the queen of folk, interpretó Here’s To You Nicola And Bart, el tema estelar de la película Sacco y Vanzetti -estrenada en Cannes el mismo año-, y de repente se nubló el cielo hasta bien entrado octubre.

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Post número 500 – Falta Poco

500, hop.

Post #500. Muchas veces me quejo –no sé lo que me tomaría aquel día siete de febrero 2013, en todo caso algo serio- pero en el fondo estoy contento por haber llegado hasta aquí. Alimentar a diario undia-undisco.net me complica la vida y bastantes veces me la condiciona, pero cuando se acabe, cuando llegué a 1.000, supongo que estaré triste. Tendré que lanzar otro blog, aunque no diario, esto es muy duro. Semanal no está mal, en plan unasemana-ungilipollas.net, anda que no hay material.

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Kronos Quartet – When Our Wings Are Cut, Can We Still Fly

Ayer vi 21 gramos, la película de Alejandro González Iñárritu, el realizador mexicano –lo escribo con x porque a los mexicanos no les gusta con j- que en pocas películas, como Babel o Amores Perros, se ha convertido en uno de los grandes realizadores de este siglo. 21 gramos tiene once años y no la había visto hasta el momento. Me impactó tanto que me puse a pensar por qué se me había escapado, al igual que otras bastantes. Tengo un borrador de respuesta –me gusta esta expresión, justo en plena declaración de la renta-. Como no descargo –sí, soy de estos irreductibles- y como no veo la tele -llámame troglodita-, pues si no las veo cuando se estrenan, sólo me queda comprar el DVD. Y el DVD de 21 gramos llevaba durmiendo en casa a la espera de un descuido mío. Digo descuido porque de saber lo que me esperaba, igual no la veía. Esta película es lo más parecido a recibir una patada en el estómago y, por si acaso te queda algo de respiración, un puñetazo en la garganta, justo en la nuez. No doy con las palabras, algo así como Maravillosamente Demoledora. ¿La vida misma?

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Mel Brooks – It’s Good To Be The King

¡Gracias Johnny Charles! La verdad es que el ex-Rey me lo pone en bandeja –de plata de ley, con borde delicadamente cincelado en marfil-. Andaba yo buscando el disco o la canción para hoy, cuando cayó el notición: Juan Carlos se apunta al Imserso para su próximo safari.

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Gustav Mahler – Adagietto – Sinfonía nº 5

¿Sábado de cine? Tengo algunas asignaturas pendientes y va siendo hora de remediarlo. Es un reto, llevo veinte años diciéndolo y sigo sin hacer nada. Por ejemplo, no he visto nunca Lo que el Viento se Llevó. Sí, hay gente que nunca la ha visto. De hecho estoy pensando en crear una asociación; a cambio de una pequeña cuota anual, cada miembro recibiría una bonita camiseta «¿¿Gone With What??» Quedaríamos todos una vez al mes, delante de un cine donde se proyecta, y en el último instante cambiaríamos de sala para ir a ver una de Chuck Norris –el único hombre que duerme con un colchón debajo de su pistola-.

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H.R. Giger – Alien

Recuerdo que una vez, de joven, menor de edad aunque ya con voz cambiada y algún que otro pelo en el pecho –mentira, sólo uno, que se había adelantado sin ningún motivo-, al llegar la Navidad, pedí algo muy personal, fruto de mis ganas de tener algo original y diferente, a años luz del círculo de los medios y anuncios. Corría el año 1979, un amigo mío había estado en los US durante el verano y había vuelto con Alien en la sangre –El Octavo Pasajero-. Antes de que se estrenara en Francia, me machacó la cabeza no sólo con el bicho, sino con el creador del mismo. Hasta tal punto que cuatro meses después, cuando el típico “qué quieres para Navidad”, solté “Quiero un libro retrospectiva sobre H.R. Giger”. No me preguntaron si había bebido, porque sus miradas indicaban que no dudaban de ello. Es cierto que, quién iba a saber who the fuck era H.R. Giger en 1979, en una ciudad provincial del oeste del país vecino, por mucho que contara con el mejor equipo de fútbol del mundo –y queeeeeeeeé-? En Diciembre de 1979, nadie.

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