First Love Last Rites, tercer álbum de Cock Robin, de 1989, es el típico ejemplo de cagada de una discográfica. Sentido común 12 points, CBS Sony 0 point. Olfato 12 points, CBS Sony 0 point. Clase 12 points, CBS Sony 0 point. Un desastre en toda regla. Va una pareja de músicos y le entrega a su casa discográfica oro puro con incrustaciones de diamantes, y el inepto de turno lo mete en el taco “no creo en ello” en lugar del taco “qué más da si no vende, esto es grande, a por todas”. No has escuchado nunca este disco? Culpa de este cenutrio –pagaría caro para que él leyera este post y se avergonzara, aunque sea un poquito-. Firt Love Last Rites, lo tenía en cassette para escuchar en el metro, lo tenía en vinilo para escuchar en mi casa, lo tenía en CD para escuchar años más tarde en mi coche, ahora lo tengo en mp3 para escuchar en mi Nexus. ¿Cuál será el soporte de reproducción cuando me haya ido hacia las estrellas? –que no, que no he fumado la moqueta-.
Bill Pritchard – Half A Million
A mediados de los 80’s, trabajé durante tres años en una radio en París. En la última época, tenía que alimentar un talk show nocturno con invitados del mundo “cultural”. Músicos, escritores, artistas de todo tipo. Bendita época profesional la verdad, me lo pasé bomba. Por suerte, con el presentador teníamos los mismos gustos, así que podía invitar a quien me daba la gana. Encima por circunstancias ajenas, no teníamos que preocuparnos para nada de la audiencia. Una gozada disponer de tres horas diarias de antena en estas condiciones. Invitábamos a personajes famosos y a auténticos desconocidos, sólo por el placer de conocerles durante un rato. Tengo anécdotas para llenar dos wikipedias, hoy me conformaré con una acerca del invitado de una noche, Bill Pritchard, un cantante inglés sin pedigrí y del que tenía el vinilo –eran otros tiempos, las discográficas mandaban cientos de álbumes a las radios para la promoción, me quedé con unos cuantos-.
Hank Mizell – Jungle Rock
OJO que hoy toca canción de culto. Estaba repasando mi colección de vinilos en busca de inspiración para el post dominical, cuando cayó entre mis manos un disco que no escuchaba en treinta años. Hank Mizell, Jungle Rock. Hank Mizell… wow. Un pedazo de la historia del rock’n’roll que estuvo a punto de pasar desapercibido –y tú diciendo, Fiouck quita “a punto”, porque este pollo no me suena nada-. Espera, te cuento la historia, es divertida. Bueno, más que divertida, curiosa. De estas anécdotas que a mi me encantan.
Fredrika Stahl – Off To Dance
Me ha dicho el médico que me ponga más al sol, que me falta vitamina D. Pues se ve que no conoce a Fredrika Stahl. La pobre, más que blanca, es diáfana. Es lo que tiene nacer en un país donde el sol apenas se digna en salir 6 meses al año. Tanta noche también explicará sus tremendas ojeras, dormirá hasta la extenuación –excelente Fiouck, you are the milk-. Por lo demás, es guapa. Bueno, más que guapa, atractiva. Y eso que es rubia rubia rubia. Muy sueca vamos. Ah claro, ojos azules y manos delgadas. En la portada de su último disco, sale en blanco y negro con un corte de pelo que le da un aire Hollywood de los años 50. Llama la atención la moza. De hecho es lo que ha hecho que escuchara su disco. Estaba convencido de que su música no iba a estar a la altura de la foto. Me equivoqué.
Jean Jacques Burnel – Le Whiskey
Ayer whiskey con J J Johanson. Hoy whiskey con J J Burnel. Posts etílicos? Según. Pero con whisky no, lo mío es la ginebra, concretamente el Plymouth, aunque me está costando encontrarla. El whisky sólo lo probé una única vez en mi vida, hace muuuuuchos años. Cómo decirlo sin que suene mal… pillé una cogorza de tres pares de narices, la madre de todas las borracheras. Venga ya, no te hagas el listillo, todos tenemos una experiencia similar, para eso sirve la adolescencia, probar cosas antes de decidir con cuales te quedas. Ahora sólo con olerlo me entra pánico y tengo espasmos. El lado oscuro del puro malta. En esta época también probé a escuchar Jean Jacques Burnel, y con él sí me quedé.
Jay Jay Johanson – Whiskey
Insoportable. Cautivadora. Chillona. Cálida. Nasal. Frágil. Pedante. Luminosa. Aguda. Acariciadora. Desde luego la voz de Jay Jay Johanson no deja indiferente. O te chifla o te saca de quicio. Cosa que puedo entender, porque si bien a mi me encanta, reconozco que a veces está al borde de hacerme saltar de mis casillas. Su voz es la faceta más destacable de un artista al que cuesta encasillar. Al juego de “te gustará si te gusta…”, no es nada fácil poner a alguien que te pueda orientar. O sí, pero no uno, sino muchos y muy variados. Crooner al estilo Sinatra, Trip Hop a lo Portishead, teatral como Neil Hannon de Divine Comedy, Jay Jay Johanson lleva cerca de veinte años liándola con estilos varios y despistando a sus seguidores.
Jack Ary – Mange Des Tomates Mon Amour
Anoche tuve una pesadilla. Aplastaban el tomate. El raf despachurrado. The Green Tomato despanzurrado. Quedaba un charco de funículos, simientes y mesocarpo carnoso. Y algo de columna placentar y epicarpo. Pero ni rastro del pendúculo. Hit the Road Jack. Me desperté sudando y para recobrar la calma, empecé a tararear la única canción que podía traerme serenidad: Mange des Tomates Mon Amour.