Cocteau Twins – Heaven Or Las Vegas

A finales de los 70, una banda escocesa -Escocia, tierra húmeda y hermosa, de frío y neblina, con sabor a Glenmorangie y olor a pedos de Nessie- irrumpe en la escena rock británica un poco atascada, con una propuesta musical increíblemente innovadora. Después de más de un lustro de punk, new wave, post-punk, gótico, darkwave, deathrock, y demás estilos efímeros plomizos que ni su madre entiende, desembarcan The Cocteau Twins, con una música radicalmente opuesta, etérea, melodías oníricas, atmósferas complejas y refinadas. Inicialmente influenciados por bandas como Sex Pistols, The Cure, Joy Division, o Siouxie and the Banshees -hasta ahí nada que decir-, Elizabeth Fraser, la cantante, se encarga de añadirle a sus canciones un toque aéreo a la Kate Bush. El resultado es una obra inclasificable, de estos pocos grupos cuya obra no envejece. Pon Radio 3, o entra en Pitchfork, ya verás, tienen su sitio en el panorama de hoy como si acabaran de aparecer.

Son originarios de una ciudad pequeña llamada Grangemouth, situada a menos de cuarenta kilómetros al oeste de Edimburgo. El pueblo tiene una wiki apasionante, en la que destacan la refinería BP, la escuela primaria Bowhouse, y el centro deportivo con sala de halterofilia. Ooooooh. Eso sí, ni una palabra de la banda que iluminó los años 80’s con seis discos hermosos, irrepetibles.

Los tres miembros, Robin Guthrie, Will Heggie y la Fraser,  se conocieron en la una discoteca de Grangemouth –viendo el pueblo, no se entiende cómo no se conocían desde los tres años-. Les atraen los mismos sonidos, tienen las mismas influencias. Las primeras grabaciones son muy oscuras, mucho bajo, guitarra distorsionada, y la voz de Elizabeth Fraser muy desaprovechada. Firman con el flamante nuevo sello de la escena “alternativa” inglesa, 4AD Records, que en pocos años se va a convertir en el trampolín de muchos grupos esenciales, si te paras a mirar la década de los 80’s con lupa: Bauhaus, The The, Pixies, This Mortal CoilXmal Deutschland, etc. El nombre del grupo, Cocteau Twins, viene de una canción del mismo nombre, cantada por la banda Johnny & The Self Abusers, que más tarde se llamaría Simple Minds. Garlands, el primer disco editado en 1982, no destaca ni en críticas buenas ni en ventas. Pero no se desaniman, y al año siguiente sacan Head Over Heels, ya sin el bajista Will Heggie, tan sólo como dúo. Sounds, la revista musical UK, lo clasifica en el #7 de las álbumes del año, mientras que Mojo, otra publicación del gremio, lo calificará en 2003 como uno de los álbumes ingleses mas “extravagante” de todos los tiempos. En este segundo disco, la voz de Elizabeth Fraser empieza a despuntar, convirtiéndose en el acto en la soprano pop rock gótico new wave más famosa de la historia. Pasa otro año, y sacan un tercer disco, uno de sus más famosos, Treasure, con un nuevo bajista Simon Raymonde, que entra en los charts ingleses y queda como el preferido de los fans –discrepo su señoría, si bien me encanta, no es mi preferido-. En 2008 quedó incluido en la publicación “1.001 álbumes que deberías escuchar antes de morir”. Siguen Victorialand, The Moon & The melodies –aunque no publicado como Cocteau Twins– y Blue Bell Knoll, en 1988, quinto disco del grupo, clasificado como el #81 mejor disco de los 80’s por Pitchfork.

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Pero la obra maestra de Cocteau Twins sale en 1990. Heaven or Las Vegas es el mayor éxito comercial del grupo. Pitchfork –sí, ellos otra vez- lo considera como el #90 de los mejores discos de los 90’s, New Musical Express el #28, teniendo en cuenta que la década del grunge no le va a dejar mucho hueco a este tipo de música. Finalmente, The Observer lo sitúa en el #97 de los mejores discos jamás publicados. Yo me lo llevaría a una isla desierta, al espacio, a cualquier lugar del mundo donde reina la tranquilidad, la serenidad y la paz –ya quedan pocos de estos-. Lo escucho cada vez que puedo, Elizabeth Fraser alcanza la cima de su arte, las composiciones rozan la perfección. Fiouck’s Top 10, for sure.

 

 

Escucha entero Heaven or Las Vegas, de Cocteau Twins

 

Al Di Meola, John McLaughlin, Paco de Lucia – Friday Night In San Francisco

¡Música! Desde que me levanto hasta que me acueste. En cualquier ocasión, cualquier momento, (casi) siempre. Sin embargo, poco entiendo de instrumentos, menos aún de técnica. Toqué el piano de pequeño, hasta una edad en la que tienes que elegir entre seguir practicando o salir con los amigos… y las amigas. Yaaaaa, lo sé, muy mal, lo dejé –cuánto me arrepiento-. Desde entonces sólo me queda el gusto por la música, no por cómo se toca.

Esto no quita que a veces me quede fascinado por temas o discos enteros, donde la virtuosidad es lo primero que te viene en mente. Virtuosidad es mucho más que talento. Talento tienen muchos músicos. Luego están los elegidos, con un arte especial para tocar su instrumento como muy pocos. Y por encima de estos, están los virtuosos, una clase aparte de músicos capaces de trascender las cuerdas o las teclas para ofrecer un momento único con una emoción intacta, sea el género que sea.

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En diciembre de 1980, tres fabulosos guitarristas dan un concierto en el Warfield Theater de San Francisco. La actuación queda grabada y se edita al año siguiente, en un disco memorable. Friday Night in San Francisco reúne a algunos de los más grandes guitarristas de todos los tiempos, Al Di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucia.

Al Di Meola es americano, de origen italiano. Se le conoce por su técnica y su disciplina. Ha tocado con Chick Correa y Carlos Santana. Si bien es un guitarrista de jazz fusión, ha explorado mucho la música latina e incluso la world music. John McLaughlin, es ingles. Empezó su carrera como guitarrista de un joven Bowie desconocido, e incluso tocó para los Rolling Stones. Pero se hizo famoso al participar en la grabación del disco In A Silent Way de Miles Davis, y en los años 70, forma la banda Mahavishnu Orchestra, pionera en la fusión entre jazz y rock. Paco de Lucia es de aquí. De Algeciras. Considerado como uno de los grandes maestros de la guitarra flamenca, comparsa de lujo de Camarón de la Isla durante más de diez años, ha recibido todos los grandes premios con los que un músico puede soñar

El disco Friday Night in San Francisco es una obra maestra. Algo más de cuarenta minutos de virtuosismo musical que te deja boquiabierto. Una especie de diálogo a tres bandas entre tres guitarras extraterrestres. Con toda la emoción del mundo. Y la piel de gallina. Y esta sensación de estar escuchando algo inimitable e irrepetible. Al igual que otros tantos, tenía el vinilo, pero me lo quitaron. Me callaré.

 

 

Escucha entero Friday Night In San Francisco, de Al Di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucia

The Strypes – Hometown Girls

The Strypes. Ni Strokes ni White Stripes. Strypes, The. Son irlandeses. Ya, lo sé, empieza mal, sobre todo para el domingo que nos toca. Llevan poquitos años tocando juntos, parece que les va bien la cosa, reciben muy buenas criticas allá por donde van. Tocan una especie de Garage Blues, o Speed Blues, inspirado por una parte en grupos de los 60’s como The Yarbirds, The Rolling Stones, The Who, y por otra en bandas más blues como Bo Diddley, o Chuck Berry. El resultado es impactante, dan ganas de mover el culo. Se acaba de estrenar un EP -el segundo, después de Blue Collar Jane-, con tres temas. Incluso tienen vídeo oficial en youtube (clic). El cantante tiene una melena a la Justin Bieber y unas Wayfarer negras, como no. Ya se han declarado fan de la banda artistas de la talla de Paul Weller, Noel Gallagher, Dave Grohl (Foo Fighters) y el mismísimo Roger Daltrey.

The Strypes

Están preparando un álbum, que será producido por Chris Thomas (productor de discos de The Beatles, Pink Floyd, Sex Pistols, Elton John, Pulp, etc). Empiezan fuerte, a mi gustan estos chavales, que les vaya muy bien. Venga, sonido a tope, Rock’n’roll! Luego zumito y a misa.

Escucha entero Hometown Girls, de The Strypes

The National – Boxer

The National. Un nombre bastante poco rock’n’roll, que encima huele a banco. A chiringuito financiero estafador –pleonasmo-. Ya puestos, y pensando en el maestro Lydon, lo podían haber llamado The Great Miguel Blesa Swindle. Molaba.

Ellos eligieron The National –después de una primera etapa como Nancy– porque, según dijeron, “no quería decir nada”. Una década después, un nombre así enciende el imaginario, de tantas palabrotas que nos vienen en mente, pero psss no es el propósito de este blog. Hablemos de música.

The National es uno de los grandes grupos de rock melancólico de los últimos diez años. En España sin embargo, sufre cierto déficit de reconocimiento –¿o será una sensación mía?-. Una banda cuyo estatus ha ido creciendo paulatinamente, a lo largo de doce años de carrera, y cinco álbumes de estudio –el sexto, Trouble Will Find Me, sale este lunes 20 de mayo-. Nacieron en Cincinnati, como Nancy, pero resurgieron en Brooklyn, como The National. En 2001 sacan un primer opus, homónimo. Doce temas que marcan el estilo de la casa: rock delicado y precioso, sin renunciar a cierta energía. Desde el principio las criticas son buenas, aunque inicialmente sólo hablemos de gacetas locales.

Tres discos son los que tienen que producir para poder dejar el trabajo diurno que les da de comer. No hay estudios oficiales, pero supongo que tres se está convirtiendo en el estándar de la música popular, por debajo del cual abandonas el circo musical si no logras que te alimente –aunque sea comiendo bocadillos de lomo con queso… sin lomo… ni queso-. En 2004 firman con Beggars, un sello especializado en esas bandas que no venden pero sí llenan los festivales. De vez en cuando, dan con una banda que se sale del esquema como es el caso de The National. Vendieron 200 mil copias de su tercer álbum, Alligator, y el doble del cuarto, Boxer. La bola se siguió inflando con el quinto, High Violet, críticas superlativas, 600.000 ejemplares vendidos, y premios para aburrir. Hasta un Pitchfork de 8,7/10, que no lo consigue cualquiera. Ya veremos qué pasa con el nuevo que sale el lunes.

Boxer

Para hoy os dejo con mi preferido –ya puestos-, el cuarto, Boxer. Es delicado, con tonos románticos, ofrece unos arreglos preciosos, aunque no duerme, todo lo contrario, tiene mucho ritmo, algo de barroquismo a la Arcade Fire y de energía a la Wilco. La voz barítona de Matt Berninger, el cantante, hace maravillas. Las dos o tres últimas incluso suenan como Leonard Cohen. Y last but not least, en un par de temas (Racing Like a Pro y Ada) toca el piano Sufjan Stevens. Muy bonito disco.

 

 

Escucha entero Boxer, de The National

John Lydon – Psycho’s Path

Cien. One hundred. Cent. Ein hundert. Cento. 百

Hoy se publica el post #100 en este blog. 100 posts, 100 días, 100 discos. Algo más de tres meses. Parece poco, ¿verdad? Ya, cuidadín con lo que dices… Empecé para aprender y obligarme. Y porque me gusta la música, claro. Pero sacar una reseña al día, es todo un reto, entre la inspiración que no llega y los obstáculos que se interponen -una mudanza, una contractura muscular, varios días sin internet, etc-. Y para serte sincero, algunos días flaquean las ganas, en especial los fines de semana, cuando estáis todos retozando felizmente en la cama, y yo pringado delante de la pantalla…

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Talking Heads – Talking Heads 77

Talking Heads. Qu’est-ce que c’est?

Es David Byrne (alma). Es un grupo inclasificable. Es una mezcla curiosa de pop, punk, rock experimental, new wave, funk, avant-garde, world. Son ocho álbumes en once años. Es una banda de culto, totalmente sobre/infra valorada –no me decido-. Es Jerry Harrison (guitarra), ex Modern Lovers con Jonathan Richman. Es Road To Nowhere. Son cuatro discos en la lista de los 500 más importantes de la historia, de Rolling Stones. Es Chris Frantz (batería) y Tina Waymouth (bajo), luego Tom Tom Club. Es el rock and roll hall of fame en 2002. Es multimedia antes de tiempo. Es Once in a Lifetime. Es un legado del que se inspiraron muchas bandas –Radiohead se llama así por una canción del álbum True Stories-. Es el #100 en la lista de los 100 artistas más grandes de todos los tiempos (revista Rolling Stones).

77

Dan sus primeros pasos en 1975, después de una primera etapa corta como The Artistics. En junio de aquel año dan un concierto como teloneros de los Ramones, en el CBGB de Nueva York, aunque su primer single sólo sale en 1977, Love – Building On Fire. El primer álbum sale poco después, sin este tema. Talking Heads 77 no arrasa en ventas, pero recibe criticas muy buenas. Y a medida que pasan los años, se convierte cada vez más en álbum de culto. Contiene diez muy buenos temas de pop y rock, con ese toque “intelectual” marca de la casa, o más bien de David Byrne. Diez temas y un OVNI, Psycho Killer, el primer hit del grupo, una de estas canciones para la posteridad, versionada desde entonces decenas de veces, con una de las líneas de bajo más famosas de la historia del rock’n’roll –Tina Waymouth, increíble-. La canción, medio en inglés medio en francés, relata los pensamientos de un asesino en serie al que le cuesta poner orden en su mente. Hay que ver a David Byrne interpretarla en un escenario (clic aquí), con esa mirada fija y loca, inquietante, turbadora. Psycho Killer, en el top 20 personal de Fiouck, indudablemente. Qu’est-ce que c’est?

 

 

Escucha entero Talking Heads 77, de Talking Heads

Chris Hadfield – Space Oddity

Recuerdo #1: cuando era pequeño, quería ser Astronauta. O Cosmonauta. O Espacionauta. O Taikonauta. Según quien financia el programa espacial, se llama de una forma u otra, aunque con el mismo objetivo. ¿Cuál es? Dicen: experimentos tecnológicos, fisiológicos y biológicos, por si las moscas –por una extraña razón, las moscas desprenden un olor corporal cada vez más apestoso-. Otros simplemente dicen: para ver las estrellas de más cerca. Eso mola más. Otra razón, mía personal: dejar de pertenecer a, dejar de ser de: en el orden que quieras, un país, una raza, un sistema, unas raíces, unas tradiciones, etc. Por ello también me gusta la zona post control de maletas en los aeropuertos, ese espacio reducido en el que no estás en ninguna parte y donde somos todos iguales. Hoy sigo con la idea de ser astronauta, ya sé que el tiempo no juega a favor, pero nunca se sabe.

Recuerdo #2: la única vez en mi vida que intenté tocar la guitarra, fue con el tema de Bowie, Space Oddity. No me parecía tan difícil, además llevaba años tocando el piano, y me decía, esto tiene que ayudar. Una m… No pudo ser, lo dejé, no me salía, para nada. No sé cómo hacen estos artistas que tocan de todo, qué arte. En fin, aparté la idea, pero la retomaré un día. Que sí.

Así que, cuando ayer leí este artículo sobre Chris Hadfield, Coronel del ejercito del aire canadiense y actual miembro de la tripulación de la Soyuz, cantando Space Oddity con su guitarra, flotando en la cápsula en el momento en la que ésta se separa de la Estación Espacial Internacional, se me puso la piel de gallina. Resulta que un tipo estaba haciendo exactamente lo que me hubiera gustado hacer. Qué cabrón, Chris 🙂 Además lo hace magníficamente. Qué emoción… ¡Chapeau, tío! Y por qué no soy yo? M…. Vida, verdad?

Ver el vídeo de Chris Hadfield, clic.