Amanda Lear – Follow Me

El único dato en el que todo el mundo parece de acuerdo, al referirse al nacimiento de Amanda Lear, es su apellido, Tapp. El resto, género inicial, nombre, lugar, fecha, padres, está inmerso en una nebulosa hábilmente manejada y alimentada por la propia interesada. Que sí 1939, que sí 1946 ó 1950. Que si Saigón o Hong Kong. Que si niña o niño –algunos dicen que los dos a la vez, como los caracoles, porque su música dejaba una huella de baba empalagosa-. Cuarenta años manteniendo el misterio, a pesar de muchas revelaciones sobre un supuesto cambio de sexo a finales de los años cincuenta. En esta época, se la ve y localiza en algunos cabarets alemanes y parisinos, en los que actúa como Peki d’Oslo; un par de años después, en los mismos escenarios, se produce como Amanda, al regresar de una operación supuestamente financiada por Salvador Dali, del que ya era musa. A mitad de los 60’s ya está en boca de todos –nunca mejor dicho,-; hasta Ian Gibson, uno de los más famosos historiador e hispanista, le dedica un cápitulo, “Amanda Lear y otras extravagancias”, en su libro “La vida desaforada de Salvador Dali”.

Después de recibir una estricta educación entre el sur de Francia y Suiza, con 16 años se marcha a Paris y luego Londres para estudiar arte y pintar. Pero dos años más tarde, su físico andrógina e imponente llama la atención de una agencia de modelos, que la contrata para desfilar en la pasarela inglesa, en especial para un joven Paco Rabanne. Es cuando conoce a Salvador Dali – curioso, Warhol tendrá a Grace Jones, negra escultural, y Dali a Amanda Lear, rubia atlética-, quien la presenta en sociedad como hombre. Simple broma de un artista que se sabe irresistible? Total, ante el desconcierto de la gente, Amanda Lear parece entender mejor que nadie el beneficio que puede sacar de esta ambigüedad. Fue cuando acepta operarse? A partir de ahí su fama no para de crecer, y como buena famosilla de la noche, se hace amiga de muchos músicos. Se la relaciona con Brian Jones, David Bowie, Brian Ferry –claro, todos los feos-. Aún así es con un desconocido con quien se casa, un joven estudiante de 22 años, para conseguir el pasaporte inglés y un nuevo apellido. Amanda, la Reina Lear –you are the milk Fiouck-. Como modelo sigue imparable, sale en muchas portadas, trabaja con los más grandes, Saint Laurent y Coco Chanel en París, Ossie Clark y Anthony Price en Londres (¿quiénes?).

Amanda

Pero la moda la cansa, y termina sucumbiendo a la llamada de la música. Graba un primer single con su novio Bowie, llamado Stars, que nunca llegó a ser publicado y que no he logrado escuchar nunca. Finalmente saca un 45rpm en 1976, una versión de Trouble, de dios Elvis Presley. Aquí, puedes ver un vídeo de una actuación en la TV italiana, ja, esa voz, parece el Trololo. Sin embargo la canción no tiene éxito alguno. Y es cuando sale el hada bueno, con un olfato que parece mentira, un cantante alemán llamado Anthony Monn, que la hace firmar, para el sello Ariola, un contrato para editar seis álbumes en siete años, a cambio de una suma de dinero que ella misma reconocerá, mucho más tarde, como “astronómica”. Total, Amanda Lear venderá más de 15 millones de copias de estos siete discos, más 25 millones de 45rpm. Si esto no es tener olfato…

El segundo de la lista, publicado en 1978, Sweet Revenge, contiene la canción que la hará mundialmente famosa, Follow Me. Cuando salió, yo era todavía un adolescente, pero recuerdo perfectamente lo que ya se contaba sobre ella. Entendía lo que me contaban, “es un hombre”, “es un transexual”, “se ha operado”, pero ni caso, yo sólo veía ese pedazo de rubia que parecía susurrarme su “follow me” al oído. Menos mal que no soy hombre fácil…

 

 

Escucha Follow Me, de Amanda Lear

Rare Earth – Get Ready

Anoche estuve en casa de una persona que me presentaron hace poco. La primera vez que le vi, intercambiamos un poco sobre música, se le notaba bastante enterado y apasionado. Lo que no me podía imaginar, era que tenía en su casa una colección alucinante de cerca de 3.000 vinilos, siendo la mayoría de ellos ediciones originales. Alguna rareza tiene, aunque no es un caza tesoro. Disfruta escuchándolos y punto, como Elvis dios manda. Me regaló el vinilo de la reedición española de Ziggy Stardust –me fui de su casa con el disco en brazo, como un niño sale de casa de su abuela el día de reyes, dispuesto a dar una patada a quien se acercara demasiado-. Por lo que he podido ver, y por lo que hablamos, su colección cubre esencialmente dos décadas, los 60’s y los 70’s. No soy ningún especialista de ninguna década, pero como loco de la música yo también, algo sé. Y cuando me hablan de un grupo que en mi vida había escuchado y cuyo nombre nunca había oído, me pongo nervioso. Y cuando resulta que este grupo llegó a vender un millón de copias de su canción más famosa en los US a finales de los 60’s, me arrodillo y hago acto de contrición, me flagelo y recito cinco “Satisfaction” y tres “Anarchy in the UK” como penitencia.

Rare Earth, así se llama el grupo. Y tú dices “Hombre claro, ni sé cómo no los conoces”. Ya te vale. Y la canción en cuestión se llama Get Ready. Aunque resulta que no es de ellos, sino de The Temptations, pero vamos por partes. La banda se forma a principios de los 60, en Detroit, como The Sunliners. En 1968 cambian el nombre por Rare Earth, y después de un primer álbum que pasa desapercibido editado por el sello Verve, firman con la Motown. Wow, un grupo de blancos –que no sureños- en la Motown? Realmente no directamente, la Motown crea un sello sólo para ellos, y lo llama igual que la banda, Rare Earth. Para el primer disco que publican con el sello recién creado, utilizan en parte material que ya tenían previsto para Verve. Como queda una cara vacía entera, la rellenan con una versión enorme de Get Ready, de The Temptations.

Rare Earth

En 1966, Smokey Robinson compone un tema meloso para las cinco tentaciones. La letra dice “Get Ready because… I’m bringin’ you a love that’s true”. Ays, tan dulzón que parece una de Barry White… La canción no tiene el éxito esperado, por lo que a Robinson le cuesta el puesto de compositor oficial de los Temptations y es sustuido por Norman Whitfield. Hasta 1970, bastantes artistas la versionan, The Supremes, Dusty Springfied, The Miracles y finalmente Ella Fitzgerald, para quién será la ocasión de entrar por última vez en los charts US. En 1970, Rare Earth se hace con la canción, y saca una versión live, de cerca de veintidós (¡¡22!!) minutos de duración, en la que cada músico tiene su momento de gloria e interpreta a su manera la canción en distintos solos. Luego se supo que los gritos del público se añadieron después, y que no fue una versión en público, sino en un estudio en toda regla. Da igual, el resultado es una enorme mezcla de soul y rock –a mi me chiflan las canciones largas- que no aburre en ningún momento a pesar de su duración. Al principio el álbum no vende mucho, por ello se decide sacar una versión reducida de pocos minutos para el single. Éxito, la canción sube hasta el #4 de los charts yankees y permite darle una segunda vida al álbum entero, que llegará hasta el #10. Para Rare Earth supondrá el momento de mayor popularidad, si bien publicarán bastantes más álbumes hasta el año de su disolución, 1978.

Tengo unas tremendas ganas de poder lucirme con mi nuevo descubrimiento. Seguro que queda por ahí gente que no tiene ni p… idea de Rare Earth. Ja, lo van a pasar fatal.

 

 

Escucha entera Get Ready, de Rare Earth

 

The Flying Lizards – Money

Los últimos años de los 70’s son, para la música, un poco como el jurásico de la evolución animal. Durante la parte central del mesozoico –puedes comprobarlo, así se llama, ¡ja!-, la naturaleza se propuso crear sin límite millones de tipos de insectos, animales, aves y peces, de todos los tipos, dimensiones, colores, sabores y afinidades futbolísticas. Algunos se quedaron millones de años, otros duraron tan poco que apenas dejaron rastro. De 1975 a 1980, en la música popular, pasó lo mismo. Nacieron géneros y estilos, sub géneros y sub estilos para aburrir –más de uno llegó de verdad a aburrir-. Algunos perviven hasta hoy, otros desaparecieron con el paso de los años, y algún que otro ni siquiera se ve mencionado en el gran árbol de la música. Este es el caso de una banda llamada The Flying Lizards –los lagartos voladores-, con tres álbumes publicados de 79 a 84, si bien sólo cuenta un poco el primero.

flying lizards

En el origen de este grupo inclasificable, está David Cunningham, músico y productor inglés, chalado vanguardista. Reúne a otros músicos trastornados con perfil similar, especialistas en improvisación. David Toop, Steve Beresford –músico de formación clásica-, y más miembros de ambos géneros que entraban y salían. Incluso un pintor -de monas-, Michael Upton. Gracias a sus contactos en el mundo de la edición musical, Cunningham obtiene un mini contrato con Virgin para publicar dos singles. Así es como en 1979  publican dos 45rpm, en los que versionan Money (That’s what i want) y Summertime Blues. Versiones minimalistas y muy chaladas originales de dos éxitos de finales de los años 50’s. Money, interpretada por Barrett Strong fue el primer éxito del sello Tamla –posteriormente Motown-, y figura en el #288 de la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos de Rolling Stones. Summertimes Blues, cantada por Eddie Cochran –rockero que iba para estrella total pero que desgraciadamente murió con tan sólo 21 años, en un accidente de taxi en Inglaterra-, figura también en esa misma lista de Rolling Stones, en el #73. The Flying Lizzards las versionan a su manera y curiosamente… gustan! Money incluso entra en los charts ingleses durante algunas semanas, hecho tan inesperado que Virgin se ve obligado a ampliar el contrato y les permite sacar un álbum entero. Que no funcionará, claro. Ni el segundo, ni el tercero. Hubo otro disco  publicado en el 96, de dub, pero yo me quedé en los dos singles de 79. Sobre todo Money, que fue todo un hit en mi casa, tengo todavía el vinilo.

Lo curioso es saber lo que fue de esta gente. Deborah Evans Stickland vive de dar su voz para documentales y cunas publicitarias. Vivien Goldman –que no debe confundirse con Vivienne Westwood, estilista inglesa tarada que lleva décadas colgándose la medalla de creadora de la moda punk-, se convirtió en escritora y periodista, más conocida –es un decir- como The Punk Professor, con crónica musical en la BBC America. David Cunningham sigue produciendo músicos y compositores menos conocidos aún que él –eso me parece a mi-. David Toop, es ahora periodista y escritor especializado en músicas, y en cuanto a Steve Beresford, sigue experimentando con músicas e instrumentos. Lagartos low cost.

Venga, intenta reconocerlas.

 

Escucha The Flying Lizards, Money + Summertime Blues

 

The Flamin’ Groovies – Shake Some Action

The Flamin’ Groovies, o cómo copiar el sonido pop inglés elegante de los 60’s, justo cuando desembarcan el hard rock y el punk. Ves su trayectoria, sus discos, sus canciones, sus pintas, y no te extraña que nadie o casi –menos Fiouck, good boy- se acuerde de ellos treinta y siete años después. No tenían ninguna posibilidad, era época de cambios, la juventud pedía romperlo todo, no llevar patucos de fieltro para no rayar el parquet. Se equivocaron de década, aunque se sigue sin saber si llegaron tarde o demasiado pronto. Tarde porque sus ídolos –los cuatro sosos de Liverpool, los Yarbirds, los Beach Boys, etc- ya habían bajado el telón; o pronto, porque la moda de resucitar a los sosos –que permitirá a Blur y Oasis hacerse rico a cambio de ofrecer una dudosa idea de la música- invadirá medios, escenarios y charts quince años después.

The Flamin’ Groovies no ha dejado un gran legado, aunque en su día les sirvieron de trampolín a bandas de la talla de The Ramones y The Stranglers, que actuaron de telonero del grupo de San Francisco en 1976. Es verdad, poco se puede contar sobre ellos. Una banda lisa, con un entusiasmo por su música poco comunicativo. Escuchas sus discos y en ningún momento te crees a mitad de los 70’s.

Groovies

Y en medio de una trayectoria ni buena ni mala, en su línea, fiel a un estilo desfasado –a finales de los 60’s tocaban rock de los 50’s-, de repente, una chispa insólita e inesperada de genialidad, en plena campiña de Gales, un estudio de grabación en medio de ninguna parte, The Flamin’ Groovies reunidos al completo para lo que va a ser su cuarto álbum, a Cyril Jordan, líder de la banda, se le ocurre una canción que roza la perfección –yo digo que ES la perfección-, Shake Some Action –el disco llevará el mismo nombre-, de la que el cantante dirá mucho más tarde: “Tenía la intro, el riff principal y el estribillo. Estaban guardadas para desarrollarlas y escribir tres canciones. Una noche dije: esto suena bien si lo junto todo. ¿Por qué no lo hago?”. Cyril Jordan, cabeza fantasma de un grupo ectoplasma, acababa de resumir mejor que nadie qué c… es el rock’n’roll, el famoso sentir y soltar, años luz por delante del copiar y pegar. Shake Some Action lleva 36 años acompañándome, a cualquier parte, en cualquier momento, me conoczco la intro con la guitarra como si la hubiese escrito yo. Top 10 de Fiouck. No quiero escuchar risas tontas.

Escucha Shake Some Action, de The Flamin’ Groovies

David Essex – America

Hala, una rareza para empezar el fin de semana. Sabía que un día caería en este blog, porque lo quiera o no, es un cantante que forma parte de mi juventud. Resulta que el novio de mi hermana mayor siempre venía a casa los brazos cargados de vinilos, para escucharlos antes de programarlos en sus sesiones de DJ en las discotecas de la ciudad. Puedo decirlo, escuché mucho antes que mucha gente los grupos que tengo en la sangre 35 ó 40 años después.

Uno de ellos se llamaba David Essex, nacido David Albert Cook, en el condado de Essex, en Inglaterra. En inglés suena guay, pero es como si aquí alguien pretendiese emprender una carrera musical haciéndose llamar David Teruel o María Badajoz. Futuro en el gremio? Cero. Inicialmente David iba para futbolista, incluso llegó a fallar un examen a posta con tal de que le mandasen a otro instituto, donde el equipo de fútbol era más digno. Pero las chicas terminaron atrayendo más su atención que la portería, por ello se metió en la música. El mito del rockero que se lleva a todas las chiquillas a su habitación de hotel, aún perdura en 2013, así que imagínate a finales de los 60 en una pequeña ciudad lluviosa de la campiña inglesa. Tenía pinta de futbolista hortera, aunque no más que algunos de hoy –callaré una posible lista, que tengo lectores del Madrid-. De alguna forma se parecía a Dios Elvis Presley, pero sin las hamburguesas.

David-Essex

En paralelo hace incursiones en el cine, le dan papeles pequeños en películas malas, hasta que un día le toca la lotería, y hace de protagonista principal de la película That’ll be the day, una película con trasfondo rock’n’roll, con Ringo Star –soso coprotagonista-, Keith MoonThe Who-, y algunos más. Como curiosidad, en la película sale un grupo llamado Stray Cats, nombre que elegirá la banda Rockabilly de Brian Setzer para arrasar en Europa a principios de los 80’s. El año de su estreno, 1973, la película llegó a tener bastante éxito en UK, cosa que le permitió, a David Essex, lanzar su primer hit un poco después. Rock On, fue #1 en Canadá, #3 en UK, #5 en EEUU.  A lo largo de los años, el single fue versioneado por una infinidad de grupos, Def Leppard, Smashing Pumpkins, Blondie, para sólo nombrar a los más conocidos. La canción está basada en un tempo lento, con una poderosa línea de bajo. Cuando la escuchas crees que va a arrancar y explotar en cualquier momento, pero no, parece que se está reteniendo, pensando en Hacienda o cosas así desagradables. Su siguiente éxito, aunque menor, fue America, la famosa canción de mi juventud. Parecida a Rock On, pasas todo el tema diciendo “venga ya David, suéltala ya”. Pero no, chapeau, menudo aguante tiene.

 

Escucha America y Rock On, de David Essex

 

Marvin Gaye – A Funky Space Reincarnation

Marvin Gay Sr era pastor, o reverendo, como se le quiera llamar. Como tal predicaba el amor en las sesiones de la congregación pentecostalista conservadora a la que pertenecía. Luego en casa pegaba a bofetones a su hijo, Marvin Jr. Y cuarenta años más tarde también le mató, con una escopeta. Uno se hace viejo. House of God, se llamaba la congregación, casi secta, por el estricto respeto a unas normas absurdas de ética moral, como, por ejemplo, ¿cómo maltratar a su hijo?. Y obligarle a abandonar el atletismo, su pasión, por la música. Ahí no le defraudó su hijo, a Marvin más tarde se le apodó el “Prince of Soul”, pero no tuvo tiempo de ser el King.

Desde muy pequeño aprendió a cantar en el coro de la “iglesia” de su padre. Y a tocar ciertos instrumentos, el piano y la batería principalmente. Pero las relaciones con su progenitor se deterioraron rápidamente, y después de coquetear con una primera banda llamada DC Tones, se largó de la Casa de Dios para introducirse en Casa de Elvis. Un dios por otro. Primero The Funk Brothers, luego The Rainbows, The Moonglows y por fin The Marquees. En paralelo se casa con una tal Anna Gordy. Bingo, ella es hermana de un tal Berry Gordy, propietario del pequeño sello Tammi, que poco tiempo después pasa a llamarse Tamla Motown. Berry acoge a Marvin, primero como batería de Smokey Robinson & The Miracles, luego como vocalista y cantante para otros artistas. Probó suerte como solista, pero sin mucho éxito. Siguió una época de duetos con las estrellas del sello, Mary Wells, Kim Weston y Tammi Terrell. Con esta última entabló una relación de profunda amistad, grabaron algunas perlas de la soul como Ain’t no mountain high enough, inmenso tema intemporal. Seguirían otros hits como Your precious love o This world were mine, pero un día en plena representación Tammi se desmayó en los brazos de Marvin. Se le diagnosticaría un tumor cerebral que acabaría con su vida tres años más tarde. Después de la muerte de la mujer de la que dicen que fue algo más que una amiga, Marvin Gaye cae en una depresión severa, de la que tardó años en recuperarse.

Y lo logró de la forma más sensacional, sacando hits tras hits. I Heard it through the Grapevine –1968, cuatro millones de copias vendidas, #1 del Billboard Hot 100-, How Sweet it is y la irrepetible What’s going on -1971, #4 de la lista Rolling Stones de las 500 canciones más grandes de todos los tiempos-. Nunca una canción había tenido un título tan actual como este, ¿verdad? What’s fucking going on?

Gaye

Luego se metería con drogas, divorciaría, saldría de la Motown, se enamoraría de una niña de 17 años, sacaría más álbumes, crecería más y más su fama, hasta aquella fatídica noche del uno de abril de 1984. Iba a cumplir 45 años al día siguiente. Antes de ello, le daría tiempo a sacar una última joya, en el doble álbum Here my Dear, de 1978, que tuvo que realizar para saldar cuentas con su ex esposa. El álbum tardó mucho en ser aceptado y favorablemente criticado, y es cierto que hay que escucharlo bastantes veces antes de pillarle el truco. Pero en el disco 2, cara B, está A Funky Space Reincarnation, un tema de más de ocho minutos de duración, letra delirante de viaje en un universo paralelo en el que es piloto de una cama del espacio, funk en estado de gracia. Enorme…

Escucha entero Here, My Dear, de Marvin Gaye

The Cars – The Cars

Ric Ocasek irrumpe por la vida con gafas negras. Desde que nació no se las ha quitado. Tampoco ha cogido peso, está más delgaducho el tío, con su chupa de cuero pesa menos que su guitarra. Tiene el pelo como una escoba desgastada, y luce la piel blanca de los que se levantan cuando el resto de los mortales termina de cenar. Así se forja uno una imagen de icono rock. Porque Ric Ocasek es rock’n’roll, del bueno.

A principios de los 70’s, con su amigo Benjamin Orr, Ric Ocasek monta una primera banda, Milkwood, inspirada en los discos de Crosby, Stills, Nash & Young. Quiero decir, folk pésimo. Llegan a editar un álbum que no tiene nada de éxito, faltaba más. Luego, ambos lo intentan con otro grupo, Richard and The Rabbits. Fuera. Poco después se vuelven a juntar como Cap’n Swing. Fuera. Como son los años 70’s, que las drogas son baratas y las hamburguesas también, lo vuelven a intentar, como The Cars. Bingo. Sacan un primer disco, llamado igual que el grupo, The Cars. Estamos en 1978, muchos géneros están peleando para hacerse un hueco, rock, punk, new wave, y muchas más tendencias funk y disco. Antes que decantarse por una cosa u otra, Ric Ocasek decide fusionar estilos. Al rock de finales de los 70’s que al él le gusta, con sus guitarras y su bajo, le añade sintetizadores. Y de rock, rock, The Cars pasa antes que nadie a un rock new wave que logra lo impensable: gustar a todos.

The_cars

Para Allmusic, una de las biblias musicales posiblemente menos parciales, el álbum The Cars, quedará para siempre como una obra maestra del rock auténtico. Los músicos de la banda –Ric Ocasek, Ben Orr, David Robinson, Elliot Easton, Greg Hawkes– siguen refiriéndose al disco en tono jocoso como el mejor recopilatorio de grandes éxitos que podían haber sacado. Y tan sólo hablamos del álbum de debut del grupo. De los nueve temas que componen el disco, por lo menos cuatro de ellos han entrado con merito propio en la historia del rock como clásicos indiscutibles: Just What I Needed, Good Times Roll, My Best Friend’s Girl, You’re All I’ve Got Tonight. Pero al igual que en la mayoría de los álbumes de rock consumados, las composiciones menos conocidas son igual de buenas: Don’t Cha Stop, Bye Bye Love, All Mixed Up y Moving in Stereo. Lanzado en junio de 1978, el disco vende más de un millón de copias antes de que finalice el año, sólo en los US. Alcanza el #18 en el Billboard 200, y el #4 en el ranking de los álbumes del año. Y last but not least, Rolling Stones lo clasifica como el disco #279 en su lista de los 500 álbumes más grandes de todos los tiempos.

Diez años más tarde, Ric Ocasek, uno de los pocos días que se levantaría temprano, se casa con Paulina Porizkova, modelo americano-checoslovaca. Gafas negras, piel blanca, pelo escoba, flacucho. Y van 35 años de feliz matrimonio. Hay una foto en blanco y negro, en la que se le ve con David Bowie, ambos acompañados por sus respectivas esposas, Iman para el rubio, Paulina para el moreno. Ays, por qué no hice rock’n’roll…

Let the good times roll  / Let them knock you around / Let the good times roll / Let them make you a clown….

Escucha entero el disco The Cars, de The Cars