Plasmatics – New Hope For The Wretched

Van a creer que tengo una fijación harto sospechosa con Miss Bistec, la del pedo en la cara. La verdad es que no, hace ya tiempo que ha dejado de preocuparme, porque hace tiempo que ha demostrado que no tienen remedio sus paridas a dos euros el paquete de cincuenta. Pero ayer me volvieron a echar en cara mi ataque a Miss Lomo Alto, diciéndome que no veía que era una provocadora. Esto sí que me enerva. What the fuck Miss T Bone Steack va a ser provocadora? Por cubrirse de ridículo con trocitos de bovinos? Por llevar cutres sombreros de varios miles de euros? Por dejarse fotografiar desnuda tapándose el pecho y el pubis con las manos? Por supuestamente ensalzar la burqa en la canción del mismo nombre? En 2014 se tiende a confundir entre provocación y marketing milimétrico. No estaría mal volver unos cuantos años atrás – más de treinta y cinco- y aprender de quien fue sin duda la cantante más provocadora de la historia de la música popular, Wendy O. Williams.

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Nino Ferrer – Le Sud

Paró su coche en un camino de tierra blanca, arriba de una colina a tres kilómetros de su casa, a la sombra de algunos robles viejos. Salió, sacó su escopeta del maletero, se adentró en un campo de trigo, miró una última vez la hermosa cañada de su pueblo de Saint Cyprien en el Lot francés, apuntó el arma a su corazón, y disparó. Un suicidio a lo campesino para un aristócrata de alma. Así puso fin a sus días hace quince años Nino Ferrer, autor e intérprete de una de las canciones más bellas del repertorio galo, Le Sud. La muerte de su madre dos meses antes no dejó de ser la gota que colmó el vaso, porque toda su vida fue como un malentendido. Él no quería haber cantado muchas de las canciones que le habían traído comodidad, fama y mujeres. Tenía otra idea de su talento, tal y como dijo a su amigo del ama, Richard Bennett, pocas semanas antes del trágico desenlace: “Date cuenta, he escrito y compuesto más de dos cientos canciones, pero la gente sólo conoce tres”. Esto le mataba.

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Patrick Hernandez – Born To Be Alive

Hay canciones que han marcado tanto su época, para bien o para mal, que las puedes situar con gran precisión en momentos concisos de tu vida, recreando con las primeras notas toda la atmósfera del instante. Por ejemplo, recuerdo que cuando a un profesor se le ocurría la genial idea de ponerse malo y no aparecer por clase, huíamos pitando al bar de siempre, uno que tenía una sala reservada a los pinball –ya, ya, otra época lo sé-. Era una gozada gastarse los cuartos en interminables partidas, en lugar de caer fulminado por no recordar qué rayos era un triángulo obtusángulo isósceles. Momento mágico y efímero en el que me sentía el amo del pinball, hasta que empezara a sonar en el local Born To Be Alive, de Patrick Hernandez. Con esta canción podía perder las tres bolas en menos de un minuto. Mira, le voy a denunciar. ¿Dónde está Garzón?

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Led Zeppelin – Kashmir

Cómo se sabe cuando te estás adentrando en la sala reservada a los más grandes? Realmente te avisan, hay un cartel que pone “Aquí reposan los huéspedes del altar del rock’n’roll, déjate de tonterías y quítate los zapatos”. Así que hoy te contaré Led Zeppelin en calcetines. Nuevos, para que veas. Ayer me preguntó un amigo por el post de hoy, “mañana quién es”, cuando se lo dije, sólo contestó con un ligero “uch”. Es de sobra conocido que un “uch” vale más que muchas palabras. Uch viene a decir, ojo listillo, no te metas con Led Zeppelin, nada de sorna vale? Esta banda forma parte del círculo restringido de los artistas a los que no se toca sin un permiso especial. Una especie de licencia 0,007, licencia para soltar chascarrillos.

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10cc – I’m Not In Love

¡Un año, 365 días, 365 posts, 365 artistas!

¡Feliz cumpleaños Blog & Fiouck!

7 de febrero de 2013 – 6 de febrero de 2014. ¿Quién lo hubiera dicho? ¡Yo no! El blog no arrancó con esta idea de perdurar tanto, sólo quería aprender a manejar ciertos productos y entornos. La verdad es que al final estoy contento, aunque a veces me suponga una tortura entregar un post diario. Aparte de que fundamentalmente no he aprendido nada. Me sigue sonando a chino Twitter, tengo una cuenta FB de risa (si te quieres apuntar, https://www.facebook.com/Fiouck), y de WordPress sé lo justo para que no te falte tu ración diaria de música contada a mi manera. En todo caso me merezco una tarta –de fresa y masa quebrada, sin crema pastelera en el fondo ays por dios- con una velita, y una copita de champagne, mientras pongo yo la música de fondo. Una canción homenaje a mi mismo, ya que estamos de celebración.

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The New York Dolls – The New York Dolls

Este blog deja cada vez más que desear… ayer caderas brasileñas, hoy muñecas neoyorquinas… y mañana si no lo paramos ya, codos tibetanos? Gemelos esquimales? Rodillas escandinavas? Tobillos bereberes? Pero esto qué es! Undia-undisco.net, el antro musical con el chulo del tomate verde. Hay que ver los espectáculos que se montan ahí, hombres maquillados y travestidos, pero por dios qué es esto, llamad a Gallardón, él sabrá lo que hay que hacer con estos depravados. The New York Dolls, vade retro Satanás, sacad el ajo y las estacas de madera, apuntad al corazón, cuando se levante el sol se esfumarán.

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Chico Buarque – Construçao

Hubo una época, remota y bendita, en la que la vida era mucho más sencilla, jatetu, una época en la que Schweppes no tenía competencia. Cero Patato. No sé aquí, pero en mi país de cuando era joven, cuando pedías un Gin Tonic, no hacía falta añadir nada más, era una Schweppes por descontado y te despreocupabas. Ahora cualquier camarero medianamente espabilado te sirve un catálogo de posibles tónicas más larga que la lista de pretendientes al trono de la calle Ferraz. Y no para ahí la cosa, te describe cada una con todo lujo de detalle, estableciendo maridajes entre ginebras y tónicas y haciendo el poeta con armonías y palabras que no estaban en su diccionario dos horas antes. Y todo eso porque a un ex tres estrellas Michelin le dio por ir de listillo proponiendo una tónica nueva… que sembró el caos. Con lo tranquilo que estábamos en los 80’s, disfrutando de los anuncios TV de Schweppes, que se podía permitir cuñas publicitarias de un minuto, en las que montaban fiestas en Copacabana con brasileñas y culetes de infarto al son de la agridulce Essa Moça Ta Diferente, de Chico Buarque.

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