Nino Ferrer – Le Sud

Paró su coche en un camino de tierra blanca, arriba de una colina a tres kilómetros de su casa, a la sombra de algunos robles viejos. Salió, sacó su escopeta del maletero, se adentró en un campo de trigo, miró una última vez la hermosa cañada de su pueblo de Saint Cyprien en el Lot francés, apuntó el arma a su corazón, y disparó. Un suicidio a lo campesino para un aristócrata de alma. Así puso fin a sus días hace quince años Nino Ferrer, autor e intérprete de una de las canciones más bellas del repertorio galo, Le Sud. La muerte de su madre dos meses antes no dejó de ser la gota que colmó el vaso, porque toda su vida fue como un malentendido. Él no quería haber cantado muchas de las canciones que le habían traído comodidad, fama y mujeres. Tenía otra idea de su talento, tal y como dijo a su amigo del ama, Richard Bennett, pocas semanas antes del trágico desenlace: “Date cuenta, he escrito y compuesto más de dos cientos canciones, pero la gente sólo conoce tres”. Esto le mataba.

Nino Ferrer, a pesar de su nombre, no tenía orígenes españoles, sino italianos. Nino Agostino Arturo María Ferrari. Nació en Génova en 1934, aunque pasó parte de su infancia en la Nueva Caledonia francesa por el trabajo de su padre. Cuando volvieron a Europa se establecieron en Francia, donde compartió su tiempo entre sus estudios de etnología y arqueología prehistórica en la Sorbona de París y su pasión desbordante por el jazz. Fue contrabajista de los Dixie Cats y llegó a acompañar a Nancy Holloway en una gira por Europa. En paralelo componía sus propios temas, pero hasta 1963 ninguna discográfica le prestó mucha atención. Aquel año, saca su primer 45t, con una canción sin mucha historia en la cara A, y otra más curiosa en la B, C’est Irréparable. Este tema fue reinterpretado por la cantante italiana Mina, como Un Anno d’Amore. Cerca de treinta años después, Luz Casal la cantó en español, Un Año de Amor, en la BSO de Tacones Lejanos, de Almodóvar, con mi querida Victoria Abril. Sí, aquella famosa canción de Luz Casal

nino ferrer

El disco no tuvo apenas repercusión ni le daba para comer. Así que, resignado, tuvo que apartar por un tiempo sus ideas de música a lo grande y se dedicó a sacar canciones para la radio, que tanta gracia le hacía a la audiencia. De las tres canciones de las que hablaba en su declaración alarmista a su amigo Bennett, dos son de esta época: Mirza y Le Telefon. Z’avez pas vu Mirza y Gaston y a l’telefon qui son se han convertido desde entonces -1965- en prácticamente expresiones del diccionario, unos clásicos de la música absurda y sin complejos, propia de los 60’s. Cuarenta años después nadie reniega de haberlas escuchado, de haber comprado los discos o de sabérselas de memoria. Pero a él le suponía una tortura. Con estos dos temas y alguno más se hizo rico, pero no lo soportó, de ahí su decisión de exiliarse a Italia, la mama patria, donde presentó durante tres años un programa TV de máxima audiencia.

A su vuelta en Francia, en 1970, se establece en Saint Cyprien, para criar caballos. Pero estaba escrito que algo más tenía que decir. Cuando se cruzó por su camino Micky Finn, guitarrista irlandés, a Nino Ferrer le volvió a entrar el gusano por la música. Primero fue el medio hit La Maison Près de la Fontaine, en 1972, que vendió medio millón de copias. Resulta que Micky Finn no era un cualquiera, había estado tocando con Jimmy Page de Led Zeppelin, sabía acompañar. Con él, Nino Ferrer compuso en 1974 South, una canción en inglés que interpretaba con Radiah Frye, una americana que llevaba meses residiendo en su casa y que terminaría casándose con Jean Paul Goude, creador plástico de Grace Jones algunos años más tarde. La versión en inglés no tuvo el éxito esperado, por ello aceptó pasarla a francés. Y se publicó Le Sud, esa hermosa composición, tan delicada y melancólica, oda a una vida feliz y sencilla. Pregunta a cualquier francés de más de cuarenta y cinco años lo que representa esta canción, te dirá, después de contener la respiración tres segundos… “un trocito de mi vida”. Un millón de copias vendidas y un sitio en el Chanson Française Hall of Fame.

Después de este tema Nino Ferrer tratará de sacar discos y canciones dignas, de las que sentirse satisfecho e incluso orgulloso, pero apenas nadie le siguió. Y esto le mató.

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