Al Jarreau – Breakin’ Away

Al Jarreau, rey del soft jazz soul pop, vocalista con técnica propia –consiste en dormir con calcetines mojados y la ventana abierta, pillar resfriado y así cantar con la nariz- nació en 1940, en Milwaukee, como Alwyn López Jarreau. López… López,  esto me suena… Su padre era pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día –no era ese el día que iban de vagos?-. Ya lo he dicho en este blog otras veces, es increíble la cantidad de cantantes que fueron hijos de pastores y curas. La Iglesia, segunda cantera de la música soul, pop y rock’n’roll, después de las calles de los suburbios de Londres y NYC.

Desde muy chiquitín, muestra dotes para la interpretación. Cada vez que puede, canta en la iglesia de su padre, con su madre al piano; de adolescente, monta una pequeña banda de jazz llamada The Indigos, pero no deja de centrarse en sus estudios de psicología. Después de conseguir su diploma de especialista en rehabilitación, empieza a trabajar en hospitales de San Francisco con gente con problemas de adicción de todo tipo –bendita época en la que podías trabajar de lo que habías estudiado-. En paralelo, empieza a producirse en un chiringuito llamado Gatsby’s, acompañado por la guitarra acústica de un tal Julio Martínez. Martínez… Martínez, esto me suena… Las buenas críticas recibidas le llevan a dar un giro en su vida, y decide dedicarse a su pasión. Con su comparsa Martínez, bajan hasta Los Angeles, donde tocan en una multitud de bares y night clubs. Pero la figura de papa no anda muy lejos, por ello entra en distintas entidades religiosas pseudocientíficas, como la Iglesia de la Cienciología –vade retro hijos de satanas!!!-, de la que confesó haber salido tiempo después. Mff… no sé yo…

En 1975, un representante de Warner da con una de sus representaciones y al día siguiente le hacen firmar un contrato. Tiempo después –poco, time is money-, sale el primer álbum de Al Jarreau, We Got By, aclamado tanto por la critica como por el público, sobre todo en Europa, donde recibe varios premios, para este disco y el segundo, Glow, publicado en 1976. Jazz, pop, soul, R’n’B, el artista pasa de un estilo al otro con total naturalidad, talento que le permite ser el único artista en haber ganado un premio Grammy en tres categorías distintas: jazz, pop y rythm and blues. Sin embargo su estilo vocal singular –era capaz de imitar a la perfección guitarras y percusiones-, la calidez de su voz, sus alegres composiciones, nunca le llevaron a la cima en las ventas, ni con el best-off que salió en 1996. Ays, Al Calimereau.

Al Jarreau

En 1981, se publica Breakin’ Away, el quinto álbum del artista, posiblemente su mejor trabajo. Se trata de una pequeña joya jazzy soul pop con temas geniales, como el que lleva el nombre del disco. La noche anterior de la sesión de grabación, dormiría directamente en el balcón, bajo la lluvia, sino cómo explicar esta voz? Y Blue Rondo à la Turk, una versión ligeramente cantada de la obra original de Dave Brubeck. En los años 2000, Al Jarreau declaraba al periódico Virginian Pilot que “me siento como que estoy empezando la segunda mitad de mi carrera. Espero estar lo suficientemente afortunado para seguir haciendo música en mis 70 y 80 años …. Yo sé que esto no es así para todo el mundo a mi edad, o incluso más joven”. Ays, ni para ti Al. Fue hospitalizado en 2010 en Francia por problemas respiratorios y cardíacos, cuando se disponía a dar un concierto en Barcelonette, en la Provenza francesa. Habrá que dejar el truco de los calcetines.

 

 

Escucha entero Breakin’ Away, de Al Jarreau

 

Laura Mvula – She

A star is born, indudablemente mi corazonada 2013. Estoy convencido de que no se trata sólo de un flechazo, Laura Mvula está aquí para durar, su talento es asombroso y su música emociona como raras veces. Lo intuyo, porque me provoca los mismos sentimientos que cuando descubrí en su día a Amy Winehouse.

Laura Mvula es inglesa, cómo no. Por qué una nación que come y viste tan mal, tiene tanta facilidad y riqueza para la música? Esto es como la hipótesis de Riemann, se tardarán siglos en dar con una explicación satisfactoria.

Veintiséis años, nacida en Birmingham de padres procedentes del caribe inglés, desde muy joven mostró una predisposición para la música, instrumentos como el piano y violón, estilos como el góspel, el jazz, el R&B, ambientes como los coros de su comunidad. Su tía había fundado la formación Black Voices, muy respetado en la ciudad, a la que se unió poco a poco y muy naturalmente, y donde su don empezó a deslumbrar. Estudió –y es diplomada- en el conservatorio, donde recibió una formación clásica fundamental a la hora de componer sus canciones, y conoció a quien es hoy su marido, Themba Mvula, baritono de origen zambio, con él que se produjo durante varias temporadas en distintos coros amateurs. Después de una primera experiencia con un grupo de jazz y nu soul llamado Judyshouse, aprovechó el tiempo que le dejaba un trabajo de recepcionista para escribir canciones.

laura mvula

En 2012 publica un primer EP que incluye la maravillosa She. Desde entonces se ha escrito mucho sobre ella, logrando lo que pocos: una total unanimidad en las críticas y comentarios a la hora de dar la bienvenida a esta nueva estrella. Un periodista de The Guardian hasta acunó un nuevo estilo para ella, la gospeldelia -qué rayos querría decir este señor?-. Laura Mvula tiene una receta, se conocen los ingredientes, pero no las proporciones. Una base grande de talento y originalidad, un toque místico y religioso, una pizca de felicidad, y luego mucha alegría, corazón y alma. Lo que la hace única, es su capacidad, gracias a su formación clásica, a componer con instrumentos casi olvidados –arpa, glockenspiel, theremín, campanillas-, y realizar arreglos muy sofisticados, mezclando con una facilidad pasmosa suaves coros soul con cierta exaltación sinfónica. Un concentrado de todas las emociones. En su primer álbum, Sing to the moon, publicado hace dos meses, consigue ofrecer doce canciones que no se parecen mucho entre si, aunque suenen todas unidas por un fino hilo de soul góspel revitalizante, con una variedad de sonidos, tonos y ritmos digna de las más grandes.

Laura Mvula, artista absolutamente vital, revelación 2013, heredera de la mejor Nina Simone, entra directamente en mi top 50.

 

 

 

Escucha algunos temas de Laura Mvula.

Henri Salvador – Chambre Avec Vue

El 13 de febrero de 2008, murió en París uno de los cantantes franceses más querido en el país vecino, Henri Salvador, con 90 años. Fue una figura totalmente atípica de la canción francesa, rey del Jazz y de la Bossa Nova desde los años treinta, precursor galo del rock’n’roll en 1956 –aunque en modo humorístico-, inventor de decenas canciones divertidas para niños –y no tan niños- en los 60’s. Los años 80 y 90 casi le dejan como a un perro abandonado en la carretera un día uno de agosto, antes de ser rescatado milagrosamente en 2001 por Benjamin Biolay y Keren Ann, para una pequeña joya de álbum que vendió dos millones de copias –la mitad en Francia-, Chambre avec vue.

Nació en 1917 en Cayenne, Guyana francesa. Desembarcó en Le Havre una mañana de agosto de 1929 con toda su familia. Rápidamente se descubre, con su hermano André, dotes para interpretar, cantar y divertir a la gente. En 1933, con tan sólo dieciséis años, empieza a actuar en cabarets parisinos, como el Jimmy’s Bar, uno de los más famosos de la época, donde Django Reinhardt le contrata como músico. En 1941 huye de Francia, ocupada por los alemanes. Viaja por todo el continente suramericano con la orquesta de Ray Ventura. Allí, especialmente en Brasil, se hace famosísimo con algunas composiciones propias, como una memorable de Popeye, que en más de una ocasión salvó los espectáculos de Ray Ventura, muy fríos para los brasileños.

De vuelta en Francia, se convierte en uno de los artistas esenciales de la escena music-hall francesa, colabora con Mistinguett y sobre todo Boris Vian. Entre los dos importan desde el año 1956 el sonido rock’n’roll, y son los primeros en crear e interpretar una serie de temas rock. Para ello y durante un tiempo Henri Salvador se rebautiza Henry Cording –juego de palabras con la palabra inglesa Recording-. También se le ve de actor en algunas películas, aunque es un documental, Nuits d’Europe, una especie de road movie por los principales clubs musicales europeos, que le va a cambiar la vida. En este documento cinematográfico, Henri Salvador interpreta una de sus canciones, Dans mon île.

A 10.000 kms de ahí, un joven Antonio Carlos Jobim, mal inspirado y bloqueado en sus ganas de reinventar la música brasileña, ve el documental, y, tal como dirá más tarde, se le hace la luz. Se inspira en Dans mon île para reinventar la canción brasileña, dándole a la Samba un ritmo mucho más lento y unas melodías más suaves. De aquella extraña casualidad, nació la Bossa Nova, género predilecto de las grandes estrellas de la música brasileña, el propio Jobim, Joao Gilberto o Caetono Veloso, que siempre reconocieron a Henri Salvador como una de sus máximas influencias. En 2005, Henri Salvador fue condecorado de la Orden Brasileña al Mérito Cultural por el Ministro de la Cultura Gilberto Gil, en presencia del Presidente Luis Ignacio Lula da Silva.

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Este mismo año, en una gran consulta nacional en Francia llamada The Greatest Frenchmen of All Time –ays, cómo le gusta al franchute saber que la grandeur no ha muerto y que todavía hay nombres que suenan fuera de sus fronteras-, Henri Salvador logró el puesto nº 52. Parece mentira… No es que los otros 99 fueran todos extraterrestres imprescindibles para que el planeta siguiera girando, pero en la lista había unos nombres algo más ilustres -#2 Louis Pasteur, #6 Victor Hugo, #9 Commandant Cousteau, #15 Jules Verne, #25 Gustave Eiffel, #35 Antoine de Saint Exupéry, #40 Louis Lumière, #93 Pierre de Coubertin-. Este último reconocimiento de Francia a su legado musical se lo debe entre otros al álbum Chambre avec Vue, de 2001. Catorce temas jazz y bossa nova de una infinita delicadeza, interpretados con esa voz única, tan cálida, que fueron clave para vender dos millones de discos. La última vez que un disco bueno y realmente bonito logró vender tanto en Francia.

Escucha entero Chambre avec Vue, de Henri Salvador

 

Al Di Meola, John McLaughlin, Paco de Lucia – Friday Night In San Francisco

¡Música! Desde que me levanto hasta que me acueste. En cualquier ocasión, cualquier momento, (casi) siempre. Sin embargo, poco entiendo de instrumentos, menos aún de técnica. Toqué el piano de pequeño, hasta una edad en la que tienes que elegir entre seguir practicando o salir con los amigos… y las amigas. Yaaaaa, lo sé, muy mal, lo dejé –cuánto me arrepiento-. Desde entonces sólo me queda el gusto por la música, no por cómo se toca.

Esto no quita que a veces me quede fascinado por temas o discos enteros, donde la virtuosidad es lo primero que te viene en mente. Virtuosidad es mucho más que talento. Talento tienen muchos músicos. Luego están los elegidos, con un arte especial para tocar su instrumento como muy pocos. Y por encima de estos, están los virtuosos, una clase aparte de músicos capaces de trascender las cuerdas o las teclas para ofrecer un momento único con una emoción intacta, sea el género que sea.

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En diciembre de 1980, tres fabulosos guitarristas dan un concierto en el Warfield Theater de San Francisco. La actuación queda grabada y se edita al año siguiente, en un disco memorable. Friday Night in San Francisco reúne a algunos de los más grandes guitarristas de todos los tiempos, Al Di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucia.

Al Di Meola es americano, de origen italiano. Se le conoce por su técnica y su disciplina. Ha tocado con Chick Correa y Carlos Santana. Si bien es un guitarrista de jazz fusión, ha explorado mucho la música latina e incluso la world music. John McLaughlin, es ingles. Empezó su carrera como guitarrista de un joven Bowie desconocido, e incluso tocó para los Rolling Stones. Pero se hizo famoso al participar en la grabación del disco In A Silent Way de Miles Davis, y en los años 70, forma la banda Mahavishnu Orchestra, pionera en la fusión entre jazz y rock. Paco de Lucia es de aquí. De Algeciras. Considerado como uno de los grandes maestros de la guitarra flamenca, comparsa de lujo de Camarón de la Isla durante más de diez años, ha recibido todos los grandes premios con los que un músico puede soñar

El disco Friday Night in San Francisco es una obra maestra. Algo más de cuarenta minutos de virtuosismo musical que te deja boquiabierto. Una especie de diálogo a tres bandas entre tres guitarras extraterrestres. Con toda la emoción del mundo. Y la piel de gallina. Y esta sensación de estar escuchando algo inimitable e irrepetible. Al igual que otros tantos, tenía el vinilo, pero me lo quitaron. Me callaré.

 

 

Escucha entero Friday Night In San Francisco, de Al Di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucia

George Gershwin – Rhapsody In Blue

George Gershwin murió con 39 años, en 1937. Un tumor cerebral puso prematura y trágicamente fin a la carrera de uno de los compositores contemporáneos más brillante y moderno. Un tipo capaz de componer en tan sólo 11 años Summertime –famosísima canción interpretada en el Musical Porgy And Bess-, An American in Paris y Rhapsody in Blue es un extra terrestre. O como mínimo un genio, de los grandes. Un casi autodidacta que quiso toda su vida tomar clases de los más grandes –Maurice Ravel, Sergueï Prokofiev, y la que fue la más ilustre profesora de piano del siglo XX, Nadia Boulanger-, deseo al que se opusieron todos, considerando que no tenían nada que enseñarle.

Hijo de judíos emigrados de Rusia para evitar los pogromos promovidos por el zar Alejandro III –“pogrom” es una palabra rusa, no alemana-, nace a finales del siglo XIX en Nueva York. Huye de la escuela, vive por y para la calle, hasta que un día su padre le sienta frente a un piano. Revelación. Después de recibir clases de un profesor del barrio que llegará a decir “Tengo un estudiante que dejará una huella en la música, es un genio, no hay duda”, abandona definitivamente la escuela y, con 16 años, entra a trabajar de “vendedor de canciones” –en inglés song-plugger, su trabajo consistía en ir de bar en bar a tocar canciones para que estas llegasen más fácilmente al gran público- en una editorial musical neoyorquina. Durante años intenta colocar sus propias creaciones, pero en vano. Hasta que por fin conoce el éxito con la canción Swanee, escrita en diez minutos en un autobús con su comparsa letrista Irving Caesar. Inicialmente interpretada en un espectáculo de Broadway llamado Demi-Tasse, se hace famosa cuando el cantante Al Jolson la incluye en su propio show, Sinbad. Como anécdota, The Temptations la versioneará 50 años más tarde.

A partir de este momento, la carrera de Gershwin se dispara. Se asocia con su hermano Ira, que hará de letrista hasta la muerte de George, descubre Londres y Paris, donde se le adora, acompaña a las voces más grandes de la época, conoce y comparte el éxito con los AstaireFred y Adele– en el show Lady, Be Good, sale en la portada de Time Magazine con 27 años –el primer compositor en recibir este honor-, escribe la música de una de las primeras películas musicales –Delicious, 1931-, recibe el Pulltizer en 1932 –¡tan sólo tenía 34 años!-por la comedia musical Of Thee I Sing, vive una temporada en París donde se hace íntimo de la diáspora intelectual de la época –Ezra Pound, Hemingway, Picasso, Yeats-. Lamentablemente, empieza a sufrir cefaleas y después de muchos meses padeciéndolas, se le descubre demasiado tarde un tumor cerebral que le provoca la muerte en julio de 1937.

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Trece años antes, ocurrió una de estas historias que hacen que la música sea tan grande y esencial. Un día de este año, conoce al director de orquesta Paul Whiteman, que le encarga un concerto para presentar durante un espectáculo de jazz. Pero George Gershwin se olvida, hasta que una mañana, su hermano Ira, al abrir la prensa, lee un artículo titulado “¿Qué es la música americana?”, en el que se menciona el próximo espectáculo de Whiteman, precisando que George Gershwin presentaría una creación inédita. Quedaban cinco semanas, tardará cuatro. Menos de un mes para componer uno de los temas musicales atemporales más famosos y más veces interpretados por todo el planeta, Rhapsody in Blue. El 12 de febrero de 1924, Paul Whiteman y su orquesta Palais Royal Orchestra la tocan por primera vez en el Aeolian Hall de NYC, delante de una sala atestada de famosos y compositores de renombre, como Rajmáninov. Quitando los aguafiestas de siempre, la obra recibe un triunfo monumental, llegando al millón de copias vendidas en tan sólo tres años, todo un record para la época. Me lo conozco de memoria.

 

Escucha Rhapsody In Blue, de George Gershwin

Sade – Promise

Helen Folassade Adu. La voz de terciopelo de los últimos 30 años. Soul, jazz y R’n’B. Un cocktail propio del que jamás reniega, de Diamond Life en 1984 a Soldier of Love en 2010. Yo que ella seguía otros treinta, viendo lo bien que le ha ido. Más de 50 millones de discos vendidos en seis álbumes de estudio, un buen ratio. Según la publicación Forbes, en el periodo mayo 2011 a mayo 2012, Sade ha ganado la friolera de 33 millones de dólares. Vaya, yo también quiero cantar bobadas y forrarme. Porque quitando contados temas (Jezebel, y alguno más por ahí –aunque sigo sin dar con él-), todas las canciones de Sade hablan de amooooooooor, con letra que no supera el nivel de la ESO, de esas que vuelven locas a las chiquillas ingenuas románticas. Bueno le perdono, porque cuando irrumpió en 1984 con Smooth Operator, me volvió loco a mi también. Madre mía qué guapa era…

Sade nació en Nigeria en 1959, de madre británica y padre nigeriano. Su nombre, en el idioma paterno, quiere decir Coronada de gloria. Ay… papás, sólo hay uno ¿verdad?

Sade promise

Sade no tiene álbum malo. Si bien los seis son muy parecidos, me quedo con Promise. Estrenado en Londres en noviembre 1985, contiene varios singles de esa soul music tan elegante y melancólica. The Sweetest Taboo, Jezebel, Fear y su suave estribillo en español, Never As Good As The First Time, y mi preferida, Is It A Crime. Nada que decir, un disco brillante, para estos domingos lluviosos y frescos que nos tocan.

 

Escucha entero Promise, de Sade.

Prince – Purple Rain

Nunca un artista había subido tan alto como él antes de caer prácticamente en el [injusto] olvido. La década de los 80’s fue suya, estrella absoluta, merecedora de las alabanzas más variadas, genio incansable capaz de sacar 8 álbumes de leyenda en menos de 10 años sin que sobre ni una canción, fuente inagotable de inspiración de decenas de artistas (Alicia Keys y Will.I.Am para nombrar algunos de los últimos), virtuoso extra-terrestre de la guitarra… y de otros 20 instrumentos -en su primer disco, “For You”, toca él mismo los 27 instrumentos-, inventor de algunas de las técnicas de tratamiento del sonido más usadas en la actualidad, coleccionista de algunas de las mujeres más guapas de la época -y eso que la Basinger era rubia- a pesar de no pasar del metro cincuenta y tres centímetros.

Hace 20 años cuando se hablaba de Prince, después de los 5 segundos de obligado silencio admirativo, sólo valían superlativos y elogios. Hoy hasta preguntan “y ese del que habláis vosotros los viejos, WTF?”. La verdad es que en parte se lo buscó. Se lanzó en interminables batallas contra la industria musical, apartándose del canal tradicional de comercialización de los discos, quiso borrar su nombre de la faz de la tierra, cabreó a sus fans en más de una ocasión en conciertos de menos de una hora “por el sonido malo del recinto”, se erigió en el adalid de los anti-internet, gastando millones de dólares al año en impedir que se puedan ver sus vídeos en sitios de streaming. En paralelo se hizo testigo de jehová, cuyos dogmas le impiden cantar sus obras más lascivas ni operarse de las caderas, que tiene desgastadas por su particular forma de bailar. No es de extrañar que las nuevas generaciones pasen de él. Sin embargo…

De 1979 a 1988, saca 8 álbumes, una lista que parece de mentira. Prince, Dirty Mind, Controversy, 1999, Purple Rain, Around the World in a Day, Parade, Sign o’ the Times. Toca todos los estilos, jazz, soul, R’n’B, funk, pop, rock y punk. Nadie puede rivalizar con él, se le apoda El Genio de Mineápolis, y no es para menos. Los más ilustres se sacan el sombrero, hasta Miles Davies llega a decir de Prince que es el único artista contemporáneo que le gana en creatividad.

Princepurplerain

Así que elegir uno de ellos para el post de hoy no es fácil. Purple Rain (BSO de la película homónima) se quedará tal vez como el más representativo de Prince, por la variedad de estilos que contiene, por la calidad de cada canción. Time lo sitúa en el #15 de los mejores discos de todos los tiempos, Rolling Stones en el #2 de los mejores álbumes de los 80’s y #76 de la lista de los mejores de todos los tiempos, y en 2008 Entertainment Weekly lo pondrá en el #1 de los mejores álbumes de los últimos 25 años. Fue 13 veces platinum en EEUU y se vendieron 20 millones de ejemplares en el mundo. “Take me with you”, “Darlink Nikki”, “When doves cry”, “I would die 4 you”, “Purple rain”, y claro… el himno, “Let’s go crazy”, en mi top 5 de toda la vida. Indescriptible.

Dearly beloved
We are gathered here today
2 get through this thing called life
Electric word life
It means forever and that’s a mighty long time
But I’m here 2 tell u
There’s something else
The afterworld
A world of never ending happiness
U can always see the sun, day or night
So when u call up that shrink in Beverly Hills
U know the one.. pam pam pam pam…