Echo & The Bunnymen – Heaven Up Here

Podrían haber sido U2, o Talking Heads, o Simple Minds, o REM, o The Cure. Durante un corto tiempo, 80 y 81, después de sus dos primeros álbums, Echo & The Bunnymen era un valor seguro del rock new wave inglés. Pero se quedaron en eso, Echo & The Bunnymen, con su nombre cretino y el flequillo de Ian McCulloch, cantante (melo)dramático. Hoy quien los recuerda? Si no fuera por la canción The Killing Moon, que salía en la película Donnie Drako de 2001, posiblemente sólo los fans de primera hora, como yo.

No hace mucho, el guitarrista Will Sergeant declaraba que “Nos hubiera gustado tener un éxito parecido al de REM o de los Talking Heads, pero teníamos demasiados enemigos para ello”. No aclaró quién era el desgraciado que les había impedido ser los reyes del mambo, pero yo creo que el nombre de la banda fue su propio enemigo. No puedes pretender llenar estadios haciéndote llamar Echo & The Bunnymen. Echo era el nombre que le habían dado a su caja de ritmo –la banda empezó sin batería-. Y Bunnymen, porque los primeros conciertos, cuando todavía se llamaban The Crucial Three, los daban en el Club Eric’s, una sala de Liverpool cuna de muchos grupos de la época. Bunnymen, en relación a las Bunnies de Playboy, digo yo. Mis ídolos rock no pueden ir en tanga, con colita de conejo en el trasero y orejas a lo Bugs Bunny en la cabeza. Por muy buena música que hagan.

Y buena música Ian McCulloch hizo mucha. Primero como The Crucial Three, luego como A Shallow Madness, con Julian Cope. Cuando Cope echa a McCulloch, rebautiza la banda como The Teardrop Explodes –grupo post punk de culto, aunque con aún menos éxito que los conejitos-. Malamente despachado –será Julian Cope el enemigo del que hablaba el guitarrista?-, Ian McCulloch monta un nuevo grupo con Will Sergeant, el bajista Les Pattinson, y la ya mencionada caja Echo. El primer single publicado, Pictures on my Wall, es de 1979; Ian McCulloch apenas tiene veinte años, pero aparenta una madurez creativa sorprendente, y su voz suena ya fuerte y segura. Para el primer álbum, Crocodile, grabado en tan sólo tres semanas y editado el año siguiente, tiran a Echo a la basura y contratan los servicios de un batería, Pete de Freitas –fallecido en un accidente de moto en 1989-. El disco entra en los charts UK, en el #17, todo un logro para una banda que produce una música post-punk oscura y triste. Y más procediendo de una ciudad que todavía vivía del legado de los cuatro sosos, a años luz de Manchester y Londres. Más de treinta años después, la calidad de los temas asombra, especialmente Going Up, la canción que abre el disco. Entre Joy Division y U2 –el U2 bueno, el de Boy-. Allmusic le da un 4,5/5, Pitchfork un 8,2/10, Rolling Stone un 4/5.

Echo

El año siguiente, se publica el segundo álbum, Heaven Up Here. La banda goza ya de cierta fama, y los medios esperan a ver si la banda es capaz de pasar el corte del segundo disco. Ian McCulloch dijo mucho después que entraron a grabar con el tema What Goes On en mente –Velvet Underground-, y con la idea de sacar un álbum más soul. Pero de soul poca, el álbum es más negro aún que el anterior, más denso e intimista, en la línea de la trilogía sagrada de The Cure –Seventeen Seconds, Faith y Pornography-. Heaven Up Here fue muy bien acogido, entró en el #10 de las listas de ventas inglesas. NME lo alabó, incluso premió la portada con el “Best Dressed LP” award aquel año. Allmusic le da otro 4,5/5, Pitchfork un 8/10. Y Rolling Stones lo incluye en el puesto 471 de su lista de los 500 álbums más grandes de todos los tiempos. Un discazo.

 

Escucha entero Heaven Up Here, de Echo & The Bunnymen

 

Front 242- Funkadhafi

We who are oppressed love those who fight against oppression and the oppressors… Brothers and sisters, it is with great honor and privilege that I present to you the leader of the El Fatah revolution… From Libya, our brother Muhammar El Kahdafi.

[Nosotros, los oprimidos, queremos a los que luchan contra la opresión y los opresores. Hermanos y Hermanas, tengo el honor y el privilegio de presentaros al líder de la revolución Al Fatah…. Desde Libia, nuestro hermano Muamar El Gadafi.]

Así empieza la canción Funkadhafi, con un fragmento audio de un discurso pronunciado por Louis Farrakhan, líder desde 1978 de la organización norte americana, Nation of Islam. Una pena que suelte de vez en cuando este tipo de chuminadas, porque por el resto, el objetivo de la organización es laudable: hacer que la comunidad negra estudie, mejore su estatus social y luche contra la delincuencia. Y para derrapes del estilo estamos servidos aquí, ¿verdad? Pero durante los 80’s uno todavía se indignaba sinceramente con los patinazos populistas. Así es como esta frasecita del Farrakan apareció en Funkadhafi, una de las canciones más famosas de Front 242, combo belga icono de los 80’s, máximo representante de la Electronic Body Music.

Front 242

Pocos años después de D.A.F. y Liaisons Dangereuses, Front 242 retoma el testigo de una música minimalista, bailable aunque con ritmos marciales, una especie de synthpop no apto para seguidoras de Dave Gahan. O con los dedos en un enchufe. El nombre del grupo procede de la famosa farsa de resolución de la ONU nº 242, que instaba a los israelíes a liberar los territorios ocupados a raíz de la guerra de los seis días de 1967. Resolución que el gobierno de Israel se sigue metiendo por donde la calidad del aire deja mucho que desear. De todos modos con Front 242 no se supo nunca muy bien de qué creencias se alimentaban, su música a menudo iba acompañada por una imaginería militar, pelo a ras y botas de esas que la abuela se atraganta al verte pisar la alfombra. Pero sus actuaciones en directo, su particular forma de escenificar su música, les llevó a arrasar durante algunos años en las macro-discotecas de Europa y EEUU; eran buenos tiempos si comparas con la chusma de hoy, Guetta y demás DJs insoportables. El grupo se separó una primera vez en 1993, se reformó cuatro años más tarde, y hoy siguen en activo, sacando álbumes de forma esporádica, colaborando con un montón de artistas y convirtiéndose en fuente inagotable de inspiración para muchos grupos desde hace más de tres décadas.

Venga, Funkadhafi, sube el volumen, escucha al tio Farrakan’n’roll, luego zumito y a misa.

Escucha Funkadhafi de Front 242

Al Jarreau – Breakin’ Away

Al Jarreau, rey del soft jazz soul pop, vocalista con técnica propia –consiste en dormir con calcetines mojados y la ventana abierta, pillar resfriado y así cantar con la nariz- nació en 1940, en Milwaukee, como Alwyn López Jarreau. López… López,  esto me suena… Su padre era pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día –no era ese el día que iban de vagos?-. Ya lo he dicho en este blog otras veces, es increíble la cantidad de cantantes que fueron hijos de pastores y curas. La Iglesia, segunda cantera de la música soul, pop y rock’n’roll, después de las calles de los suburbios de Londres y NYC.

Desde muy chiquitín, muestra dotes para la interpretación. Cada vez que puede, canta en la iglesia de su padre, con su madre al piano; de adolescente, monta una pequeña banda de jazz llamada The Indigos, pero no deja de centrarse en sus estudios de psicología. Después de conseguir su diploma de especialista en rehabilitación, empieza a trabajar en hospitales de San Francisco con gente con problemas de adicción de todo tipo –bendita época en la que podías trabajar de lo que habías estudiado-. En paralelo, empieza a producirse en un chiringuito llamado Gatsby’s, acompañado por la guitarra acústica de un tal Julio Martínez. Martínez… Martínez, esto me suena… Las buenas críticas recibidas le llevan a dar un giro en su vida, y decide dedicarse a su pasión. Con su comparsa Martínez, bajan hasta Los Angeles, donde tocan en una multitud de bares y night clubs. Pero la figura de papa no anda muy lejos, por ello entra en distintas entidades religiosas pseudocientíficas, como la Iglesia de la Cienciología –vade retro hijos de satanas!!!-, de la que confesó haber salido tiempo después. Mff… no sé yo…

En 1975, un representante de Warner da con una de sus representaciones y al día siguiente le hacen firmar un contrato. Tiempo después –poco, time is money-, sale el primer álbum de Al Jarreau, We Got By, aclamado tanto por la critica como por el público, sobre todo en Europa, donde recibe varios premios, para este disco y el segundo, Glow, publicado en 1976. Jazz, pop, soul, R’n’B, el artista pasa de un estilo al otro con total naturalidad, talento que le permite ser el único artista en haber ganado un premio Grammy en tres categorías distintas: jazz, pop y rythm and blues. Sin embargo su estilo vocal singular –era capaz de imitar a la perfección guitarras y percusiones-, la calidez de su voz, sus alegres composiciones, nunca le llevaron a la cima en las ventas, ni con el best-off que salió en 1996. Ays, Al Calimereau.

Al Jarreau

En 1981, se publica Breakin’ Away, el quinto álbum del artista, posiblemente su mejor trabajo. Se trata de una pequeña joya jazzy soul pop con temas geniales, como el que lleva el nombre del disco. La noche anterior de la sesión de grabación, dormiría directamente en el balcón, bajo la lluvia, sino cómo explicar esta voz? Y Blue Rondo à la Turk, una versión ligeramente cantada de la obra original de Dave Brubeck. En los años 2000, Al Jarreau declaraba al periódico Virginian Pilot que “me siento como que estoy empezando la segunda mitad de mi carrera. Espero estar lo suficientemente afortunado para seguir haciendo música en mis 70 y 80 años …. Yo sé que esto no es así para todo el mundo a mi edad, o incluso más joven”. Ays, ni para ti Al. Fue hospitalizado en 2010 en Francia por problemas respiratorios y cardíacos, cuando se disponía a dar un concierto en Barcelonette, en la Provenza francesa. Habrá que dejar el truco de los calcetines.

 

 

Escucha entero Breakin’ Away, de Al Jarreau

 

The Woodentops – Stop This Car

Domingo once de agosto. Madrid vacío, Madrid asfixiante. Vacaciones a la vuelta –yo no, ya me he ido, buaaaaah-, descanso merecido dices, ni zumito ni misa. Una mierda. Venga, de pie, esta mañana te espera una rareza que te va a poner las pilas. Un tema que no escuchaba en más de veinte años, y en su versión remixeada –uch, qué palabra más fea- para más inri. Ocho minutos, sólo para ti.

The Woodentops, grupo rock new wave electrizante de mediados de los 80’s. Tenían tanta prisa en sus composiciones que resbalaron sobre el éxito y desaparecieron enseguida. El líder y cantante de la banda, Rolo MacGenty, procedía de la escena de Liverpool, tocando o relacionándose con grupos importantes de la época, Teardrops ExplodeJulian Cope, amigo de Rolo-, Wild Swans, Jazz Butcher. Los medios los adoraban –Allmusic le da un 4,5/5 al primer disco, Giant-, pero el público no reaccionó, incomprensiblemente. Estuvieron una temporada tocando en la costa mediterránea, desde Barcelona hasta Valencia, pasando por Mallorca e Ibiza, con su estilo esquizofrénico inconfundible. Well well well, Move me, Travellin man, todas canciones rock con un tempo increíblemente rápido, gracias a la labor de Benny Staples, único batería que he visto tocando de pie, por la intensidad de su juego. Porque sí, yo les vi en concierto, en Francia, en 1988. Recuerdos emocionantes para contar a los nietos.

car

Pero si hay que quedarse con una, que sea Stop This Car. Publicada en 1988 en el segundo y último álbum de estudio, Wooden Foot Cops On The Highway, parece haber inspirado el No Cars Go de Arcade Fire. O será el violín que me confunde? Total, algunos meses después se publica una versión remix del tema, de cerca de ocho minutos, arrancando muy lento, para terminar en la explosión de guitarras y batería marca de la casa Woodentops. Enorme.

Venga, sube el volumen, escucha Stop This Car, luego zumito y a misa.

Escucha Stop This Car, de The Woodentops

Q Lazzarus – Goodbye Horses

Jame Gumb –Jame sin “s”, debido a que su alcohólica de madre no supo escribir bien el nombre de su retoño en el acta de nacimiento- es el personaje de literatura/cine que más me ha atormentado. Y eso que tuve mi periodo de lector asiduo de obras, de ficción o no, sobre psicópatas y asesinos en serie. Curiosamente, en el Silencio de los Corderos, no es el personaje central, por mucho que toda la peña de Quantico –cantera del FBI- ande detrás de él por todo el territorio americano. El afable Hannibal Lecter le roba el protagonismo, sin duda, incluso Clarice Starling y su perfume barato es fascinante. Pero los últimos diez minutos, dedicados al antro de Buffalo Bill donde retiene a su próxima víctima aterrorizada, son espeluznantes, con una tensión que va crescendo a medida que se escucha de fondo Goodbye Horses, de Q Lazzarus.

Jonatham Demme, el director de la película, tuvo un ataque de genialidad al elegir este tema. Es difícil disociar la canción de la escena en la que Buffalo Bill baila, mirándose al espejo, escondiendo su sexo entre sus piernas, terminando de coser grandes trozos de piel femenina para hacerse un traje y así verse como la mujer con la que siempre ha soñado ser. Jame Gumb alias Buffalo Bill es un enfermo mental, su obsesión es repulsiva y quita el aliento sólo con pensar en ella. Y Goodbye Horses consigue perfectamente acompañar a este personaje en su siniestra locura, creando una atmósfera opresiva, lúgubre, mareante.

qGoodbye Horses, compuesta en 1988 por William Garvey e interpretada por Q Lazzarus, es la única canción conocida de esta artista. Un one hit wonder magistral y atemporal. Según su autor, la canción habla de “la trascendencia respecto a los que ven el mundo como algo meramente terrenal y finito. Los caballos representan los cinco sentidos de la filosofía hindú -El Bhagavad Gita- y la capacidad de cada uno para levantar su percepción por encima de las limitaciones físicas y ver más allá de esta perspectiva terrenal limitada”. Wow, Buffalo Bill estaba pirado perdido, pero William Garvey –fallecido en 1989- tenía su puntito también…

Q Lazzarus en realidad se llama Shannon Funchless, es neoyorquina, se parece increíblemente a Grace Jones, y ahora canta en un dúo electrónico, Light Asylum, con Bruno Coviello. El año pasado sacaron un álbum, homónimo. La voz ha envejecido, pero sigue igual de poderosa y sugerente. En otro post hablaré de este prometedor proyecto.

Venga, escucha Goodbye Horses, apuesto un dedal a que se te hiela la sangre inmediatamente.

 

Escucha Goodbye Horses, de Q Lazzarus

Minimal Compact – Invocation (For Things To Come)

A un viejo israelí con paraguas diminuto en el cráneo, que llevaba más de cincuenta años acercándose a diario al muro de las lamentaciones a rezar, un día una periodista de la CNN le preguntó que por quién rezaba. El viejo sabio –con cerca de un siglo de vida eres un viejo sabio, independientemente del resto-, contestó que rezaba “por la paz en el mundo, para que mis nietos puedan ser amigos de los árabes, que crezcan en un mundo de amor y respeto mutuo, que no haya más guerras ni odio…”. Después de 51 minutos parecidos, la periodista le tuvo que interrumpir –se estaba agotando la cinta y tenía que ir al baño,- y le preguntó: “y hoy, después de tantos ruegos en este lugar sagrado, qué!” . Y el viejo sabio contestó: “tengo la sensación de estar hablando con un muro”.

Esto debe de pensar Sami Binrbach. Este buen hombre, israelí de nacimiento, predicador musical –la suya esencialmente- desde que aprendió a lamentarse, no tiene hoy muchos motivos para alegrarse. Después de treinta años rogando que se le escuche y que se cumplan sus sueños, nadie le hace caso, ni le presta atención. Es más, no se le acerca ninguna periodista, aunque sea del Tel Aviv Entertainment Gazette. Uyyyy cómo te pasas Fiouck, sobre todo teniendo en cuenta que al Sami Birnbach le viste en concierto con su grupo Minimal Compact, allá por el ochenta y algo, en esta mítica sala rock de tu ciudad, pedo y feliz –yo, sami no lo sé-. Época bendita en la que reinaban The Gordinflon’s –antes llamados The Cure, cuando Robert comía dos veces al mes-, y toda la peña del dark wave, cold wave, new wave y demás olas que susurraban de noche y ayudaban a dormir.

minimal

Minimal Compact no jugó ni mucho menos un papel esencial en la evolución de la música rock y hoy pocos son los que se acuerdan. Sami Birnbach, que había dejado Israel por Amsterdam, era un joven DJ poeta –vamos a llamarlo así-, que actuaba en salas underground de la ciudad–el underground de Amsterdam necesita neopreno?-. Un día de 1981 conoció a Malka Spigel, bajista, con la que montan la banda Minimal Compact, sirviendo hasta el final (1988) una música oscura, minimalista, electro punk con toques orientales. Publicaron una cantidad indeterminada de álbumes –las fuentes no quedan del todo claras-, y consiguieron unos seguidores fieles, pero nunca el apoyo de los medios. Tan solo aparecieron una vez como single de la semana en el NME, y tuvieron su sesión con John Peel.

Siete años de impacto minimalista. Dejaron algunos fabulosos temas para los fans de la primera hora –The Traitor, Statik Dancin, Next One is Real, When I Go, etc- aunque intentar hacerse una idea hoy no es fácil. Es más, te lo pongo complicado, te dejo con una especialmente torturada. Esta canción, aunque para nada de las más conocidas de la banda, sí que es increíblemente representativa de aquellos años en los que uno jugaba a darse miedo escuchando canciones depresivas. Invocation (For Things To Come), la endecha ochentera por excelencia.

Ojo, esto es un collector, no es nada fácil encontrarla.

 

Escucha Invocation de Minimal Compact

Rosie Vela – Magic Smile

Estaba escuchando yo vinilos ayer, cuando de repente me encontré con uno que llevaba lustros sin sacar de su caja. Y digo yo, nena, te voy a rescatar –oh sí baby rescátame, creo haberle escuchado decir a lo lejos-, aunque nadie te conozca, pero te lo mereces. ¿Y por qué se lo merece una desconocida dices tú? Lee, ya verás.

Roseanne Vela. Rosie Vela para los amigos. Es norte americana, ronda ya los sesenta años. Nació en Texas, aunque con dieciséis años se mudó a Little Rock, Arkansas -este pueblo me suena a novela de terror de Stephen King-, allí estudió arte y música y empezó a salir en portadas locales, la verdad es que era muy guapa –thanks baby-, es un dato importante para lo que sigue. Conoció al amor de su vida, un joven músico llamado Jimmy Roberts, se casaron, pero no tuvieron tiempo de ser felices, él falleció por culpa de una m… de cáncer a los pocos meses. He leído por ahí que Jimmy murió en los brazos de Rosie. Ays. Vela negra. Poco después, estamos en 1974, se marcha a Nueva York; olvidar. E intentar relanzar su carrera de modelo, ganar algo de pasta para vivir su verdadera pasión, la música –tocaba el piano desde los seis y había estudiado ópera-.

Rosie Vela

En Nueva York se convierte en top model. En esta época no eran las diosas en las que se han convertido hoy, pero catorce portadas de Vogue avalan su trayectoria como modelo. Guapa, nena –gracias baby-. A principios de los 80, con la ayuda de su hermano, compra e instala un estudio de grabación en su casa. Pasa años componiendo y escribiendo, letra y melodías, pop elegante y soft rock tan en boga. Cuando se siente lista, mueve a todo el gremio para dar con sus ídolos y conseguir lo que nadie había conseguido en años: volver a reunir a Donald Fagen y Walter Becker, ambos fundadores de Steely Dan, banda de rock jazz rock folk funk r&b blues –pon ahí lo que tú quieras, menos rap y punk- que vendió más de 40 millones de discos esencialmente en los US en la década de los 70’s. Llevaban ya más de cinco años separados, pero el ímpetu de Rosie Vela en conseguir que trabajasen en su álbum funcionó. Producido por Gary Katz –productor de los trabajos de Steely Dan-, Zazu sale en 1986, distribuido por A&M, un sello de Polygram, hoy Universal. El resultado? Un disco muy bonito, con melodías muy trabajadas y variadas, nada fáciles, acompañadas por una voz cálida y alegre. La canción Zazu –la que da el nombre al disco- es la más bonita, pero sólo tengo una en mp3, Magic Smile, afortunadamente muy representativa del resto del álbum. En su día se la comparó con Joni Mitchell, Rickie Lee Jones o Kate Bush, y talento no le faltaba.

Sin embargo y contra todo pronóstico, en los US el disco no funcionó nada, cosa que le obligó a salir a Europa a promocionarlo. Cuando le tocó el turno de ir a Francia, su discográfica incluyó en el tour a la ciudad en la que yo trabajaba, en una radio. Un amigo mío, muy metido en el mundillo de los sellos, organizó un coctel de bienvenida en su bar, y me invitó. Dios, qué guapa era –vas a hacer que me ruborice, baby-. Y ahí estaba yo con mi amigo, tomando mi copa de champagne, cuando de repente ella decidió que había tenido suficiente y empezó a despedirse muy amablemente de la gente. Y a mi, grandullón medio atontado, me dio un beso en la mejilla. Wow. El que se ruborizó fui yo, la verdad, no soy ningún héroe. Ay Rosie, sepas que tu disco me gusta mucho, y ese magic kiss, uch…

 

Escucha Magic Smile, de Rosie Vela