The Monkees – I’m A Believer

The Monkees fue posiblemente el primer grupo nacido de la mente avispada de algunos tiburones de la industria del entertainment televisivo y musical. Desde entonces, el fenómeno se ha ido amplificando y, si te paras a pensarlo –cerrando los ojos, cruzando los dedos, ajo en el bolsillo, estaca de fresno en el cinturón, rezando repetidas veces “vade retro satanas”- grupos procedentes, no de las ganas adolescentes de montar una banda de música, sino de un plan marketing de masas concebido para retirarse a los 35, ha habido cientos. No, esta vez no diré nada de Lady Gaga. Pero piensa en todos los boy y girl bands –sumando entre todos un porcentaje significativo del total de las ventas de discos-, y todos estos artistas lanzados al estrellato por programas reality de dudosa calidad –sin ir más lejos, Operación Triunfo aquí-, y te harás una idea del alcance de la plaga. De hecho, en 2013, la banda que encabeza las listas de ventas, One Direction, no deja de ser la última creación musical del programa The Frankensmax Factor.

The Monkees es lo que quedó de una serie televisiva creada a mediados de los sesenta para la cadena NBC, en Los Angeles, serie que no dejaba de dejar latente la imposibilidad de la sociedad americana a hacer frente o asumir la invasión del pop inglés, en especial de los cuatro sosos de Liverpool. La historia contaba las aventuras de una banda pop que quería ser como The Beatles –psss-, sin lograrlo nunca. Para formar al grupo, se publicó un anuncio en varias revistas del sector, Variety y The Hollywood Reporter, en el que se pedía a cuatro chicos sanos de diecisiete a veintiún años. Prepúberes, vamos. Se presentaron 437, y después de rechazar a algún que otro futuro crack – como Stephen Stills, miembro de Crosby, Stills, Nash, Furay, Tork, Coolidge, Russel, Campbell, Lewis, Ready, Hathaway & Young-, se eligieron a Micky Dolenz, Michael Nesmith, Peter Tork y Davy Jones. Según qué criterios? Misterio. Guaperas, lo más probable. Porque talento para tocar o cantar, inicialmente bien poco.

More Of The Monkees

La serie se estrena en 1966, obra de Bob Rafelson -quien dirigirá en 1981 una versión del Cartero Siempre Llama Dos Veces-, y Bert Schneider. Contra todo pronóstico, tiene un éxito tremendo. Naturales, cómicos, insolentes, carismáticos, los cuatro simios encuentran enseguida una forma de destacar y lograr el cariño de un país entero, haciendo de The Monkees una de las series más queridas de la época. Cincuenta y ocho episodios de veinticuatro minutos, dos temporadas, prácticamente una sola historia, la de cuatro chavales compartiendo una casa guapa en la costa oeste, inocentes frente a malvados de todo tipo sin escrúpulos. La serie hace especial hincapié en la música, contando cada episodio con su canción rodada como un vídeo clip. Cuando se llegan a siete u ocho temas, se saca un álbum. A partir de la serie se sacan cinco discos. Cuatro de ellos suben hasta el #1 de las listas de ventas. Los productores están eufóricos, el honor yankee está a salvo, la Monkeemania hace frente a la Beatlemania.

A partir de ahí, los cuatro ñoños se crecen, empiezan a pedir y exigir, hartos de no poder tocar ellos mismos los instrumentos en la interpretación de las canciones. Ays, por qué no lo dejaron en cobrar su cheque y punto? Se pone en pie una gira por todo EEUU, que se descalabra el día que piden a Jimi Hendrix tocar de telonero –¡¡¡de telonero!!!!-, con dos públicos radicalmente opuestos. En Inglaterra se les ve como cuatro cómicos simpáticos, hasta Lennon y Harrison les reciben con entusiasmo. A su vuelta a L.A. piden meter mano en los guiones de la serie, se arriesgan con posturas –bien ahí chicos- controvertidas, por pacíficas, y hacen evolucionar su música hacia el psicodelismo de Zappa o el country de Johnny Cash. La verdad es que no se quisieron conformar, partían de cero, llegaron a ser músicos de verdad, olé The Monkees. Y dejaron algunas de las canciones pop más icónicas de la época. Luego lo típico, se separarían, se volverían a formar, se volverían a separar, se volverían a formar. Hasta hace poco, que hicieron una gira en los US, sin Davy Jones, fallecido en febrero de 2012.

 

 

 

Escucha la más famosa de The Monkees, I’m a Believer

 

Underworld – Born Slippy NUXX

«Me lo he justificado a mí mismo de todas las maneras. Que no era para tanto, solo una pequeña traición, o que nuestras vidas habían ido por caminos cada vez más distintos, ese tipo de cosas. Pero afrontémoslo, le di el palo a mis supuestos colegas. A mí Bergbie me importaba una mierda, y Sick Boy, él me habría hecho lo mismo si se le hubiese ocurrido primero, y Spud, bueno, vale, lo sentí por Spud, él nunca le hizo daño a nadie. Entonces, ¿por qué lo hice?. Podría ofreceros un millón de respuestas, todas falsas. Lo cierto es que soy una mala persona, pero eso va a cambiar, yo voy a cambiar. Es la última vez que hago algo así. Ahora voy a reformarme y dejar esto atrás, ir por el buen camino y elegir la vida. Estoy deseándolo, voy a ser igual que vosotros. El trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, el equipo de compact disc y el abrelatas eléctrico, buena salud, colesterol bajo, seguro dental, hipoteca, piso piloto, ropa deportiva, traje de marca, bricolaje, teleconcursos, comida basura, niños, paseos por el parque, jornada de nueve a cinco, jugar bien al golf, lavar el coche, jerseys elegantes, navidades en familia, planes de pensiones, desgravación fiscal… ir tirando mirando hacia delante hasta el día en que la palmes.»

Con este monólogo en off de Mark Renton, finaliza Trainspotting, película de culto de los 90’s, realizada por Danny Boyle, con Ewan “you should have seen his face when i told him i was his father” McGregor y Robert Carlysle, acompañado por la canción Born Slippy .NUXX de Underworld. Escuchas las primeras notas, e instantáneamente te vuelve en mente los retazos de vida de esta pandilla de amiguetes heroinómanos, sociópatas, mentirosos, suicidas y medio locos.

La película fue criticada duramente en su día -1996- por hacer apología de las drogas duras, cuando en el fondo decía justo lo contrario. De todos modos no impidió que fuera un éxito de taquilla en el mundo entero y considerada por una generación entera como su película de cabecera. Más allá de lo que narra, Trainspotting es eminentemente musical. La BSO es para enmarcar: Iggy Pop, Blur, Primal Scream, Lou Reed, Elastica, New Order, Brian Eno, Pulp, Damon Albarn. Un concentrado de tres décadas de lo mejor del punk, rock, y britpop. Sin embargo la canción que mejor identifica la película no es ninguna de estas. Dale al play más abajo, me entenderás.

born slippy

Underworld es un grupo inglés de música electrónica, fundado por Karl Hyde, cantante, y Rick Smith, teclados. Después de pasar o crear varias bandas a principio de los 80’s –The Screen Gemz, Freur, etc-, forman Underworld en 1987 con otros tres músicos. Publican dos discos de funk electropop que no funcionan, Underneath the Radar en 1988 y Change the Weather en 1989, fin de la primera etapa. Los dos fundadores retoman las riendas, reclutan a un DJ, Darren Emerson, que reorienta la música del grupo hacia un estilo más techno bailable. Dance, vamos, pero talentosa. El primer álbum de esta segunda etapa, Dubnobasswithmyheadman, publicado en 1994, recibe muy buenas criticas. Dos años más tarde, golpe de suerte, sacan un segundo disco al mismo tiempo que se estrena Trainspotting. De la noche a la mañana están en boca de todos, Born Slippy .NUXX invade las radios y las discotecas de toda Europa. El tema Born Slippy –del nombre de un galgo de carrera sobre el que apostaron y que ganó- había sido inicialmente editado en 1995 como cara B de un single que no figuraba en ningún disco. Nadie se había percatado del potencial hasta que Danny Boyle la eligió para la banda sonora de Trainspotting. Fue elegida mejor canción dance de la década, vendió más de un millón de ejemplares sólo en Inglaterra. Según contó más tarde el trio, la palabra NUXX que se añadió al nombre original apareció accidentalmente en el fichero del PC con el que trabajaban y no se quitó a la hora de sacar el remix.

A mi no me gusta la dance, salvo raras excepciones. Esta es una; cada vez que escucho las notas de teclado de la intro, me entran tremendas ganas de bailar –cosa que hago muy mal por cierto-.

Hala, abre la ventana, sube el volumen, luego zumito y a misa.

 

 

Escucha Born Slippy NUXX, de Underworld

 

Driving Blind – Driving Blind

Rubén García Kielmannsegge, alias Watch TV, madrileño, DJ, productor, músico ecléctico de nu-jazz, dance club, down tempo, trip-hop, afro-funk, impulsor del proyecto The After School Special, maestro de los samplers, sintetizadores, mesas de mezclas y micrófonos, enamorado del vinilo, presente en un Hôtel Costes de Stéphane Pompougnac, colaborador del Gran Lapofsky, creador del recopilatorio Evil tunes, Vol. 1, productor de los discos de Chop Suey, Shiva Sound, Mojo Project, Moods & grooves, en los créditos de películas como El arte de morir, Amor Curiosidad Prozack y Dudas, Mi vida sin mí, pinchadiscos en Los Premios Goya, en el Sónar, en el Doctor Music. Entre otras cosas. Respira, que ahora viene otro.

Ivan Espejo, alias DJ Cue, malagueño, dos discos en su haber –Metamorphosys con 19 años, Atlantis, con pocos más-, pintor, locutor de radio, rotulista profesional, dibujante genial, DJ de la noche malagueña, retratista, beat maker, vendedor de discos, técnico audiovisual, road manager, productor, creador de podcast radiofónicos, editor de fanzine, Jam sesionista, periodista, columnista, animador de fiestas privadas y eventos corporativos, compositor, cantante, letrista. Entre otras cosas. Respira, que ahora viene el desenlace.

db

Un día, por casualidad, una demo del segundo llega a manos del primero. Flechazo. Empiezan a trabajar juntos, componen, crean, ensayan; seis meses después ya están tocando en locales de Madrid, con nombre y logo, Driving Blind –nombre sacado de una colección de novelas cortas de Ray Bradbury-. Ambos artistas tocan –sintetizadores, ordenadores, aparatos de todo tipo, no me entero porque yo soy más de la trilogía sagrada guitarra bajo batería-, y ambos cantan. Hermosos juegos vocales que acompañan una música electrónica elegante y creativa. Por poner referencias, Massive Attack o Anthony & The Johnsons, con un toque muy personal y original.

Mueven montañas, se ofrecen, corren, negocian, regalan, se producen, actúan, cantan, todo lo que pueden, bares, discotecas, eventos privados, desfiles. Poco a poco un álbum se perfila, lo financian ellos, algunos temas empiezan a sonar en la noche madrileña. En paralelo, porque los músicos a veces comen y se visten- sí sí, aunque parezca mentira-, siguen locutando, pinchando, pintando, produciendo, colaborando, concibiendo, creando.

El disco de debut del dúo, homónimo, está a la venta desde ayer. Lo compré, nada más enterarme. Porque les he visto varias veces en concierto, y siempre salí encantado con la calidad de las actuaciones y el talento invertido. Hasta en Ibiza, donde Iván Espejo se producía este verano una vez a la semana en un paraje idílico, casi bucólico, acompañado por el violonchelo de Illo Mur, versionando grandes estándares del rock, de Radiohead a Bjork, pasando por Nirvana y Stone Roses. La voz de Iván Espejo con el violonchello de Illo Mur, wow.

No sé lo que va a ser de Driving Blind, si van a llegar a buen puerto. Se lo merecen, y se lo deseo, no sólo por la música que tocan, sino por el empeño que ponen en ello. Mírate más arriba el currículum de cada uno, acaso hay otro sector en el que, a pesar de contar con la experiencia de veinte vidas, sigue sin ser suficiente como para vivir dignamente de ello?

La música es una puta con sus pretendientes, porque quitando a los chulos que se llevan todo el pastel, promete mucho, pero da poco.

 

 

Escucha los mejores temas de Driving Blind

Billy Paul – Me & Mrs Jones

Refinado, elegante, voz cálida –aunque como un Barry White que se hubiera dejado algo en las puertas del ascensor-, figura del soul, demasiadas veces olvidada injustamente, Billy Paul, que empezó como jazzman, fue uno de los grandes de la soul funk pop de las décadas de oro para el género, 60 y 70’s. Y pienso daros una oportunidad, en tres canciones, de corroborar lo que acabo de decir. De paso ver si estáis atentos.

Muy chiquitín, gracias a una madre apasionada de música, gran compradora de discos –para compensar los que descargas tú, ays-, adquiere rápidamente una soltura frente al micrófono. A los doce años ya estaba cantando en programas radiofónicos de la ciudad de Filadelfia, de donde era. Se ganó a pulso el derecho a producirse en clubs de la ciudad y luego a nivel nacional, en pequeñas giras durante los años cincuenta, en las que tuvo la enorme suerte de actuar antes o con artistas como Charlie Parker, Miles Davis, Nina Simone, Dinah Washington y otros muchos artistas de jazz consagrados.

Billy Paul

A principios de los 70’s –ya, se lo tomó todo con calma-, después de montar trios, bandas y formaciones, grabar y publicar tres álbumes, da en el clavo con un hit planetario, Me & Mrs Jones. Tres semanas seguidas #1 en los charts US a finales de 72, dos millones de copias vendidas en una nada, para una enorme canción soul, un clásico entre los clásicos, y eso que habla de adulterio. En el vídeo original –que no llega ni al millón de views en youtube, vergonzoso-, el amigo Billy tiene un porro en la boca que alucinas, hecho con un mínimo de 60 hojas del mejor OCB. Hoy subes un vídeo en el que se te ve fumar un canuto, y a los catorce minutos tienes a cincuenta agentes del CNI destrozando tu puerta para llevarte a no sé sabe qué agujero negro de los limbos sin mapa. Cuánto hemos regresado, da miedo.

Después de saborear algunos años un papel inesperado de estrella, vuelve a marcar pautas, con una versión I N M E N S A de Your Song, de Elton John. La cumbre de la música soul pop groove funk. Puedo escucharla diez veces seguidas sin cansarme –de hecho ya van cuatro mientras escribo este post-, con este tema bailaré igual hasta que se apague la luz. La canción perfecta, que me da una alegría como pocas, más aún que A Funky Space Reincarnation, del gran Marvin Gaye. Ayayayayaaaaaaa…

Y por último, War of the gods, regalo extra del post de hoy, una canción increíblemente bonita, de cerca de diez minutos –merece la pena esperar los 2’50” de intro, créeme-. Empieza como una hermosa balada melancólica, termina de la mejor manera posible, funk alegre y energizante.

Billy Paul, ochenta años el año que viene. Sepas que tienes un fan aquí en Madrid. Ve en paz, eres un puto crack.

 

 

Escucha las mejores canciones de Billy Paul.

Janelle Monáe – The Archandroid

Hay quien llegó a decir que Janelle Monáe era la Lady Gaga negra. Por dios, esto me hace saltar. Cómo comparar a una artista de verdad con un producto marketing, la soul/funk/R’n’B con el pop de supermercado, la clase con las provocaciones de dos duros del bodrio rubio. Y aunque no venga a cuentas, Janelle Monáe es terriblemente sexy y guapa. Lady Chaterley vs Anastacia Steele. Mañana se publica el tercer disco de Janelle Monáe, día en el que la Gaga lucirá su nuevo traje hecho con veinte kilos de plumas de oca y mermelada de fresa, a ver si el ridículo sigue sin matar. Que la farsa te acompañe, Gaga.

Janelle Monáe es Cindi Mayweather. Nacida en la cuna de Dorothy del Mago de Oz -Kansas-, Janelle también pronto se inventa un mundo en el que ilustrar sus miedos por un mundo que se deshumaniza. Así es cómo nace Cindi Mayweather, mujer android, personaje principal de los dos álbumes de la artista. Cindi representa a los “otros”, los nuevos blancos del odio y la ira de los humanos –hoy unos cuantos pueblos o etnias se alegrarían de que “algo” les sustituyera en el  papel de víctimas-. En su primer disco, Metropolis The Chase Suite, de 2007 -disco conceptual con inicialmente sólo cinco temas, aunque luego se reeditaría para incluir más canciones, hasta ocho según las ediciones-, Janelle relata la huida de Cindi, rebelde con causa y alma por haberse enamorado de un humano. El disco retiene la atención de los medios y recibe muy buenas críticas, pero el público no sigue. A la artista de veintidós añitos, no le preocupa, ya que ni pensaba que se fuera a distribuir, siendo su idea inicial ofrecer su descarga desde su web. Pero pasó por ahí Sean Combs, dueño del sello Bad Boy Records, que la quiso nada más verla en Myspace, y declaró : “me gustó su mirada, me gustó que no se viera su cuerpo, me gustó su forma de bailar, me gustó su diferencia”. Y lo publicó.

The ArchAndroid

En 2010, se edita su segundo disco, The Archandroid. Inspirado en novelas y películas de ciencia-ficción, como Metropolis de Fritz Lang, contiene dieciocho canciones en las que Cindi se ha convertido en el mesías de los Androids. El universo Cindi no deja de ser un pretexto para denunciar el sistema clasista y la segregación racial o social existentes en el mundo -está muy comprometida políticamente, maneja unos conceptos y defiende unas ideas que la Gaga no podría entender de atreverse alguien a explicárselos-. Cada canción es una pequeña pieza de orfebrería de soul, funk, dance, r’n’b, pop, energizantes muchas, emocionantes otras, con influencias tan variadas como Prince, Erykah Badu, Stevie Wonder, Outkast, John Barry, etc. Setenta minutos tan extravagantes y creativas como coherentes, en los que pasa de un estilo a otro con una facilidad y un talento de otro planeta. Los medios especializados le otorgan todos las máximas notas, hasta Pitchfork se deja convencer por el talento de la cantante, dándole un 8,5 de 10. Baila como una reina –ver moverse sus pies hipnotiza, sus piernas son como de goma-, y tiene una voz suntuosa. Y estos ojos negros, ays…

Mañana, tercer volumen de la saga Cindi. Todo apunto a un disco de nuevo de alto vuelo.

 

 

Escucha The Archandroid, de Janelle Monáe

Hair – (BSO) Let The Sunshine In

Cuando vuelven a sonar a lo lejos ciertos tambores de mal augurio, enseguida me vuelve en mente el musical más anti belicoso de todos, fabulosa obra de teatro de finales de los 60’s, oda atemporal a la alegría, el amor y la paz, Hair. Anti Vietnam en su momento, vale para cualquier escenario de guerra de hoy y mañana. La solemos escuchar en inglés, la oímos en español y en francés, también se agradecería se pudiera disfrutar en árabe y hebreo, o en cualquier idioma de naciones y pueblos que parecen haber olvidado que estamos aquí un tiempo reducido y que, fuck, no estaría mal que fuera viviendo en paz.

Hair, The American Tribal Love-Rock Musical, se estrena inicialmente de forma discreta en un pequeño teatro del East Village, The Anspacher Theater, Off-Broadway, en 1967. Discreta, muy a pesar de las intenciones de sus dos creadores, James Rado y Gerome Ragni –con música de Galt MacDermot-, que llevan años soñando con colocar un musical en Broadway a lo grande. Sin embargo, después de estudiar el proyecto, los representantes de los grandes teatros de la famosa avenida se niegan uno tras otro ante el propósito de la obra y el escándalo que se avecina. Cuando finaliza el contrato de seis semanas con el teatro, conocen al dueño de una discoteca de Manhattan, The Cheetah Club, que les propone trasladar el show allí. Poco a poco, corre la voz de que hay algo que se cuece en esta sala, y eso que sólo ofrece horarios inadaptados, con tal de preservar su actividad inicial de discoteca. En la primera representación, hasta se acercan Otto Preminger y Barbra Streisand, prescriptores sin levantar el dedo, como todas las estrellas. Las primeras criticas en los diarios neoyorquinos son muy buenas y encuentran fácilmente eco en una población de la east coast cada vez más ansiosa por escuchar otra propuesta de sociedad y conducta, y sobre todo cada vez más en contra de la guerra en Vietnam. Peace & Love, Sex & Drugs. Finalmente, logran un contrato con una sala de Broadway, el Biltmore Theater –rebautizado como el Friedman Theater en 2003-, en el que inician una nueva etapa seis meses después. Durante este periodo, aprovechan para modificar el guión, cambiar actores, añadir trece canciones nuevas y rehacer parte del decorado. Cuando se vuelve a estrenar el 29 de abril de 1968, Hair ha madurado, ha ganado en originalidad, es más audaz y critico aún con el sistema.

Hair

Desde esta fecha, Hair se ha convertido en una de las obras de Broadway más famosas, de estas que hacen de este barrio un lugar imprescindible cuando uno se encuentra de visita o vacaciones en NYC. Se mantuvo en el Biltmore durante 1472 representaciones, a pesar de la enorme controversia que supuso para la época, las canciones anti guerra, los desnudos, el fomento del uso de las drogas, el amor libre, y todo lo que caracterizó el movimiento hippie de finales de los 60’s. En EEUU algunas ciudades menos tolerantes recibieron a la tropa con una violencia inusitada para un acto cultural –en Cleveland familiares de actores encontraron la muerte en el incendio del hotel en el que se hospedaba la tropa-. Se empezó a exportar a otros países al año siguiente: en Londres estuvo casi 2000 noches seguidas y su estreno supuso el fin de la censura en los teatros; en Paris algunos movimientos católicos conservadores organizaron manifestaciones anti Hair durante el estreno; cada noche se podía asistir a una representación de la obra en muchos países del mundo –bueno ya sabemos más o menos cuáles-. En 1979, Milos Forman adaptó la obra al cine con John Savage, Treat Williams y Beverly d’Angelo. El guión es el mismo, menos el final, que ve morir a Berger (Treat Williams), en lugar de Claude Bukowski (John Savage), como en el musical original. Una película –al igual que West Side Story– que he visto múltiples veces y que veré otras muchas, con un placer siempre renovado. Hair es grande y vital, es gozosa por su alegre forma de darle una patada en los huevos a los carcas belicosos y amargados.

Te dejo con la canción del final de la película, Let The Sunshine. Me chifla.

 

 

 

Escucha Let the Sunshine in, de la BSO de Hair

 

Nena – 99 Luftballons

Nena, pobre nena, tiene posiblemente el peor ratio de éxitos vs discos publicados, de toda la historia de la música popular. De un lado, el indiscutible hit planetario, 99 Luftballons, del otro, un palet con dieciséis álbumes de estudio, dos ediciones especial internacional, cinco discos live, diez recopilatorios, dos bandas sonoras originales, siete discos de música para niños. Lo peor es que le llegó el éxito con su primer disco, en 1983, luego fueron treinta años de desierto, por lo menos fuera de Alemania. Y cuando tocaba cambiar el coche o pagar el colegio de los niños, hop, una nueva versión de los globitos, y tan pancha.

Nació en 1960 en Hagen (Alemania del Oeste), como Gabriele Susanne Kerner, pero irrumpió en Europa como Nena. No, no por la gracia con su ciudad…. -la ciudad, Hagen… ¿lo pillas? Sííí, Nena Hagen, muy bien, ves cuándo quieres…-, no, Nena porque sus padres, al igual que otros cuatro trillones de alemanes, veraneaban en España, y con poquitos años le pegaron este mote. Hasta 1979, no le pasa nada destacable, Alemania es un país tranquilo. Aquel año un amigo le propone cantar en su grupo, llamado Stripes. Acepta pero apenas dura la banda. Dos años más tarde, se muda a Berlin Oeste con su novio, donde inician una nueva aventura musical, con la ayuda de otros músicos cuyos nombres no te voy a dar, son muy largos y complicados de escribir. Bautizan la formación como ella –qué monooooos estos chicos-, Nena. En 1982 publican su primer single, Nur Geträumt –sólo sueños-, que se convierte en pequeño hit local, después de que un programa de TV musical les programe en hora de máxima audiencia.

99

En 1983, se edita su primer álbum, llamado igual que el grupo. El disco formó parte de lo que se llamó la Neue Deutsche Welle –Nueva ola alemana-, un saco cómodo donde al final entraban todas las bandas germanas que no tocaban folklore tirolés. Porque poner a D.A.F. y Nena en el mismo estilo, ya me dirás. Total, que a la Nena le toca el obeso mórbido de Navidad. Tanto el álbum como su principal single, 99 Luftballons, se instalan una larga temporada en el #1 de los charts alemanes y austriacos –Austria tiene cierta tendencia a hacer lo que les dicen los alemanes-. Viendo que el idioma va a ser un obstáculo para las ventas fuera de la “tierra elegida”, sacan una versión en inglés, mal traducida por 99 Red Balloons. Arrasó allá donde se lo proponía, desde Alaska hasta Australia. Fue #1 en prácticamente todos los países europeos, y si en los US no lo logró, es porque delante se le puso un tal Van Halen, con el tema Jump. La canción era políticamente (in)correcta –según como te sitúes-, denunciaba la carrera armamentística de las dos grandes potencias de la época –¡qué fue de ellas!-. A mi me gustó mucho cuando salió, más bien la versión en alemán, sonaba mejor, pero al ver el vídeo esta mañana, me costó no echarme a llorar de risa. Uch, reconozco que los vídeos ochenteros eran lo peor. Como anécdota, es la canción alemana que más alto llegó en las listas de ventas US, ya que Falco con su Rock Me Amadeus, que sí llegó al #1, era austriaco.

Y luego como muchas veces, la gran nada. Publicaron más discos, hasta su separación en 1986, sin lograr repetir la hazaña ni de lejos. Ella siguió su carrera en solitario, tocó de todo, incluso sacó un álbum sólo con covers, en el que destacaba –a mi juicio- una versión muy buena del She’s Like a Rainbow, de los Rolling Stones.

Ay, Nena, éramos jóvenes…