Marianne Faithfull – The Ballad Of Lucy Jordan

Thelma y Louise quisieron escapar un rato, tener un fin de semana para ellas, huir de un marido y una vida aburrida, pasarlo bien, reir y divertirse, ser felices. Acaso pedían la luna? Pero desde el primer momento todo se tuerce por culpa de un cretino ebrio, dejando para el resto de este divino road movie una gozosa a la vez que amarga huida hacia adelante, hasta el fatal desenlace. Si no la he visto diez veces no la he visto nunca. Cuando cruzan, ya de noche, Monument Valley, roza lo mágico. Ambas, silenciosas en el Ford Thunderbird descapotable, con cara grave, serenas pero sin ilusiones, escena bella y emocionante, simplemente acompañada por la hermosa Ballad Of Lucy Jordan de Marianne Faithfull. Wow.

No pretendo resumir el legado musical de Marianne Faithfull a una única canción, sobre todo teniendo en cuenta de que no es de ella. Pero formó parte de su séptimo disco de estudio, Broken English, de 1979, del que ella misma dice que es su obra definitiva, la mejor. El disco que le permitió existir ante todo como artista y cantante, no por el disparate de sus anteriores vidas amorosas y los excesos de todo tipo.

Nacida en 1946, es hija de un oficial británico y de una aristócrata austriaca, y sobrina nieta del escritor Leopold von Sacher-Masoch –el término Masoquismo procede muy a pesar suyo de su apellido-. Durante su niñez se divorcian sus padres y se marcha con su madre a la campiña inglesa. Ahí da sus primeros pasos en los escenarios, en los espectáculos del teatro municipal. A principios de los 60, empieza a cantar en los bares de la ciudad, esencialmente canciones tradicionales, hasta que un día de 1964 que pasaba por ahí el hada musical bueno, le presentan a Andrew Loog Oldham. Este señor no era un viejo verde en busca de jovencitas, sino el manager de los Rolling Stones, y sólo tenía dos años más que ella. En esta época el joven Andrew trataba de convencer a Mick Jagger y Keith Richards de interpretar una canción escrita entre los tres, As Tears Go By. Pero los dos músicos la rechazan por estar demasiado alejada de su estilo del momento, el rock. Contrariado, Andrew se la ofrece a la joven cantante, que con diecisiete años, la graba y conoce su primer éxito -disgustados, los Rolling Egos la re-interpretarán el año siguiente-.

Siguen más canciones y más éxitos, a la vez que poco a poco cae en la trampa del rock’n’roll. Se casa con John Dunbar –artista y galerista-, tiene un hijo con él, se divorcia, coge a su hijo en brazos y se instala en casa de Brian Jones, cuya novia introduce a Marianne Faithfull en el mundo de las drogas, suaves, menos suaves, algo duras, duras, entabla una relación con Mick Jagger, sufre una sobredosis que la deja en coma, empieza en el cine, Godard, Orson Welles, Oliver Reed, Delon, Hopkins, nueva sobredosis, fallece Brian Jones, canta Sister Morphine, baneada de las radios, pierde la custodia de su hijo, se hunde en más drogas, vive como una mendiga en Londres, dos años de decadencia, rehabilitación, vuelta lenta a la vida, colabora con Bowie, versionea I Got You Babe, inicia una nueva relación con Ben Brierly, músico de The Vibrators.

Broken English

Y renace. En 1979 publica Broken English. Séptimo álbum de estudio. Marianne Faithfull tiene treinta y tres años. Sabe que vuelve del infierno, su voz ha cambiado, ronca, su estilo es más acorde con los nuevos aires. Broken English es una fusión de new wave, rock, dance, y electrónica, mientras que la letra está a la altura de su nueva vida: desilusiones, desesperanza, melancolía. Todo el disco es sorprendentemente bueno y coherente, y teniendo en cuenta desde donde reaparece, es un milagro. Y The Ballad of Lucy Jordan –un tema creado por Shel Silverstein en 1975 e interpretado por el grupo Dr. Hook– figura en mi top 20. Magnífica balada agridulce.

 

 

 

Escuchar The Ballad Of Lucy Jordan, de Marianne Faithfull

Janelle Monáe – The Archandroid

Hay quien llegó a decir que Janelle Monáe era la Lady Gaga negra. Por dios, esto me hace saltar. Cómo comparar a una artista de verdad con un producto marketing, la soul/funk/R’n’B con el pop de supermercado, la clase con las provocaciones de dos duros del bodrio rubio. Y aunque no venga a cuentas, Janelle Monáe es terriblemente sexy y guapa. Lady Chaterley vs Anastacia Steele. Mañana se publica el tercer disco de Janelle Monáe, día en el que la Gaga lucirá su nuevo traje hecho con veinte kilos de plumas de oca y mermelada de fresa, a ver si el ridículo sigue sin matar. Que la farsa te acompañe, Gaga.

Janelle Monáe es Cindi Mayweather. Nacida en la cuna de Dorothy del Mago de Oz -Kansas-, Janelle también pronto se inventa un mundo en el que ilustrar sus miedos por un mundo que se deshumaniza. Así es cómo nace Cindi Mayweather, mujer android, personaje principal de los dos álbumes de la artista. Cindi representa a los “otros”, los nuevos blancos del odio y la ira de los humanos –hoy unos cuantos pueblos o etnias se alegrarían de que “algo” les sustituyera en el  papel de víctimas-. En su primer disco, Metropolis The Chase Suite, de 2007 -disco conceptual con inicialmente sólo cinco temas, aunque luego se reeditaría para incluir más canciones, hasta ocho según las ediciones-, Janelle relata la huida de Cindi, rebelde con causa y alma por haberse enamorado de un humano. El disco retiene la atención de los medios y recibe muy buenas críticas, pero el público no sigue. A la artista de veintidós añitos, no le preocupa, ya que ni pensaba que se fuera a distribuir, siendo su idea inicial ofrecer su descarga desde su web. Pero pasó por ahí Sean Combs, dueño del sello Bad Boy Records, que la quiso nada más verla en Myspace, y declaró : “me gustó su mirada, me gustó que no se viera su cuerpo, me gustó su forma de bailar, me gustó su diferencia”. Y lo publicó.

The ArchAndroid

En 2010, se edita su segundo disco, The Archandroid. Inspirado en novelas y películas de ciencia-ficción, como Metropolis de Fritz Lang, contiene dieciocho canciones en las que Cindi se ha convertido en el mesías de los Androids. El universo Cindi no deja de ser un pretexto para denunciar el sistema clasista y la segregación racial o social existentes en el mundo -está muy comprometida políticamente, maneja unos conceptos y defiende unas ideas que la Gaga no podría entender de atreverse alguien a explicárselos-. Cada canción es una pequeña pieza de orfebrería de soul, funk, dance, r’n’b, pop, energizantes muchas, emocionantes otras, con influencias tan variadas como Prince, Erykah Badu, Stevie Wonder, Outkast, John Barry, etc. Setenta minutos tan extravagantes y creativas como coherentes, en los que pasa de un estilo a otro con una facilidad y un talento de otro planeta. Los medios especializados le otorgan todos las máximas notas, hasta Pitchfork se deja convencer por el talento de la cantante, dándole un 8,5 de 10. Baila como una reina –ver moverse sus pies hipnotiza, sus piernas son como de goma-, y tiene una voz suntuosa. Y estos ojos negros, ays…

Mañana, tercer volumen de la saga Cindi. Todo apunto a un disco de nuevo de alto vuelo.

 

 

Escucha The Archandroid, de Janelle Monáe

French Cowboy – It’s A Question Of Time

Estaba yo buscando la canción del domingo, the “luego zumito y a misa” song. Casualmente vuelvo a dar con una que no había escuchado en muchos meses y que me encanta, y digo, bingo, hoy domingo ocho de septiembre, día desolímpicado, va a ser que le toca el turno al grupo French Cowboy, liderado –después de buscar y rebuscar, ya que no parecen saber lo que es la wiki, fuente de todas las fuentes- por Federico Pellegrini, una especie de Mortadelo rock’n’roll, por lo menos en el vídeo de la canción de hoy.

Así que me pongo a navegar, lo normal es terminar encontrando algo, una bio, una reseña, una mención, un articulito. Ha costado un poco, no tanto como Joe Mubare, el alemán del post del pasado veintidós de agosto, pero tampoco lo pone fácil. Y resulta que el Federico Pellegrini no es italiano, sino franchute. Y last but not least, es de mi ciudad, mi querida ciudad de la que me marché hace casi treinta años. En todos estos años sé que se ha crecido, sobre todo culturalmente –ofrece una serie de festivales de cine world, música clásica, espectáculos callejeros ya internacionalmente reconocidos-, y parece que por fin tiene un par de salas de conciertos digna. Así que me hizo gracia ver como hasta en cuestión de rock el mundo mundial va a tener que contar con ella. Ays la fibra…

french

Federico Pellegrini fue líder y cantante de una banda llamada The Little Rabbits. Rock del bueno, siete álbumes, pero –echarme la bronca si me equivoco- con toda la pinta de no haber cruzado las fronteras francesas. En 2005, decide tirar la toalla de los conejitos, y después de algunas colaboraciones con Helena Noguerra -hermana de una cantante gala famosa en los años 80, Lio-, decide volver a lo suyo, el rock, con un nuevo grupo, French Cowboy, en 2006. Singles, EP’s, álbumes, BSO, colaboraciones varias. Hace cinco meses se publicó el último disco bajo el nombre de French Cowboy & The One. Es rock como a mi me gusta, ¡guitarras bajo batería for President!; lo acabo de comprar, me llegará dentro de poco, así que de momento te dejo con la canción del principio del post, de 2010, It’s a Question of Time. Wow!

Pon tu Stetson y tus botas de vaquero, sube el volumen, escucha It’s a Question of Time, luego zumito y a misa.

Escucha It’s a Question of Time, de French Cowboy

Jean Michel Jarre – Oxygène

En 69, año erótico a más no poder, Jean Michel Jarre publicó un vinilo con dos temas. El primero, Erosmachine, reproducía durante cinco minutos el ruido de un cuchillo frotando una cuerda de piano, mientras que el segundo, La Cage, era un collage de ruidos, gritos femeninos –de quién sino, juas, muy buena fiouck-, sierra y guitarra eléctricas grabadas al revés, carraca, cucharas de madera, todo bastante vanguardista y muy coñazo, para qué te voy a mentir. Sacó cien ejemplares, si tienes uno, déjame un comentario con tu dirección de mail, no vale nada el disco así que te lo quito de encima, ¿bien no?

Curiosamente Jarre empezó tocando rock, y en menor medida, jazz –a parte de haber estudiado el piano desde pequeño-. Su primera aparición escénica se la debemos a un cineasta belga, Etienne Périer, director en 1967 de la película Des Garçons et Des Filles –me temo que nunca traducido al español-, en la que en una fiesta, se ve al músico tocando la guitarra y cantando dos temas de rock yeyé típico de la época. Tenía dieciocho años, le quedaban tres años de universidad –literatura-, antes de conocer a Pierre Schaeffer, el hombre que le iba a cambiar la vida para siempre –su padre, Maurice Jarre, se había esfumado de casa en 1953 para desarrollar en los US una brillante carrera de compositor de bandas sonoras de películas-. Este fundó en 1958 el Groupe de Recherches Musicales –GRM, o Grupo de Investigación Musical-, que tenía como misión componer obras para la radio televisión pública francesa, investigar sobre sonidos y gestionar el patrimonio musical. Pide a Jean Michel Jarre que lo integre, y rápidamente este muestra un singular talento para explorar nuevas vías con la manipulación de cintas magnéticas y, sobre todo, los primeros sintetizadores. En 1971, con tan sólo veinticuatro años, le ofrecen crear una obra específica para una coreografía que se iba a representar durante la inauguración del nuevo techo de la Ópera de París, pintado por Marc Chagall –uno de los grandes pintores del siglo XX, nacido ruso, naturalizado francés-. Aquella noche, Jean Michel Jarre se convierte en el músico más joven en tocar en esta mítica sala y además por primera vez el lugar alberga una obra electro acústica. ¿Se puede considerar música el ruido de una motocicleta producido por un sintetizador rudimentario? Aff, bueno qué más da, lo importante es crear, a que sí. El éxito de la representación le da alas, se independiza y empieza a producir para la televisión, el cine, y otros músicos conceptualistas.

En 1973 sale su primer álbum, Deserted Palace, muy experimental, distribuido como música ambiental por el sello US Underground Muzaks, en circuito cerrado, no en tiendas. Este disco lo mismo, si lo tienes, como no tiene ningún valor, te lo recojo en casa así no tienes que cargar con ello. Durante los dos o tres años siguientes, compone la música y la letra de bastantes hits en Francia –para los connaisseurs, es él que está detrás, música y letra, de Les Mots Bleus, interpretada por Christophe, considerada una de las canciones más bonitas de la chanson française-. Y llega 1976, año de sequía intensa en Francia, menos en la cabeza de Jean Michel Jarre.

oxygène

Compone un álbum concepto, Oxygène, especie de viaje musical de seis movimientos y cuarenta minutos. La utilización de la electrónica balbuceante en la música no era un fenómeno nuevo ni mucho menos, pero él fue el primero en componer piezas de una gran fluidez y sensibilidad, al contrario del estilo más frio y técnico de grupos como Kraftwerk. El álbum sale en noviembre, el éxito internacional es fulgurante, vende doce millones de ejemplares en pocos meses –hoy roza los veinte-. En los siguientes años cientos de programas TV y radio llegan a utilizar algún trozo de Oxygène como entradilla musical. En 1977 la revista People lo nombra Personalidad del Año. Hoy tiene una discografía de más de quince discos, aunque a este músico particular se le conoce sobre todo por los macro conciertos que ofrece regularmente en el mundo, en los que millones de personas se dejan mecer por esta música electro new age y unos espectáculos de luces, lasers y pirotécnia marca de la casa. Yo le ví en 1990 en el concierto que dio en París, desde l’Arche de la Défense. Impresionante. Wow.

 

Escucha las partes 4 y 5 de Oxygène, de Jean Michel Jarre

 

Carl Orff – Carmina Burana (O Fortuna)

Y digo yo, por qué las one hit wonders tienen que ser de pop o rock? Por qué no las va a haber del genero clásico? Díselo a Carl Orff, compositor alemán fallecido hace treinta años, al que se conoce por un único tema, O Fortuna, obertura de la obra Carmina Burana. Yaaaaaa, claro, los conocedores se indignarán al leerme, “pero por dios Carl Orff es algo más que esto”, lo mismo que la mama de Bobby McFerrin juraría que su hijo se sabe otra canción que no sea Be Happy Don’t Worry. Es más, preguntas en la calle y te dicen “Ah sí, el pollo de Excalibur”. Bueno, quitando que no es un pollo, el resto es bastante cierto: conocemos O Fortuna por formar parte de la BSO de Excalibur, majestuosa película de John Boorman de 1981.

Carmina

Carl Orff nace en 1895, en Munich, Baviera, Alemania, Europa –esto último no siempre, depende-, en una familia de militares amantes del bel canto. Con cinco años, empieza a estudiar el piano, el órgano y el violonchelo. Con dieciséis publica su primer libreto de lieder. La primera guerra mundial interrumpe su formación, por lo que se orienta hacia la dirección de orquesta. Hasta 1919 es Director de la Orquesta de los teatros de Mannheim y Darmstadt. Luego empieza a componer, varias obras corales y dramáticas que termina renegando –¿le pasaría lo mismo a Bobby McFerrin?-. Hasta 1937, sigue siendo un desconocido, pero aquel año y después de dos años de trabajo, estrena la BSO de Excalibur su cantata escénica llamada Carmina Burana, en la ópera de Frankfurt, dirigida por Oskar Wälterlin. La obra está basada en una colección de cantos goliardos –Wikifiouck: goliardo se refiere a cierto tipo de clérigos vagabundos en el siglo XIII– reunidos en un manuscrito hallado en el monasterio de Buren en Benediktbeuern, en la Baviera alemana -realmente Carmina Burana quiere decir Los Cantos de Buren-. Bueno, total, que de un día para el otro el Carlito se hace un nombre, gracias a una obra muy visual, cantada esencialmente en latín, aunque también contiene versos en alemán y en provenzal antiguo. El título completo de la obra es Carmina Burana : Cantiones profanae cantoribus et choris cantandae comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis, es decir Cantos profanos para cantante solista y coros debiendo ser cantados con instrumentos y decorados mágicos –el vino alemán es así de peleón-. Carmina Burana cuenta con veinticinco “poemas”, aunque el 99,99% del público sólo conoce uno, que constituye la obertura, O Fortuna –dedicado a Fortuna, diosa de la suerte-. Son 2’45” –aproximadamente, depende de los Directores, algunos muestran especial interés en acabar rápido- de música épica, de esa que te pone los pelos de punta, con todos los ingredientes para gustar al gran público: coros, percusiones, ritmo crescendo, final abrupto. Es muy rock épico a lo Arcade Fire. Carl Orff nunca repetirá la hazaña, a pesar de tener una discografía abundante, por lo menos puede enorgullecerse de tener un verdadero one hit wonder, una de las obras clásicas más interpretadas en el mundo desde su creación.

Escucha O Fortuna, apertura de Carmina Burana, de Carl Orff

 

Richard Hell – Blank Generation

Richard Hell no se fue al infierno. Ni al paraíso. Simplemente sigue vivo, y aunque suene a poco, para un tipo que fue uno de los primeros en pisar el escenario del CBGB de la gran época, es un milagro. Fue gamberro, mochilero, poeta, bajista, cantante, escritor, crítico de cine, actor, guionista, padre, esposo. Vivió la vida que quiso. Hoy es una leyenda, figura en los libros, entró en el rock’n’roll Hall of Fame, estuvo en Television, montó The Voidoids, fue amigo de Tom Verlaine y de Patti Smith, pero seamos sinceros, todo esto te suena a chino, a que sí.

Nació en 1950, en Kentucky. Se educó en un entorno comunista y ateo, gracias a un padre judío que renegaba de la religión. Por desgracia este se murió cuando Richard tenía tan sólo siete años. A partir de ahí su vida cambió, perdió rápidamente el interés por el colegio y la vida social. Con quince años se fugó de casa con su amigo Tom Miller –años más tarde se le conocerá como Tom Verlaine, del grupo Television-, pero a los quince días la policía les detuvo por vandalismo. Devueltos a sus respectivas familias, Tom vuelve al colegio pero Richard se marcha de nuevo, a Nueva York, con el beneplácito de su madre. Durante algunos años vive como puede –la información relativa a esta época es escasa, no se estira mucho ni en su biografía-. Conoce a un joven poeta, David Giannini, con el que viajan hasta Santa Fe, Nuevo México, durante algunos meses, desde donde funden una pequeña editorial llamada Genesis:Grasp. Editarán libros de poesía hasta 1971, año en el que se separan. A finales de los sesenta, se mete de lleno en la escritura de poemas, y con tan solo veintiún años, no es raro poder leerle en bastantes revistas, especialmente en Rolling Stones. Con Tom Verlaine que también había venido a vivir a NYC en 1969, publican un libro en común bajo el seudónimo de Theresa Stern, y una foto que resultaba ser una composición de las caras de ellos dos. En paralelo, crean un primero grupo, The Neon Boys, al que se une un guitarrista, Billy Ficca. En 1973 pasa a llamarse Television, y empieza la furia. Entra Richard Lloyd, otro guitarrista. Canta Tom, el bajo es para Richard.

Blank

Se hacen con el CBGB y un grupo cada vez más grande de seguidores. Crece la fama a la vez que los egos de los dos creadores. Tom tiene una idea muy clara de a donde quiere ir, Richard también. Finamente es Richard quien se marcha. La misma semana que dos componentes de los New York Dolls, Jerry Nolan y Johnny Thunders. Los tres forman un nuevo grupo , The Heartbreakers, en 1975 –nada que ver con la formación de Tom Petty-, que tampoco dura mucho. Al año siguiente Richard Hell se vuelve a marchar para intentarlo con otra formación, The Voidods, con un tal Marc Bell de batería -en 1978 este se incorporará a The Ramones como Marky Ramone-. En 1976, Richard Hell vive malamente, su ropa se resiente. Empieza a atar sus camisetas y pantalones destrozados con imperdibles, y se peina como puede con los dedos, hasta tener puntas en el pelo. Aquel año Richard Hell se inventa sin querer una moda que los punks ingleses van a adoptar enseguida, en especial los Sex Pistols, de la mano de su manager McLaren, que ve en Richard Hell un modelo a seguir. En septiembre 1977 sacan su primer álbum –de dos-, Blank Generation, con diez canciones con sonido punk rock, terriblemente bien interpretadas y tocadas –a la diferencia de mis queridos Pistols– gracias al nivel de juego de los dos guitarristas, Robert Quine e Ivan Julian. La portada es icónica, es de las más reconocibles de esta época. Pero la fama del disco se debe sobre todo al tema homónimo, Blank Generation, gozada energizante rock’n’rollera. Tengo el vinilo original, a veces me quiero mucho.

Escucha Blank Generation, de Richard Hell & The Voidods

Hair – (BSO) Let The Sunshine In

Cuando vuelven a sonar a lo lejos ciertos tambores de mal augurio, enseguida me vuelve en mente el musical más anti belicoso de todos, fabulosa obra de teatro de finales de los 60’s, oda atemporal a la alegría, el amor y la paz, Hair. Anti Vietnam en su momento, vale para cualquier escenario de guerra de hoy y mañana. La solemos escuchar en inglés, la oímos en español y en francés, también se agradecería se pudiera disfrutar en árabe y hebreo, o en cualquier idioma de naciones y pueblos que parecen haber olvidado que estamos aquí un tiempo reducido y que, fuck, no estaría mal que fuera viviendo en paz.

Hair, The American Tribal Love-Rock Musical, se estrena inicialmente de forma discreta en un pequeño teatro del East Village, The Anspacher Theater, Off-Broadway, en 1967. Discreta, muy a pesar de las intenciones de sus dos creadores, James Rado y Gerome Ragni –con música de Galt MacDermot-, que llevan años soñando con colocar un musical en Broadway a lo grande. Sin embargo, después de estudiar el proyecto, los representantes de los grandes teatros de la famosa avenida se niegan uno tras otro ante el propósito de la obra y el escándalo que se avecina. Cuando finaliza el contrato de seis semanas con el teatro, conocen al dueño de una discoteca de Manhattan, The Cheetah Club, que les propone trasladar el show allí. Poco a poco, corre la voz de que hay algo que se cuece en esta sala, y eso que sólo ofrece horarios inadaptados, con tal de preservar su actividad inicial de discoteca. En la primera representación, hasta se acercan Otto Preminger y Barbra Streisand, prescriptores sin levantar el dedo, como todas las estrellas. Las primeras criticas en los diarios neoyorquinos son muy buenas y encuentran fácilmente eco en una población de la east coast cada vez más ansiosa por escuchar otra propuesta de sociedad y conducta, y sobre todo cada vez más en contra de la guerra en Vietnam. Peace & Love, Sex & Drugs. Finalmente, logran un contrato con una sala de Broadway, el Biltmore Theater –rebautizado como el Friedman Theater en 2003-, en el que inician una nueva etapa seis meses después. Durante este periodo, aprovechan para modificar el guión, cambiar actores, añadir trece canciones nuevas y rehacer parte del decorado. Cuando se vuelve a estrenar el 29 de abril de 1968, Hair ha madurado, ha ganado en originalidad, es más audaz y critico aún con el sistema.

Hair

Desde esta fecha, Hair se ha convertido en una de las obras de Broadway más famosas, de estas que hacen de este barrio un lugar imprescindible cuando uno se encuentra de visita o vacaciones en NYC. Se mantuvo en el Biltmore durante 1472 representaciones, a pesar de la enorme controversia que supuso para la época, las canciones anti guerra, los desnudos, el fomento del uso de las drogas, el amor libre, y todo lo que caracterizó el movimiento hippie de finales de los 60’s. En EEUU algunas ciudades menos tolerantes recibieron a la tropa con una violencia inusitada para un acto cultural –en Cleveland familiares de actores encontraron la muerte en el incendio del hotel en el que se hospedaba la tropa-. Se empezó a exportar a otros países al año siguiente: en Londres estuvo casi 2000 noches seguidas y su estreno supuso el fin de la censura en los teatros; en Paris algunos movimientos católicos conservadores organizaron manifestaciones anti Hair durante el estreno; cada noche se podía asistir a una representación de la obra en muchos países del mundo –bueno ya sabemos más o menos cuáles-. En 1979, Milos Forman adaptó la obra al cine con John Savage, Treat Williams y Beverly d’Angelo. El guión es el mismo, menos el final, que ve morir a Berger (Treat Williams), en lugar de Claude Bukowski (John Savage), como en el musical original. Una película –al igual que West Side Story– que he visto múltiples veces y que veré otras muchas, con un placer siempre renovado. Hair es grande y vital, es gozosa por su alegre forma de darle una patada en los huevos a los carcas belicosos y amargados.

Te dejo con la canción del final de la película, Let The Sunshine. Me chifla.

 

 

 

Escucha Let the Sunshine in, de la BSO de Hair