Icehouse – Hey Little Girl

Hey Little Girl, bonita balada pop de 1982. Durante mucho tiempo creí que era una de David Bowie. Y luego recapacitaba y decía, que no, esto es Roxy Music. A veces se me iba la olla y llegaba a la conclusión de que era Duran Duran. Total, estuve veinticinco años sin saber quien era. No impide dormir, pero en fin, demos al César lo que es del César, esta canción es de Icehouse, un combo “pub rock” australiano con treinta años de carrera y nueve álbumes de estudio.

Icehouse Primitive Man

Icehouse fue el proyecto del único superviviente de la banda a lo largo de todos estos años, Iva Davies. Allí, al otro lado del planeta, se le llegó a llamar el David Bowie australiano. Un Thin White Duke con marsupio grande delante, de la que se sacaba de vez en cuando un nuevo hit local. He dicho local, porque apenas le llegaba para traspasar fronteras y cruzar mares. Llegar hasta Europa lo consiguió en 1982, con Hey Little Girl, del segundo disco del grupo, Primitive Man. Lo que iba inicialmente para proyecto solo de Iva Davies se convirtió en el álbum más vendido de Icehouse, que les dio fama, dinero y probablemente sexo fácil –y yo qué sé…- en su país. Fue la primera canción australiana en utilizar las bondades del Linn Drum Machine. ¿WTF The Linn Drum Machine? Wikifiouck: El Linn LM-1, fabricado por Linn Electronics, fue la primera caja de ritmos (drum machine) que permitía utilizar samples digitales a partir de baterías acústicas. Apareció en 1980, costaba algo así como 5.000 dólares, y fue la novia dócil de un montón de artistas que la adoraban, como Prince y Michael Jackson.

Así que por aquí estuvimos escuchando Hey Little Girl durante el invierno 1983, estrujándonos los sesos para poner un nombre sobre el autor de esta bonita canción. Aire nostálgico. Será porque anuncian lluvia para mañana.

 

 

 

Escucha Hey Little Girl, de Icehouse

Citizen Cope – The Clarence Greenwood Recordings

El otro día, una lectora del blog, una de los 800 millones que lo leen a diario –¿no será una risita tonta lo que acabo de oír?-, compartió conmigo una canción pensando en que me podría gustar tanto como a ella. Bingo, me entusiasmó. Me gustó a la primera, el típico tema que sabes que detrás tiene que haber más y que te va a gustar todo lo que hace. Pero tontamente no me quedé con el nombre completo ni con el link –los fines de semana toca gintonic-, sólo me acordaba del apellido. Cope. Merci Madame, ajem, lo que he sufrido para volver a localizarle y poderle dedicar este post con olor a lunes.

Porque músicos que se apelliden Cope, hay para aburrir. El primero que me viene en mente es el amigo Julian Cope, ex líder de The Teardrop Explodes, banda punk de finales de los 70’s, también conocido como especialista en cultura neolítica, poeta, activista, escritor de ensayos. Luego tenemos a Pierre Cope, bajista de un grupo efímero llamado The Void, y luego del dúo Dinger, con su comparsa Andy Bell, que luego formaría Erasure. También está Miles Cope, músico de jazz US, Kenneth Cope, compositor de música religiosa –que sí, que los hay-, Jay Cope, cantante de hip hop y rap US –no podía no haber un Cope rapero-, y Nick Cope, cantautor inglés. Lo más probable es que haya más. Pero en fin, en ese momento di con el mío, él del post de hoy, Citizen Cope.

Citizen Cope Greenwood

Merci Madame, la búsqueda ha merecido la pena. Clarence Greenwood se llama el Ciudadano Cope; es americano, escribe, produce e intérpreta una música muy personal, mezcla inteligente y brillante de blues, soul, folk, rock, y si me atrevo, de rap. De hecho inició su carrera hace quince años como miembro de un grupo de hip hop de Washington llamado Basehead. Voz ronca y barba de cinco días que seducen a las chicas. Y un talento que vuelve loco a los medios. Rolling Stones escribió de él “Citizen Cope mezcla hip-hop con folk, soul y blues, y siente profundamente esta fusión, ofreciendo acordes y armonías poco comunes que combinan una delicada disonancia con destellos inesperados de belleza”. Justo lo iba a decir. The Washington Post lo nombró “el mejor artista de soul de la ciudad desde Marvin Gaye”. Ya tiene cinco álbumes en su poder, sin contar uno que publicó hace veinte años, pero del que sólo se editaron 500 copias. Yo te dejo con cuatro temas del segundo, de 2004, llamado The Clarence Greenwoods Recordings. Te va a encantar, lo sé. De elegir una, me quedo con Pablo Picasso. Buf, qué bonita.

 

 

Escucha los mejores temas de The Clarence Greenwoods Recordings, de Citizen Cope

XTC – Making Plans For Nigel

Finales de los 70’s en UK. Empieza y finaliza la disco music. Irrumpe y estalla el género punk. Se acaba con el rock progresivo. Aparece la new wave y el rock gótico. Nace y muere el ska. Se hace grande el reggae, se afianza el hard rock, renace la pop. De 75 a 79 la música es un hervidero de estilos y mini revoluciones más o menos duraderas. ADN rock’n’roll. Un día llevas cresta rosa, al día siguiente sales con melena rubita, dos días después luces pelo grasiento hasta los riñones. Por la mañana pidiendo desobediencia civil, por la tarde probando nueva chaqueta con lentejuelas, por la noche acostándote borracho con tu Harley. Fue divertido, aunque me cachis, a mi me faltaron algunos años para poder disfrutarlo sin tener que pedir permiso para salir de noche. Aunque más complicado lo tuvieron algunos grupos, que no encontraron nunca su sitio, como si el público hubiese llegado a saturación de géneros y estilos. XTC por ejemplo.

XTC se forma en 1974, con el cantante Andy Partridge al frente, y en la sombra, el bajista Colin Moulding. Lo van a intentar todo, mezcla brillante de Joe Jackson, Talking Heads, o Clash. Incluso algo de éxito van a tener, pero fundamentalmente la fama del grupo no ha estado nunca a la altura de su talento. Empezaron un poco experimentales, con dos primeros álbumes que quedan bastante en el olvido –la verdad es que ni los conocía-, antes de postular por un puesto en el altar con su tercer disco, Drums & Wires, de 1979. El disco propuso una serie de canciones para enmarcar, aprovechando que el vendaval punk se había convertido en ligera brisa oliendo a rancio. Pero no fue la primera vez que el público resultara ser jodidamente ingrato. Le dio la espalda a tremendas canciones como Ten Feet Tall, Life Begins At The Top, Day in Day Out, That is The Way. Y la enorme Complicated Game, guiño a los grupos de cold wave emergiendo por toda Inglaterra, como The Cure. Con voz entre Morrison y Strummer. Lo reconozco, se me había olvidado por completo esta canción, cuando estamos hablando de una joya de la época. Más de 5’ de endecha de otro mundo, vamos, voy a tener que quitar una canción de mi top 20 histórico. Voy a pensar cuál. Tengo toda la noche, ¿queda ginebra?

XTC Drums and Wires

Y luego, la guinda, Making Plans for Nigel. Canción Rock básica perfecta. He buscado y rebuscado la formula para calificarla, eso de “rock básico perfecto” me parece lo más adecuado. Sencillez imparable. Ya oigo a lo lejos voces disonantes con lo de siempre “ya está bien con tanto ochentero”. Discrepo su señoría, primero estábamos en el 79, y segundo esta canción se podía haber escrito mañana. Otra cosa es que tuviera más éxito ahora, posiblemente no, porque curiosamente con 1000 veces más medios que en aquella época, se ha reducido el número de canciones que se escuchan a su más mínima expresión. Total, Making Plans For Nigel, una canción que pretendía denunciar el paternalismo en boga en UK por estos años -los planes que dibujaban los padres para sus retoños-, no pasó del #37 en las listas inglesas. El puesto más alto al que llegó la banda en sus casi treinta años de carrera. Es incomprensible, aunque puede enorgullecerse de haber compuesto uno de los temas más representativos de esta época. Batería algo atmosférica, guitarras ligeras marcando el ritmo, bajo poderoso, estribillo pegadizo. Es básico, es sencillo, es enorme.

Venga, date un respiro, luego zumito y a misa.

 

 

Escucha dos de los mejores temas de Drums & Wires, de XTC

MARRS – Pump Up The Volume

M.A.R.R.S. –también escrito M/A/R/R/S/ o MARRS o MAIRIRIS- es el grupo que ha tenido el promedio de éxitos más alto en toda la historia de la música moderna. Sacaron sólo dos canciones, y una arrasó. Puede que existan casos de artistas con una única canción en su haber y que ésta se convirtiera en hit, pero no conozco a ninguno –rectificaciones apreciadas-. Pump Up The Volume fue un tremendo éxito nada más publicarse, invadió las pistas de baile de miles de discotecas del mundo, vendió millones de copias. De Anitina, el segundo tema de la banda, nadie se acuerda o casi, basta con ver los visionados en youtube, comparando con la cara A del maxi. Hoy escuchando ambas, me entra la duda de si se eligió la correcta.

Esto sí, de UK tenía que venir. En 1987, dos grupos novadores unen su creatividad en una colaboración atrevida. A.R. Kane y Colourbox eran dos formaciones procedentes del mismo sello, 4AD –Cocteau Twins, Dead Can Dance, etc-, aunque producían dos músicas muy distintas. A.R. Kane le daba al rock alternativo, mientras que Colourbox tocaba una mezcla de “soul hip hop electrónica reggae”. Sugerido por Evo Watts-Russell, dueño del sello, deciden unir fuerzas para sacar un disco de dance, debido al impacto cada vez más fuerte de la house americana en los charts ingleses. El proceso de grabación no siguió para nada lo planeado. Una vez en el estudio de grabación, el método de una banda chocó frontalmente con las formas de hacer de la otra, por lo que prácticamente dejaron de hablarse nada más empezar con las sesiones. En medio de este particular remake de la guerra fría, un productor heroico, John Fryer, que, ante la imposibilidad de lograr que los músicos trabajaran juntos, les dio deberes para casa: “cread cada uno un tema, luego os los intercambiáis y los retocáis a vuestra bola”.

M.A.R.R.S. Pump Up The Volume

A.R. Kane compuso Anitina, a la que Colourbox añadió cajas de ritmo y percusiones pesadas. Por su parte, estos samplearon un tema de Eric B . And Rakim para sacar Pump up the Volume, al que A.R. Kane añadió guitarras. Ambos tracks fueron publicados en julio de 1987 en UK, editado por un sello anónimo, sin créditos de ningún artista. Desde el principio Pump up the Volume le ganó la batalla a Anitina. 4AD la volvió a sacar poco después, en un maxi 45rpm con caras idénticas. Subió hasta el #1 de las listas de ventas de numerosos países, pero enseguida empezaron los problemas legales debido al sampling de algunos trozos de temas. Los más beligerantes con el tema fueron los de Stock Aitken Waterman, que paralizaron la venta del disco por siete segundos sacados según ellos de su canción Roadblock. Malas lenguas aseguraron que iniciaron la disputa porque Pump Up The Volume le estaba haciendo sombra en los charts a su pequeño protegido, el inefable Rick Ashley, con Never Gonna Give You Up. Se llegó a un acuerdo económico, y las ventas se reanudaron. Estamos entre gentlemen…

Se considera a esta canción como el punto de partida de la house inglesa. Sonaba distinto, lo mismo que Rockit, de Herbie Hancock, cuatro años antes. Pero veintisiete años después, se cuenta que siguen sin hablarse sus creadores.

 

 

Escucha las únicas dos canciones de MARRS.

Jimmy Somerville – Smalltown Boy

El chiquitín del Jimmy que había desaparecido en combate hace lustros, acaba de resurgir de la forma más sorprendente, fortuita y simpática posible. Berlín, hace un par de semanas. Un turista se detiene en una acera, y empieza a filmar con su móvil a un cantante callejero. Este está dándole a su guitarra acústica como un poseso, interpretando como puede el famoso Smalltown Boy, de Bronski Beat, cuando de repente se le acerca un tipo paseando a su perro, que se pone a cantar con él, muy naturalmente. Y de repente, sale la voz, absolutamente inconfundible, de Jimmy Somerville, alta y clara, como en los viejos tiempos. El tipo se pone un poco nervioso claro –es que, párate a pensarlo, el momento es tremendo- y cuando acaba no se lo crea del todo, asombrado por esta coincidencia que ni en el cine. La anécdota es deliciosa, no sé, a mi me ponen tierno estas cosas. Siempre lo he dicho, sólo la música ofrece estos guiños.

Aquí puedes ver el vídeo. Ya van 2.300.000 visionados, y sube como la espuma.

Bronski beat_Smalltown Boy

Aprovecho para dejarte algunas canciones más de este músico combativo. Se hizo archifamoso en los ochenta con algunos temas increíblemente pegadizos –tenía un vinilo del famoso Smalltown Boy-, primero como integrante de Bronski Beat -1983 a 1985-, luego como The Communards -1985 a 1988- y finalmente en solitario. Claro que hacía mucho que había dejado de ser actualidad, por ello es bueno recordar que a parte de su faceta de músico, fue desde el principio un activista incansable en la defensa de los derechos de los homosexuales, y de otras muchas causas humanas. Un tipo digno.

 

 

Escucha las mejores canciones de Jimmy Somerville.

 

 

The Knack – My Sharona

Ma ma ma myyy Sharona.

(Mi mi mi miiii mi Choni)

La escuchaba por casualidad ayer y estaba tan seguro de haberla publicado en el blog hace tiempo, que casi se me olvida de nuevo. Es que My Sharona no es cualquier canción. Es de estas pocas que son más conocidas que el propio grupo, identificable con el primer beat, intemporal. Roza la perfección en la composición, ninguno de los cuatro miembros sobra, todos tienen su momentito de gloria. Imposible decir no me gusta –atrévete, que te veto la entrada a este blog-. A ver, entendámonos, no es para llorar de felicidad. Pero es indudablemente una buena canción, el atraco perfecto en ventas, versionada múltiples veces, un riff de guitarra imitado en su día por millones de adolescentes de pelo largo y grasiento –esto último, en mi época, era el no va más, pero yo no caí, gracias Johnny Rotten-.

De qué va la canción? Pues de qué va a ir si no de amor, claro. Y a poder ser, de amor que no las tenía todas consigo al principio. Resulta que el cantante de la banda, Doug Fieger, se enamoró perdidamente de una chica –puestos a que una chica/o te vuelva loco/a, mejor que sea exagerado-, cuando él tenía veinticinco años y ella diecisiete. La moza se llamaba Sharona Alperin –Choni Alperina-, y se convirtió en su pareja durante cuatro años. Y este es el primer milagro, porque si ves al Doug ese, en los vídeos de My Sharona, con su corte de pelo medieval y su pinta sideral, y luego comparas con la chica de la portada del disco, la de la camiseta sin sujetador -buf-, no te cuadra que ella haya podido corresponderle. La moza musa inspira a nuestro Doug, que se pone durante dos meses a escribir la letra perfecta para ella –de ahí el Ma ma ma myyy Sharona, los maestros Jaiku seculares no podrían haber sacado algo mejor-, y es cuando conoce a quien sería luego el famoso guitarrista de The Knack, que venía con el riff bajo el brazo. Segundo milagro. Y dale, que la navidad está a la vuelta de la esquina.

Portada Sharona Calperin

Los dos terminan de contratar al resto de la banda, un bajista y un batería. Estamos en 1977, en L.A., todo es posible –y viendo el éxito que va a tener la banda, créetelo-. Empiezan a tocar en bares y salas del Sunset Strip, se codean en jams de lujo con Springsteen, Tom Petty, Ray Manzarek, llevando aromas de éxito asegurado a los cazadores de talento de la industria. Sigue una pelea –a veces estos c…. tienen olfato, hay que reconocerlo- entre sellos, llevándose la palma Capitol Records. Entran en un estudio y salen de ahí con un primer álbum, Get the Knack. Pum Pa, el gordo. Fue #1 de los charts US durante cinco semanas, vendiendo en un plis plas dos millones de copias. Todo, bien hay que decirlo, gracias a un casi único hit, My Sharona, #1 de las listas durante seis semanas en Estados Unidos y Canadá, y un montón de países de Europa. El tema de Capitol que más rápido llegó hasta lo más alto desde el I Want To Hold Your Hand de los cuatro sosos, en 1964.

Un beat fabuloso, una línea de bajo asombrosa –de las más legendarias de la música popular-, un riff de guitarra en el altar, de obligado estudio para quien se disponga a crear una banda de rock, y un cantante atontado por su suerte de ligón. Total, My Sharona, una canción rock energizante para la eternidad. Dave Grohl, batería de Niravana, siempre dijo que era su canción preferida –la banda la llegó a interpretar en algunos conciertos-. George Bush la tenía en su iPod –espera espera, no te creas que este pedazo de alcornoque me inspire, pero la historia del rock’n’roll se hace también con estas anécdotas-. Y anécdotas así, para escribir un libro. Lo mío es un blog, ahí lo dejo. Hala, al tajo.

 

 

Escucha My Sharona, la legendaria canción de The Knack

The Silencers – Painted Moon

Nacieron escoceses, aunque su patria musical fue la inglesa. Se criaron en Glasgow, pero se hicieron mayores en Londres. Bebían whisky como papá, y té como mama –con el dedito hacia arriba-. The Silencers, toda la problemática del deseo escocés de soltar amarras de UK. Una vieja reivindicación, regularmente rescatada por alguna franja soberanista, pero enseguida olvidada, a los cinco minutos de anunciarse los resultados de las consultas populares. Conozco bien Escocia, un pueblo simpatiquísimo con acento espantoso y comida de otro mundo, con Edimburgo como estandarte cultural y precioso de un país que se busca –teatro de mi primer concierto de The Stranglers en 1980, ya relatado por aquí-. Así que por favor no cambiarme nada, que tengo apuntado volver; Recuerdo con mucha nostalgia alguna tienda de vinilos en las que me deje buena parte el presupuesto de la estancia. Era otra época, The Silencers no era todavía ese grupo que pudo ser, pero que no fue, qué se le va a hacer.

The-Silencers A Letter From St Paul

El grupo lo monta Jimme O’Neill en 1985, con tres comparsas de la diáspora escocesa en Londres, después de una primera aventura musical muy buena, llamada Fingerprintz, pero vana. Influenciados por grupos y artistas tan variopintas como Woody Guthrie y Captain Beefheart, producen un sonido new wave un poco surrealista y disonante, posiblemente fuera del alcance del público de principios de los 80’s. Después de tres álbumes publicados por Virgin –ays el Branson, menos mal que estuvo-, la banda decide tirar la toalla.

Poco después, los mismos músicos deciden emprender una nueva aventura musical. Primero la rebautizan The Silencers. Segundo apuestan por unos sonidos más acordes con sus raíces. Toca la época épica, en la que las guitarras rock no reniegan de unas raíces folk, con melodías y letra pop. En 1986 el grupo interpreta por primera vez Painted Moon, el single con el que logran firmar con el sello RCA.  Después de ello, sale el primer álbum de la banda, A Letter From St Paul, punto de inflexión en la carrera de la banda. El disco tiene un éxito tremendo, rozan los #1 en bastantes países europeos. The Silencers se encuentra de repente en boca de todos, aunque si te soy sincero, aburren como no está escrito. Sólo se salva Painted Moon, que te dejo escuchar. El resto, mira, lo que sea. Hala. Luego siguieron ocho álbumes más. Como si nada.

 

 

 

Escucha Painted Moon, de The Silencers