Fredrika Stahl – Off To Dance

Me ha dicho el médico que me ponga más al sol, que me falta vitamina D. Pues se ve que no conoce a Fredrika Stahl. La pobre, más que blanca, es diáfana. Es lo que tiene nacer en un país donde el sol apenas se digna en salir 6 meses al año. Tanta noche también explicará sus tremendas ojeras, dormirá hasta la extenuación –excelente Fiouck, you are the milk-. Por lo demás, es guapa. Bueno, más que guapa, atractiva. Y eso que es rubia rubia rubia. Muy sueca vamos. Ah claro, ojos azules y manos delgadas. En la portada de su último disco, sale en blanco y negro con un corte de pelo que le da un aire Hollywood de los años 50. Llama la atención la moza. De hecho es lo que ha hecho que escuchara su disco. Estaba convencido de que su música no iba a estar a la altura de la foto. Me equivoqué.

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Jay Jay Johanson – Whiskey

Insoportable. Cautivadora. Chillona. Cálida. Nasal. Frágil. Pedante. Luminosa. Aguda. Acariciadora. Desde luego la voz de Jay Jay Johanson no deja indiferente. O te chifla o te saca de quicio. Cosa que puedo entender, porque si bien a mi me encanta, reconozco que a veces está al borde de hacerme saltar de mis casillas. Su voz es la faceta más destacable de un artista al que cuesta encasillar. Al juego de “te gustará si te gusta…”, no es nada fácil poner a alguien que te pueda orientar. O sí, pero no uno, sino muchos y muy variados. Crooner al estilo Sinatra, Trip Hop a lo Portishead, teatral como Neil Hannon de Divine Comedy, Jay Jay Johanson lleva cerca de veinte años liándola con estilos varios y despistando a sus seguidores.

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Little Dragon – Ritual Union

Suecia es un país imposible, sobre todo ahora, en pleno invierno. Es otro planeta, casi una singularidad, donde los referentes mil veces aplicados pierden su sentido. Imagina la escena, tú en la cama por la mañana. De repente se levanta el sol y tú abres un ojo, dos, la boca –bostezo-, te estiras, tiras los 37 kilos de sábanas, mantas y edredón, te levantas como un robot, apartas el reno, corres hacia el lavabo, coges tu cepillo y el dentífrico, le das a la muñeca como un poseso, de arriba abajo, delante detrás laterales, y justo cuando lo colocabas de nuevo en el vaso para hacerte con un sorbo de Listerine –no es publicidad, es sentido común-, el sol se vuelve a poner. Dos jodidos minutos y veintisiete segundos de luz de día. A alguien le entra la cosa?

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