The Christians – The Christians

El nombre del grupo no fue una intentona subliminal de la Conferencia Episcopal de apartar nuestras almas del fango inmoral del rock, simplemente los miembros fundadores se apellidaban así. Roger, Garry –el calvo con gafas negras a lo Morfeo- y Russell, Christian, tres hermanos de una familia de once, con padre jamaicano y madre inglesa. Como en el 99% de los posts de este blog, estos tres cantan desde muy pequeño, a capella, temas procedentes del repertorio de la soul y el R’n’B de los 60 y 70’s, y se producen cada vez que pueden, bajo el nombre de Equal Temperament y más adelante Joe Public.

Ahora toca el momento varita mágica, como tanto te gustan, ja. Un día, les ofrecen participar en programa de tele local –estamos en Liverpool, 1983-, en el que cantan la famosa canción de Cole Porter, So in Love –interpretada por decenas de cantantes desde 1948, busca la de Ella Fitzgerald en Youtube-. El programa lo pilla de casualidad un tal Pete Fulwell, manager de varios grupos como It’s Immaterial y Black, que, impresionado por la calidad vocal del cantante, decide apuntar seguirles sus aventuras, por si las moscas. Y se olvida. Un año después, tachaaaan, se sube a un taxi, cuyo conductor no era otro que el hermano menor de los Christian. En esa época, Pete Fulwell está trabajando en la grabación del primer álbum de It’s Immaterial, Life’s hard and then you die. Organiza un encuentro entre los hermanos y el arreglador y guitarrista, Henry Priestman, quien les pide que hagan los coros en uno de los singles del disco, Ed’s Funky Dinner. A partir de ahí empieza una colaboración creciente entre los cuatro músicos; componen y ensayan canciones propias, y deciden lanzarse a la aventura como The Christians.

The Christians

En 1986 envían demos de su trabajo a varias discográficas, firmando finalmente con Island Records. En enero del año siguiente, se publica el primer single de una serie de cinco que logran entrar en los charts británicos. Forgotten town, Hooverville, When the fingers Point, Ideal World y Born Again. Cinco éxitos que permiten al disco –del mismo nombre que la banda- vender sólo en UK más de un millón de copias y subir hasta el #2 del top álbumes. Para Islands, es el record de ventas para un primer disco. Acostumbrados a cantar a capella desde siempre, los juegos de voces de Garry Christian y sus hermanos, cálidas a la vez que un poco roncas, hacen maravilla. Acompañadas por una impecable mezcla de música soul, pop y funk, las canciones de The Christians triunfan en toda Europa. El típico disco que le gusta incluso a tu suegra –o cómo marcar puntos fácilmente-.

En 1988 realizan una versión desinteresada del Harvest for the world, de los Isley Brothers. El vídeo –una compleja animación muy efectiva-, premiado con varios awards, arrastra la canción hasta el #8 en los charts, y permite recaudar un dinero íntegramente destinado a organizaciones caritativas. En 1989, colaboran con ex artistas de la ciudad –Paul McCartney, Holly Johnson, etc-, interpretando una versión del bonito tema Ferry Cross The Mersey, de Gerry and the Pacemakers (1965). La canción se queda varias semanas en lo más alto de las listas UK, mientras el producto de las ventas fue a parar a una asociación creada para ayudar a las víctimas de la tragedia del estadio de Hillsborogh en Shefield (1989), en el que murieron 95 personas.

En 1990, publican su segundo álbum, Colour, con el que repiten triunfo. Pero la banda no aguantó mucha más presión; los miembros empezaron a irse, llevándose parte de la receta y la inspiración. The Christians, dos bonitos discos emblemáticos de la época –te dejo con el primero-. Luego llegaría Seal, con el terreno allanado.

 

Escucha entero The Christians, de The Christians

 

Al Jarreau – Breakin’ Away

Al Jarreau, rey del soft jazz soul pop, vocalista con técnica propia –consiste en dormir con calcetines mojados y la ventana abierta, pillar resfriado y así cantar con la nariz- nació en 1940, en Milwaukee, como Alwyn López Jarreau. López… López,  esto me suena… Su padre era pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día –no era ese el día que iban de vagos?-. Ya lo he dicho en este blog otras veces, es increíble la cantidad de cantantes que fueron hijos de pastores y curas. La Iglesia, segunda cantera de la música soul, pop y rock’n’roll, después de las calles de los suburbios de Londres y NYC.

Desde muy chiquitín, muestra dotes para la interpretación. Cada vez que puede, canta en la iglesia de su padre, con su madre al piano; de adolescente, monta una pequeña banda de jazz llamada The Indigos, pero no deja de centrarse en sus estudios de psicología. Después de conseguir su diploma de especialista en rehabilitación, empieza a trabajar en hospitales de San Francisco con gente con problemas de adicción de todo tipo –bendita época en la que podías trabajar de lo que habías estudiado-. En paralelo, empieza a producirse en un chiringuito llamado Gatsby’s, acompañado por la guitarra acústica de un tal Julio Martínez. Martínez… Martínez, esto me suena… Las buenas críticas recibidas le llevan a dar un giro en su vida, y decide dedicarse a su pasión. Con su comparsa Martínez, bajan hasta Los Angeles, donde tocan en una multitud de bares y night clubs. Pero la figura de papa no anda muy lejos, por ello entra en distintas entidades religiosas pseudocientíficas, como la Iglesia de la Cienciología –vade retro hijos de satanas!!!-, de la que confesó haber salido tiempo después. Mff… no sé yo…

En 1975, un representante de Warner da con una de sus representaciones y al día siguiente le hacen firmar un contrato. Tiempo después –poco, time is money-, sale el primer álbum de Al Jarreau, We Got By, aclamado tanto por la critica como por el público, sobre todo en Europa, donde recibe varios premios, para este disco y el segundo, Glow, publicado en 1976. Jazz, pop, soul, R’n’B, el artista pasa de un estilo al otro con total naturalidad, talento que le permite ser el único artista en haber ganado un premio Grammy en tres categorías distintas: jazz, pop y rythm and blues. Sin embargo su estilo vocal singular –era capaz de imitar a la perfección guitarras y percusiones-, la calidez de su voz, sus alegres composiciones, nunca le llevaron a la cima en las ventas, ni con el best-off que salió en 1996. Ays, Al Calimereau.

Al Jarreau

En 1981, se publica Breakin’ Away, el quinto álbum del artista, posiblemente su mejor trabajo. Se trata de una pequeña joya jazzy soul pop con temas geniales, como el que lleva el nombre del disco. La noche anterior de la sesión de grabación, dormiría directamente en el balcón, bajo la lluvia, sino cómo explicar esta voz? Y Blue Rondo à la Turk, una versión ligeramente cantada de la obra original de Dave Brubeck. En los años 2000, Al Jarreau declaraba al periódico Virginian Pilot que “me siento como que estoy empezando la segunda mitad de mi carrera. Espero estar lo suficientemente afortunado para seguir haciendo música en mis 70 y 80 años …. Yo sé que esto no es así para todo el mundo a mi edad, o incluso más joven”. Ays, ni para ti Al. Fue hospitalizado en 2010 en Francia por problemas respiratorios y cardíacos, cuando se disponía a dar un concierto en Barcelonette, en la Provenza francesa. Habrá que dejar el truco de los calcetines.

 

 

Escucha entero Breakin’ Away, de Al Jarreau

 

Nicole Atkins – Neptune City

Casa. Madrid. 2013. Jueves 8 de agosto. Día de trabajo. Día de exceso. Toca Disco. Vinilo de Nicole Atkins. Stop. Música de la buena, música que me gusta. Otros criterios en entredicho. Por lo menos en este blog. Voz ronca y grave. Arreglos de lujo. Nicole Atkins me recuerda a alguien. Será Edith? Será Patti? Mff, será Rufus?

De Edith [Piaf], toma prestado unos corazoncitos angulosos grabados en árboles al lado de nombres masculinos de todas las edades. De Patti [Smith], hereda una garganta que se alimenta de las miserias humanas, en especial las suyas. Y de Rufus [Wainwright], se inspira en una grandilocuencia trágica propia de un siglo que no sabe a donde va. Nicole Atkins, americana eléctrica, podría conformarse con ser la ahijada de algunos padrinos talentosos, pero se quedaría corta: recuerda a Lana del Rey, como madrina y musa de ella, como si, cinco años antes del disco Born To Die, una cantante enamorada de Hollywood hubiera adivinado por dónde iban los tiros de la industria musical.

Nicole

Nicole Atkins, otra niña yankee predestinada, de estas chavalas que por el motivo que sea, saben que tarde o temprano estarán subidas a un escenario para interpretar sus canciones o las de sus ídolos, y mover las caderas enfundadas en vestidos imposibles. Con pocos años, Nicole ya había abandonado las muñecas, cogido una guitarra de plástico, e imitado a David Lee Roth delante de su hermana pequeña, que tenía orden de hacer de fan histérica del rubio, so pena de no tener merienda. Quince años más tarde, con su primer álbum –Neptune City- en la calle, orgullosa ella con el camino recorrido, Nicole recibe una invitación informal del Boss –coño, Bruce!! yo voy, aunque tenga que pagar!!- a tomar algunas copas por su barrio, en un cuchitril de poca monta. Salió borracha perdida, incapaz de volver a casa sola, habiéndose ganado una fama merecida de “chica con la que se puede hablar en serio, no como otras, que no cariño no hablo de ti”. Desde entonces allí están todos, Bruce Springsteen, David Byrne, Chris Isaak, Angelo Badalamenti, todos jovencitos de la música rock y country, para hacer de galán, viejos admiradores verdes de esta joven cantante marginal, eclipsada por la del Rey, depositaria de un disco tan bueno como ignorado.

Neptune City, primer álbum de lujo de una fan del cine de David Lynch, violines emocionantes, baladas brillantes, teclados oscuros, letra bruta, ojos hermosos, voz rompedora. Imprescindible en cualquier discoteca digna.

 

<Escucha entero Neptune City, de Nicole Atkins

 

The Radio Dept. – I Don’t Like It Like This

Cuántas veces habré dicho en este blog cuánto me molesta la palabra indie, a sabiendas de que buena parte de la música que escucho, pasada y futura, forma parte de este genero tan abstracto, nebuloso, ese saco tan incómodo de llevar -casi peor que el de la Gran Farsa-, del que hasta los propios integrantes naturales muchas veces reniegan, defendiéndose de semejante despropósito con la famosa frase ensayada muchas veces delante del espejo del salón –después de que mami haya pasado el trapo-: “no nos metáis en ningún saco, somos únicos, es una tontería intentar encasillarnos”. Ya. Déjate tú de tonterías, piensa en tu mami que se quedó en Wham y Rick Astley.

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Rosie Vela – Magic Smile

Estaba escuchando yo vinilos ayer, cuando de repente me encontré con uno que llevaba lustros sin sacar de su caja. Y digo yo, nena, te voy a rescatar –oh sí baby rescátame, creo haberle escuchado decir a lo lejos-, aunque nadie te conozca, pero te lo mereces. ¿Y por qué se lo merece una desconocida dices tú? Lee, ya verás.

Roseanne Vela. Rosie Vela para los amigos. Es norte americana, ronda ya los sesenta años. Nació en Texas, aunque con dieciséis años se mudó a Little Rock, Arkansas -este pueblo me suena a novela de terror de Stephen King-, allí estudió arte y música y empezó a salir en portadas locales, la verdad es que era muy guapa –thanks baby-, es un dato importante para lo que sigue. Conoció al amor de su vida, un joven músico llamado Jimmy Roberts, se casaron, pero no tuvieron tiempo de ser felices, él falleció por culpa de una m… de cáncer a los pocos meses. He leído por ahí que Jimmy murió en los brazos de Rosie. Ays. Vela negra. Poco después, estamos en 1974, se marcha a Nueva York; olvidar. E intentar relanzar su carrera de modelo, ganar algo de pasta para vivir su verdadera pasión, la música –tocaba el piano desde los seis y había estudiado ópera-.

Rosie Vela

En Nueva York se convierte en top model. En esta época no eran las diosas en las que se han convertido hoy, pero catorce portadas de Vogue avalan su trayectoria como modelo. Guapa, nena –gracias baby-. A principios de los 80, con la ayuda de su hermano, compra e instala un estudio de grabación en su casa. Pasa años componiendo y escribiendo, letra y melodías, pop elegante y soft rock tan en boga. Cuando se siente lista, mueve a todo el gremio para dar con sus ídolos y conseguir lo que nadie había conseguido en años: volver a reunir a Donald Fagen y Walter Becker, ambos fundadores de Steely Dan, banda de rock jazz rock folk funk r&b blues –pon ahí lo que tú quieras, menos rap y punk- que vendió más de 40 millones de discos esencialmente en los US en la década de los 70’s. Llevaban ya más de cinco años separados, pero el ímpetu de Rosie Vela en conseguir que trabajasen en su álbum funcionó. Producido por Gary Katz –productor de los trabajos de Steely Dan-, Zazu sale en 1986, distribuido por A&M, un sello de Polygram, hoy Universal. El resultado? Un disco muy bonito, con melodías muy trabajadas y variadas, nada fáciles, acompañadas por una voz cálida y alegre. La canción Zazu –la que da el nombre al disco- es la más bonita, pero sólo tengo una en mp3, Magic Smile, afortunadamente muy representativa del resto del álbum. En su día se la comparó con Joni Mitchell, Rickie Lee Jones o Kate Bush, y talento no le faltaba.

Sin embargo y contra todo pronóstico, en los US el disco no funcionó nada, cosa que le obligó a salir a Europa a promocionarlo. Cuando le tocó el turno de ir a Francia, su discográfica incluyó en el tour a la ciudad en la que yo trabajaba, en una radio. Un amigo mío, muy metido en el mundillo de los sellos, organizó un coctel de bienvenida en su bar, y me invitó. Dios, qué guapa era –vas a hacer que me ruborice, baby-. Y ahí estaba yo con mi amigo, tomando mi copa de champagne, cuando de repente ella decidió que había tenido suficiente y empezó a despedirse muy amablemente de la gente. Y a mi, grandullón medio atontado, me dio un beso en la mejilla. Wow. El que se ruborizó fui yo, la verdad, no soy ningún héroe. Ay Rosie, sepas que tu disco me gusta mucho, y ese magic kiss, uch…

 

Escucha Magic Smile, de Rosie Vela

The Bangles – Walk Like An Egyptian

Vacaciones, día 8 -el último-. Sol, cómo no. Y calor intenso. Sé que en breve me arrepentiré haber dicho esto, pero daría lo que tengo a cambio de nubes y algunos grados menos. Y estamos a 26 de julio, lo que queda… Últimos recuerdos musicales veraniegos. 1987, llevo ya un año trabajando en una radio y gastando cada mes más de lo que cobro, así que no hay presupuesto para vacaciones; no recuerdo haber hecho otra cosa que deambular arrastrando mi pena por las calles vacías de la ciudad, escuchando una y otra vez -muy a pesar mío- los summer hits del año.

The Bangles. Grupo de chicas demasiado guapas para ser sincero. Hay que ver la Susanna Lee Hoffs, cantante de la banda -una de ellas, ya que el papel no estuvo atribuido a ninguna en particular-, muy mona bailando en braguitas en una escena de la película La Noche de la Graduación -The Allnighter en VO- de Tamar Simon Hoffs. O Debbi Peterson, batería, rubia con dentadura perfecta, y su hermana Vicki, que parece estar rodando un anuncio Chanel cuando se enfunde la guitarra. Tampoco digo que al rock sólo acuden feúchas desesperadas -que las hay-, pero The Bangles parecían moverse más por una pose que por una rock’n’roll attitude. De hecho cuando los focos empezaron a centrarse en Susanna Hoffs, a pesar de no ser más cantante que las demás -todas cantaban, turnando-, aparecieron tensiones en el seno del grupo -se ve que todas querían estar en la foto- hasta su disolución en 1989.

Bangles

Fueron siete años de vida, un EP y tres álbumes de estudio, por lo menos en esta primera etapa -se reformaron en la primera década de este siglo, pero nadie pareció darse cuenta, yo me acabo de enterar-, millones de discos vendidos, fama, conciertos multitudinarios, colaboraciones de prestigio. El primer álbum, All Over the Place, tuvo una relativamente buena acogida, logró entrar en los charts US pero lejos de los puestos de honor. El segundo, Different Light, ya fue otra cosa. Contiene varios singles que arrasaron en Estados Unidos y Europa. El primero de ellos, Manic Monday, fue escrita por Prince, bajo el pseudónimo de Christopher -nombre que tenía en la película Under The Cherry Moon-. Nada más publicarse, entra en la listas de ventas hasta el #2, detrás de…. Kiss, de Prince. Este sí que fue un jodido genio, sería interesante saber a quien(es) de las componentes de The Bangles se llevó a su camita -Prince era chiquitín- a cambio de la canción -qué comentario más feo Fiouck, uuuuuuuh-. El tercer single, Walk Like An Egyptian, reconocible desde la mismísima primera nota, lo va a hacer aún mejor. Cuatro semanas se queda en el primer puesto de los charts de medio mundo -es decir, US y UK-, permitiendo al álbum vender millones de copias, y recibir en 1987 el Brit Award al mejor álbum de rock. Y todo gracias a una canción que fue añadida al disco en el último momento, como broma -se inspiraron en el “baile” de algunas personas buscando no caerse en un barco movido, dejando gestos parecidos a los de las pinturas murales en el antiguo Egipto-. Después de un tercer disco sin mucho relieve, Everything, terminaron separándose como grupo y casándose como mujeres. Qué cosas…

 

 

 

Escucha Walk Like An Egyptian, de The Bangles

The Motors – Airport

Vacaciones. Wow. No recordaba cómo era eso de no hacer nada. O lo mínimo. Dormir, sol, siesta, gin tonic, dormir. Y el blog, claro. Aviso, servicios mínimos. A parte de que internet no acompaña, igual le pego una patada al modem wifi de Movistar, a ver quien de los dos está de vacaciones.

Verano, música, nostalgia. Julio de 1978, la edad del pavo para mi, tremendas ganas de estar en la playa, pero nanaï, por lo visto había otros planes, dirección Alemania a mejorar la gramática de un idioma imposible -los alemanes dicen “yo he un bocadillo comido» y manejan tres géneros, uno para el chucrut, una para la reproducción, otro para la producción industrial, luego se quejan de que el uso del alemán en el mundo no está a la altura de su economía-. No recuerdo ni la ciudad, ni la familia en la que estuve un mes aburriéndome como una ostra -fine de claire nº 3-, sólo recuerdo esta pequeña radio de plástico blanco que me dieron y que me acompañó a todas partes; estirando la antena al máximo, alzando el brazo y girándolo un poco, lograba captar una radio de mi tierra, audio amigo en territorio hostil, y mientras me imaginaba a mis amigos en la playa -capullos-, ligando con las chicas que habían aprovechado el curso para pasar de niña a mujercita, sonaba a todas horas Airport, de The Motors. Fue indiscutiblemente la canción de aquel verano, me la sabía de memoria, y hoy cuando la escucho, instantáneamente me vuelven imágenes de esta ciudad sin nombre.

the motors

Airport, The Motors, un buen ejemplo de one hit wonders. Se formaron en 1977, desaparecieron en 1980, publicaron tres álbumes, pero sólo tuvieron aquel éxito, Airport, una especie de pop new wave dulzona, con esa famosa melodía al piano. Subió hasta el #4 en los charts ingleses. Y ya está la historia de The Motors

Tres días antes de regresar a casa, al intentar captar de nuevo la frecuencia salvadora, se me cayó la radio al suelo, se partió en mil pedazos -robustez teutona, ¡ja!-, miré atónito el desastre, odiaba el planeta entero, estos tres días se me hicieron eternos.

 

 

 

Escucha Airport, de The Motors