Malcolm McLaren – Duck Rock

[fondo sonoro: nutridos aplausos]

Post nº 300.

[fondo sonoro: silencio respetuoso]

Buf, quedan 700 para acabar con este reto un poco particular –a veces me vienen en mente otros calificativos menos tiernos-, el de llegar a 1.000 discos reseñados seguidos. A veces se trata sólo de una canción, pero la intención es la misma. He calculado que el tres de noviembre de 2015 cruzaré la meta y ya sé qué disco será. De hecho, ya tengo más o menos listo los últimos diez. Es posible que tenga que repetir un grupo o dos de los que ya han estado en los primeros 300, porque me gustan especialmente y tienen que figurar en el final. De momento, vayamos con el 300. Y para no derogar a la tradición de que cada centenar toca algo de los Sex Pistols, visitemos la tumba del maléfico Malcolm McLaren.

Se lo llevó un cáncer hace tres años. La enfermedad fue lo único que no logró manipular a su antojo, como hizo con prácticamente todo el mundo a lo largo de su vida. John Lydon solía decir del ex manager de The Sex Pistols que era la persona más diabólica que le había tocado conocer. Cínico, mentiroso, fabulador, durante una época de su vida se apropió de cosas que no eran de él. Tenía un ego desmesurado, aunque en alguna ocasión no le impidió perder, como en el juicio contra John Lydon, que le obligó a restituir al cantante no sólo el nombre del grupo Sex Pistols sino también buena parte del dinero de los derechos de autor.

Sin embargo hay que reconocerle un enorme talento para crear y modelar, en un bucle sin fin en el que durante años supo renovarse mejor que nadie para no caer en el olvido. Fue empresario, manager, gerente dueño de tienda de ropa, diseñador, compositor, cantante, combinando con mucho arte múltiples facetas de tipo culto con don para hacer dinero. Nació justo después de la segunda guerra mundial, de padre escoces que se marchó de casa cuando Malcolm sólo tenía dos años, y madre judía que le dejó a su abuela y prácticamente desapareció. Su abuela era hija de un vendedor de diamantes portugués de origen judío, y al pobre chiquitín le inculcó su apotegma favorito: “es bueno ser malo mientras que ser bueno es simplemente aburrido”. Con semejante enseñanza el pobre Malcolm no podía evolucionar favorablemente, aunque pudo ser peor. Después de una infancia sin demasiados problemas, se dejó atraer por el movimiento situacionista, especialmente el King Mob, un grupo radical que trató de contribuir a la revolución social del proletariado en todo el mundo. Luego llegaría a la conclusión de que molaba más hacer dinero, y se metió de lleno en el negocio de la ropa con su compañera sentimental Vivienne Westwood –abrieron en 1971 la famosa tienda Let It Rock, en Kings Road, que luego pasaría a llamarse Sex- y él de la música. Primero, a finales de 1973, como manager de los New York Dolls, dándoles ropa de su creación para los conciertos. Segundo como manager de The Sex Pistols, en 1975. McLaren siempre dijo que creó y moldeó el grupo. Es cierto que cuando conoció a Johnny Rotten, la banda ya estaba montada y sólo faltaba a alguien que pudiera encender la mecha de la bomba. Rotten cumplió a rajatabla con el papel, eclipsando por completo al manager con sus letras provocadoras y su forma de interpretarlas en concierto. Por ello Malcolm maniobró para quitárselo de encima en cuanto pudiera, concretamente durante la gira por los US en 1978. Jugada nefasta ya que el grupo no sobrevivió a la salida de su líder carismático. Después del split de la banda, lo volvió a intentar con Adam & The Ants y un grupo de chicas, Bow Wow Wow, sin lograr repetir el mismo éxito.

duck rock

En 1982 se lanzó en una carrera en solitario, con un don para pillar tendencias antes que cualquiera. De ahí nació en 1983 el disco Duck Rock, con su grupo The World’s Famous Supreme Team, en el que plasma temas de rap, hip hop, scratching y world music, después de presenciar un concierto de Afrika Bambaataa cuando estaba tratando de “vender” Bow Wow Wow en NYC. Este álbum contenía dos hits, Double Dutch y sobre todo Buffalo Gals, una versión de una canción tradicional US con el que UK descubrió el hip hop-. El año siguiente saca un nuevo single, inspirado en la ópera Madame Butterfly, que llega a funcionar muy bien en Europa. Pero a partir de ahí el fenómeno empieza a decaer, pierde el olfato –en 1985 se acercó a una joven banda, The Red Hot Chili Peppers, pero su oferta de “reforma” visual rozó el ridículo y fue rechazada por el líder de la banda Anthony Kiedis– y terminó cayendo en el olvido o casi, debiendo tirar del fenómeno punk –que se apropió en múltiples ocasiones, hay que j…- para seguir existiendo musicalmente, hasta su muerte en 2010.

Te dejo con los tres temas mencionados, más una canción curiosa con Catherine Deneuve, llamada Paris Paris. Hala, adiós Malcolm.

 

 


Escucha los «mejores» temas de Malcolm McLaren

Citizen Cope – The Clarence Greenwood Recordings

El otro día, una lectora del blog, una de los 800 millones que lo leen a diario –¿no será una risita tonta lo que acabo de oír?-, compartió conmigo una canción pensando en que me podría gustar tanto como a ella. Bingo, me entusiasmó. Me gustó a la primera, el típico tema que sabes que detrás tiene que haber más y que te va a gustar todo lo que hace. Pero tontamente no me quedé con el nombre completo ni con el link –los fines de semana toca gintonic-, sólo me acordaba del apellido. Cope. Merci Madame, ajem, lo que he sufrido para volver a localizarle y poderle dedicar este post con olor a lunes.

Porque músicos que se apelliden Cope, hay para aburrir. El primero que me viene en mente es el amigo Julian Cope, ex líder de The Teardrop Explodes, banda punk de finales de los 70’s, también conocido como especialista en cultura neolítica, poeta, activista, escritor de ensayos. Luego tenemos a Pierre Cope, bajista de un grupo efímero llamado The Void, y luego del dúo Dinger, con su comparsa Andy Bell, que luego formaría Erasure. También está Miles Cope, músico de jazz US, Kenneth Cope, compositor de música religiosa –que sí, que los hay-, Jay Cope, cantante de hip hop y rap US –no podía no haber un Cope rapero-, y Nick Cope, cantautor inglés. Lo más probable es que haya más. Pero en fin, en ese momento di con el mío, él del post de hoy, Citizen Cope.

Citizen Cope Greenwood

Merci Madame, la búsqueda ha merecido la pena. Clarence Greenwood se llama el Ciudadano Cope; es americano, escribe, produce e intérpreta una música muy personal, mezcla inteligente y brillante de blues, soul, folk, rock, y si me atrevo, de rap. De hecho inició su carrera hace quince años como miembro de un grupo de hip hop de Washington llamado Basehead. Voz ronca y barba de cinco días que seducen a las chicas. Y un talento que vuelve loco a los medios. Rolling Stones escribió de él “Citizen Cope mezcla hip-hop con folk, soul y blues, y siente profundamente esta fusión, ofreciendo acordes y armonías poco comunes que combinan una delicada disonancia con destellos inesperados de belleza”. Justo lo iba a decir. The Washington Post lo nombró “el mejor artista de soul de la ciudad desde Marvin Gaye”. Ya tiene cinco álbumes en su poder, sin contar uno que publicó hace veinte años, pero del que sólo se editaron 500 copias. Yo te dejo con cuatro temas del segundo, de 2004, llamado The Clarence Greenwoods Recordings. Te va a encantar, lo sé. De elegir una, me quedo con Pablo Picasso. Buf, qué bonita.

 

 

Escucha los mejores temas de The Clarence Greenwoods Recordings, de Citizen Cope

Eminem – Infinite

Marshall Bruce Mathers III. A mi me dices este nombre hace una horita, y te enseño el camino hacia el baño más cercano, preocupado por tu tripa. Pero ya me he enterado, resulta que es lo mismo que decir Eminem. Que conste que me parece bien que uno abandone su DNI para iniciar su vida como músico, renegando de todo, reivindicando una oportunidad, vomito y cuenta nueva. Es más, el rock, o cualquier género musical fuera del molde, debería de ser esto. Olvidar para gritar más a gusto. Pero a mi, Eminem me pilló demasiado tarde, su rabia –y no dudo que sea sincera- huele a compact disc, no a vinilo, y al final lo que sé de él se lo debo a mi hija. Buf, Fiouck, te haces viejo.

La tentación, al hablar de Eminem, es la de indagar en su juventud, difícil, caótica, rebelde, en busca de una explicación. Pues no indagaré, no tengo sofá para que se tumbe. Sólo diré que de su adolescencia, salió como una pila atómica, dispuesto a comerse el mundo, a darle una patada a quien se pusiera por el camino, a soltarle soplamocos a la tierra entera. Hace veintiún años de ello. Desde su primera actuación en un vídeoclip –con Champtown, en Do-Da-Dipity-, hasta hoy, cinco de noviembre de 2013, fecha de publicación de su octavo álbum, The Marhsall Mathers LP2.

Escribir sobre Eminem es sumamente arriesgado. Es dios para millones de fans. Es oro todo lo que reluce para su discográfica. Es figura para wikis de hoy y enciclopedias de mañana. Es The King of Hip Hop. Pegaron motes parecidos a algunos artistas por ser el primero en su estilo. Eminem se ganó el suyo no sólo irrumpiendo después de muchos, sino peleando contra la idea de que el rap era cosa de negros. The White Trash vs The Nigger Attitude. Tuvo a influencias de lujo –Dr Dre-, se dejó inspirar por leyendas del hip hop –Grandmaster Flash, Ll Cool J, Big Daddy Kane, etc-, aprendió de iconos raperos –Tupac Shakur, Notorious BIG-, se inventó un avatar –Slim Shady– antes de lanzarse de verdad, se arriesgó con un primer disco tan bueno que nadie lo pilló -1996, Infinite-, se resignó a sacar un segundo álbum mejor aún tres años después –The Slim Shady LP-, y se convirtió en el “fucking best artist” de la primera década del siglo XXI.

Eminem 1996 Infinite

¿Sabes? Me alegro por él. Ya lo he dicho aquí, no suelo escuchar mucho rap, pero defiendo la idea de que este género le ha tomado el relevo al rock reivindicativo, para llamar al público a mover el culo y enseñar con el dedo –habrá que hacerse a la idea de que mucho más no se puede pedir-. Y como estandarte del rap y el hip hop, ahí está Eminem. El artista que más discos ha vendido en la década 1999-2009. Exactamente 225 millones, de los que 105 millones como álbumes. Para que nos hagamos una idea, de ocurrir diez años antes, es decir antes del mp3 y los miles de sitios web para descargar música gratis, no son 100 millones de álbumes los que hubiera vendido, sino posiblemente 500 o 1.000 millones, poniéndose a la altura de dios Elvis o los cuatro sosos de Liverpool. No lo sé, son sólo números, a esta altura no quieren decir mucho, pero muestran lo inmenso que es Eminem en la cultura de este siglo y lo que representa para una generación entera. Rolling Stone lo sitúa en el #82 de su lista de los 100 Artistas más importantes, quedándose corto, y clasifica Aftermath, de 1999, en el #275 de su lista de los 500 álbumes más grandes de todos los tiempos. Para rematar, con tan solo cuarenta y un años, ya tiene en su poder trece Grammy Awards.

Es un crack, indudablemente. Me encanta que le de un repaso a todos estos artistas que tanto aborrezco, Gagas, Guettas & Co. Marshall Bruce Mathers III, dales fuerte.

[No soy quien para recomendar un disco de Eminem, te dejo escuchar la primera canción de su primer disco, Infinite, de 1996, homónima].

 

 

Escucha la primera canción en la carrera de Eminem, Infinite

Bran Van 3000 – Drinking in L.A.

En los años 70, Europa conoció un curioso fenómeno, de repente florecieron marcas y nombres de comercio con el número mágico. Tintorería 2000, Cafetería 2000, Espacio 2000, Disco 2000. Supongo que querían transmitir modernidad, aunque ya en los 80 olía a horterada. Y a medida que nos acercábamos a la fatídica fecha, muchos se resignaron a cambiar de denominación, antes de que el negocio fuera a peor. Los de Bran Van 3000 fueron un poco más listos. Se pusieron un milenario más, para no pillarse los dedos. Ideas buenas estos canadienses han tenido alguna, aunque no siempre afortunadas. De todos modos, habrá que aguantar otros 987 años a ver qué pasa, os voy contando.

Glee

La primera buena idea de este combo de hasta nueve miembros, entre DJs, músicos y cantantes, fue de estrenarse con un mega hit planetario tan genial como pegadizo, el famoso Drinking in L.A. Un one hit wonder en toda regla, una pena, porque la segunda gran idea que tuvieron fue de hacer música buena, variada, original, talentosa. Pero ya sabemos que esto no es ningún criterio a la hora de triunfar. A veces pasa esto, por unos motivos nunca demostrados, un disco falla a la hora de conectar con su público. El problema añadido de Bran Van 3000 fue que mezclaron tantos géneros y estilos que al final no se sabía muy bien qué estabas escuchando. Rock, jazz, hip hop, rap, pop, imposible clasificarlo. Es una tontería pero a la gente le gusta poder identificar un grupo con su propia escala de valores. Y Bran Van estaba en muchas escalas a la vez. Su primer álbum, Glee, publicado en 1997 pocos meses después de Drinking in L.A., pretendía surfear sobre la ola de simpatía que había despertado la banda en medio mundo. Pero no ocurrió. Recibió las mejores criticas, tuvo un Juno Award al mejor disco alternativo del año –los premios concedidos anualmente por la industria musical canadiense, Rufus Wainwright recibió el mismo el año siguiente por su disco homónimo-, pero las ventas no pasaron de 50.000 copias. Yo que lo estoy re-escuchando mientras voy escribiendo el post de hoy, te puedo asegurar que es incomprensible. Qué maestría en la fusión de géneros y la mezcla de sonidos y ritmos. Diecisiete canciones que forman un espléndido patchwork musical.

Desde entonces han publicado otros tres álbumes, siendo el último, The Garden, de 2010. En la misma línea que el primero, mezclan rap con jazz, rock con trip hop, gritos con susurros.

Drinking in L.A. es una verdadera perla melódica, rozando la electro, el hip hop y la pop. Cuenta las desavenencias del DJ y fundador de la banda, James di Salvio, con su propia vida, Dj errante por L.A. en busca de algo grande que hacer, algún legado que dejarse para si mismo. Triunfó en las listas de venta en norte américa y europa por igual. Fue utilizada en campañas publicitarias, en películas –Playing by heart, de Willard Carroll, con Connery, Angelina Jolie, Dennis Quaid, etc-, en sintonías de programas radiofónicos. No tengo la menor duda de que se seguirá escuchando en el año 3000. Os voy contando.

 

 

Escucha el one hit wonder de Bran Van 3000, Drinking in L.A.

 

DJ Shadow – Endtroducing

DJ Shadow, Endtroducing. Es difícil encontrar un disco que haya tenido tanta unanimidad, recibido tantos elogios, visto cómo se hacían con él públicos tan dispares como fans de electro, rock, hip hop, o funk, a pesar de no contar con casi ninguna voz, de no dejar de ser un collage de samples procedentes de todos los horizontes musicales. La banda sonora original de una película imaginaria. Un sueño de artista conceptual llegando hasta los medios más masivos. Endtroducing consiguió la puntuación máxima, cinco estrellas, en Allmusic, Alternative Press, Rolling Stones, Slant Magazine. También se hizo con un 10 sobre 10 en Pitchfork Media y Pop Matters. Un A+ en Village Voice. Aunque derrapó con un 9 sobre 10 en Spin. Normalmente con esto, cualquier artista se jubilaría con su caja de habanas y su botella de whisky de malta de cincuenta años, el disco de platino encima de la chimenea, recuerdos para los nietos hartitos, y una camiseta guay de un grupo desconocido. Pero DJ Shadow en este momento sólo tenía 24 años, y era su primer álbum.

DJ

Nació en 1972 en San Francisco. Cual Obélix sumergido en la marmita de poción mágica del druida, con nueve años se cae en la cultura hip hop naciente. Una marmita muy pequeña, si la comparamos con la del hard rock pop de principios de los años 80 en los US, a la que todos sus amigos blancos de la época se tiraban tan alegremente. Desde muy joven se convirtió en un comprador compulsivo de vinilos –no, no hay nada raro en el hecho de comprar discos, es más, es un acto noble, hala-. Desde el principio escucha hasta la saciedad sus compras, trocea, selecciona y samplea la esencia de todo lo que le cae entre sus manos, copiando a sus grandes maestros como Afrika Bambaataa y Grandmaster Flash: funk, blues, garage rock, soul, clásica, salsa. Una thermomix de los géneros. Adolescente, dotado de una cultura musical casi enciclopédica, empieza a componer sus propios temas a partir de una consola cuatro pistas rudimentaria. Se inspira, a su manera, en los amos del rap del momento, Run DMC, Public Enemy, Eric B & Rakim. Antes de cumplir los 18, ya es todo un crack en las radios de colegios, y después de pocos meses al mando de un programa en una radio importante de la costa oeste, ya le siguen más de dos millones de oyentes fieles. Rápidamente le llueven ofertas para sacar sus propias canciones, cosa que acepta para un sello llamado Hollywood Basic, bajo el pseudónimo de Zimbabwe Legit.

En 1993, crea el colectivo Solesides, con otros dos raperos, Blackalicious y Lateef The Truth. Adoptan un estilo politizado muy alejado del plasta gangsta style. Las ventas de sus producciones, aunque limitadas, les permite atraer las miradas de todo lo que el rap cuenta de sellos y productores. Aceptan la oferta de una discográfica UK, Mo Wax, especializada en mezclas de jazz, soul, rap e hip hop. Su dueño, James Lavelle, que acaba de cumplir dieciocho años, se ha quedado impresionado por el tema Lost and Found, que samplea la batería de Sunday Bloody Sunday de U2. En Mo Wax, DJ Shadow puede expresar todo su talento, produce un hip hop oscuro y lento, para el que se acuna la palabra downtempo. Cada tema es el resultado de un intenso trabajo de mezcla, variación, recomposición de samples y scratches, y poco a poco le consagra como uno de los grandes de la música electrónica, aunque a él no le guste la clasificación, prefiriendo la de investigador en hip-hop instrumental.

Hasta 1996, cuando se publica Endtroducing. Tan nuevo cuando se estrena que al rato se convierte en todo un clásico. Se le comparó, por el impacto que tuvo, con Kind of Blue de Miles Davis o Electric Ladyland, de Jimi Hendrix. Un trabajo de orfebre, en el que que cada sample, remezcla, collage, es fruto de una labor titánica de precisión e imaginación. Virtuosismo y sensibilidad, innovador y nunca igualado.

 

 

Escucha los mejores temas de Endtroducing, de DJ Shadow

 

Black Eyed Peas – Elephunk

2003. Cuando Will.i.am y sus comparsas Apl.de.ap y Taboo –mira, cierto, cada cual se puede llamar como le venga en gana, incluso de la forma más ridícula posible- ya llevan casi dos años preparando la grabación de su cuarto disco, Elephunk, se dan cuenta de que la canción Shut Up se merecería una voz femenina –“y a ver si pillo cacho”, pensaría el Willy. Inicialmente se lo proponen a Nicole Scherzinger, ahora líder y cantante de Pussycat Dolls, pero ella rehusa la oferta alegando un compromiso anterior con Eden’s Crush, una girl band procedente de un programa TV US -oye, yo te lo cuento aunque igual te lo sabes ya todo, pero es que a mi me suena a chino y me voy enterando poco a poco-. Total, vaya manera de cagarla, amiga Nicole, tu lugar en el olimpo lo ocupa una que no se lo pensó dos veces, la Fergie. Porque vale que Pussycat Dolls ha tenido éxito, pero Black Eyed Peas ha tenido éxito, ventas multimillonarias, reconocimiento internacional, premios, y hasta respeto.

El olimpo es el lugar de veraneo perpetuo de pocos. Para llegar allí, no hay tarjeta VIP que valga. Hay que demostrar tener bastante talento y mucha suerte. Los ya mencionados arriba empezaron a probarla en 1988, con un grupo de rap llamado ATBAN Klann –atban por A Tribe Beyond A Nation-, con DJ Motiv8 y Mookie Mook –la cosa no mejora con los nombres-. El grupo firma con el sello del rapero Eazy-E, Ruthless Records, y graba un disco, Grass Roots, que nunca fue publicado debido al fallecimiento del dueño de la discográfica. En 1995, cambian de nombre y pasan a llamarse Black Eyed Pods, y luego Peas –mucho más claro-. Sacan dos álbumes con el sello Interscope Records, Behind The Front y Bridging The Gap. Ambos álbumes reciben muy buenas criticas, pero se quedan en el mercado rap hip hop.

Elephunk

Ahí es cuando la suerte decide darles un empujón, en la persona de un tal Giuseppe Mezei -se cree saber que multimillonario, amigo de toda la vida de Slash, guitarrista de Guns N’ Roses-, que, al conocerles, se queda impresionado por el talento de la banda y decide financiar el tercer disco. Quién c… es Giuseppe Mezei –otras veces escrito Mazzei-? No lo sé! Hay poquísima información sobre este señor, su nombre sale muy pocas veces relacionado con el de Black Eyed Peas. A ver si va a ser una mentira, no sería la primera en la historia de la música popular.

Con este tercer disco, el estilo de la banda evoluciona bastante, se suaviza. Mezcla con mucha variedad y originalidad rap, hip hop, pop, funk y R’n’B. Es el último disco de la banda que conserva una gran sinceridad; los siguientes, aún con enorme talento en algunas canciones, serán claramente productos pensados para el gran público y las macro actuaciones. Elephunk vendió nueve millones de discos en todo el mundo, desde su fecha de publicación hace diez años. Varios de los temas del disco fueron #1 de las listas de ventas en muchos países, incluido España. Y yo enterándome mucho tiempo después, cuando arrasó el siguiente disco, Monkey Business –ya, a veces pasa-. Y la Fergie cantando en toda las canciones menos tres, cuando inicialmente sólo iba a hacer un dúo en Shut Up. Incluso tiene su fotito en la portada. Y la Nicole dándose cabezazos de rabia.

Todo el disco es brillante, y muy variado. Contiene el casi mega hit Where is the love, acompañado por Justiniano Lago Maderero –a ver si adivinas quién es-. Y Sexy, con el bonito sampling de Insensatez, de Joäo Gilberto y Antonio Carlos Jobim, con letra de Vinicius de Moraes, de 1961, una de las canciones brasileñas más emblemáticas de la Bossa Nova.

Elephunk. Un disco alegre, falta hace.

 

 

Escucha entero Elephunk, de Black Eyed Peas

 

Neneh Cherry – Man

Neneh Cherry es de mi quinta, ha cantado con The Slits –primer grupo punk 100% femenino-, con The The –una de mis bandas favoritas, la de Matt Johnson, años 80’s-, con ESG –otro grupo 100% femenino compuesto por las cuatro hermanas Scroggins, icono de la No Wave de NYC a principio de los 80’s-; ha colaborado con grupos que me encantan, como Massive Attack, Chryssie Hynde o Gorillaz. Y come sushi. Con semejante curriculum es imposible que no me guste la nena Cherry. Realmente no me gusta, me encanta.

Como Neneh Cherry, sólo ha sacado tres álbumes en toda su carrera, pero ha dejado algunas canciones para la historia. Hija de un músico de Sierra Leona y de una pintora sueca, Neneh crece envuelta en música. Su padrastro, Don Cherry, trompetista de Jazz nacido en Oklahoma y fallecido en Málaga en 1995, no sólo la crió desde muy pequeña, sino que le transmitió toda su pasión por la música, todas las músicas. Pasó sus primeros años en una comuna Hippie al sur de Estocolmo -no me imagino a hippies conviviendo con renos con cuarenta grados bajo cero-. Con ocho años se trasladan a Nueva York, desde donde se marcha seis años más tarde a Londres, a vivir la vida. Se incorpora a varias bandas punk –The Cherries, Rip Rig + Panic-, y empieza a toquetear con el rap y el hip-hop, dando sus primeras sesiones en clubs londinenses.

La primera canción que saca es Stop The War, con la banda Raw Sex, en contra de la guerra de las Malvinas. Es rap, estamos en 1982. Luego sigue una serie de colaboraciones, y es cuando conoce a quien se convertirá en su marido poco después, Cameron McVey, autor y productor de discos, conocido por sus trabajos con Massive Attack y Portishead. Neneh Cherry se involucra mucho en el sonido procedente de Bristol, y así es como a la producción de su primer álbum, Raw Like Sushi, del año 1989, contribuyen dos de los fundadores de Massive Attack y The Wild Bunch, Robert Del Naja y Andrew Wolves. El disco contiene varios hits, entre otros Buffalo Stance, seis minutos de pop rap que alcanza el #3 en UK y los US. Siguen Manchild, que arrasa igual, y Kisses on the Wind. El disco es muy bueno, muy ochentero, a veces su voz se parece mucho a la de Madonna –eso no debería decirlo, no me gusta-.

Neneh-Cherry-Man

Tres años más tarde, edita su segundo trabajo, Homebrew. Más personal, menos pop, no conoce el éxito. Decide marcharse de Londres y se establece con su familia y su padre en Málaga, concretamente en el pueblo de Alhaurín El Grande. Ni en “Españoles por el Mundo” han encontrado a alguien que lo haya hecho al revés, establecerse en Hässleholme, Suecia. En 1996 vuelve a sentarse a componer. Reune de nuevo a su marido, McVey, y a otro comparsa, Johnny Dollar, uno de los productores del sonido de Bristol, para producir su tercer disco, Man. Consiguen mezclar de una forma brillante, brillante con B mayúscula de varios metros de alto, dos estilos en principio tan antagonistas como son el jazz y el hip hop. Man es un álbum de una calidad pasmosa, hecho con infinito talento. No hay prisas en este disco, Neneh Cherry ha madurado, adoptado curvas felices, y tenido tiempo de buscar historias que contar y asuntos que denunciar. El disco abre con Woman –WOMAN!!!!-, maravilloso hit. Contiene el enorme dúo con Youssou N’Dour, Seven Seconds, pero también Golden Ring, otro dúo aunque esta vez entre Neneh Cherry y una guitarra española. Todo el disco es bueno, realmente súper bueno. No ha envejecido nada, buen momento para (re)escucharlo.

Escucha entero Man, de Neneh Cherry