“Al final de su vida, Whiney Shitehouse –algo así como La Llorona de la Casa de Mierda- se había convertido en una caricatura de sí misma. Vivió una verdadera vida, con una voz falsa”. Hay que tenerlos bien puestos para atreverse a hablar así de Amy Winehouse. En principio tal declaración me incendiaría y me desfogaría a gusto con el autor de semejante atropello al sentido común. Pero Geoff Garrow tiene suerte, me gusta Portishead.
Portishead – Dummy
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