James Blake – Overgrown

Cuando yo era joven, los chicos teníamos en Arthur Rimbaud a un feroz competidor. Su cara angelical, su pelo loco, su mirada perdida y sus versos melancólicos hacían derretirse a las chicas, por la noche, solas en la cama. Hoy suspiran por James Blake. Se imaginan abandonándose en sus casi dos metros de estatura, repeinando su melena artísticamente descolocada, calmando sus penas, escuchándole gimotear, con la imagen subliminal de un pollito negro con cáscara en la cabeza estropeando el momento.

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