Billy Paul – Me & Mrs Jones

Refinado, elegante, voz cálida –aunque como un Barry White que se hubiera dejado algo en las puertas del ascensor-, figura del soul, demasiadas veces olvidada injustamente, Billy Paul, que empezó como jazzman, fue uno de los grandes de la soul funk pop de las décadas de oro para el género, 60 y 70’s. Y pienso daros una oportunidad, en tres canciones, de corroborar lo que acabo de decir. De paso ver si estáis atentos.

Muy chiquitín, gracias a una madre apasionada de música, gran compradora de discos –para compensar los que descargas tú, ays-, adquiere rápidamente una soltura frente al micrófono. A los doce años ya estaba cantando en programas radiofónicos de la ciudad de Filadelfia, de donde era. Se ganó a pulso el derecho a producirse en clubs de la ciudad y luego a nivel nacional, en pequeñas giras durante los años cincuenta, en las que tuvo la enorme suerte de actuar antes o con artistas como Charlie Parker, Miles Davis, Nina Simone, Dinah Washington y otros muchos artistas de jazz consagrados.

Billy Paul

A principios de los 70’s –ya, se lo tomó todo con calma-, después de montar trios, bandas y formaciones, grabar y publicar tres álbumes, da en el clavo con un hit planetario, Me & Mrs Jones. Tres semanas seguidas #1 en los charts US a finales de 72, dos millones de copias vendidas en una nada, para una enorme canción soul, un clásico entre los clásicos, y eso que habla de adulterio. En el vídeo original –que no llega ni al millón de views en youtube, vergonzoso-, el amigo Billy tiene un porro en la boca que alucinas, hecho con un mínimo de 60 hojas del mejor OCB. Hoy subes un vídeo en el que se te ve fumar un canuto, y a los catorce minutos tienes a cincuenta agentes del CNI destrozando tu puerta para llevarte a no sé sabe qué agujero negro de los limbos sin mapa. Cuánto hemos regresado, da miedo.

Después de saborear algunos años un papel inesperado de estrella, vuelve a marcar pautas, con una versión I N M E N S A de Your Song, de Elton John. La cumbre de la música soul pop groove funk. Puedo escucharla diez veces seguidas sin cansarme –de hecho ya van cuatro mientras escribo este post-, con este tema bailaré igual hasta que se apague la luz. La canción perfecta, que me da una alegría como pocas, más aún que A Funky Space Reincarnation, del gran Marvin Gaye. Ayayayayaaaaaaa…

Y por último, War of the gods, regalo extra del post de hoy, una canción increíblemente bonita, de cerca de diez minutos –merece la pena esperar los 2’50” de intro, créeme-. Empieza como una hermosa balada melancólica, termina de la mejor manera posible, funk alegre y energizante.

Billy Paul, ochenta años el año que viene. Sepas que tienes un fan aquí en Madrid. Ve en paz, eres un puto crack.

 

 

Escucha las mejores canciones de Billy Paul.

Marianne Faithfull – The Ballad Of Lucy Jordan

Thelma y Louise quisieron escapar un rato, tener un fin de semana para ellas, huir de un marido y una vida aburrida, pasarlo bien, reir y divertirse, ser felices. Acaso pedían la luna? Pero desde el primer momento todo se tuerce por culpa de un cretino ebrio, dejando para el resto de este divino road movie una gozosa a la vez que amarga huida hacia adelante, hasta el fatal desenlace. Si no la he visto diez veces no la he visto nunca. Cuando cruzan, ya de noche, Monument Valley, roza lo mágico. Ambas, silenciosas en el Ford Thunderbird descapotable, con cara grave, serenas pero sin ilusiones, escena bella y emocionante, simplemente acompañada por la hermosa Ballad Of Lucy Jordan de Marianne Faithfull. Wow.

No pretendo resumir el legado musical de Marianne Faithfull a una única canción, sobre todo teniendo en cuenta de que no es de ella. Pero formó parte de su séptimo disco de estudio, Broken English, de 1979, del que ella misma dice que es su obra definitiva, la mejor. El disco que le permitió existir ante todo como artista y cantante, no por el disparate de sus anteriores vidas amorosas y los excesos de todo tipo.

Nacida en 1946, es hija de un oficial británico y de una aristócrata austriaca, y sobrina nieta del escritor Leopold von Sacher-Masoch –el término Masoquismo procede muy a pesar suyo de su apellido-. Durante su niñez se divorcian sus padres y se marcha con su madre a la campiña inglesa. Ahí da sus primeros pasos en los escenarios, en los espectáculos del teatro municipal. A principios de los 60, empieza a cantar en los bares de la ciudad, esencialmente canciones tradicionales, hasta que un día de 1964 que pasaba por ahí el hada musical bueno, le presentan a Andrew Loog Oldham. Este señor no era un viejo verde en busca de jovencitas, sino el manager de los Rolling Stones, y sólo tenía dos años más que ella. En esta época el joven Andrew trataba de convencer a Mick Jagger y Keith Richards de interpretar una canción escrita entre los tres, As Tears Go By. Pero los dos músicos la rechazan por estar demasiado alejada de su estilo del momento, el rock. Contrariado, Andrew se la ofrece a la joven cantante, que con diecisiete años, la graba y conoce su primer éxito -disgustados, los Rolling Egos la re-interpretarán el año siguiente-.

Siguen más canciones y más éxitos, a la vez que poco a poco cae en la trampa del rock’n’roll. Se casa con John Dunbar –artista y galerista-, tiene un hijo con él, se divorcia, coge a su hijo en brazos y se instala en casa de Brian Jones, cuya novia introduce a Marianne Faithfull en el mundo de las drogas, suaves, menos suaves, algo duras, duras, entabla una relación con Mick Jagger, sufre una sobredosis que la deja en coma, empieza en el cine, Godard, Orson Welles, Oliver Reed, Delon, Hopkins, nueva sobredosis, fallece Brian Jones, canta Sister Morphine, baneada de las radios, pierde la custodia de su hijo, se hunde en más drogas, vive como una mendiga en Londres, dos años de decadencia, rehabilitación, vuelta lenta a la vida, colabora con Bowie, versionea I Got You Babe, inicia una nueva relación con Ben Brierly, músico de The Vibrators.

Broken English

Y renace. En 1979 publica Broken English. Séptimo álbum de estudio. Marianne Faithfull tiene treinta y tres años. Sabe que vuelve del infierno, su voz ha cambiado, ronca, su estilo es más acorde con los nuevos aires. Broken English es una fusión de new wave, rock, dance, y electrónica, mientras que la letra está a la altura de su nueva vida: desilusiones, desesperanza, melancolía. Todo el disco es sorprendentemente bueno y coherente, y teniendo en cuenta desde donde reaparece, es un milagro. Y The Ballad of Lucy Jordan –un tema creado por Shel Silverstein en 1975 e interpretado por el grupo Dr. Hook– figura en mi top 20. Magnífica balada agridulce.

 

 

 

Escuchar The Ballad Of Lucy Jordan, de Marianne Faithfull

Jean Michel Jarre – Oxygène

En 69, año erótico a más no poder, Jean Michel Jarre publicó un vinilo con dos temas. El primero, Erosmachine, reproducía durante cinco minutos el ruido de un cuchillo frotando una cuerda de piano, mientras que el segundo, La Cage, era un collage de ruidos, gritos femeninos –de quién sino, juas, muy buena fiouck-, sierra y guitarra eléctricas grabadas al revés, carraca, cucharas de madera, todo bastante vanguardista y muy coñazo, para qué te voy a mentir. Sacó cien ejemplares, si tienes uno, déjame un comentario con tu dirección de mail, no vale nada el disco así que te lo quito de encima, ¿bien no?

Curiosamente Jarre empezó tocando rock, y en menor medida, jazz –a parte de haber estudiado el piano desde pequeño-. Su primera aparición escénica se la debemos a un cineasta belga, Etienne Périer, director en 1967 de la película Des Garçons et Des Filles –me temo que nunca traducido al español-, en la que en una fiesta, se ve al músico tocando la guitarra y cantando dos temas de rock yeyé típico de la época. Tenía dieciocho años, le quedaban tres años de universidad –literatura-, antes de conocer a Pierre Schaeffer, el hombre que le iba a cambiar la vida para siempre –su padre, Maurice Jarre, se había esfumado de casa en 1953 para desarrollar en los US una brillante carrera de compositor de bandas sonoras de películas-. Este fundó en 1958 el Groupe de Recherches Musicales –GRM, o Grupo de Investigación Musical-, que tenía como misión componer obras para la radio televisión pública francesa, investigar sobre sonidos y gestionar el patrimonio musical. Pide a Jean Michel Jarre que lo integre, y rápidamente este muestra un singular talento para explorar nuevas vías con la manipulación de cintas magnéticas y, sobre todo, los primeros sintetizadores. En 1971, con tan sólo veinticuatro años, le ofrecen crear una obra específica para una coreografía que se iba a representar durante la inauguración del nuevo techo de la Ópera de París, pintado por Marc Chagall –uno de los grandes pintores del siglo XX, nacido ruso, naturalizado francés-. Aquella noche, Jean Michel Jarre se convierte en el músico más joven en tocar en esta mítica sala y además por primera vez el lugar alberga una obra electro acústica. ¿Se puede considerar música el ruido de una motocicleta producido por un sintetizador rudimentario? Aff, bueno qué más da, lo importante es crear, a que sí. El éxito de la representación le da alas, se independiza y empieza a producir para la televisión, el cine, y otros músicos conceptualistas.

En 1973 sale su primer álbum, Deserted Palace, muy experimental, distribuido como música ambiental por el sello US Underground Muzaks, en circuito cerrado, no en tiendas. Este disco lo mismo, si lo tienes, como no tiene ningún valor, te lo recojo en casa así no tienes que cargar con ello. Durante los dos o tres años siguientes, compone la música y la letra de bastantes hits en Francia –para los connaisseurs, es él que está detrás, música y letra, de Les Mots Bleus, interpretada por Christophe, considerada una de las canciones más bonitas de la chanson française-. Y llega 1976, año de sequía intensa en Francia, menos en la cabeza de Jean Michel Jarre.

oxygène

Compone un álbum concepto, Oxygène, especie de viaje musical de seis movimientos y cuarenta minutos. La utilización de la electrónica balbuceante en la música no era un fenómeno nuevo ni mucho menos, pero él fue el primero en componer piezas de una gran fluidez y sensibilidad, al contrario del estilo más frio y técnico de grupos como Kraftwerk. El álbum sale en noviembre, el éxito internacional es fulgurante, vende doce millones de ejemplares en pocos meses –hoy roza los veinte-. En los siguientes años cientos de programas TV y radio llegan a utilizar algún trozo de Oxygène como entradilla musical. En 1977 la revista People lo nombra Personalidad del Año. Hoy tiene una discografía de más de quince discos, aunque a este músico particular se le conoce sobre todo por los macro conciertos que ofrece regularmente en el mundo, en los que millones de personas se dejan mecer por esta música electro new age y unos espectáculos de luces, lasers y pirotécnia marca de la casa. Yo le ví en 1990 en el concierto que dio en París, desde l’Arche de la Défense. Impresionante. Wow.

 

Escucha las partes 4 y 5 de Oxygène, de Jean Michel Jarre

 

Richard Hell – Blank Generation

Richard Hell no se fue al infierno. Ni al paraíso. Simplemente sigue vivo, y aunque suene a poco, para un tipo que fue uno de los primeros en pisar el escenario del CBGB de la gran época, es un milagro. Fue gamberro, mochilero, poeta, bajista, cantante, escritor, crítico de cine, actor, guionista, padre, esposo. Vivió la vida que quiso. Hoy es una leyenda, figura en los libros, entró en el rock’n’roll Hall of Fame, estuvo en Television, montó The Voidoids, fue amigo de Tom Verlaine y de Patti Smith, pero seamos sinceros, todo esto te suena a chino, a que sí.

Nació en 1950, en Kentucky. Se educó en un entorno comunista y ateo, gracias a un padre judío que renegaba de la religión. Por desgracia este se murió cuando Richard tenía tan sólo siete años. A partir de ahí su vida cambió, perdió rápidamente el interés por el colegio y la vida social. Con quince años se fugó de casa con su amigo Tom Miller –años más tarde se le conocerá como Tom Verlaine, del grupo Television-, pero a los quince días la policía les detuvo por vandalismo. Devueltos a sus respectivas familias, Tom vuelve al colegio pero Richard se marcha de nuevo, a Nueva York, con el beneplácito de su madre. Durante algunos años vive como puede –la información relativa a esta época es escasa, no se estira mucho ni en su biografía-. Conoce a un joven poeta, David Giannini, con el que viajan hasta Santa Fe, Nuevo México, durante algunos meses, desde donde funden una pequeña editorial llamada Genesis:Grasp. Editarán libros de poesía hasta 1971, año en el que se separan. A finales de los sesenta, se mete de lleno en la escritura de poemas, y con tan solo veintiún años, no es raro poder leerle en bastantes revistas, especialmente en Rolling Stones. Con Tom Verlaine que también había venido a vivir a NYC en 1969, publican un libro en común bajo el seudónimo de Theresa Stern, y una foto que resultaba ser una composición de las caras de ellos dos. En paralelo, crean un primero grupo, The Neon Boys, al que se une un guitarrista, Billy Ficca. En 1973 pasa a llamarse Television, y empieza la furia. Entra Richard Lloyd, otro guitarrista. Canta Tom, el bajo es para Richard.

Blank

Se hacen con el CBGB y un grupo cada vez más grande de seguidores. Crece la fama a la vez que los egos de los dos creadores. Tom tiene una idea muy clara de a donde quiere ir, Richard también. Finamente es Richard quien se marcha. La misma semana que dos componentes de los New York Dolls, Jerry Nolan y Johnny Thunders. Los tres forman un nuevo grupo , The Heartbreakers, en 1975 –nada que ver con la formación de Tom Petty-, que tampoco dura mucho. Al año siguiente Richard Hell se vuelve a marchar para intentarlo con otra formación, The Voidods, con un tal Marc Bell de batería -en 1978 este se incorporará a The Ramones como Marky Ramone-. En 1976, Richard Hell vive malamente, su ropa se resiente. Empieza a atar sus camisetas y pantalones destrozados con imperdibles, y se peina como puede con los dedos, hasta tener puntas en el pelo. Aquel año Richard Hell se inventa sin querer una moda que los punks ingleses van a adoptar enseguida, en especial los Sex Pistols, de la mano de su manager McLaren, que ve en Richard Hell un modelo a seguir. En septiembre 1977 sacan su primer álbum –de dos-, Blank Generation, con diez canciones con sonido punk rock, terriblemente bien interpretadas y tocadas –a la diferencia de mis queridos Pistols– gracias al nivel de juego de los dos guitarristas, Robert Quine e Ivan Julian. La portada es icónica, es de las más reconocibles de esta época. Pero la fama del disco se debe sobre todo al tema homónimo, Blank Generation, gozada energizante rock’n’rollera. Tengo el vinilo original, a veces me quiero mucho.

Escucha Blank Generation, de Richard Hell & The Voidods

Public Image Ltd. – Metal Box

Dos cientos. Two hundreds. Deux cents. Zwei hundert. Duecento. 2

Hoy post #200. 200 posts, 200 días, 200 discos –aunque a veces sólo una canción-. Algo más de seis meses hablando de la música que me gusta, y mal de otras –esa parte es necesaria, es como la EPO de los ciclistas, ayuda a llegar arriba-. Recuerdo muy bien el primero, The Sex Pistols y el Never mind the bollocks. No podía ser de otra forma. Recuerdo muy bien el #100, John Lydon –ex Pistols- y su Psycho’s Path. Lo pillas? Pues sí, el #200 también habla del Juanito el podrido. Y el #300, el #400, … aunque no tengo mucha idea de qué discos serán, ya que el amigo Lydon no ha sido muy prolijo en su carrera musical. Algo encontraremos. Bienvenidas sugerencias.

1978, en plen gira caótica en los US, Johnny Rotten es expulsado -¿se auto expulsa?- de los Sex Pistols. A su vuelta a Londres, recupera su verdadero nombre y va a ver a Richard Branson, fundador de Virgin, editora del Never Mind The Bollocks, que le manda tres semanas a Jamaica, con el objetivo de descubrir nuevos talentos en reggae. A la vuelta, Lydon contacta con Jah Wobble, amigo de juventud, y Keith Levene, ex miembro de The Clash, para iniciar un nuevo proyecto, Public Image Ltd. El primer single, Public Image, editado con la ayuda de Virgin, parece una clara continuidad de los Sex Pistols. Misma rabia, misma voz, bajo poderoso y guitarra agresiva. La critica y las ventas son buenas –en 2005 la revista Q Magazine la colocó en el #45 de la lista de las 100 mejores canciones con guitarra-, y pocos meses después sigue un álbum, Firt Issue. La portada da mucho que hablar, en ella se ve a un John Lydon guapo y repeinado –¡repeinado! en su vida su pelo había visto un peine-, aunque la mirada, no sé yo, parece que esconde algo. Aparece por primera vez el famoso logo de PIL, basado en una aspirina –pil en ingles-. Sin embargo las otras canciones anuncian una ruptura total con el punk de los Pistols, el bajo es tan profundo que por primera vez se escucha la palabra gótica para describir una música. Y el sonido acerado de las guitarras de Levene hace maravillas –usaba instrumentos de aluminio-; se cuenta que el joven The Edge, de U2, le copió directamente. El álbum entra en los charts hasta el #22, hecho que autoriza la grabación de un nuevo disco.

Metal Box

Y el segundo, Metal Box, es un monumento, de estos que marcan época. Se cuece en interminables sesiones de grabación, de marzo a noviembre 1979, durante las que no paran de cambiar de batería –cuatro en total, ninguno sale en los créditos-. Cuando sale a finales del año, es una deflagración. Difícil resumir un álbum así. Una especie de dub claustrofóbico y torturado, basado en el bajo de Wobble –nunca antes un bajo había tenido tanto protagonismo- la guitarra metálica de Levene y la voz críptica de Lydon. El disco en sí es innovador, las canciones que lo componen se graban en tres 45t metidos en una caja metálica –Metal Box-, tipo cinta de cine, con el logo PIL en relieve. Se editan primero 60.000, que se venden como churros –posiblemente tanto por las canciones como por la caja-. A principios de 1980, se re-edita, pero esta vez en una funda normal de cartón, y el álbum pasa a llamarse Second Edition. Metal Box es el mejor trabajo de la banda, no se parece a nada conocido y desde el principio se le considera como uno de los discos esenciales de estos años. Rolling Stone lo sitúa en el #469 de su lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos. En la de los cien discos de los 80’s editada por Pitchfork, figura en el #19. Allmusic le da un 5/5. Y Fiouck un 19/20. Este álbum me impactó muchísimo, guardo religiosamente el vinilo de Second Edition –a mi ciudad no llegaron ninguno de los 60.000 ejemplares de Metal Box-. Escucharlo de vez en cuando es de obligado cumplimiento. Y verlos?

23 de octubre 2013, París, Cité de la Musique, concierto de Public Image Ltd. Con mi Johnny. Allí estaré. Rock’n’roll!

 

 

 

Escucha Metal Box de Public Image Ltd. [lamento informar que por una oscura razón no logro subir todo el track list]

Randy Newman – Little Criminals

A Randy Newman, se le considera como uno de los mejores cronistas agridulces de una América que no acaba nunca de desengañarnos un poco más, léase el fiasco Obama con la NSA. Casi setentón, este cantante y compositor lleva cincuenta años mordiendo la sociedad yankee y los dirigentes de su país con unos textos cáusticos, finos y divertidos, no siempre bien comprendidos por el público. En Estados Unidos, es una figura clave del songwriting, una casi leyenda. En Europa no se le conoce tanto, tal vez porque no necesitamos que nadie nos recuerde los fallos de un país con el que tenemos esa particular relación de amor/odio.

Randy Newman nace en 1943 y pasa los primeros once años de su vida en Nueva Orleans, de la que se marcha con un acento sureño que no le va a abandonar hasta ahora. El entorno familiar es claramente musical, y cuando empieza a tocar el piano, sus tíos son compositores ya muy conocidos. Alfred Newman, fallecido en 1970, es el autor entre otras de la sintonía de la 20th Century Fox; Lionel Newman, ganó el óscar por la BSO de la película Hello, Dolly!, de 1970. Creció en un entorno no muy practicante, por lo que cuando Randy Newman se enteró de su condición de judío, se puso a realizar un estudio comparativo de todas las religiones. De ahí su decisión lógica de abrazar con cierta devoción la causa atea. Mucho más cómodo para luego meterse con una sociedad tan religiosa –que da miedo-.

Con diecisiete años empieza a componer sus propios temas, citando a Ray Charles como una gran fuente de inspiración. Desde su primer single editado, Golden Gridiron Boy, de 1962, hasta hoy, sus canciones han sido retomadas por una lista asombrosa de artistas. Empezando por el propio Ray Charles, que hará suyo el tema Sail Away, uno de los más bonitos de Newman. O Joe Cocker, que hará mundialmente famoso el You Can Leave Your Hat On. Y Judy Collins, the Everly Brothers, Nina Simone, Linda Rondstadt, Wilson Pickett, Peggy Lee, etc. En sus canciones casi siempre se mete con algo o alguien; todas las facetas de la sociedad son objeto tarde o temprano de su estilo mordaz, aunque siempre con sensibilidad y delicadeza.

randy

Después de varios discos más o menos exitosos –en ventas, no en reconocimiento de los suyos y los medios-, publica el álbum Little Criminals, en octubre de 1977. Llegaría a mi casa el año siguiente, es decir en plena efervescencia punk, sin embargo cuando sonaba, le prestaba al disco una atención que hasta a mi me sorprendía. De enterarse mis amigos, me renegaban. Ahora con el tiempo, me doy cuenta de lo maravilloso que es. Para la grabación de lo que es hasta la fecha su mayor éxito comercial, parte de las canciones fueron tocadas por músicos de Eagles. Como de costumbre, aborda un sinfín de temas, un asesino de niños, la policía, los enanos, la ciudad de Baltimore, etc. Short People subió como la espuma en los charts –no llegó a #1 porque enfrente tenía al Staying Alive de los Bee Gees-, a la vez que se hacía blanco de las criticas de una franja de la población que no entendió la ironía del propósito, que no era otro que denunciar la segregación contra la gente diferente. Y luego Baltimore, balada melancólica contra el crimen y el malestar de la población, y Jolly Coppers, tan hermosa, y Little Criminals, y Kathleen, y Rider in the Rain, etc… Wow, una obra maestra.

Lamentablemente sólo tengo dos canciones para ofrecerte, Short People y Baltimore. Disfruta…

 

Escucha Little Criminals, de Randy Newman

John Williams – Star Wars

El cine nació mudo, pero no sin música. Aunque los diálogos tardaron en escucharse treinta años –El cantante de jazz, 1927-, las películas siempre fueron acompañadas por una banda sonora, directamente interpretada en la sala de proyección por una orquesta, un pianista, o simplemente un disco fonográfico. Desde siempre banda sonora y cine son indisociables; al igual que el eructo cervecero y el ingles bebido espatarrado en su tumbona en Benidorm, una BSO transmite todo los que las imágenes y los diálogos no pueden decir. El cine ha tenido grandes maestros de la banda sonora. Uno de ellos es indudablemente John Williams.

A lo largo de sus sesenta años de carrera, John Williams ha recibido más premios que cualquier otro. Marea la lista. Ha sido nominado 49 veces a los Óscar, sólo le gana en este particular ranking Walt Disney (59). Se llevó la estatua cinco veces –El violinista en el tejado, Tiburón, Star Wars, E.T. y La Lista de Schindler-. Se ha llevado asimismo cuatro Golden Globe -21 nominaciones-, 21 grammy –por 51 nominaciones-,  seis Saturn Award –galardón que recompensa específicamente las bandas sonoras-, siete premios Bafta ingleses. Este estajanovista de la composición también ha trabajado para las orquestas más prestigiosas del planeta, es el autor de la música de cuatro ceremonias de apertura de JJOO, y last but not least, compuso la banda sonora de la ceremonia de investidura de Barack Obama en 2009. Tiene 81 años, es el amo.

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Nacido en 1932, empieza con la música muy joven –no me digas-. Con doce años ya tocaba el piano, el trombón y la trompeta, con quince formaba su primera banda de jazz, y con diecinueve componía su primera obra –una sonata para piano-. Con veinticuatro entabla amistad con Bernard Herrman, autor de algunas de las bandas sonoras de las pelis de Hitchcock, empieza a trabajar para la Columbia y la 20th Century Fox. Sus primeros trabajos van dirigidos a algunas series TV, pero no tarda en pasar a la gran pantalla. En 1958, se estrena la película Daddy-O –de Lou Place-, que pasó a la posteridad únicamente por ser la primera en tener una banda sonora realizada por John Williams. Hasta su primer óscar, ganado en 1971, compone un mínimo de dos BSO al año –¡cinco en 1966!-. A principios de los 70’s, se especializa en el cine de catástrofes –Poseidón, Terremoto, El Coloso en Llamas, etc-, todas películas de gran éxito que llevan Steven Spielberg a fijarse en él. Empieza una colaboración de leyenda entre los dos hombres, que llevará el músico a ganar tres óscar más, para Tiburón, E.T. y La Lista de Schindler. A mediados de los 70’s, gracias a Spielberg, conoce a George Lucas, que andaba buscando ideas para la banda sonora de la película que estaba rodando, Star Wars –incomprensiblemente traducido por La Guerra de las Galaxias en lugar de Las Guerras de la Estrella, pero esa es otra historia-. Quería una colección de obras a lo 2001 de Kubrick, todos temas ya existentes de grandes compositores clásicos. Spielberg le convence para que utilice la maestría de Williams. De este encuentro nacerá una de las BSO más famosas de todos los tiempos, icono del inconsciente colectivo. En 2005 es elegida como la mejor banda sonora jamás escrita para una película norteamericana por el American Film Institute -en la lista de las veinticinco figura también la de Tiburón en sexta posición y la de E.T. en el #14-.

Te dejo con algunas piezas de esta obra magistral, en especial mi preferida, The Imperial March, también llamada Tema de Darth Vader. El guapo malvado con su neopreno negro y el macetero al revés. Como decía en este divertido anuncio de TomTom, You should have seen his face when i told him i was his father.

Escucha los principales temas de Star Wars, de John Williams