Capullo. Sí, tú. A estas horas te imagino o bien roncando feliz, con la baba asomando por la comisura de los labios, o bien echando risas en algún chiringuito de playa, víctima del síndrome de la exaltación de la amistad del que pronto te avergonzarás. Si piensas pasar por ambos estados, espero por tu bien que hayas empezado por lo segundo, sino olvídate de saludar mañana a tu vecina de barra. Y yo aquí, atado de noche al ordenador hasta terminar de escupir el post que estás leyendo. Para castigarte, voy directo a Francia, a rescatar a un tipo que no creo haya llegado nunca hasta aquí.
Gaetan Roussel – Ginger
Responder