La próxima vez que entre en una sala de conciertos pequeña, prestaré más atención al ropero. Normalmente paso de dejar nada, más que nada por la cola que se monta cuando acaba la actuación. Pero después de leer la biografía de Corine Bailey Rae, ahora algo dejaré, aunque sean los pantalones, por si estamos con 35 grados fuera y solo llevo camiseta –es que mi tableta de chocolate de yogurín se ha borrado con los años-. Y de paso pediré un autógrafo a la chiquilla al otro lado del mostrador, por si las moscas.
Corine Bailey Rae – Corine Bailey Rae
2