The Young Gods – The End

Hoy he roto una tradición vieja de 890 días, según la cual cada nueva entrada es escrita el día anterior, para saltar a las 7h en el blog. Pero ayer me tocó un día largo como un día sin pan –dicho franchute- y volví tarde a casa con toda la miseria del mundo en los hombros –otro dicho franchute-. Con lo cual, tenía las mismas ganas de ponerme delante del ordenador que de colgarme por los testículos encima de un charco repleto de cucarachas gigantes –dicho Fiouckesco-.

Así que la entrada de hoy, la escribo… hoy. Prefiero apartar de mi mente que esta tarde tendré que pensarme el de mañana, para recuperar el ritmo. Son las 10h07, ya veremos a qué hora se publica. Sigo como un zombi congelado en un bloque de hielo, cosa que tiene su mérito con el calor que asoma. Y digo yo, si yo estoy plof, por qué te voy a alegrar la mañana con música buena, ¿eh? Na, he pensado más bien en amargarte el día, o con un poco de suerte lo que te queda de vacaciones, aunque no las hayas cogido todavía. Ja, me parto.

Hoy la música es lo de menos, te cuento. Hace algunos meses, me topé con un artículo en un diario económico francés, cuyo autor se había propuesto meternos miedo a todos. En mi caso lo consiguió, llevó desde entonces pensando en lo que decía. Para resumir, predecía que en un periodo que va de 2016 a 2018, el mundo va a caer otra vez en una profunda crisis económica, mas abisal si cabe, provocada de nuevo por los bancos, esencialmente americanos, aunque realmente ninguno se salve del pecado. Decía que todos los ingredientes están de nuevo reunidos, por, entre otras razones, la cantidad ingente de liquidez en circulación, detenida en buena parte por las entidades financieras que se han puesto a prestar a diestro y siniestro, sobre todo a gente que se sabe no lo va a poder devolver –aquí no, los bancos prefieren prestar al estado a un 5% el dinero que el BCE les da a un 1% o menos, mundo loco-. Las famosas subprime, pero con un efecto devastador demultiplicado porque, como explicaba, esta vez no habrá mecanismo suficiente como para parar el efecto domino, ya que los estados y las autoridades monetarias se gastaron todas las reservas en 2008. Terminaba el artículo en un tono más que preocupante: “Subprime, temporada dos, suerte para todos”.

The Young Gods

El otro día me dije, “bueno, los economistas ya se sabe, de ser pitonisa televisiva con un 807 en el faldón, no se comerían un roscón, igual está metiendo la gamba como siempre”. Así que acudí a un viejo amigo mío, gestor de grandes patrimonios en un banco privado. ¿Qué? El habito no hace al monje, es un amigo en toda regla, con el corazón tan grande como el Bernabeu. Le di el artículo para someterlo a su juicio y me confirmó que opinaba exactamente lo mismo: el repunte de las economías occidentales es altamente artificial, a la primera de cambio se puede derrumbar. Lo que no supo decirme es cuál va a ser el detonante ni cuándo va a ocurrir exactamente, pero va a pasar, no lo duda. De hecho me dejó a entender que ya estaban re-orientando las inversiones de sus clientes, hacia cosas “más seguras”, como el oro.

A que da gusto leer estas cosas di que sí. Si lo has estado pasando mal estos últimos años, vete preparando para sufrir de verdad. Ja. Fiouck el guru de Wall Street, apuntando al nobel de economía –ya que no me quieren conceder la Gran Cruz del Rock’n’roll-. De repente como que el mojito en la tumbona no sabe igual y te importa un pepino el culete de la piba en la toalla de al lado, ¿verdad?

Cada vez que pienso en ello, me viene en mente The End, de The Doors. Pero ya han estado por aquí, una semana después de abrir el blog, cuando las entradas cabían en un post-it. Así que te propongo una versión de esta mítica y fabulosa canción, interpretada por The Young Gods –Los jóvenes Elvis, en español-. Este grupo de rock industrial suizo, no muy conocido a pesar de haber tenido influencias en bandas o músicos como The Chemical Brothers, Bowie, The Edge de U2 o Sonic Youth, me perdonarán la poca consistencia musical del post. Si llevan tres décadas on the road hacia no se sabe muy bien dónde, qué más da. Lo malo es que se empieza a vislumbrar un muro al fondo.

 

 

 

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