Vangelis – Blade Runner

Noche perpetúa, lluvia incesante, azotea tierra de nadie, un replicante semi desnudo le salva la vida a un humano pagado para eliminarle. A ambos se les sangra la cabeza, se acaban de meter una paliza de antología. El replicante se sienta frente al humano que trata de hacerse olvidar. Llueve sobre el cuerpo perfecto del ser artificial. Duda un instante, se estiran hacia el infinito unos pocos segundos, durante los que parece estar rememorando algo maravilloso. Le dice al humano con voz suave y resignada:

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Fuck. Esta frase me obsesiona desde el estreno de Blade Runner hace más de treinta años. Lo mismo pasa con la escena en la que Richard Dreyfus se sube a la nave espacial de Encuentros en la Tercera Fase. Yo también me quiero marchar de aquí. Yo también quiero ver estas cosas mencionadas por el replicante de Blade Runner, y viajar por nebulosas maravillosas, constelaciones fascinantes, cúmulos asombrosos. Pero va a ser que no, los avances en materia de propulsión son irrisorios, así que tendré que renunciar a mi sueño. De todos modos, cuanto más cerca en el tiempo se sitúa una historia en obras de ciencia ficción, peor aciertan sus autores. Blade Runner transcurre en 2019 y para que veas, lo más próximo a un ser artificial con cero empatía que tenemos por ahí, es Rouco. Muy alentador no es. Quedan cinco años para cumplir con el imaginario de Ridley Scott, me da a mi que no llegamos.

Captura de pantalla 2014-03-20 a las 12.59.08

Además yo soy de sol y de urbe de dimensión humana. En el Los Angeles de Blade Runner, me volvería tarado. Atmósfera oprimente, oscuridad angustiosa, polución extrema, humedad rezumante, animales ausentes. No sé lo que Vangelis pensaba de mi problema de terrícola arraigado aquí  –en su tiempo de hippie de Aphrodite’s Child, mucho viaje intersideral se pegaría con pastillitas de la risa tonta-, pero la banda sonora que se inventó acompaña la película a la perfección.

Cuando se la encarga el realizador de la película, Vangelis está que se sale. El óscar a la mejor BSO para Los Carros de Fuego, de Hugh Hudson, hace que se dispare su cotización en Hollywood. Ridley Scott, que tampoco es un don nadie –Alien llevaba tres años martirizando el corazón y destrozando el sueño de millones de personas en el mundo-, le contrata para ponerle música a su proyecto. Vangelis crea una música en la que mezcla melodías sombrías, clásica, sonidos futuristas, ambientación melancólica. No hay un tema alegre. En ella participa su comparsa de Aphrodite’s Child, Demis Roussos, el pianista Peter Skellern –co-fundador de la banda Oasis, siete años antes que los infumables Gallagher-, y el saxofonista Dick Morrissey –músico de jazz inglés, ningún parentesco con el otro infumable de turno, líder de The Smith-, que interpreta el magnífico solo de saxo en el tema Love Theme. También suena la canción One More Kiss, que parece sacado del repertorio de Doo Wop de los años treinta –Vangelis se inspiraró en la canción If I Didn’t Care, de The Ink Spots, grupo vocal de referencia de 1930 a 1952-. Vamos, una de mis BSO preferidas.

Quiero irme de aquí….

 

 

 

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