Donovan – Mellow Yellow

Donovan dejó la escena pop folk como entró, con sus mallas verdes y su túnica flower power, mitad trovador a lo Robin Hood mitad bardo descendiente de Asegurancetúrix. Le fulminó el hard rock y el punk rock de finales de los 70’s, ensañándose ambos géneros con el último de los hippies y su música melosa.

Para nada rencoroso, hoy en día Donovan sigue sacando álbumes de una inactualidad singular –el último es de 2013- pero nadie se da cuenta. No tengo claro que él sí. Tuvo su momento, cuando se erigía como el gran divulgador de la filosofía de supermercado –sección productos ecológicos- del guru indio Maharishi Mahesh Yogi. Claro que el fumar piel de platano seco no ayudaba a discernir la realidad del embaucamiento de estos druidas con el culo en remojo en salsa vindaloo.

Buf cómo te pones Fiouck, pobre Donovan, déjale con su meditación trascendental y la Fundación para la paz mundial y la educación basada en la conciencia. En el fondo no hace daño a nadie, mejor esto que ver a nuestros jóvenes lobotomizarse viendo vídeos de youtubers macarras e incultos.

Donovan

Si hay un personaje clave en la era hippie, ese fue Donovan. En la segunda mitad de la década de los sesenta, estaba literalmente en todas partes, como si su madre hubiera tenido sextillizos y declarado sólo uno en el registro civil. Utilizó todas las drogas como probador oficial de los reyes –por si las moscas-, antes de retractarse y pedir a la juventud que no se metiera. Estuvo en los dos primeros ejemplares de la revista Rolling Stones y salió en portada del cuarto número, con Otis y Jimi. Fue amigo de Brian –Jones, piedra deambulante hasta la extenuación- y de John –Lennon, blanco inopinado de un iluminado-. Inspiró el primer chárter hacia la India, en busca del cheese nan perfecto. Aprendió a tocar la guitarra de la mano -y del banjo- de Robert Johnson, una noche de verano en un cementerio, y transmitió el arte del picking –técnica guitarresca que convierte a cada dedo de ambas manos en un músico distinto- a John y George –Harrison, soso Angelo Misterioso-.

Y sacó discos como churros, más de veinticinco en total, aunque la historia se haya quedado con poco más de cuatro. Nacido en Glasgow, Escocia, en 1946, con diecinueve años ya tenía revestido el traje de trovero beatnik con aspiraciones autoestoperas. Tuvo en Woody Guthrie y Ramblin’ Jack Elliott las mismas influencias que Bob Dylan, y sufrió una comparación nociva con el americano. Aunque su ideario hippie preconizaba la igualdad de todos los seres humanos, fue la víctima inocente de su lugar de nacimiento: quien se quedó como la mala copia del otro, fue Donovan.

Curiosamente, la canción que le hizo mundialmente famoso no era un Ctrl-C/Ctrl-V de Dylan, sino de los Beatles. En 1966 publicó el tema Mellow Yellow –por problemas con los dos sellos que le editaban, uno yankee y otro británico, sólo apareció en UK el año siguiente- que en tierras de un todavía diminuto Fiouck, provocó tal avalancha de difusiones radiofónicas –se evalúa en más de un millón las veces que sonó en las distintas cadenas de la época- que ni en el baño estabas a salvo. Como en todas las canciones legendarias, tuvo su lote de rumores y leyendas urbanas. No, no era Paul McCartney quien susurraba los “quite rightly” del estribillo. Y no, no invitaba a fumar pieles secas de platano para apagar el fuego de la salsa vindaloo y encontrar la paz, sino que el “electrical banana” se refería a un consolador femenino. Debe mucho a los címbalos de los primeros segundos, son míticos.

 

 

 

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